Adicto a tu recuerdo CAPÍTULO 26 #2
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CAPÍTULO 26 #2

—Sé que no debería haberlo hecho, pero he entrado en las redes sociales de la banda y…

joder, Scarlett. Estamos en la mierda más absoluta.

Hemos perdido miles de seguidores y las últimas publicaciones de nuestros conciertos están llenos de comentarios insultándome.

Me merezco todo lo que dicen sobre mí, pero ellos no.

Macy, Jaden y Spencer no merecen que por culpa de una noche se tire por tierra todo lo que han trabajado a mi lado todos estos años.

Su voz tiembla al hablar y tengo que reprimirme para no acercar posturas y coger su mano para tranquilizarlo, como esa vez en la que hace unas semanas lo llamó el capullo de su padre y tuve que ayudarlo a recomponerse en ese callejón en el que el aire faltaba porque estaba demasiado cerca de él.

Que lo odie y tenga un gran resentimiento hacia él por lo que ocurrió en un pasado, no quita que sea una persona de carne y hueso y no me guste ver a la gente pasarlo mal.

Sé lo importante que era la banda para Leighton en un pasado y mucho más ahora que ha logrado todo aquello con lo que soñamos una vez.

—Leighton, escúchame. No te voy a quitar la razón al decirte que ha sido un gran error entrar en las redes sociales de la banda, pero nadie se merece esos comentarios, ni ellos ni mucho menos tú.

Mi comentario final parece despertar algún tipo de brillo especial en sus ojos porque esboza una pequeña sonrisa que me pone los pelos de punta.

—Vaya, ¿ahora no crees que te oculte nada de esa noche? ¿Me he perdido tanto en una semana sin vernos para que confíes en mi palabra?

—No te hagas ilusiones, anda. Sigue habiendo algo que se me escapa sobre esa noche, pero confío en que llegue el momento en el que salga a la luz. Porque volver a confiar en ti… no te ofendas, pero eso está a años luz de suceder.

Leighton suelta una enorme carcajada ante mi humor ácido que consigue que casi lo acompañe. Casi.

Después de este momento tan extraño en el que el pasado ha parecido dejar de importar, decido acortar tiempo y contarle el motivo de mi visita exprés.

—Me ha llamado Chloe.

El “buen rollo” del ambiente desparece en el mismo instante en el que nombro a la novia de Trevor. Casi puedo escucharlo tragar saliva y me quedo más segundos de los que realmente me gustaría observando el movimiento de su nuez.

—Joder, Scarlett. O me das más información o me va a dar un infarto.

Reprimo una sonrisa de nuevo y acabo añadiendo:

—Los médicos han confirmado que Trevor va a despertar dentro de unas semanas porque la inflamación de su cerebro ha…

Antes de que pueda siquiera asimilar lo que está sucediendo, siento el perfume de Leighton inundando mis fosas nasales porque…

me está abrazando. Me está abrazando tan fuerte como me abrazaba cuando la situación con mi madre me sobrepasaba y cuando me sentía mal por querer otra vida en la que no tuviera que estar pendiente de que mamá no volviera a caer en ese pozo sin fondo al que mi padre la tiró sin preocuparse lo más mínimo de las consecuencias.

Me está abrazando tan fuerte que, por unos segundos, olvido todo el odio que he ido acumulando hacia él todos estos años, pero esa sensación solo dura unas milésimas de segundo porque en cuanto Leighton se percata de lo que ha hecho, se separa de mí como si mi toque quemara, como si debiera volver a poner entre los dos esa distancia que parece reducirse día a día poco a poco a pesar de que ninguno de los dos quiera que ocurra.

—Lo siento, ha sido la emoción.

Baja la cabeza, avergonzado por su gesto y mientras trato de controlar mi atolondrado corazón, fijo mi mirada de manera inconsciente en la estantería que hay detrás de Leighton. Trago saliva de nuevo al percatarme de la presencia de un perfume… femenino.

Al alzar la cabeza, Leighton se da cuenta de que mi mirada se ha perdido tras él y no duda en girar el rostro y comprobar por qué me he quedado callada.

—Es de Caroline, mi ex. Todavía no he encontrado el momento para devolverlo —me explica, con vehemencia.

El café que me he tomado esta mañana deprisa y corriendo empieza a desfilar a marcha rápida por mi estómago.

No sé de qué me sorprendo. Con todo el tema de la banda y de que Leighton sea un cantante medianamente conocido localmente, no es de extrañar que haya podido tener pareja. Pero una cosa es hacerte una idea y otra muy diferente, que esa idea se confirme.

Automáticamente me reprocho estar sintiendo esta desazón en la boca del estómago porque yo misma he tenido alguna que otra relación esporádica en estos años, relaciones que nunca han sobrepasado las tres noches porque en cuanto intuía que se iba volviendo serio, huía como la cobarde en la que me he convertido desde que recuerdo que todo lo que conozco del amor está ligado a él.

