CAPÍTULO 35
Scarlett
Pasado
Había llegado el día.
Leighton se iría dentro de unas horas y no soportaba la idea de que se fuera sin que pudiera confesarle lo que realmente sentía por él.
La conversación con mamá todavía daba vueltas en mi cabeza después de pasarme toda la noche sin dormir y fue esa misma conversación la que me impulsó a dar un paso adelante y acabar confesándole la verdad, solo hacía falta encontrar el momento adecuado.
En un principio, pensé en decírselo en el desayuno, aprovechando que mamá estaba todavía durmiendo, pero descarté la idea en cuanto Leighton me dijo que debía ausentarse durante un par de horas para quedar con Macy y crear nuevas canciones para la banda que tenían pensado formar en un futuro próximo.
Me frustré al instante porque sinceramente, quería quitarme esa desazón que se encontraba en mi pecho y soltar lo que sentía por él, para dejar de sentir que una losa demasiado pesada había empezado a alojarse en mi corazón cada vez que lo veía y me callaba por miedo a su reacción.
Unos minutos después, mamá se levantó y desayunamos juntas en el porche.
Fue un desayuno silencioso, pero suponía que ninguna de las dos tenía ganas de hablar después de la conversación que tuvimos el día anterior.
Mamá llevaba tanto tiempo sin hablar de sus sentimientos que no sería de extrañar que necesitara un poco de tiempo para asimilar que realmente había abierto de nuevo su corazón, aunque fuera un pequeño resquicio que permitiera que la luz entrara de nuevo y alumbrara esas partes que estaban a punto de renunciar a una vida llena de alegría.
Tras acabar de desayunar, mamá prefirió quedarse en el salón para ver la televisión, porque había visto un anuncio en el que avisaban de que volverían a retransmitir a diario una de sus series favoritas.
Por mi parte, preferí quedarme sentada en las escaleras del porche, a la espera de que Leighton regresara y acabara contándole al fin que no había olvidado ese beso que solo consiguió reafirmar mis sentimientos hacia él.
Estaba tan ensimismada contemplando el cielo totalmente despejado que se abría ante mis ojos que ni siquiera oí el coche de Leighton llegar.
Lo que sí sentí fueron sus pisadas, acompañadas de ese aroma que siempre me recordaría a él.
Al alzar la mirada, comprobé que su quedada con Macy había ido estupendamente porque una enorme sonrisa enmarcaba su rostro.
En ese momento, en el pequeño instante que transcurrió mientras me vio y se sentó a mi lado, me permití imaginar unos años más tarde; una vida en la que Leighton sería ese cantante de éxito que deseaba, solo que aún tenía que descubrir si lo acompañaría en ese pedregoso camino hacia su sueño en calidad de amiga o… algo más.
Leighton tomó asiento a mi lado y aunque sonara ridículo pensarlo, tuve que centrarme en que mi mente no me jugara malas pasadas cuando su perfume se quedó anclado en mis fosas nasales.
Cerré los ojos para serenarme y puse la mejor cara posible cuando Leighton, sin preguntarle siquiera, empezó a contarme los avances que había hecho con Macy y con un tal Jaden, un chico que se les había unido en cuanto había escuchado la voz de Macy.
Apoyé la palma de mi mano en la mejilla para escucharlo con toda la atención posible y, de verdad que esa era mi intención, porque Leighton me estaba hablando de algo que le hacía sumamente feliz.
Sin embargo, no podía evitar fijarme en más, en mucho más.
En el brillo que refulgía en sus ojos cuando comentaba lo feliz que le hacía la música y la sensación que sentía en el pecho al creer que realmente podría dedicarse a ello en un futuro no muy lejano.
En sus labios, que formaban algunas palabras inconexas al hablar tan rápido y que, me hacían sonreír ante la alegría que transmitían.
En su cabello, que al hablar tan emocionado, permitía que con el movimiento de su cabeza, algunos mechones acabaran desperdigados por su frente y sintiera el irrefrenable impulso de acortar la distancia y apartarlos.
