CAPÍTULO 30 #3
Por motivos obvios no dejo que esas palabras acaben escapándose de mis labios, pero ganas no me faltan porque total está claro que no soy una de las personas más afortunadas del universo.
—No, no estoy bien. Quiero llegar a casa y descansar, solo eso —admito, en un tono más bajo esperando que Leighton se dé por vencido y se vaya por donde ha venido.
—No puedo irme y dejarte en este estado, Scarlett. Cuéntame qué ha pasado.
La calma con la que acaba de hablar me ablanda durante unos segundos y no puedo evitar volver a mirar la pluma. Esa pluma que me regaló un día cualquiera y de la que no he podido desprenderme todo este tiempo porque era lo único que me recordaba todo lo que un día quise ser.
—No soy la chica que deseé ser cuando me regalaste esta pluma, ese es el maldito problema.
Acabo sentándome en el pequeño escalón del portal y no sé por qué no me sorprendo de que Leighton siga mis pasos.
Por la estrechura del portal su hombro roza el mío y trago saliva al ser consciente de su cercanía.
Rodea con los brazos sus rodillas y gira el rostro para escucharme con atención, como tantas veces he deseado que hiciera todo este tiempo en el que las inseguridades me han comido en más de una ocasión.
—Cuando me regalaste esta pluma, me imaginé perfectamente mi vida cuando acabara la carrera de Derecho.
Tendría el trabajo de mis sueños, mi situación familiar sería mejor y volvería a considerar mi hogar el lugar en el que crecí y…
te tendría a mi lado. Y, ahora, miro mi vida y no puedo evitar sentirme jodidamente decepcionada conmigo misma.
Me tiembla el labio inferior al terminar de hablar y me juro y perjuro que no voy a volver a llorar delante de Leighton. Pero claro, el muy malnacido coloca una de sus manos en mi pierna para calmar mis nervios y tira por tierra todos mis pensamientos.
Las lágrimas ruedan por mis mejillas sin que pueda evitarlo y lloro por culpa de toda la tensión acumulada.
Por esa chica de dieciocho años que entró en la universidad y realmente creyó que su vida iba a mejorar.
Por esa chica que sigue estando a día de hoy conmigo y que sigue aferrándose durante unos segundos ínfimos a la idea de que la vida puede dar un vuelco en cualquier momento.
También lloro por esa chica que perdió su hogar, el que no tenía nada que ver con ladrillos y sí con la persona que se encuentra a mi lado y a la que, al parecer, el universo parece dispuesto a volver a poner en mi camino todas las veces que haga falta para hacerme consciente de que el tiempo que tuvimos juntos fue insuficiente pero el amor que sigue ardiendo en mi interior cada vez que lo miro está muy lejos de serlo.
Porque con Leighton el amor siempre ha sido más que cuatro letras y un sentimiento.
Con Leighton el amor siempre ha estado relacionado con esa comprensión que en su momento creí no tener con toda la situación de mamá.
Con Leighton el amor siempre ha estado relacionado con esas canciones con las que me sorprendía a altas horas de la madrugada prometiéndome que serían un día un gran éxito.
Con él, el amor siempre ha sido más, mucho más.
Tanto que ahora que me paro a pensarlo me siento una idiota por haber intentado buscarlo en otro lado que no fuera con él.
Pero enseguida llega el recuerdo de su abandono y esa fugaz idea de seguir sintiendo lo mismo por él se acaba evaporando como si jamás hubiera existido.
—Sigues siendo esa chica fuerte que soñaste ser, Scarlett. No sé qué ha ocurrido para que estés así, pero…
—Kairon quiere que vaya a ver a mamá a la clínica, pero…no me atrevo. No sé si seré capaz de hacerlo. Por una parte, me aferro a la idea de que la sigo odiando por todo el daño que nos hizo, pero…también existen los recuerdos buenos, ¿sabes? Esos recuerdos que se llevó mi padre cuando se fue.
Leighton asiente, comprendiendo al fin por qué me encuentro de este modo. Y cuando ya creo que no va a decir nada más y que nos vamos a quedar sentados a los pies del portal, acaba murmurando:
—¿Quieres que te acompañe?
Mi corazón da un vuelco ante su pregunta.
—¿Por qué harías algo así por mí? Ya no hay nada que nos una.
—Siempre habrá algo que me una a ti, Scarlett Lambert. Y si por ello tengo que ser ese amigo que te acompañe en un momento tan complicado para ti, lo haré.
—¿A pesar de seguir enamorado de mí después de todo este tiempo? —pregunto, porque ya es hora de dejarnos de tonterías. Ya conozco la verdad de los sentimientos de Leighton hacia mí.
—Sobre todo por seguir enamorado de ti después de todo este tiempo. Antes de enamorarme de ti, fui tu amigo, podemos volver al punto de partida, ¿no crees?
Me separo de él lo poco que me permite la estrechura del portal y lo observo con una mirada que hacía demasiado tiempo que no compartía con él: esperanza.
Con la esperanza de que este punto de partida no nos separe de nuevo y también con el deseo de que esta vez, con el final del juicio y de nuestra relación profesional, su marcha duela menos.