Adicto a tu recuerdo CAPÍTULO 39
71%

CAPÍTULO 39

Scarlett

Pasado

Esa mañana me levanté con una sensación rara en el estómago. Como si ese órgano en concreto se hubiera anticipado a lo que ocurriría unas horas más tarde. Pero, simplemente, preferí pensar que la cena de la noche anterior me había sentado regular y decidí no darle más vueltas al asunto.

Bajé las escaleras como de costumbre con el pijama todavía puesto para desayunar y con la calma en la mente de que no debía ir deprisa y corriendo para evitar llegar tarde al instituto porque, por suerte, nos encontrábamos todavía en las vacaciones de Navidad.

Al llegar a la cocina me encontré con Kairon tomando apuntes en una hoja, con el ordenador encendido en la mesa en la que acostumbrábamos a desayunar mientras era consciente de que el café se estaba preparando en esos instantes.

Al otear la estancia y percatarme de que mamá no se encontraba con él, decidí preguntarle por su ausencia.

Últimamente estaba mejor de ánimos e incluso se unía a nosotros cuando se alineaban los astros y nos encontraba a los dos en casa.

Esos momentos que compartíamos los tres juntos me hacían creer que realmente las cosas estaban cambiando y que, aunque el camino no fuera corto, todavía había esperanza.

—¿Y mamá? Pensaba que estaría aquí preparando el desayuno contigo —murmuré, mientras me acercaba a mi hermano para comprobar qué estaba estudiando.

Era cierto que los universitarios ni siquiera tenían tiempo para descansar ni aunque fuera Navidad, porque cuando Kairon alzó la mirada para contestarme pude atisbar en la sombra ligeramente oscura que se encontraba bajo sus ojos que estos días estaban siendo duros para él.

Añadí una nota mental automáticamente a mi cerebro para acordarme de escaparme de casa en cuanto pudiera para ir a ver a Leighton y ver cómo llevaba él los exámenes que estaba segura de que tendría a la vuelta de las vacaciones.

El recuerdo de lo que ocurrió entre nosotros hacía un par de días era mi acontecimiento favorito para poder conciliar el sueño.

Las ganas que tenía de pasar tiempo con él eran cada vez más grandes ahora que sabía que no había nada que se interpusiera entre nosotros, sin tener en cuenta —obviamente— que Kairon no podía enterarse de absolutamente nada.

Pero, en cuanto a sentimientos se refería, estaba en calma al saber que era plenamente correspondida.

—Scarlett, ¿me estás escuchando?

Volví a conectar con el mundo real al darme cuenta de que Kairon me había estado hablando y no le había prestado atención.

Negué con la cabeza al tiempo que me senté en la silla que se encontraba delante de la suya mientras él preparaba dos tazas de café para los dos a la vez que me hablaba del estado de mamá.

—He intentado levantarla para que desayunáramos juntos, pero no ha habido manera. Se ha dado la vuelta, así que creo que lo mejor será no presionarla. Ya sabes que estas no están siendo unas fiestas fáciles para ella.

Puso mi taza favorita delante de mí y aproveché para calentar mis manos. Kairon dio un par de sorbos a su café sin apenas sentarse y observé como empezó a recoger todos los papeles que tenía desperdigados en la mesa a la velocidad de la luz.

—¿A dónde vas?

—He quedado con Lisa para comprar juntos los regalos para la cena de Navidad. No queremos que se nos eche el tiempo encima.

—Pero… comerás con nosotras en Navidad, ¿no? — tartamudeé.

La mirada de confusión que me ofreció mi hermano me dolió más de lo que jamás admitiría.

—Claro que sí, pero… bueno, habrá que esperar a ver cómo está mamá para cuando llegue el momento, ¿no crees?

Me fustigué conmigo misma al verlo marchar de la cocina sin siquiera darme la oportunidad de seguir hablando con él.

El recuerdo de la última discusión que tuvimos sobre mamá llegó a mí como un dardo envenenado del que no pude desprenderme en toda la mañana.

