CAPÍTULO 27 #2
Me guardé para mí el resoplido que proseguía a su pregunta porque ni siquiera sabía discernir si realmente se podía denominar así mi situación con Leighton.
No había otra persona porque ni siquiera creía en la posibilidad de llegar a tener algo con él y, a pesar de eso, mi mente no paraba de recrear escenarios demasiado fantásticos y ficticios en los que la realidad no se atrevía a entrar.
—Sí y no—acabé contestando porque era lo más parecido a la verdad que podía llegar a desvelar.
John me dedicó una mueca triste y unos segundos en silencio después nos acabamos despidiendo y comprendiendo que nuestras quedadas con la intención de ser algo más habían llegado a su fin.
Caminé con pasos lentos y pesados a través de la noche. Tras unos minutos, llegué a mi destino con el corazón en la garganta y con la sensación de que me acababa de volver completamente loca.
La casa de Leighton se erguía delante de mí como esa fortaleza inalcanzable para una cría de dieciséis años como yo.
Pero no podía irme a la cama esa noche con esa desazón en el pecho.
Una parte de mí, mientras caminaba hacia allí, había pensado que quizá mi atracción hacia Leighton se debía simplemente a que era algo prohibido, a que era el mejor amigo de Kairon, tres años mayor que yo y que por eso me sentía atraída hacia él como las polillas a la luz.
Que me había enganchado a la idea de él y no a la persona que había tras ella.
No obstante, cuando dejaba de prestar atención a esa parte de mí, me paraba a pensar en los momentos que habíamos compartido y que nada tenían que ver con esa idea que tenía en mi mente.
La forma en la que mi corazón se aceleraba cuando se acercaba un poco más de la cuenta, la emoción que colmaba mi alma cada vez que me hablaba de una nueva idea para una canción y esperaba emocionado a saber mi reacción… era más que una fantasía.
Tomé aire y me armé de valor para pulsar el timbre.
Algunas luces de la casa permanecían encendidas y me arrepentí de mi decisión en el mismo instante en el que una mujer rubia de ojos oscuros me abrió la puerta.
La madre de Leighton me contempló como si fuera un cervatillo perdido en medio de la carretera y sin poder evitarlo llegaron a mí esos recuerdos en los que él me hablaba de su madre y de la relación tan tóxica que mantenía con su padre.
—Hola, ¿puedo ayudarte en algo?
La dulzura de su voz chocó de lleno con la idea preconcebida que tenía de ella. Carraspeé e intenté encontrar la voz para contestar a su pregunta y que no empezara a pensar que me faltaba un tornillo.
—Hola, soy Scarlett, la hermana de Kairon. ¿Está Leighton en casa?
El pulso me latía con fuerza en los oídos y tragué saliva para intentar calmarlo mientras me mantenía a la espera de la respuesta de la madre de Leighton.
—Vaya, no te conocía. Encantada, soy Kimberly.
Me ofreció su mano en el mismo momento en el que un regusto amargo se asentó en mi garganta.
No sabía si era bueno o malo que Leighton no le hubiera hablado de mí a su madre, aunque dada la relación tan mala que tenían desde que él se había enterado de la verdadera relación que mantenían sus padres, casi mejor que no supiera de mi existencia.
—Voy a llamarlo, lleva toda la tarde estudiando. Le irá bien relajarse un poco. ¿Quieres pasar?
—No, gracias, prefiero quedarme aquí.
Kimberly se limitó a asentir y esperé durante lo que me parecieron horas hasta que escuché los pasos de Leighton acercarse. Me daba vergüenza ser consciente de que conocía hasta sus pasos.
Su mirada oscura pareció alumbrarse en cuanto me vio.
Su rostro permanecía casi apagado, acompañado de unas ojeras que me hacían saber que no había pasado una buena noche.
Quizá los exámenes lo tenían más ocupado de lo que pensaba.
Sin embargo, en cuanto me dedicó una de esas sonrisas que borraban todos mis quebraderos de cabeza, me relajé y conseguí acercarme un poco más.
—Tu madre me ha dicho que estabas estudiando. ¿Te va mejor que quedemos mañana? —pregunté, con algo de miedo a su respuesta. Después de lo que me había costado tomar la decisión de ir hacia su casa, no me apetecía volver sobre mis pasos y volver a ver a Kairon después de nuestra discusión.
—Llevo toda la tarde con la cabeza metida en los apuntes y estoy a una sola hoja más de volverme loco. Scarlett, eres mi salvación ahora mismo.
Sabía perfectamente que era una broma para aligerar la tensión que parecía haberse interpuesto entre nosotros dadas las horas de la noche en las que nos encontrábamos.
