Adicto a tu recuerdo CAPÍTULO 28 #2
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CAPÍTULO 28 #2

—¿Qué quieres que te diga? Sé cómo ha sido tu vida todos estos años, pero no tienes ni idea de cómo ha sido la mía.

¿Quieres saberlo? Desde que te marchaste, desde que me abandonaste —rectifica, mandando una daga directa a ese corazón que siempre latirá acelerado por ella—, me he convertido en una persona que ni siquiera reconozco cuando me miro al espejo.

He dejado de confiar en la gente, me he acostado con otros hombres deseando que al abrir los ojos a la mañana siguiente desaparecieran por arte de magia porque nunca eras tú.

Mi vida es tan recta y perfecta que ni siquiera me permito sentir porque eso solo conseguirá desestabilizarla.

—Scarlett… —la acallo porque noto cómo empieza a fallarle la voz.

—No, déjame acabar. No puedes venir aquí e interrumpir en mi vida como si nada y creer que voy a volver a caer rendida a tus pies porque eso no sucederá nunca, ¿me oyes? Nunca. Ya me perdí una vez cuando te fuiste, y no pienso hacerlo de nuevo.

Joder.

—Siento mucho que creas que eres una persona fría y completamente diferente a esa Scarlett de dieciséis años que solo quería comerse el mundo, aunque este no parara de vapulearla. Pero, sigues siendo esa Scarlett, lo veo cada vez que te miro.

Me dedica una sonrisa irónica antes de atacar de nuevo.

—Tú más que nadie debes saber que las miradas pueden llegar a mentir más que las palabras. La tuya misma me juraba que me querías y me acabaste rompiendo el alma.

«Me acabaste rompiendo el alma». El alma, no el corazón.

—Scarlett, no sé qué hacer para que seas consciente de lo mucho que te quise, de lo mucho que todavía te quiero.

Ella suspira intentando encontrar la calma que parece que le he arrebatado en cuestión de segundos.

—Yo sí sé lo que puedes hacer. Déjame marchar de una vez por todas, Leighton. Cuando acabe el juicio, nuestra relación también lo hará. Solo así podré seguir adelante, creo que ya es hora de que lo haga, ¿no crees?

El enorme nudo que se forma en mi garganta no desaparece por mucho que trague saliva, aunque por el bien de la situación y para no volverla todavía más incómoda, acabo asintiendo y volvemos al punto de partida: a intentar salvarme del lío que ha conseguido que nuestros caminos vuelvan a cruzarse.

◆◆◆

Un par de horas después, Scarlett acaba marchándose y quedamos en que nos volveremos a ver en cuanto tenga novedades sobre el estado de Trevor.

Por mi parte, en cuanto se marcha me quedo como un pasmarote en la puerta asimilando la promesa que le hecho de dejarla marchar cuando el juicio se celebre y la simple idea de pensar que en un mes, en treinta días, tendré que decirle adiós, me ahoga de tal manera que tengo la imperiosa necesidad de llamar a Jaden para que consiga calmarme o al menos para que meta en vereda mis pensamientos para no acabar sucumbiendo a la locura.

Por suerte, Jaden me avisa de que podrá pasarse en media hora y podremos charlar largo y tendido de lo que ronda por mi cabeza así que solo me queda esperar a no volverme loco mientras lo espero y a pensar en si realmente voy a poder ser fiel a la promesa que le he hecho a Scarlett hace unas horas.

Empiezo a deambular por el piso ordenando un poco para hacer algo con las manos y cuando me dirijo a la mesa del salón me doy cuenta de que en el suelo hay una pluma estilográfica, una pluma que reconozco demasiado bien y que consigue que mi corazón se salte un latido.

La pluma que le regalé a Scarlett un día cualquiera cuando me confesó su deseo de ser abogada cuando la aceptaran en la universidad de sus sueños.

Ha mantenido esa pluma con ella todos estos años y a pesar de que sé que no debería agarrarme a un imposible porque ella misma me ha repetido en más de una ocasión que lo nuestro está muerto, no puedo evitar sentir un ramalazo de esperanza recorrer mis venas.

Sostengo la pluma entre mis dedos y me recreo en su tacto, en la idea de pensar que hace un rato y todo este tiempo ha estado entre los suyos.

Me sobresalto cuando el timbre suena ante la llegada de Jaden y guardo la pluma en el bolsillo de mis pantalones con el pensamiento de devolvérsela a Scarlett la próxima vez que nos veamos.

Lo primero que veo al abrir la puerta es el pelo oscuro desordenado de Jaden y su tez morena perlada en sudor.

—¿Te has corrido un maratón para venir hasta aquí o qué? —pregunto, estrechándolo entre mis brazos antes de permitirle pasar.

—No he corrido solo para llegar hasta aquí.

Mi mirada conecta con la suya al entender al momento el doble sentido de su respuesta.