Al ver mi cara desencajada, Leighton decide ampliarme la información, aunque desearía que no lo hubiera hecho, ya que estamos.

—Me dejó ella. Quería casarse, pero yo simplemente…no podía. No podía atarme a nadie cuando…

No hace falta que termine la frase, porque ya puedo hacerlo yo por él:

«No podía atarme a nadie cuando mi corazón sigue atado a ti».

Agradezco que no lo pronuncie, pero eso no hace que duela menos porque la intención está ahí. Y si a eso le sumamos lo que ocurrió la semana pasada, mi cabeza empieza a embotarse ante el cúmulo de sensaciones que se agolpan en mi pecho.

¿Por qué me dice todo esto ahora? ¿Por qué ahora parece haberse despertado de un letargo en el que él mismo se sumergió al haberse marchado y haberme dejado atrás?

—¿Estuvisteis muchos años juntos? —pregunto, con la voz más temblorosa que nunca ante su inminente respuesta.

Leighton alza de nuevo la cabeza y soy capaz de descifrar la confusión en su mirada al escucharme preguntar por algo tan íntimo sobre él.

Siendo sincera, yo tampoco sé por qué narices quiero saber con pelos y señales cómo él ha podido llegar a estar a punto de casarse con alguien y yo…

yo ni siquiera podía pasar más de dos noches seguidas con alguien sin que el peso de los recuerdos me impidiera funcionar con normalidad.

Aunque, bueno, teniendo en cuenta que fue él el que decidió acabar con lo nuestro, está claro que él ha podido pasar página antes que yo.

—Tres años. La conocí en uno de los conciertos de la banda. Al principio éramos amigos, pero luego supongo que… la cosa fue a más y decidimos intentar una relación.

Siento que sus palabras salen casi a trompicones, como si no fuera consciente de que me está hablando de esa persona que debería haber sido yo si las cosas se hubieran desarrollado de otra manera.

—¿Has sido feliz? Con ella…

Dios mío. Siento mil agujones en la garganta, reprimiendo las ganas de llorar.

Los sentimientos se revuelven en mi estómago y no estoy segura de que vaya a vomitar solo el café que da volteretas por todo mi organismo, sino también ese corazón que espera recibir las palabras mágicas para no sentir que nuestro amor fue algo efímero y no lo más puro que he sentido nunca.

—Sí, pero no tanto como… cuando éramos tú y yo.

Siento la imperiosa necesidad de levantarme de la silla y salir corriendo, escapar de los recuerdos que están volviendo conforme seguimos hablando.

Pero, como dijo Regina, tenemos que poner las cartas sobre la mesa, solo así podremos seguir adelante y dejar esa historia pasada donde pertenece para volver a ser dos personas completas.

—Yo… yo también he estado con otros chicos, pero nada serio. Rollos de una noche con los que trataba de llenar un vacío que no…

Una lágrima desciende a traición por mi mejilla ante la simple idea de volver a estar abriéndome en canal delante de él.

Hablar de todo lo que han significado para mí sus años de ausencia me constriñe el pecho de tal forma que la única manera que conozco de conseguir que el dolor me duela menos, es hacer ver que nada ha pasado y enterrar cualquier sentimiento que le haya proferido en un pasado a ese recoveco de mi mente que siempre llevará su nombre.

Por eso, salgo por la tangente y acabo volviendo al tema de conversación inicial y al motivo por el que estamos aquí delante el uno del otro, desnudándonos emocionalmente como jamás pensé que volvería a hacer con él.

—Chloe me ha comentado que ha intentado convencer a los padres de Trevor para que no te denuncien, pero siguen queriendo hacerlo.

La mirada de terror que me dedica Leighton me hace sentir un poco mal por haber soltado una noticia tan mala en un ambiente tan íntimo como el que estábamos compartiendo hace unos instantes.

—¿Crees que podremos convencerlos de que no lo hagan? No puedo ir a la cárcel, Scarlett. Si voy…

—Por supuesto que no vas a ir a la cárcel. Tenemos un mes más para preparar la defensa hasta que salga el juicio. No te voy a negar que es un caso difícil, pero no por ello imposible —aseguro, tratando de tranquilizarlo.

—Sigo confiando en ti, Scarlett. Eso no ha cambiado.

¿Puede dejar de hablar de esa manera?

Odio que, cuando menos me lo espero, él siga atacando con esa bala que siempre me deja indefensa: la de las emociones y los sentimientos que me desarmaron en un pasado y que ahora me han convertido en la persona fría y recta que soy.

Odio que él me haya convertido en esta versión y odio todavía más que se empeñe en destruirla.

Escuchamos el tintineo de unas llaves intentando abrir la puerta y esa es mi señal para marcharme de una vez y airear mi mente de todas las sensaciones que recorren mi cuerpo cada vez que estoy cercan de él.

Me despido de Leighton con un gesto de la mano y permito que me acompañe hasta la entrada, donde entablo una conversación escueta con Spencer antes de salir hacia el ascensor.