CAPÍTULO 36
Leighton
Presente
—Si sigues mirándome así voy a pensar que te gusto o algo.
Spencer aparta unos segundos la mirada de la televisión al darse cuenta de que llevo varios segundos observándolo en silencio.
Y sé que debo darle espacio porque apenas han pasado un par de días desde nuestro intento de acercar posturas, pero sé que Spencer solo funciona bajo presión, así que si tengo que instigarlo a que hable de una vez por todas de lo que siente, que así sea.
Coge el mando de la televisión para pausar la película que estaba viendo y se cruza de brazos, ofreciéndome a su vez una mirada agotada. Ya no sé si está agotado porque no he dejado de acosarlo o de la situación que se está dando entre los dos.
Apoyo el codo en el respaldo del sofá para recostar mi cabeza en la palma de mi mano y tratar de encontrar una postura cómoda para intentar explicarme lo mejor posible.
—Supongo que hablar de lo mío con Scarlett con Jaden siempre ha sido más sencillo porque ha sabido desde el primer momento lo que había entre nosotros.
Recuerdo cuando tenía diecinueve años y le conté lo que sentía por ella, al día siguiente quedé con él porque ni siquiera recordaba cómo respirar con normalidad.
Spencer esboza una pequeña sonrisa antes de volver a adoptar su semblante serio. Cojo aire y sigo hablando.
—Cuando lo dejamos o, mejor dicho, cuando la dejé, me sumergí en un pozo sin fondo en el que solo entraba la luz cuando componíamos una nueva canción o llenábamos algún garito con nuestros fans cantando a voz en grito nuestras letras.
No creas que no pensé en ningún momento en contarte mi historia con Scarlett, es solo que…
—trago saliva con la intención de ordenar mis pensamientos —contarte todo lo que ocurrió con ella implicaría traer de nuevo a mi mente esos recuerdos que he tratado de mantener bien ocultos para que me permitieran seguir con mi vida sin ella.
Recuerdo todas aquellas veces en las que alguna que otra pesadilla por lo que había ocurrido entre nosotros me perturbaba el sueño.
Recuerdo cómo a la mañana siguiente llamaba a Jaden para contarle lo que había pasado y me sentía un imbécil por no ser capaz de contarle a mi otro mejor amigo la verdad que escondían mis pesadillas.
Al fin y al cabo, vivíamos juntos, joder.
Ese tipo de intimidad no se tiene con cualquier amigo.
—Rememorarla desde el inicio traería consigo echarle más sal a la herida que nunca se ha cerrado, ¿verdad?
La voz rasposa de Spencer me saca de mi ensoñación y lo miro con la esperanza de que mis palabras hayan acabado haciendo mella en él y haya logrado comprender que si no le he contado nada de la realidad de mi relación con Scarlett no es porque no confiara en él, sino porque los recuerdos podían hacerme mucho daño si les permitía volver a entrar en una vida en la que su presencia ya solo se dejaba ver en mis sueños y pesadillas… hasta ahora, claro.
—Joder, ahora entiendo el numerito que montasteis cuando Scarlett quiso que le contáramos cómo eras en la actualidad y Macy se puso a echarte piropos. La rabia podía leerse en sus ojos, tío.
La bilis me sube a la garganta al recordar ese momento que tan lejano me parece teniendo en cuenta el estado en el que se encuentra ahora nuestra relación. Aunque, a decir verdad, ni siquiera sé cómo describir lo que hay entre nosotros en estos momentos.
—El otro día… me dijo que quería besarme —acabo confesando, por primera vez desde que acompañé a Scarlett a la clínica para ver a Callie.
Los ojos de Spencer se abren de par en par e incluso algunos de sus mechones rubios se mueven al compás de su cabeza cuando se recoloca en el sofá a la velocidad de la luz para pegarse más a mí.
—Ya me lo puedes estar contando todo, Leighton.
Me río ante su creciente ansiedad por saberlo absolutamente todo y, por primera vez desde que somos compañeros de piso, acabo contándole a Spencer lo que ocurrió el otro día en la clínica —obviando el motivo por el que la madre de Scarlett se encuentra allí porque eso es algo que solo le incumbe a ella contar—, le hablo de lo jodidamente nervioso que estaba ante la idea de que me tocara, lo mucho que me dolió verla tan desnuda emocionalmente hablando y cómo acabó desarmándome por completo cuando me confesó que tenía ganas de besarme pero que no se atrevía a hacerlo por miedo.
—¿Sabes cuál es mi opinión de todo esto?
Jamás había visto a Spencer tomarse tan en serio algo, y la simple idea de verlo tan preocupado por mi situación personal me hace sentirme un completo idiota por haber creído que no era una buena opción contarle todo mi pasado amoroso.
Asiento y rezo porque la verdad no me duela, pero nada más lejos de la realidad.
—Scarlett todavía cree que tus promesas se las lleva el viento, tío.
Sabe que lo pasó mal por tu culpa en un pasado y tiene miedo de volver a sufrir.
Tienes que conseguir que vea que sigues siendo tú, solo que esta vez vas a quedarte.