A pesar de eso, mi corazón me sorprendió con un pequeño salto que ni siquiera sabía de dónde había salido, pero sí quién lo había provocado. Él, últimamente siempre él.
Sonreí para seguirle el rollo y sin siquiera hablar avanzamos unos pasos hasta sentarnos en la acera.
Me limité a cruzar mis piernas y colocar las palmas de mis manos sobre la acera.
Alcé la mirada hacia la luna que brillaba con una fuerza que me parecía sobrenatural y el suspiro que proferí al aire alertó a Leighton de que había algo que no iba bien.
Supongo que ambos ya empezábamos a conocernos mejor de lo que realmente nos gustaría.
—¿Qué ha pasado, Scarlett?
Su simple pregunta no debería haber provocado nada en mí, pero al ser él la persona que la pronunciaba, al ser él la persona con la que últimamente me desahogaba para no sentir que podía perder la cabeza, provocó en mí un silencioso reguero de lágrimas que se ocupó de limpiar con las yemas de sus dedos.
Fue un gesto tan mundano y a la vez tan íntimo que sentí que me mareaba durante los segundos en los que su piel estuvo en contacto con la mía.
Cuando me serené lo suficiente como para poder hablar, decidí desahogarme de nuevo con él, solo con él.
—He discutido con Kairon antes de salir a dar una vuelta con John. Ha sido horrible, ni siquiera sé en qué momento hemos llegado a esta situación. Es…
Leighton se acercó un poco más a mí en silencio y apoyó una de sus manos en mi hombro para que acabara apoyando la cabeza en el suyo. Refugiarme cerca de su piel era lo más parecido a un hogar que había sentido en mucho tiempo.
—Puedo hablar con él sobre el tema si quieres. No me gusta verte así, Scarlett.
Sonreí sin ganas y limpié otra de las lágrimas que me empezaban a emborronar la visión. Me acurruqué un poco más contra él y la fortaleza de su brazo rodeando mi hombro me dio fuerzas para seguir hablando.
—No entiendo cómo todo ha podido complicarse tanto. Hace tres meses lo tenía absolutamente todo, Leighton. Unos padres que se querían, o eso creía yo, un hermano que daría la vida por mí y ahora…ahora me siento sola en un mundo que parece haber dejado de escucharme. ¿Estoy loca por pensar así?
Leighton se apartó y en un gesto tan sumamente íntimo que todas las partes de mi cuerpo se estremecieron, alzó mi barbilla con el pulgar y su dedo índice y buscó mi mirada con la suya.
—Sé que te sientes sola, Scarlett. Pero no lo estás, no es lo mismo, ¿vale? Puedes sentir que el mundo ha dejado de escucharte, pero yo nunca lo haré.
La incertidumbre colmó mis venas con el impulso suficiente para preguntar eso que rondaba por mi mente desde que la relación que mantenía con Leighton se iba volviendo cada vez más especial.
—¿Por qué? ¿Por qué te comportas así conmigo?
—Porque siento que mi vida se está desestabilizando a medida que pasan los días y solo cuando estoy contigo logro encontrar el equilibrio.
No apartó su mirada de la mía mientras pronunciaba esas palabras.
Mi respiración empezó a acelerarse ante su confesión y me entraron unas irremediables ganas de saltar al vacío sin importarme una mierda las consecuencias.
Había venido hasta allí con una misión y no me iba a ir sin conseguirla: necesitaba sacarme esa desazón del pecho que me azoraba cada vez que estaba junto a él.
Necesitaba salir de dudas y descubrir si la admiración, atracción o ¿enamoramiento?
que tenía hacia él era algo pasajero o algo que podría condenarme a una vida completamente desconocida si me atrevía a dar un paso al frente y dejar a un lado las dudas y los miedos y volver a sentir que tenía el control de mi vida con respecto a algo.
Por eso no me lo pensé ni dos milésimas de segundo antes de rozar sus labios con los míos. Fue un simple roce, un roce que estuvo a punto de ser algo más si Leighton no se hubiera apartado con más lentitud de la esperada.
Al ver el desconcierto en su mirada y cómo su boca se abría y cerraba tratando de encontrar las palabras adecuadas para no romperme el corazón, me levanté de súbito de la acera e incluso trastabillé un poco antes de encontrar el equilibrio.
Leighton me imitó y antes de que pudiera hablar y decir algo que estaba segura de que no quería escuchar, empecé a correr en dirección contraria, esperando que fuera detrás de mí como en las películas que solía ver siempre con mamá antes de que todo ocurriera.
Pero no ocurrió.
Esa noche me fui a la cama con el corazón temblando ante su inminente rotura y con el convencimiento de que tenía algo bueno en mis manos que había encontrado sin siquiera buscarlo y que había perdido por haber creído ser demasiado valiente.