Adicto a tu recuerdo CAPÍTULO 27
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CAPÍTULO 27

Scarlett

Pasado

Me encontraba preparándome para salir a dar una vuelta con John mientras escuchaba algo de música.

El último paseo con mamá y Leighton seguía repitiéndose en mi mente como una canción en bucle.

Después de esa tarde, mamá empezó a salir de su habitación y a pasar algún que otro rato en el salón.

Kairon fue el primero en sorprenderse del gran avance que había hecho nuestra madre, aunque supongo que pasar tantas horas fuera de casa con la excusa de la universidad había conseguido que se perdiera momentos tan importantes y trascendentales en nuestras vidas como ese.

Por mi parte, le agradecía enormemente a Leighton el hecho de que me hubiera acompañado en un momento así, que no dejara de hacerlo, ya fuera a través de mensajes o llamadas que parecían no tener fin.

Pero, claro, luego John volvía a aparecer en la ecuación y me sentía la peor persona del mundo por estar utilizándolo en cierto modo para olvidarme un poco del mejor amigo de mi hermano. Joder, sonaba fatal pensarlo y mucho más sentirlo.

Porque, a grandes rasgos, lo más sensato para mi estabilidad emocional era llegar a sentir algo por John, empezar a salir con él y quizá pensar que acabaría olvidando a Leighton tarde o temprano. Pero una cosa era la teoría y una muy diferente la práctica.

Por eso era de suma importancia la quedada de ese día con John. Supongo que me autoimpuse un ultimátum en el que me obligué a ver con otros ojos a John y tratar de pensar menos en Leighton.

Bajé las escaleras a trompicones porque llegaba algo tarde al lugar donde habíamos quedado y me encontré a Kairon sentado en el sofá mirando una reposición de su programa de comedia favorito.

Al ser consciente de mi presencia, bajó el volumen y giró su rostro para prestarme en esos segundos toda la atención que llevaba siglos sin dedicarme.

—¿A dónde vas?

Algo en su tono de voz me advirtió de que, por lo que fuera, estaba enfadado. Empezábamos bien la conversación.

—He quedado con John, un amigo. No volveré tarde.

Me apresuré a llegar a la puerta lo antes posible para escapar de su siguiente pregunta, pero antes siquiera de alcanzar el pomo, noté la presencia de mi hermano tras de mí.

—¿No crees que ya has salido demasiadas veces esta semana? Tienes exámenes, Scarlett.

No sé qué fue lo que ocurrió en ese preciso instante.

Si fue el tono de su pregunta, su insinuación o el pensamiento recurrente de que, al querer huir de la situación con mamá, huía también de mí.

El caso fue que acabé explotando porque supongo que todos lo acabamos haciendo de vez en cuando.

Ya hablé de ese tema con Leighton, de ese y de muchos otros que lograban que ese chico se acabara convirtiendo en la salvación a la tormenta continua en la que sentía que vivía últimamente.

—¿Me estás echando en cara eso tú a mí, Kairon?

Su postura, con los brazos cruzados contra el pecho y el ceño fruncido, como si no acabara de creerse que le hubiera devuelto el ataque y no me hubiera quedado callada, me puso más furiosa si cabía.

—No te estoy echando nada en cara, Scarlett. Como tu hermano mayor, debo poner unos límites ahora que…

Una risa irónica salió a través de mis labios y eso desestabilizó todavía más a Kairon.

—¿Se puede saber de qué te ríes? No estoy bromeando, Scarlett.

Alcé la mirada hacia el techo de la casa que empezaba a caérseme encima a medida que pasaban los días y la bajé de nuevo para centrarme en el foco de mi ira en esos momentos.

—Tiene gracia que justo ahora decidas hacer de hermano mayor.

¿Dónde estabas cuando ayudé a mamá a salir de la cama para dar un paseo hasta el final de la calle?

¿Dónde estabas cuando mamá se derrumbó y acabó cayéndose al suelo empapada en sudor y en lágrimas?

Te lo digo yo: aquí no. Estabas con tus amigos o a saber con quién más.

Me costaba hasta respirar por soltar todo lo que acababa de soltar. Pero, simplemente no podía más. No podía más con su hipocresía, con esa facilidad que tenía para creer que con solo decir un par de palabras bien escogidas iba a acabar olvidando lo abandonada que empezaba a sentirme por él.

—¿De qué estás hablando? ¿Cómo que mamá acabó en el suelo?

Mierda.

Había olvidado por completo que Kairon desconocía lo que ocurrió con mamá hacía unos meses y que Leighton me había ayudado.

Pero para seguir manteniendo en secreto la relación extraña que me unía a Leighton, decidí adornar un poco la realidad para que mi hermano no se alterara más de lo que ya lo estaba.

—Hace un par de meses, mamá se cayó al suelo y tuve que recogerla mientras no paraba de llorar desconsoladamente. La bañé yo sola y tuve que volver a arroparla con el miedo constante en el cuerpo de que volviera a caerse durante la noche.

—¿Y por qué no me has dicho nada de esto hasta ahora?

—¿Acaso habría cambiado algo? Mira, Kairon, entiendo que como a mí, toda esta situación con mamá te está superando, pero la solución no es huir del problema, joder.