Vas a quedarte porque la quieres y porque nunca has dejado de hacerlo.
Le doy una palmada en el hombro que hace que suelte una carcajada.
—¿De dónde has sacado esa vena tan romántica, tío?
—No es culpa mía, el otro día en el salón estaban mis tías y mi madre viendo Titanic y digamos que me quedé un poco a cotillear, nada más.
Niego con la cabeza, sonriendo porque este tío no tiene remedio.
—Bueno, ¿qué te parece si celebramos que ya no te llevo envenenando el café las últimas semanas y vamos a tomar algo?
Nos levantamos del sofá y nos damos un abrazo con el que sellamos la nueva relación de amistad que acabamos de crear. Esa renovación que incluye contárnoslo todo aunque duela.
—Ahora entiendo por qué el café sabía algo raro —comento, siguiendo la broma.
—Eso es porque ibas tan dormido que ni te acordabas de echarle azúcar, capullo.
Sonrío de nuevo ante su comentario y nos dirigimos a nuestras habitaciones para vestirnos y salir a tomar algo en algún bar cercano.
Llevo tanto tiempo sin estar a solas con Spencer, sin tener en cuenta que vivimos en el mismo piso, que no puedo evitar sentir algo de emoción por haber recuperado a mi mejor amigo y poder pasar tiempo de calidad juntos.
◆◆◆
El bar al que acudí hace varias semanas con Kairon nos da la bienvenida con la mayoría de las mesas ocupadas con los estudiantes que celebran que han aprobado los primeros exámenes de la universidad.
Pero como todavía no hace tanto frío como para estar en el interior, Spencer y yo decidimos tomar asiento en la terraza mientras esperamos a que alguien venga a tomarnos nota.
—¿Y tú qué tal? ¿Alguna novedad de estas últimas semanas? —le pregunto a Spencer, enarcando las cejas.
Él se limita a chasquear la lengua y repantingarse en la silla con la actitud despreocupada que siempre lo caracteriza.
—Bueno, yo no soy un romántico empedernido como Jaden o como tú, pero no te voy a negar que hay cierta rubia que ha danzado por mi mente en los últimos días.
Frunzo el ceño al no saber de quién narices está hablando.
—¿La conozco?
—Vaya si la conoces, vino el otro día a la nave con tu amorcito.
Le lanzo un trozo de servilleta al mofarse de mí.
El camarero llega para tomarnos nota y mientras esperamos a que lleguen nuestras cervezas, decido bajar a Spencer de su nube porque los mejores amigos son los encargados de decir la verdad, aunque duela.
—Siento romper tu ilusión pasajera por Regina, pero no sé si te diste cuenta de que a quien miraba durante todo el concierto no era a ti, sino a Macy.
—Mierda, ¿tú también te diste cuenta? Joder.
Suelto una carcajada ante su falso enfado y tomamos un largo sorbo de nuestras cervezas cuando el camarero nos las trae.
Pasados unos minutos, me disculpo con Spencer para ir rápidamente al baño antes de seguir nuestra conversación.
Con la mala suerte de que, al encaminarme hacia el interior del bar, me tropiezo con alguien.
A ver si va a tener razón Spencer y estas últimas semanas he tenido la cabeza en otra parte.
—Lo siento —me disculpo por lo bajo, decidido a seguir mi camino.
—¿Leighton?
Esa voz.
No puede ser.
Cierro los ojos con fuerza, deseando que haya sido una mala pasada que me ha jugado mi mente porque la muy desgraciada no me da ni un respiro de todas las decisiones erróneas que cometí en un pasado.
No obstante, al escuchar de nuevo mi nombre salir de sus labios, no puedo evitar girarme para acabar de comprobar que, en efecto, se trata de ella.
Su cabello rubio ahora es más largo, no tiene el corte de media melena en el que sumergía mis dedos con la esperanza de no recordar otro cabello.
Su mirada azul sigue recordándome a aquel mar en el que tantas veces me vi sumergido cuando luchaba por lograr algo que estaba claro que no conseguiría hasta que pudiera sacarme a Scarlett de la cabeza.
Caroline me contempla con una sonrisa que ilumina su mirada y me siento un completo imbécil por haberle ofrecido unos últimos meses de relación llenos de lágrimas y de preguntas sin respuesta.
—Me habías parecido tú. ¿Qué tal va todo?
Su amabilidad se clava en mi pecho como si de una daga se tratara e intento sonreír para que no lea en mi rostro la sorpresa que me ha sobrecogido al verla, cuando estaba claro que no estaba en mis planes volver a encontrarme con ella cuando pensaba que ya había empezado su nueva vida lejos de mí y de todas aquellas promesas que acabaron en saco roto cuando nuestro compromiso no llegó a existir.
Trago saliva al ver que me sigue mirando, esperando una respuesta por mi parte y acabo asintiendo.
Aunque, en cuestión de segundos, me doy cuenta de que no me ha preguntado nada con lo que pueda hacer ese gesto y evitar responder para escaparme de la diatriba que me supondría tener una conversación normal con ella.