Adicto a tu recuerdo CAPÍTULO 30 #2
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CAPÍTULO 30 #2

Ahora sí que ha pinchado en hueso, porque alzo la mirada para fijar mis ojos furiosos en mi hermano y trato de reprimir las irresistibles ganas que tengo de gritar porque estamos en público.

—No fui yo la que tomó la decisión de meterla en esa clínica, Kairon.

Te supliqué que no lo hicieras, que podríamos ocuparnos de ella y, sin embargo, tardaste poco en escoger la primera clínica de desintoxicación que había por la zona y dejarla allí como si fuera…

un objeto que guardas en el trastero porque no sabes dónde dejarlo.

Observo la vena del cuello de Kairon tensarse ante mi ataque pero no me arrepiento ni lo más mínimo de lo que acabo de decir porque ambos sabemos que es verdad.

Él sabe perfectamente cómo lloré suplicándole que no me apartara de ella que, a pesar de que había empeorado considerablemente, no podíamos despojarla sin ningún miramiento de su propio hogar y encerrarla en un lugar frío y sin vida.

—¿Ahora sientes lástima por ella? Te recuerdo que no hace mucho te pregunté si querías ir a verla porque llevaba tiempo queriendo que la visitáramos y te negaste — contraataca.

Me interrumpo porque el camarero llega con nuestras respectivas cartas y bebidas. Ni siquiera tengo que mirarla porque ya sé lo que voy a pedir, así que aprovecho para responder a la pulla que Kairon me ha lanzado.

—No siento lástima por ella, si hay alguien en este maldito planeta que tenga derecho a estar muy cabreada con ella después de todo este tiempo, soy yo. Pero lo que no puedes pretender es que vuelva a retomar mi relación con ella solo porque…

—¿Por qué?

—Porque ahora vas a empezar una nueva vida con Lisa y mamá te estorba.

—¿De qué estás hablando, Scarlett?

Kairon da un golpe seco en la mesa y miro alrededor para cerciorarme de que nadie se haya dado cuenta. Por suerte, parece que los demás, están demasiado sumergidos en sus respectivas comidas.

—Venga ya, Kairon, quedan dos semanas para que te cases con Lisa, la casa ya la tenéis desde hace tiempo, pero luego vendrán los niños y compaginarlo con el trabajo y no tendrás tiempo siquiera para visitar a mamá.

¿Y ahora quieres que sea yo la que vaya?

Aprende a ser consecuente con tus actos de una puta vez, Kairon.

Tú decidiste meter a mamá en esa clínica, no yo —recalco.

Kairon chasquea la lengua y aprovecho para mirar la carta y así evitar mirarlo a él. Pasan unos segundos antes de que vuelva a hablar de nuevo porque está claro que a cabezón no le gana nadie. Bueno, sí, yo.

—¿Sabes que siempre que voy a verla pregunta por ti?

Reprimo las lágrimas que luchan por salir al lanzar esa maldita pregunta.

—Tengo que enseñarle fotos tuyas porque ya no se acuerda de tu cara, Scarlett. Han pasado ocho años desde que entró en la clínica y no has ido a verla ni un maldito día.

Las manos me empiezan a temblar ante la rabia que siento al recibir ataque tras ataque con el que Kairon pretende convertirme en la villana de esta historia.

—¿Sabes cuál es el problema, Kairon? Que ya me he cansado de esperar algo que sé a ciencia cierta que no va a pasar.

Papá al menos se fue sin hacer promesas en vano, construyó una nueva familia y se olvidó de la anterior.

Pero mamá nos prometió una y otra vez que ya se encontraba mejor y luego ocurrió lo que ocurrió.

Ya estoy harta de que todo el mundo a quien quiero haga promesas que no puede cumplir —suelto, sin poder evitar que el rostro de Leighton acuda a mi mente.

Él también prometió quedarse conmigo y se acabó marchando.

—Pero ahora las cosas han cambiado, Scarlett.

—Acéptalo de una vez, Kairon. Mamá nunca ha querido cambiar.

¿Por qué crees si no que sigue en esa clínica después de todos estos años?

Porque no es lo suficientemente valiente como para dejar de mirarse el puto ombligo y darse cuenta de que ha jodido la vida de las personas que más la querían en este mundo.

Por suerte el camarero vuelve a aparecer para cogernos nota y acabo pidiéndole perdón al chico y levantándome de la mesa.

—Lo siento, al final no voy a comer.