Ahora el que soltó una risa irónica fue él.

—No estoy huyendo del problema., solo…

—¡Claro que huyes del problema! Sales de casa a las nueve de la mañana y no vuelves hasta las nueve de la noche y a veces ni siquiera duermes en casa. Pero por mucho que huyas de la realidad, cuando vuelves a pisar esta casa esa realidad no se ha esfumado, Kairon.

—¿Y qué se supone que haces tú para huir de todo esto, Scarlett? ¿Quedar con un chico que ni siquiera me has presentado? Hacemos exactamente lo mismo.

«No quedo con un chico que ni siquiera te he presentado.

Quedo con tu mejor amigo porque he descubierto en muy poco tiempo que se ha convertido en un rayo de luz en esta maldita tormenta permanente.

Hablo con tu mejor amigo porque me comprende en un mundo que parece haber dejado de hacerlo.

Pienso en tu mejor amigo más de lo que me gustaría porque el simple hecho de pensar en él me recuerda que tengo un corazón y que este no se ha resquebrajado del todo al haber perdido de golpe y porrazo esa familia con la que he crecido».

Freno el torrente de palabras que empiezan a agolparse en mi mente y me muerdo la lengua para evitar meterme en problemas.

—Mamá nos necesita a los dos, Kairon. Y si quieres ser ese hermano mayor que tanto deseas ser, entonces enfréntate al maldito problema y no huyas de él pensando que al volver se va a solucionar.

Las lágrimas no tardaron en aparecer en escena, empapando mis mejillas y volviéndome mucho más inestable de lo que ya estaba.

—Ya he perdido a papá y no quiero perderte a ti también, Kai.

Sin siquiera permitir que respondiera a mi súplica, acabé abriendo al fin la puerta y pude respirar aire puro después de haberme sentido tan asfixiada por una conversación que hacía demasiado tiempo que debía haberse dado.

Mientras caminaba hasta el lugar de encuentro con John solo rezaba internamente por no haber llegado tarde y por haber hecho a Kairon reflexionar sobre nuestra situación actual. No podía asumir más pérdidas en un plazo de tiempo tan corto.

◆◆◆

La cafetería en la que nos encontrábamos sentados olía a café recién hecho y a bollería casera que me habría abierto el apetito en un momento cualquiera.

Sin embargo, tras la discusión con Kairon tenía el estómago completamente cerrado.

John me hablaba todo el rato y yo me sentía fatal por estar a kilómetros de él, emocionalmente hablando.

No fue hasta que posó discretamente su mano sobre la mía para llamar mi atención que acabé aterrizando en la realidad.

Su tacto no me produjo absolutamente nada y me frustré más de lo que me gustaría por ello.

—Scarlett, ¿estás bien? Si quieres podemos salir a dar un paseo.

Su amabilidad me dolía porque sabía que hacía todo siempre para reconfortarme, pero acabé asintiendo porque era lo que debía hacer si quería sacarme a esa persona de mi mente aunque fuera a la fuerza, aunque fuera lo que menos me apetecía en esos momentos.

Aunque lo que más me apeteciera en ese momento no fuera dar un paseo con John, sino hablar con Leighton sobre la discusión con Kairon y el mal cuerpo que me había dejado.

Sin embargo, me limité a asentir ante la propuesta de John y salir con él a dar ese paseo.

Salimos de la cafetería y seguí sus pasos porque al parecer conocía un sitio muy bonito para ver el atardecer.

Lo escuchaba hablar y me esforzaba soberanamente por tratar de estar atenta, pero mi maldita mente no colaboraba.

Dimos ese paseo, rodeados de árboles por los que se filtraba la poca luz que quedaba en lo alto del cielo y en el momento más inesperado, noté cómo la mano de John buscaba la mía.

Tragué saliva, nerviosa ante sus intenciones, pero con la misma curiosidad por averiguar si conseguiría sentir al menos una tercera parte de lo que sentía cada vez que Leighton estaba a mi lado.

Alcancé su mano y él me sonrió a la vez que imitaba su gesto. Seguimos el paseo hasta unas rocas que nos daban las mejores vistas posibles hacia ese atardecer que empezaba a teñir de naranja el cielo.

Una vez nos sentamos, nuestras manos volvieron a encontrarse, esa vez por accidente y le dediqué una sonrisa nerviosa que él pareció malinterpretar porque inesperadamente rozó mis labios con los suyos.

Y debería haber sentido algo, ¿no? Debería haber sentido esos fuegos artificiales de los que siempre hablan, debería haber sentido cosquillas hasta en el punto más recóndito de mi cuerpo.

Sin embargo, no sentí absolutamente nada, solo la certeza de que por mucho que me fijara de otro modo en el pelo rizado de John y en cómo se mecía lentamente con el aire, por mucho que intentara contemplar sus ojos azules y creer que miraba mi alma y no solo a mí… no sentía absolutamente nada.

Al ver mi rostro desencajado, John chasqueó la lengua y pasó a ser él el que me dedicó una pequeña sonrisa.

—Lo siento, pensaba que…

—No pasa nada, de verdad. Es solo que…

—¿Hay otra persona?