Me pasé tanto tiempo contemplándolo como solo una persona puede contemplar a su primer amor recién descubierto que Leighton tuvo que llamarme la atención porque me había quedado literalmente embobada escuchándolo hablar.
—¿Va todo bien, Scarlett? Me da la sensación de que hace un rato que has desconectado de la conversación.
Su tono de broma me hizo esbozar una sonrisa y negué con la cabeza, irguiéndome en los escalones del porche e inspirando con toda la tranquilidad posible para que no descubriera que por dentro estaba temblando como un jodido flan.
Al percatarse de que no había pronunciado palabra, frunció el ceño y me maldije por no permitir que ese momento tan mágico durara un poco más.
Porque había llegado el momento y, a pesar de que una parte de mí estaba preparada para soltarlo todo al fin, la otra quería guardar ese momento en el fondo de mi corazón por si no volvía a repetirse.
—Scarlett, ¿estás bien? Me estás preocupando.
Leighton tuvo la intención de acariciar mi mano para traerme de vuelta al mundo real.
Sin embargo, acabé levantándome de las escaleras del porche y me alejé un poco de él.
Pisé el césped con mis pies descalzos, a pesar de que las temperaturas ya hacía tiempo que habían dejado de ser calurosas porque sabía perfectamente que si me tocaba, acabaría perdiendo el hilo y, por una vez, quería que mis palabras salieran a la perfección para no dar lugar a malentendidos.
Él tragó saliva y me escudriñó con la mirada como si tratara de entender lo que estaba sintiendo, pero estaba claro que no se hacía una idea de la magnitud de los pensamientos que se arremolinaban en mi mente como si de un torbellino se tratara.
—Sé que probablemente cuando acabemos de hablar de esto no querrás volver a verme nunca, pero necesito soltarlo, Leighton.
En contra de mis deseos, él acabó levantándose de la escalera y se posicionó delante de mí. Cosa que empeoraba aún más la situación, todo había que decirlo.
—Scarlett, ¿qué pasa?
Inspiré profundamente antes de empezar a hablar y dar un giro de ciento ochenta grados a mi vida tal y como la conocía hasta hacía unos minutos.
—El beso. Ese maldito beso sigue paseándose por mi mente y no me permite ni siquiera dormir tranquila. Porque, aunque una parte de mí esperaba que no fuera correspondido, me aferré a esa ínfima parte que deseaba que sí lo fuera.
Leighton tragó saliva y atisbé a ver cómo su cuerpo se había tensado por completo y que esa ligereza de hacía unos minutos había desaparecido por completo.
—Scarlett…
—No, déjame hablar, por favor. Déjame decirte todo lo que quiero decirte y luego ya puedes tomar la decisión de marcharte o de quedarte y ver qué hacemos con todo esto. — Nos señalé a ambos, como si ese simple gesto pudiera abarcar algo tan sumamente grande.
Tragué saliva al tiempo que ordenaba mis pensamientos.
—Sabes lo complicado que está siendo todo con mi madre y con mi hermano desde que nuestro padre nos abandonó.
Sabes lo mucho que me ha costado volver a ver luz donde solo veía oscuridad.
Sé que probablemente esto que siento aquí —señalé mi pecho con la mano temblorosa— solo sea fruto de las hormonas de la adolescencia que me están haciendo perder la cabeza.
Sin embargo, siento algo muy diferente cuando estamos juntos.
Siento que el mundo todavía quiere ofrecerme un aspecto de la vida que creía perdido después de que mi padre nos abandonara.
Las lágrimas no tardaron en aparecer y me maldije a mí misma por no poder refrenarlas.
—Siempre había creído que mis padres eran mi ideal del amor, de ese sentimiento que solo cobraba sentido cuando los veía charlar animadamente en la cocina o jugar con el agua de la manguera en verano cuando creían que nadie los estaba observando.
