CAPÍTULO 34
Leighton
Presente
Scarlett observa a su madre de espaldas mientras ella se encuentra sentada en una silla contemplando el pequeño huerto que tienen plantado en el enorme jardín que rodea la clínica.
Lleva tanto rato mirándola en silencio que temo que se arrepienta de su decisión y nos vayamos por donde hemos venido.
Sin embargo, hago acopio de todas mis fuerzas y agarro su mano una vez más, a pesar de que pierdo la cordura cada vez que rozo su piel, y trato de infundirle las fuerzas que sé que necesita para dar el paso y enfrentarse a su pasado de una vez por todas.
Ella se sorprende al notar de nuevo mi tacto y me dedica una pequeña sonrisa antes de abrir la puerta de cristal que nos separa de Callie. Caminamos con tiento, como si estuviéramos acercándonos a un pájaro asustado, aunque ahora mismo no sabría decir cuál de los tres sería ese pájaro.
Nuestros pasos se escuchan ligeramente a pesar del césped y una vez nos posicionamos tras Callie, ella parece notar nuestra presencia al instante porque acaba girándose y observa a Scarlett como si creyera que está soñando.
Las contemplo a ambas para saber cómo reaccionar.
Los ojos de Callie empiezan a volverse acuosos cuando se da cuenta de que no es un sueño y de que su hija ha venido a visitarla.
La mirada de Scarlett se debate entre ser esa mujer fuerte en la que se ha convertido después de todos estos años o volver a ser esa niña que perdió a su familia tan rápido que no tuvo tiempo de asimilarlo.
Por mi parte, solo puedo mostrarme nervioso ante la escena que estoy presenciando.
No sé qué me resulta más extraño; si el hecho de volver a ver a Callie después de tantos años o que Scarlett haya confiado en mí hasta el punto de permitirme vivir a su lado un momento tan trascendental en su vida.
—Scarlett, cariño…has venido. —La voz algo rasposa de Callie inunda el silencio en el que nos hemos visto sumergidos en los últimos minutos mientras Scarlett permanece impertérrita.
Para ayudar y no hacer la situación más incómoda para los tres, pregunto a Callie si podemos sentarnos junto a ella y asiente animándome a coger un par de sillas que se encuentran a unos metros.
Dejo a solas a Scarlett unos segundos antes de volver con dos sillas de plástico de color blanco para sentarnos delante de Callie.
Escucho unos pájaros piar mientras sobrevuelan encima de nosotros.
—Eres Leighton, ¿verdad? Hacía mucho tiempo que no sabía de ti.
Callie me reconoce cuando me siento junto a Scarlett y le ofrezco una sonrisa sincera al tiempo en que asiento. Llevo tantos años sin verla que realmente me sorprende notarla tan serena y sin ese rastro de tristeza y desolación que parecían impresos en su mirada la última vez que la vi.
—Sí, he querido acompañar a Scarlett a verte porque, bueno hacía mucho que no nos veíamos y nunca está mal recordar viejos tiempos, ¿no crees?
—inquiero, con la mayor amabilidad posible.
A mi lado, Scarlett se retuerce algo incómoda, está claro que esta situación no le hace ninguna gracia y que quiere salir de aquí cuanto antes.
Pero sé perfectamente que si ahora mismo atraviesa la puerta de salida de la clínica, no volverá a pisarla.
Y ambos sabemos que eso no puede suceder, porque si ya ha dado el gran paso de sentarse delante de su madre tras tantos años, hay que llegar al final, aunque al principio cueste un mundo entero.
Agarro su mano, aprovechando que su madre ha desviado la mirada hacia las plantas del huerto y le guiño un ojo a modo de broma para que se tranquilice. Una vez respira profundamente, vuelve a fijar su mirada en nosotros y quito la mano lo más rápidamente que puedo para evitar preguntas incómodas.
—¿Cómo va todo, cariño? Kairon me ha estado contando cómo te va, pero me gustaría…
—Va todo muy bien. Tengo un buen trabajo y buenas amistades.
La respuesta seca de Scarlett no me pasa inadvertida porque sé perfectamente que el tono que ha usado no ha sido escogido al azar.
Lo que quiere Scarlett que vea su madre es que ha podido salir adelante sin ella, que a pesar de la familia rota con la que creció hace unos años, ha conseguido construir la vida de sus sueños.
Y, aunque Callie desconozca completamente que lo que acaba de soltar su hija por la boca es una absoluta mentira, una coraza que ella misma se ha autoimpuesto durante todos estos años, eso no hace que me duela menos haber escuchado esas palabras.
Miro a Scarlett disimuladamente y atino a ver cómo traga saliva, completamente nerviosa ante la mentira que acaba de soltar.
—Eso es genial, Scarlett. ¿Y… tienes pareja? Kairon me ha dicho que se va a casar con Lisa, ¿no es fantástico? No sé si los médicos me dejarán estar en la boda, pero…
Scarlett inspira profundamente, intentando calmarse ante la idea de confesar una nueva mentira a su madre o acabar soltando la verdad, una verdad que me incumbe y que me encantaría escuchar.
No obstante, como pasan los segundos y no se atreve a pronunciar palabra, trato de reconducir la conversación para ponerle las cosas más fáciles.
—Bueno, ya está bien de hablar de nosotros. Son muchos años sin vernos, Callie. ¿Cómo has estado todo este tiempo? ¿Te tratan bien aquí?