—De acuerdo, volveré en unos minutos para saber qué tomará el caballero —comenta, mirando a Kairon, quien parece haberse quedado blanco ante mi decisión.

—¿Se puede saber qué haces?

—Marcharme, está claro que aquí no pinto nada si vas a atacarme cada dos por tres. Suerte en la búsqueda del traje, Kairon.

Le doy la espalda dispuesta a salir cuanto antes del restaurante y de esta maldita conversación que solo ha abierto viejas heridas, pero Kairon vuelve a hablar consiguiendo que frene de golpe con sus palabras.

—Tengo el traje desde hace un mes, Scarlett.

Traicionada como hace demasiado tiempo que no me sentía, giro mi cuerpo y le dedico una mirada dolida a mi hermano. O sea que todo este paripé de acompañarlo a buscar el traje para la boda era solo una excusa para hacerme una encerrona y hablar de mamá. Estupendo.

—Vete a la mierda, Kairon.

Furiosa, empiezo a andar con la imperiosa necesidad de salir de este maldito centro comercial para tomar aire.

Las lágrimas acaban saliendo porque ya llevaba demasiado tiempo conteniéndolas y una vez las puertas batientes se abren, salgo al exterior e intento tomar una respiración profunda para evitar sentir que el mundo entero se me está cayendo encima.

Una pena que un par de respiraciones profundas no logren reconducir mi vida.

Unos minutos después me permito caminar por las calles y no coger un taxi porque necesito dar aunque sea una vuelta a la manzana antes de encerrarme en el piso de nuevo y seguir trabajando.

Cuando me doy cuenta de que tengo que ir urgentemente al baño, acabo dándome por vencida y caminar hasta llegar al piso.

Sin embargo, a medida que me voy acercando al portal, veo a alguien esperando ahí.

Cuando mis ojos se fijan un poco más en esa persona, maldigo mi mala suerte.

Porque, al parecer, no he tenido suficiente con la bronca monumental que he tenido con Kairon hace unos minutos, sino que Leighton también parece querer poner mi paciencia a prueba.

El recuerdo de nuestra última conversación todavía pulula por mi mente y trato de expulsarlo con todas mis fuerzas aunque tardo poco en darme cuenta de que es imposible, de que vuelvo a tener el corazón en carne viva y dudo que vuelva a recomponerse en cuestión de segundos.

Con un suspiro agotado anunciando mi llegada, alcanzo a Leighton.

Su perfume me inunda las fosas nasales sin que pueda evitarlo y el hecho de que me siga gustando me crispa todavía más.

—No tengo tiempo para hablar, Leighton. Tengo mucho trabajo acumulado y… —le doy una excusa, sin mirarlo siquiera a la cara mientras me mantengo ocupada buscando las llaves en mi bolso.

—Entonces, si estás ocupada con el trabajo, necesitarás esto.

Frunzo el ceño al no saber de qué está hablando y cuando alzo la mirada y soy consciente de la pluma estilográfica que sostiene entre sus manos, mi cuerpo entero empieza a temblar al ser invadido por esos malditos recuerdos que son más recurrentes de lo que me gustaría.

Odio que él forme parte de todos los buenos y también de los más amargos, joder.

—Se te cayó en mi piso y venía a devolvértela.

Asiento y trato de cogerla sin tocar su mano pero está claro que es misión imposible porque al parecer al universo le encanta ponerme contra las cuerdas. El tacto de su piel cálida me provoca un escalofrío y agarro con fuerza la pluma una vez la tengo en mi poder.

—Gracias —musito antes de darle la espalda y dirigirme hacia mi piso de una vez por todas.

Sin embargo, las llaves se me acaban cayendo de las manos por culpa de los malditos nervios y mi paciencia estalla por los aires también.

—¡¡¡Joder!!!

Mi grito llama la atención de Leighton que no duda en alcanzar mis llaves y sostenerlas entre sus manos antes de añadir:

—¿Qué pasa, Scarlett? ¿Estás bien?

«No, estoy muy lejos de estar bien. Porque quiero seguir odiando a mi madre por todo el daño que nos hizo.

Porque quiero que Kairon deje de restregarme lo feliz que va a ser dentro de poco con Lisa y no ponga sobre mí el peso de la reconciliación con mamá.

Porque quiero dejar de sentir que cada vez que vuelves a estar cerca de mí, la presión que siento siempre en el pecho desde que te fuiste, desaparece».