CAPÍTULO 38
Scarlett
Presente
Siento la mirada de Regina clavada en mi nuca durante toda la jornada laboral.
Y no es de extrañar porque ayer le envié un mensaje en el que la avisé de que tenía novedades sobre Leighton y yo y me considero un poco mala persona por haberla hecho soportar mi silencio hasta el fin de nuestro horario laboral.
Cierro la sesión en el ordenador y recojo todos los casos en los que he trabajado esta mañana para dejarlos en el cajón de mi escritorio.
En cuanto alzo la mirada para cerciorarme de que, en efecto, ya no hay nadie en la oficina porque Regina y yo siempre nos quedamos las últimas, no me sorprende ver la melena rubia de mi amiga en mi campo de visión.
—Habla. Ya.
Las primeras palabras que salen de sus labios me sacan una sonrisa y le aparto la silla que se encuentra a mi lado para que tome asiento y empecemos a charlar o, mejor dicho, a intentar que Regina arroje luz al cacao de pensamientos que tengo ahora mismo en la mente.
Le cuento que Leighton se ofreció a acompañarme a ver a mi madre, que se mostró súper amable con ella y que incluso tomó el control de la conversación al darse cuenta de que no me salían las palabras.
Y, para culminar la conversación, le confieso que le dije que mi cuerpo me pedía besarlo pero que mi mente se reprimía.
—Joder, Scarlett… has conseguido que me lleve la contraria a mí misma, no te lo pienso perdonar jamás.
La confusión ante sus palabras me hace fruncir el ceño.
—¿De qué hablas?
Regina pone los ojos en blanco y recoge su cabello rubio en un moño improvisado. Acto seguido, me mira fijamente, antes de añadir:
—Que cuando me contaste lo que pasó entre Leighton y tú te dije que no te acercaras mucho a él por si volvía a hacerte daño, pero…
—¿Pero?
—No sé, quizá me precipité un poco al decírtelo.
Mira, Scarlett, las personas no cambian si no quieren, pero Leighton parece querer hacerlo.
A pesar de tu negativa de querer volver a estar con él, no ha dudado en acompañarte a ver a tu madre sabiendo lo duro que era eso para ti.
Leighton parece querer arreglar lo que rompió en un pasado, Scarlett.
Paso las manos por mi pelo en un intento de ordenar la algarabía de emociones que tengo ahora mismo nadando en mi interior.
—Pero, ¿y si los sentimientos que creo estar experimentando hacia él son solo el reflejo de lo que una vez sentí por él?
¿Y si creo estar enamorada de su recuerdo y no de la persona que es ahora?
Me aterra la simple idea de dejarlo entrar de nuevo en mi vida y arriesgarme a que pueda dejarla otra vez patas arriba.
Regina hace una mueca con los labios antes de acercar su silla a la mía y entrelazar mis manos entre las suyas.
—¿Sabes cuántas veces podemos cambiar nuestra forma de vivir?
Todas las que queramos. Porque de eso se trata la vida, Scarlett.
De aprender de todos nuestros errores e intentar enmendarlos cuantas veces creamos necesarias.
Y si algo bueno tiene el amor entre tanto drama, es que se le puede dar siempre la vuelta, como a un calcetín.
Porque da igual cómo lo coloques, si con las costuras por fuera, como si fueran nuestras cicatrices, o con las costuras por dentro, callando nuestros miedos y dudas —traga saliva antes de continuar: —El amor siempre encuentra el camino para abrigar hasta los corazones más helados.
Vuestro amor lleva mucho tiempo congelado, pero ambos sabéis que solo hace falta una mirada entre los dos o un simple roce apara encender de nuevo esa llama que lo empezó todo.
Me quedo de piedra ante la reflexión de Regina. Nunca habría pensado que acabaría teniendo una conversación de este calibre con ella.
—Suena muy bien eso de que es mejor arriesgarse que quedarse con las ganas, pero el miedo me paraliza, Regina. Por una parte, me aterra volver a entregarme a él, pero, por otra, no quiero volver a sumergirme en la vida gris y vacía que he tenido desde que se fue.
La voz me tiembla al terminar y Regina me abraza para calmar mis nervios. Vuelve a su asiento cuando se percata de que me he tranquilizado.
—Mira, Scarlett, ¿te confieso una cosa? Cuando empezamos a trabajar aquí juntas, me daba pena mirarte porque sentía que solo observaba un caparazón vacío en una mujer de veinticuatro años que debería estar llena de vida.
Y solo cuando Leighton ha vuelto a tu vida he logrado ver algún tipo de emoción en ti, ya sea rabia, dolor o…
algún sentimiento más fuerte. Con esto quiero decirte que no temas volver a sentirte viva, porque aparece en tu mirada un brillo precioso, un brillo que solo él parece haber traído de vuelta.
Lanzo un largo suspiro y acabamos tomando la decisión de cenar en mi piso para seguir con la conversación porque de lo contrario nos acabarán encerrando en la oficina.
◆◆◆
Tal y como hemos hablado, cenamos en mi piso mientras charlamos sobre el mismo tema que nos ha tenido ocupadas desde que hemos salido de la oficina y me despido de Regina con un abrazo y con la promesa de que reflexionaré sobre lo ocurrido y que trataré de escuchar a mi corazón en lugar de a mi cabeza, que me juega más malas pasadas de las que me gustaría.
Me estiro en la cama, agotada de pensar tanto y, en un acto meramente impulsivo, llevada casi por la desesperación de encontrar respuestas, abro la aplicación de música del móvil y reproduzco la playlist de Voltage Zero en bucle.
La voz de Leighton me llega a los oídos y al alma y al verme reflejada en sus letras, al ver la imagen de nuestra historia en esas canciones y el dolor que se percibe en su lenguaje corporal, acabo tomando la decisión entre lágrimas y con el corazón acelerado, de tratar de volver a él una vez más sin pensar en todo lo que podría salir mal.