—¡Joder, Jaden! Hay cosas que prefiero no saber de mis amigos. Casi hubiera preferido que hubieras acabado la faena antes de venir aquí.

Jaden pone los ojos en blanco ante mi tosquedad y ríe cuando finjo un escalofrío.

—Ni que fueras virgen, Leighton. Anda, saca unas cervezas para empezar a hablar de esa morena que te trae de cabeza.

—¿Cómo sabes que te he llamado para hablar de ella? —Me dirijo a la nevera para coger los dos botellines de cerveza y los abro mientras espero su respuesta.

—¿Acaso hemos hablado de otra cosa desde que ha vuelto?

Le ofrezco la botella y niego con la cabeza. Odio que me conozca tan bien y odio todavía más tener que expresar con palabras todo lo que he sentido después de haberme abierto en canal con Scarlett y haber recibido tremendo balazo por su parte.

Nos dirigimos al salón y al sentarnos en el sofá, Jaden no duda en espatarrarse como si fuera su casa para acto seguido fijar sus ojos sobre los míos, incitándome a hablar de una vez por todas.

—Me ha hecho prometerle que cuando acabe el juicio la dejaré marchar. Que da igual lo mucho que la siga queriendo, porque ella no piensa cometer el error de volver a estar conmigo.

Jaden hace una mueca con los labios al escuchar mis duras palabras y permanece unos segundos en silencio que se me hacen eternos.

—¿Y bien? ¿No piensas decir nada?

—¿Qué quieres que te diga, tío? Por mucho que sea uno de tus mejores amigos, os entiendo a los dos.

Entiendo que tú quieras volver con ella porque no la has olvidado y me parece estupendo que hayáis puesto las cartas sobre la mesa en ese aspecto.

Pero le hiciste mucho daño cuando te marchaste, Leight.

Sé que lo hiciste por los dos, porque vuestra relación no iba a prosperar si seguía ese camino, pero eso Scarlett no lo sabe.

No sabe que decidiste tomar tú solo una decisión en torno a vuestra relación que debisteis haber tomado juntos.

Doy un trago a la cerveza mientras reflexiono sobre las palabras de Jaden. Y la verdad es que el muy condenado tiene razón.

—Y aunque Scarlett te haya dado ese ultimátum, estoy completamente seguro de que sigue sintiendo algo por ti —apunta Jaden, cosa que no ayuda para nada a mis pensamientos impostados de creer que lo nuestro solo permanece en mi recuerdo.

—¿Y por qué crees eso?

—Venga ya, Leight. ¿Te crees que no vi cómo os mirabais en el concierto del otro día en la nave? Lo estuve comentando con Macy y los dos estamos de acuerdo en que el otro día en el concierto no pudisteis apartar la mirada del otro en ningún momento.

—¿Macy…?

—No, Macy no sabe nada de lo que tuvisteis en el pasado.

Ese secreto lo llevaré a la tumba y lo sabes                 —bromea, antes de seguir hablando—, pero solo quiero que sepas que, si hasta Macy que no sabe nada de lo que tuvisteis, ha podido sentir esa conexión entre vosotros solo con miraros… eso debe significar algo, ¿no crees?

—No sé qué hacer, tío. Por una parte, creo que podría llegar a su corazón, pero es que siempre que trato de llegar a ella…

—Sé que Scarlett ahora mismo está cerrada en banda —prosigue Jaden, leyéndome la mente como ya es habitual entre nosotros.

—Pero lograste llegar a su corazón una vez y estoy completamente seguro de que puedes volver a hacerlo.

Con calma y con todo ese amor que guardas solo para ella en ese corazón, amigo.

—¿Scarlett y tú estuvisteis juntos?

Mierda.

Jaden y yo nos giramos al escuchar la voz de un Spencer incrédulo en la entrada del salón. Él se cruza de brazos y me dedica una mirada herida que me duele en lo más profundo del corazón.

—¿Y en qué momento tenías pensado decírmelo, Leighton?

Mierda y más mierda, joder.

Sabía que no era una buena opción ocultarle la verdad de mi relación con Scarlett, pero ahora que veo el dolor en su mirada me siento la persona más horrible del mundo.

Al fin y al cabo, Spencer es uno de mis mejores amigos, además de mi compañero de piso, con el que comparto noches de peli y manta y alguna que otra borrachera cuando nos da pereza salir a rondar por los bares.

Pero supongo que es más sencillo contar un secreto a pocas personas que hacerlo con muchas más y sentir que te juzgan en masa.

Al ver que no soy capaz de pronunciar palabra, porque sinceramente no sé qué decir para justificar mi silencio al no haberle contado mi secreto, Spencer me fulmina con la mirada y pega un portazo en su habitación que me hace saber que la he cagado como el que más y que tengo que solucionar este problema cuanto antes si no quiero perder a más personas que me importan.