A veces, sentía que esa discusión solo había ocurrido en mi mente y que Kairon eludía su responsabilidad para con mamá haciendo todo lo posible para no pisar una casa en la que a ambos nos empezaba a costar hasta respirar con normalidad.

Y, por una parte, quería empatizar con él, de verdad que sí.

Entendía perfectamente que quisiera compartir tiempo con Lisa porque era la primera mujer que había sido capaz de conquistar su corazón, lo entendía más que nadie en ese sentido porque eso era lo mismo que sentía cuando estaba con Leighton; esa sensación de querer pasar todos los minutos del reloj juntos se enganchaba a mi piel sin permitirme deshacerme de ella hasta el siguiente encuentro.

Sin embargo, también tenía tiempo para pasarlo con mamá. También quería seguir manteniendo viva esa relación madre e hija que no quería que desapareciera por nada del mundo, porque eso sí que me acabaría matando por dentro lenta y dolorosamente.

Lancé un largo suspiro mientras recogía las tazas y las lavaba antes de colocarlas en su sitio y subí las escaleras para acercarme a la puerta de mamá y ver cómo se encontraba.

Quizá tuviera suerte y conseguía sacarla de debajo de las sábanas para que viera la luz del sol.

Llamé a la puerta y, al no recibir respuesta, abrí por si no me había escuchado y se me encogió el corazón al verla completamente cubierta bajo las sábanas.

—Mamá, ¿quieres salir al porche un rato? Hace muy buen día.

Su silencio me sirvió como respuesta y me di la vuelta para marcharme y no seguir molestándola cuando escuché su voz, amortiguada por el colchón:

—Quizá más tarde, ahora no tengo fuerzas, cariño.

Asentí, aunque no pudiera verme y cogí el móvil del bolsillo de mi sudadera al darme cuenta de que acababa de recibir un mensaje. Cerré la puerta con cuidado y me dirigí a mi habitación para responder al mensaje.

Era del grupo que compartía con Charlotte y Tiffany.

Al parecer querían quedar antes de que llegaran los días más ajetreados para vernos y charlar un rato.

Pensé en negarme, al fin y al cabo, teniendo en cuenta que Kairon se acababa de marchar, no quería que mamá se quedara sola por nada del mundo, pero tras unos minutos dando vueltas por la habitación, pensé que no estaría mal salir, aunque fuera una hora a un sitio que no estuviera muy lejos de casa por lo que pudiera pasar.

Avisé a las chicas de que podía salir, aunque no fuera mucho rato y procedí a vestirme.

◆◆◆

Charlé animadamente con Charlotte y Tiffany durante un buen rato en una cafetería pequeñita, pero con encanto que nos llamó la atención a las tres mientras caminábamos en busca de algún sitio en el que refugiarnos del frío.

Escuché sus planes con una leve sonrisa en los labios porque sabía que no podía decir nada a la altura de lo que ellas me estaban contando.

Ahora, mis navidades habían cambiado por completo y todavía estaba tratando de asimilarlo.

Al darme cuenta de que ya había pasado una hora desde que había salido de casa, me despedí de las chicas prometiendo vernos a la vuelta a las clases y fui al baño para lavarme las manos antes de salir cuanto antes para regresar a casa.

Me estaba secando las manos en el difusor de aire caliente cuando noté cómo mi móvil vibraba sin cesar, señal de que alguien me estaba llamando de manera incesante.

Una vez tuve las manos secas, se me paró el corazón al ver cinco llamadas perdidas de Kairon.

Tragué saliva antes de llamarlo y escuchar su voz.

—¡Scarlett! ¡¿Dónde cojones estás?! —La furia en su voz me hizo salir corriendo de la cafetería con el corazón a punto de salírseme del pecho.

Había pasado algo malo. Lo presentía. Lo llevaba presintiendo desde que me había levantado por la mañana, joder.

—He salido con las chicas a dar una vuelta, pero ya estaba de camino a casa.

