Adicto a tu recuerdo CAPÍTULO 28
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CAPÍTULO 28

Leighton

Presente

Otra noche sin dormir se suma a mi espalda cuando me despierto por la mañana con el recuerdo de que he quedado con Scarlett para empezar a preparar la defensa para el juicio.

Mientras preparo un café para intentar despejar mi mente ante su inminente llegada, me permito pensar durante unos segundos en lo que hubiera ocurrido si hace un par de días Spencer no hubiera irrumpido en la conversación que estaba manteniendo con Scarlett sobre Caroline.

Me sorprendió casi tanto como a ella que se hubiera percatado del perfume que todavía permanecía en lo alto de la estantería del salón porque todavía no había encontrado el valor para devolvérselo.

Supongo que aún me encuentro algo reacio a volver a ver a Caroline y descubrir que, en efecto, está mucho mejor sin mí.

No quiero que se me malinterprete, me alegro de que haya reconstruido su vida y que haya logrado encontrar a alguien que haya podido ofrecerle todo lo que yo no pude, pero eso no hace que duela menos, joder.

Acabo la taza de café en el mismo momento en que el timbre suena.

Ni siquiera me he percatado de que el tiempo ha pasado de una manera tan sumamente rápida mientras estaba sumergido en mis pensamientos que no me ha dado tiempo a cambiarme de ropa.

Aunque pensándolo bien, Scarlett me ha visto en situaciones con menos…

«Joder, Leighton. Deja de pensar en esas sandeces, por el amor de Dios», me reprocho a mí mismo mientras dirijo mis pasos hacia la entrada.

En la imagen en blanco y negro que me devuelve la cámara del interfono se ve a Scarlett con su larga mata de pelo rizada y con una mueca en los labios que sigo reconociendo a pesar de todos estos años.

Esa mueca que me hace saber que encontrarse conmigo ahora es lo último que quiere.

Lanzo un suspiro antes de abrirle el portal y aprovecho el transcurso de la subida del ascensor para encontrar una camiseta que no esté demasiado arrugada para ponérmela y adecentarme un poco.

El timbre vuelve a sonar unos instantes después y me armo de valor para abrir la puerta y centrarme en lo verdaderamente importante: que Scarlett hará su trabajo y cuando acabe el juicio, acabe bien o acabe mal, acabará marchándose de mi vida, esta vez para siempre.

Trago el regusto amargo que se asienta en mi garganta al pensar en eso cuando mi mirada se encuentra con la suya.

Su vestimenta llama mi atención, pues todas las veces en las que nos hemos encontrado iba vestida con una falda de tubo más larga de lo que jamás hubiera imaginado tratándose de ella y alguna blusa de color triste.

En cambio, hoy lleva unos vaqueros largos y una sudadera, un estilismo que hacía demasiado tiempo que no veía en ella.

Y esa simple imagen, me traslada de golpe y porrazo a esos tiempos en los que ella era una cría que me trajo por el camino de la culpa por nuestro secreto, del amor por lo que llegué a sentir y sigo sintiendo por ella y por el de la inspiración que ha conseguido que a día de hoy sea el cantante que soy, a pesar de que después de lo ocurrido en la discoteca, nadie quiera volver a escucharme cantar con la banda jamás.

Me quedo tan desconcertado ante la retahíla de pensamientos que desfilan por mi mente que no me percato de que Scarlett me está hablando hasta que veo su mano moverse delante de mis ojos. Conecto de nuevo con la realidad para escucharla decir:

—¿Me vas a dejar pasar o quieres que tus vecinos sepan nuestros trucos para ganar el juicio?

Asiento permitiéndole pasar y arrepintiéndome en el mismo momento en el que al pasar delante de mí la estela de sus pasos es acompañada por el mismo perfume que lleva usando desde los dieciséis.

Es increíble como ciertos olores nos retrotraen a momentos de nuestras vidas, algunos tristes, otros eufóricos y muchos felices.

En mi caso, su olor siempre me recordará a esa etapa de mi vida en la que me creí invencible y en la que realmente pensé que el hecho de haber nacido en el seno de una familia que más pronto que tarde dejó de serlo no me condenaba a repetir sus propios errores.

Me sereno mientras camino tras ella y me sorprende que sea de los dos la que más tiene que decir porque desde que ha aparecido me he quedado completamente mudo.

—¿Y Spencer?

Toma asiento en el mismo lugar que hace un par de días y copio su gesto sentándome delante de ella.

—Tenía un compromiso familiar y no creo que vuelva hasta tarde.

—Perfecto, pues vamos a ello, ¿no? —pregunta, al tiempo en que empieza a sacar de su maletín un buen fajo de papeles y un pequeño estuche en el que guarda todo lo necesario para hacer una buena defensa con la que poder escapar de este maldito lío.