Pero luego el golpe de realidad me ha dado tan fuerte que, durante unos meses, me he preguntado si realmente mi ideal del amor eran ellos o si realmente lo que deseaba era sentir lo que parecían sentir ellos…
Pude comprobar, a juzgar por su expresión, que Leighton que no parecía entender por dónde iban los tiros o quizá lo más sencillo para él era hacer ver que no entendía nada. Porque me resultaba imposible que no hubiera sentido nada en los meses que habíamos pasado juntos.
—Sé que el beso estuvo mal, que no debería haberme lanzado y haber roto esta relación de amistad tan bonita que tenemos pero, joder, Leighton, no puedo ser la única que siente que hay algo entre los dos.
Mi corazón no puede ser el único que siente esto.
Así que si tienes algo que decir, este es el momento, y, si por el contrario no quieres decir nada, lo entenderé.
Pero di algo, Leighton. O me volveré loca.
Enmudecí, con la respiración acelerada por la anticipación a su respuesta.
El silencio se abrió paso entre nosotros como un muro que nos separaba.
Me dolió tanto que las palabras no salieran a través de sus labios que tras unos largos minutos de eterno mutismo acabé asumiendo la verdad.
Pero que acabara asumiéndola no quería decir que no doliera, joder.
Lo miré fijamente y cerré los ojos ante el ardor que sentía en el pecho al saber que mis sentimientos solo estaban en mi cabeza.
Me di la vuelta con el corazón roto y con la dignidad perdida y cuando alcancé el primer escalón del porche, su voz sonó a mi espalda como si se tratara de una plegaria. O un maldito milagro.
—Llevo tantas noches sin dormir que creo que me he vuelto loco.
No paro de repetirme constantemente, cada vez que te miro o que paso tiempo contigo, que está mal.
Que está mal sentir lo que siento no solo porque eres la hermana pequeña de mi mejor amigo, sino porque…
joder, tienes dieciséis años. Y sé que tres años de diferencia quizá no sean demasiados, pero para mí lo son.
Porque deberías estar haciendo cualquier cosa que no sea sentir esto que sientes por mí.
Aunque es muy hipócrita decirte esto cuando está más que claro que yo no puedo hacerlo.
Me di la vuelta al escuchar aquella confesión.
—¿Qué no puedes hacer?
Ni siquiera sabía cómo habían salido las palabras de mi boca, porque me latía tan rápido el corazón que por momentos no escuchaba ni lo que Leighton me decía.
—No puedo pedirte que olvides tus sentimientos cuando está claro que yo no puedo hacerlo.
No sé en qué momento ocurrió, ni cómo has acabado colándote en ese rincón de mi alma que ahora lleva tu nombre, solo sé que está mal, que no quiero perder mi amistad con Kairon, pero tampoco quiero perderte a ti.
El pulso me latía acelerado en los oídos y me acerqué a él prácticamente temblando ante el cúmulo de emociones que sentía recorriendo todo mi cuerpo.
Con una valentía que ni siquiera sabía de dónde había salido, tomé sus manos entre las mías y sentí el calor de su tacto propagarse por todo mi cuerpo.
—¿Y qué hacemos ahora, Leighton? —pregunté, con la vista clavada en el césped.
—Ver a dónde nos lleva esto.
—¿Y si no nos lleva a ningún lado?
—Eso solo tenemos que descubrirlo por nuestros propios medios, Scarlett.
—Me rozó la punta de la nariz con el dedo índice y luego permanecimos con las manos unidas durante tanto tiempo que por un momento me olvidé de que Kairon estaba al caer o de que cualquiera podría vernos, porque nos encontrábamos en el jardín y no en el interior de la casa.
Sin embargo, en un nuevo silencio provocado por ambas confesiones, acabé mirando a Leighton a los ojos y cerciorándome de que vivir un primer amor de su mano no sonaba tan mal.
A pesar del miedo por lo desconocido y esas dudas que aparecerían tarde o temprano.
Porque, a pesar de todo, él ya permanecería anclado a mi alma pasara lo que pasara.