Adicto a tu recuerdo CAPÍTULO 30
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CAPÍTULO 30

Scarlett

Presente

Lanzo un largo suspiro cuando por tercera vez en lo que llevamos de conversación Kairon insiste en que lo acompañe a la tienda de trajes de novio para escoger el definitivo.

Una completa locura si nos ponemos en la situación de que quedan solo dos semanas para la boda y mi querido hermano ha decidido dejar prácticamente lo más importante para el último momento.

—Venga va, así aprovechamos para hablar un poco. Con tu trabajo y los preparativos de la boda apenas nos hemos visto. Echo de menos a mi hermanita…

Suelto una pequeña risa que espero que no haya escuchado porque eso le dará ventaja para seguir jugando con su chantaje emocional.

Después de la última conversación que mantuve con Leighton si es que se puede llamar así a literalmente haber abierto mi corazón de nuevo a él y haberle confesado la verdad de mi aparente vida perfecta, me he pasado los tres días posteriores dando vueltas en la cama sin querer salir del piso.

He preferido soltar una mentirijilla en el trabajo para que me dejen teletrabajar en casa con la condición de que les avisaría de todos mis avances en todos los casos que llevo además del de Leighton y por suerte me han dejado estar en el piso unos días más.

Días en los que además de trabajar sin descanso para mantener ocupada mi mente, me he pasado las noches en vela pensando precisamente en lo que no debería: en él.

Abrir tu corazón a la persona que se encargó de destruirlo es algo tan sumamente doloroso a la par que reparador que ni siquiera sé cómo sentirme realmente al respecto.

Por una parte, pienso que ha sido un gran error soltar —como si de veneno se tratara— todos mis errores y toda esa verdad en relación a mi vida desde que él se fue, porque eso me convierte en una mujer débil y no en la mujer fuerte que he aparentado ser en todos estos años.

Sin embargo, una parte muy pequeña de mí, una a la que no quiero prestarle atención porque eso significaría empequeñecer un camino que me lleva más cerca de él, pienso que llevaba tanto tiempo sin poder hablar con la verdad por delante que no recordaba lo liberador que se podía llegar a sentir cuando acababas haciéndolo.

—Scarlett, ¿sigues ahí?

Conecto de nuevo con la realidad para responder a Kairon y acabar cediendo a su chantaje emocional.

—Vale, está bien. ¿Nos vemos en tu casa en media hora?

—Esa es mi hermanita, nos vemos en un rato.

Cuelgo la llamada con una sonrisa en los labios y voy directa a la cocina para comer algo antes de salir del piso. Sabiendo lo indeciso que ha sido mi hermano siempre con la ropa, algo me dice que vamos a estar un buen rato mirando tiendas.

Tras comer algo rápido, me dirijo al armario para buscar algo cómodo que ponerme. Escojo unos tejanos algo acampanados y los acompaño con una blusa a la que unos minutos después le añado una cazadora porque por las tardes empieza a refrescar.

Aparco cuando se cumple exactamente media hora desde mi conversación telefónica con Kairon y llamo al timbre unos segundos después.

—Tan puntual como un reloj suizo, Scarlett. Hay cosas que nunca cambian.

Niego con la cabeza con una sonrisa antes de lanzarme a abrazar a Kairon. Al entrar en la casa que comparte con Lisa no tardo en escucharla traquetear en la cocina y me dirijo hacia allí para saludarla.

La melena completamente lacia de mi cuñada es lo primero que veo al entrar.

Bueno, contemplo eso y también cómo parece estar inmersa en la música que escucha en sus auriculares a todo volumen y por la cual no se ha percatado de mi presencia en su casa.

Aprovecho para hacerle una broma y pellizco su cintura, dándole un susto de muerte que hace que el estropajo cubierto de jabón con el que estaba fregando los platos acabe cayéndose al suelo.

Se lleva una mano al pecho y cuando se da cuenta de que soy yo, me devuelve el pellizco y se deshace de sus auriculares.

—Sé que quizá debes pensar que soy una bruja por casarme con tu hermano y quererlo todo para mí, pero tampoco hacía falta matarme de un susto.

Su tono de broma consigue hacerme soltar una carcajada con la que ambas nos acabamos contagiando antes de darnos un abrazo.

Lisa es la mejor mujer que podría existir en el mundo para compartir la vida con mi hermano.

Y, ojo, aguantar a Kairon desde los diecinueve años tiene un mérito por el que algún día me gustaría hablar con el alcalde del pueblo para construir una estatua en su nombre.

—¿Y qué te trae por aquí? Por cierto, tengo que enviarte la fecha, la hora y la localización del lugar en el que celebraré la despedida de soltera.

La emoción que tiñe su rostro me parece tan sumamente tierna que no puedo parar de mirarla embobada. Seca sus manos en un paño que se encuentra colgado a su derecha mientras espera a que responda a su pregunta.

—Kairon me ha suplicado que lo acompañe a encontrar el traje perfecto para la boda y no he podido resistirme a su chantaje emocional.

—Créeme, sé bien de qué hablas. El muy cretino me ha hecho un desayuno increíblemente bueno además de habérmelo traído a la cama. Así que tendré que devolvérselo de alguna manera, ¿no crees?