Scarlett recoge algunos mechones sueltos tras las orejas y reprimo el impulso de pensar que hace unos años me encantaba ser yo el que hiciera eso, enredar mis dedos en su pelo y así evitar pensar en lo enredada que se había quedado en mi alma para siempre.

Empieza a hablarme de lo que ha estado pensando todos estos días enseñándome sentencias similares ocultando evidentemente la identidad de los acusados.

La fervencia con la que parece llevar el caso me colma el alma de alegría y de esperanza por poder lograr un trato razonable sabiendo que es ella la que me defiende.

Tras unos largos minutos sumergidos en papeles y apuntes que Scarlett ha ido tomando, acaba lanzando esa pregunta que me hace saber que tengo que confesar la verdad de una vez por todas porque, total, no tengo nada que perder.

Ya sabe a ciencia cierta que no he logrado olvidarla, así que de perdidos al río.

—Sé que no quieres contarme algo de lo que ocurrió esa noche, Leighton, pero necesito que entiendas que es fundamental que como tu abogada sepa qué te incitó a actuar de esa manera.

El corazón sube hasta mi garganta y acerco un poco la silla hacia ella, notando cómo se tensa ante mi movimiento.

—¿Lo preguntas como abogada o como…?

—Quitando el hecho de que soy tu abogada, sé que la versión que conocía de ti no habría actuado jamás como lo hiciste. Nunca fuiste una persona violenta, Leighton.

—La versión que te ofrecí sigue siendo la misma, Scarlett. No he cambiado.

Espero a que mi afirmación se asiente en su mente y vuelvo a respirar de nuevo cuando asiente lentamente.

—Entonces, ¿por qué lo hiciste, Leighton? Es algo en lo que no he parado de pensar desde que supe lo que ocurrió.

La verdad en sus palabras me estremece y me hace saber en ese preciso momento que, a pesar de que Scarlett haya intentado mantener las distancias en cuanto a nuestra nueva relación de abogada y cliente se refiere, sigue preocupándose, aunque sea mínimamente por mí.

Y la tranquilidad que me produce ser consciente de eso consigue que me atreva a hablar al fin.

—Bebí demasiado esa noche, eso es verdad.

Me dejé llevar por la euforia de que nuestro último concierto había resultado ser un éxito y lo celebré con la banda.

Luego salí con Spencer del reservado y me animó a beber otra copa y unas cuantas más después de esa.

El caso es que, después de un rato, vi a Trevor y Chloe en una de las puertas traseras de la discoteca, estaban discutiendo.

—¿Y fuiste a ayudar a Chloe porque pensabas que estaba en peligro? ¿Es eso?

—Fui en busca de Chloe porque pensaba que eras tú.

Tenía la mente tan jodidamente nublada por el alcohol que pensé que eras tú la que estaba en peligro, Scarlett.

Por eso me comporté como un jodido animal.

Por eso me volví completamente loco con Trevor en el callejón.

Porque la simple idea de pensar que alguien podría estar haciéndote daño…

No sigo hablando porque noto cómo me han empezado a temblar las manos, aunque el temblor de estas se reduce al instante al notar el roce de su piel contra la mía.

Joder, jamás me acostumbraré a lo increíblemente placentero que siempre ha sido el simple roce de su piel en contacto con la mía.

Mi corazón late con una fuerza físicamente imposible al percatarme de que pasan los segundos y que no ha apartado su mano de la mía. Cuando encuentro las fuerzas para mirarla a los ojos, me doy cuenta de que los tiene llorosos.

—¿Por qué te empeñas en mantenerme en tu vida, Leighton? Lo nuestro acabó y, sin embargo, parece que…

—¿Parece que todavía no te he olvidado? Lo sabes perfectamente, Scarlett.

Te lo dije el otro día y te lo recordaré las veces que haga falta hasta que te marches para siempre.

Me convertí en un adicto a tu recuerdo en el mismo momento en el que supe que te había perdido.

He intentado autoconvencerme de que buscarte en otros cuerpos conseguiría que acabara sacándote de mi sistema.

Quise creer que empezar una nueva vida con Caroline sería suficiente, pero no lo fue.

Nunca nada será suficiente si no te tengo al lado, joder.

Todavía mantenemos las manos unidas, pero nos siento tan lejos en este momento que me vuelve a faltar el aire. No puede ser que le esté confesando todo esto, que le esté abriendo mi corazón de nuevo como tantas veces hice en un pasado y que ella permanezca sin decir ni una maldita palabra.

—¿No vas a decir nada?

Scarlett muerde su labio antes de apartar su mano de la mía y cruzarse de brazos. Su postura a la defensiva me advierte de que sus siguientes palabras no van a ser precisamente calmadas.