Nos sumergimos en una nueva conversación en la que la madre de Scarlett nos habla sobre el increíble equipo médico que se encuentra en la clínica, que gracias a la medicación se encuentra mucho mejor y que está deseando salir de estas cuatro paredes para volver a hacer vida normal o, mejor dicho, construir una nueva vida.
Una vida que obviamente incluye a esa familia que dejó atrás cuando ocurrió lo que ocurrió.
Scarlett permanece en silencio durante toda la conversación, solo cabecea para asentir en alguna que otra ocasión, pero no la juzgo, no debe de ser sencillo enfrentarte a tu madre después de tanto tiempo e intentar aparentar cordura. Yo me habría vuelto loco.
Nos despedimos de Callie con la promesa de que la veremos pronto y acompaño a Scarlett a la salida. Antes de que podamos salir del jardín, Callie nos sorprende con unas palabras de despedida:
—Scarlett, te quiero mucho, cariño. No lo olvides.
Ella se gira para mirar a su madre y en cuanto veo que su labio inferior empieza a temblar, agarro su mano y la acompaño a la salida.
Una vez estamos fuera, no pasan más de tres segundos antes de que se derrumbe por completo.
Por supuesto, no tardo ni medio segundo en acogerla entre mis brazos y dejar que llore todo lo que no ha llorado en estos años por su madre, por miedo a mostrarse débil ante los recuerdos o por miedo a traicionar a la Scarlett que es ahora si se permite escuchar lo que su corazón y su alma necesitan.
Un escalofrío me recorre el cuerpo entero al notar cómo todo su cuerpo tiembla entre mis brazos.
Sus hipidos se me clavan como agujas en los oídos, me duele tanto verla en este estado que solo cuando han pasado unos minutos y ha dejado de llorar, agradezco que lo haya hecho no porque no mereciera soltar todo lo que llevaba dentro, sino porque si la hubiera escuchado sollozar de esa manera mucho más, habría acabado hundiéndome yo también, joder.
Sostengo su rostro rojizo por la congoja del llanto, entre mis manos y no puede evitar esquivar mi mirada porque a pesar de los años, sigue siendo un poco cabezota.
—Hey, Scarlett, mírame.
Ella niega con la cabeza, con mis manos aún a ambos lados de su rostro. Cuando ve que no la suelto porque sé que, si lo hago, querrá correr un tupido velo y hacer ver que no ha pasado nada, acaba dándose por vencida y me mira con los ojos acuosos.
—Has sido muy valiente. No te culpes por no haber dicho casi nada, ¿vale? Es normal, esto va a tomar su tiempo.
Scarlett sorbe por la nariz y traga saliva antes de permitirme bajar las manos para encontrarse con las suyas. Casi lo hacen por puro instinto, las muy listas. Saben perfectamente el lugar en el que encajan desde hace años.
—Creo que jamás me he sentido tan desnuda emocionalmente ante nadie, ni siquiera contigo.
—Mi corazón se salta un latido al escucharla hablar de nosotros.
—Por una parte, quería escucharla con atención, cerciorarme de que todo el tiempo que ha estado entre estas cuatro paredes, alejada de nosotros, le ha servido para volver a ser esa madre que una vez fue, hasta ha llegado un momento en el que solo quería abrazarla, pero…
—¿Pero…? —Estrecho su mano con fuerza para animarla a continuar.
—Pero luego he recordado todo el dolor que me produjo su indiferencia ante la idea de hacernos daño, de no pensar ni un segundo en nosotros y he querido largarme y no volver jamás. Es algo parecido a lo que me pasa contigo, ¿sabes?
Creo que si ahora mismo hubiera pasado una manada entera de elefantes delante de nosotros ni siquiera los habría visto.
Porque Scarlett ha vuelto a hablar de nosotros en menos de cinco minutos y eso solo puede significar una cosa: que mis sentimientos hacia ella pueden ser más correspondidos de lo que esperaba en un principio.
—¿Qué te pasa conmigo?
Cojo aire antes de escucharla hablar porque el corazón se me va a salir del pecho, joder.
—Formas parte de mí. Nuestros recuerdos siguen anclados a mí como una losa de la que no quiero desprenderme. Una losa que pesa tanto que me incita a cometer errores que no debo cometer por nada del mundo.
—¿Errores como cuáles?
—Como besarte.
Lanzo un largo suspiro al tiempo en que aprovecho para soltar nuestras manos.
—Joder, Scarlett —murmuro, rascándome la nuca para mantener las manos ocupadas.
—Sí, joder.
No sé a ciencia cierta el tiempo que pasamos mirándonos en silencio, solo sé que si no llega a ser porque el pitido de un coche nos saca de golpe y porrazo de la ensoñación en la que ambos nos hemos visto sumergidos gracias a la confesión de Scarlett, hubiera acabado tirando todos los avances que he hecho por la borda al atrapar mis labios entre los suyos.
Ni siquiera sé de dónde saco las fuerzas suficientes para empezar a caminar y decirle a Scarlett que la acompaño a su piso para continuar con los casos que ha dejado a medias esta mañana antes de que pasara a recogerla para venir a la clínica.
El caso es que cuando la dejo delante del portal y me dedica una mirada antes de entrar dentro, no me recorre por todo el cuerpo la desesperación por haberla perdido para siempre, sino la esperanza de que quizá no esté todo perdido y que si una vez pude conseguir su amor, puede que recuperarlo no sea tan complicado como pensaba.