Lisa alza las cejas a modo socarrón y finjo un escalofrío porque a pesar de que me gusta que mi cuñada tenga la confianza suficiente conmigo para contarme las cosas que ocurran entre ella y mi hermano…tampoco hace falta saberlo todo.

—¿Qué están tramando las mujeres de mi vida?

Kairon entra en escena tras habernos dejado a solas unos minutos y ambas ponemos los ojos en blanco porque está claro que lo del peloteo y el chantaje emocional de mi hermano va en dos direcciones.

—Tu hermana me estaba chivando que eres tan indeciso que necesitas que ella venga a socorrerte para no aparecer desnudo en la boda.

Ahora es el turno de él de poner los ojos en blanco antes de despedirse de Lisa con un beso más profundo de lo que me gustaría ver dar a mi hermano y me despido de mi cuñada con una sonrisa.

Subo con Kairon en su coche y nada más poner la música, Leighton aparece entre nosotros como un maldito ente. Estupendo.

—Perdón, es que tenía puesto el CD de la última vez que subí al coche con él. Si quieres puedo quitarlo.

—No pasa nada, déjalo. Total, no estaremos más de quince minutos en el coche, ¿no?

Kairon asiente y me muerdo la lengua para no soltar ningún improperio en relación a su mejor amigo.

No quiero que Kairon sospeche absolutamente nada de lo que hay entre nosotros, no quise que ocurriera en un pasado y evidentemente, sigo sin querer que ocurra.

Pero, claro, mi hermano parece tener el don de sacarme conversación justamente de lo que no quiero hablar.

—Por cierto, ¿qué tal va el caso de Leighton? ¿Habéis logrado llevaros mejor?

«Me confesó que sigue enamorado de mí, que sus canciones, esas que lleva cantando desde hace años, forman mi nombre.

Yo le confesé que desde él no he podido tener ni una relación formal porque las comparaciones eran odiosas.

Que mi vida perfecta no puede serlo menos y que su recuerdo sigue más anclado a mí de lo que me gustaría».

Hago acopio de todas mis fuerzas para no soltar toda la palabrería que se ha formado en mi mente en cuestión de segundos al escuchar su nombre, así que me limito a contestar:

—Nos toleramos, que ya es bastante, dadas las circunstancias.

Kairon me dedica una mirada de refilón para asegurarse de que no le miento y parece convencerse porque acaba asintiendo y centrando de nuevo su atención en la carretera.

«Dios mío, este va a ser un día muy largo y eso que acaba de empezar».

◆◆◆

—Mira, Kairon, te juro que como en la siguiente tienda que entremos no encuentres tu traje ideal, me rindo y te dejo aquí abandonado.

Mi hermano se lleva una mano al pecho y abre la boca fingiendo que mis palabras le han dolido soberanamente.

—Venga ya, Scarlett. No tienes aguante. Es el día más importante de mi vida, lo normal es que no me quiera quedar con el primero que pille, ¿no?

—Lo que no es normal es que la pobre dependienta te haya enseñado diez trajes distintos y los hayas rechazado todos —protesto.

Kairon hace un gesto con la mano como quitándole importancia a lo que acabo de decirle para posteriormente agarrar mis manos y poner cara de no haber roto un plato en su vida.

—¿Qué te parece si vamos a comer y luego seguimos con otra ronda? Te prometo que a la siguiente encontraré el traje ideal.

Hago ver como que me lo pienso pero la verdad es que no tardo más de tres segundos en admitir que si hay algo con lo que está claro que alguien siempre puede convencerme es con la comida.

Avanzamos entre el tumulto de gente que se encuentra a estas horas en el centro comercial y después de discutir por lo que nos apetece comer, acabamos sentándonos en un italiano a pesar de que a Kairon no le hace demasiada gracia la idea.

—Que sepas que he accedido porque si me negaba tenía miedo de que acabaras saltándome a la yugular.

Suelto una pequeña risa antes de dirigirnos al chico que espera tras el mostrador para llevarnos a una mesa libre. Nada más tomar asiento, mientras esperamos a que lleguen las cartas y las bebidas que hemos pedido, Kairon carraspea antes de hablar.

—Oye, Scarlett, quería comentarte una cosa.

—¿Ya te has dejado de tonterías y vas a dejar de ponerle pegas a cada traje que encuentres?—pregunto con sorna mientras trato de quitar algunas arrugas al mantel de tela blanca.

—No, en verdad… quería hablar de mamá.

Levanto la cabeza tan rápido que casi llego a marearme.

El corazón empieza a bombearme con más fuerza que nunca y las manos empiezan a sudarme.

Trago saliva y hago ver como que Kairon no ha dicho nada.

Evito su mirada todo lo posible fijándome en los demás clientes del restaurante, pero mi hermano posa su mano sobre la mía para llamar mi atención.

—Scarlett, mírame, por favor.

Rehúyo de su súplica negando con la cabeza.

—En algún momento tendremos que volver a hablar de ella, ¿no crees? ¿O pretendes que la dejemos allí olvidada?