—¡¿Y por qué sales de casa?!

—Pero, ¿qué pasa? —inquirí, con el pánico tiñendo mi voz.

El ritmo acelerado de mis pasos me impedía hablar sin que me faltara el aire. Me chocaba con la gente que paseaba por la calle y escuché cómo Kairon colgó la llamada sin responder a mi pregunta.

Corrí como no lo había hecho en mi vida, temiéndome lo peor. Y vaya si hacía bien en temerme lo peor.

Lo primero que mis ojos vislumbraron al entrar finalmente al barrio fueron las luces azules y rojas de un coche de policía que estaba aparcado delante de mi casa.

Sentí ganas de vomitar cuando, mientras aceleraba aún más el paso, una ambulancia pasó a alta velocidad a mi lado para llegar también a mi casa.

Después de los minutos más largos de mi vida, llegué a casa y pude ver cómo algunos vecinos curiosos se habían agolpado en la acera de enfrente para ver qué había pasado. Genial, más habladurías.

Me acerqué al agente que estaba tras el cordón policial y le supliqué que me dejara pasar.

—Por favor, vivo aquí.

El agente negó con la cabeza y sentí que el cielo se abría de repente cuando por el rabillo del ojo atisbé a Kairon, que salió acelerado de casa gritando mi nombre.

—¡Scarlett! Déjela pasar, por favor. Es mi hermana.

El agente pareció apiadarse de mí y me agaché para traspasar el cordón policial.

—Kairon, ¿qué está pasando?

Nos quedamos en el jardín al mismo tiempo que observé cómo los sanitarios salían de casa con una camilla… una camilla en la que estaba mamá.

—¡Mamá! —grité con tanta fuerza que temí que se me acabara de romper la voz.

Traté de llegar hasta ella, pero Kairon me lo impidió cogiéndome del brazo. Me revolví, intentando zafarme de su agarre, pero me tenía bien sujeta.

—¡Scarlett! Déjalos trabajar, joder.

—Pero, ¿quieres contarme de una puta vez qué ha pasado? —Los nervios empezaban a afectarme hasta el punto en el que no sabía si temblaba por el frío de diciembre o por la maldita situación de la que estaba siendo testigo.

Cuando comprobé que habían subido a mamá en la ambulancia, Kairon me soltó y pude enfrentarme a él… a él y a la verdad de lo ocurrido.

—Se ha tomado un puñetero bote entero de pastillas, Scarlett. ¡Un bote entero! ¡¿Y dónde estabas tú, eh?! Saliendo con tus amigas como si no hubiera otro jodido día para quedar.

No sabía qué era lo que me había dejado más en shock en esos momentos: que mamá hubiera hecho eso o que Kairon me estuviera echando la culpa de lo que había ocurrido.

—¡¿Y TÚ?! ¡¿DÓNDE ESTABAS TÚ?!  —bramé. —Te lo digo yo, en casa no, como casi siempre.

La tensión en el rostro de Kairon era tan evidente que llegué a tener miedo. Esa situación nos estaba superando a los dos, pero culparnos mutuamente no iba a solucionar absolutamente nada.

—No debiste dejarla sola, Scarlett. No debiste hacerlo, joder —murmuró, antes de regresar a casa para coger las llaves de su coche y llevarnos al hospital a ver a mamá.

Mi vida acababa de dar de nuevo un giro de ciento ochenta grados y no sabía si sería capaz de recuperarme de nuevo, no cuando aún me encontraba recogiendo los pedazos del suelo del que aún no había logrado levantarme del todo.

Con las manos temblorosas y aprovechando que Kairon estaba centrado en la carretera, le escribí un mensaje rápidamente a Leighton para avisarle de lo ocurrido.

Porque, en aquel momento, rodeada únicamente del dolor por lo que mamá había sido capaz de hacer y por las miradas de reproche de Kairon, necesitaba a Leighton para que arrojara un poco de luz a la oscuridad en la que me acababa de sumergir de nuevo.