CAPÍTULO 26
Scarlett
Presente
Había pasado una semana en la que no había podido parar de pensar en él, maldito fuera.
El recuerdo de su confesión caminaba por mi mente con libre albedrío y odiaba que ahora mis pensamientos hubieran vuelto a reducirse a él. Cometí ese error en un pasado y no pensaba volver a cometerlo ahora.
Pero, es que… joder.
Lo último que esperaba de esa noche era que Leighton acabara confesándome que…
no me había olvidado, que llevaba años cantando a voz en grito canciones que estaban inspiradas en mí, llevándome consigo todos los días desde la última vez que nos vimos, todos estos años en los que hemos creado nuestras vidas, ajenos a la presencia del otro.
Yo he podido rehacer mi vida, crear una vida desde cero con unos cimientos que no estuvieran manchados por su recuerdo. Una vida en la que el amor tampoco tenía cabida.
Llevaba tantos años inmersa en la idea de que odiaba el amor que, por un momento, había olvidado lo intenso que podía ser si lo vivías acompañada de una persona como Leighton Sullivan, que ve el amor en el gesto más cotidiano posible y consigue que esa magia que nadie puede ver logre ser visible a tus ojos.
«Conseguía», me corrijo porque debo seguir pensando en Leighton en pasado y no en presente, a pesar de que haya vuelto a mi vida arrasando con todo, como ese torbellino que acabó conmigo y que corre el peligro de volver a hacerlo.
Porque, a pesar de que intento mantenerme en mis trece y no permitir que mi corazón reproduzca un latido de más al pensar en él, este maldito órgano parece no acatar mis órdenes. Supongo que el rastro de un amor como el que sentí por él no se puede borrar tan fácilmente.
Abro los ojos tras dar unas cuantas vueltas en la cama intentando volver a conciliar el sueño y cuando me percato de que el sol ya empieza a despuntar, decido que la confesión de Leighton no va a hacer que mi vida deje de ser como hasta ahora y me dirijo al cuarto de baño para recoger mi cabello en un moño desenfadado y aprovecho que hoy el bufete está cerrado por obras para avanzar con los casos que he dejado en un segundo plano y así pasar la mañana con otra cosa que no sea él en la mente.
Antes me preparo un café bien cargado porque las últimas noches no han sido mis mejores aliadas y mientras acabo de echarle la leche con mucha espuma, mi móvil suena dándome un susto de muerte.
«Como sea Leighton…»
Mando callar a mi mente para que deje de jugarme malas pasadas y me dirijo a la habitación para coger el móvil y cerciorarme de que, por suerte, no se trata de Leighton.
Aunque no sé si me alivia o no que la persona que esté al otro lado de la línea sea Chloe, la novia de Trevor, el chico al que Leighton dejó en coma hace un par de meses.
Trago saliva y nerviosa como no lo he estado desde hace semanas, descuelgo la llamada y me siento en la cama por lo que pueda pasar.
—¿Chloe?
—¿Scarlett? Siento llamarte tan temprano, pero…
Su voz parece algo rota al otro lado y me temo lo peor.
—¿Ha pasado algo? ¿Hay alguna novedad sobre Trevor?
Escucho a Chloe sollozar y mi corazón empieza a latir desenfrenado ante su silencio. Espera unos segundos para volver a hablar, segundos que pasan a cámara lenta, todo hay que decirlo.
—Los médicos le han repetido las pruebas que le hicieron cuando entró y nos han dicho que la inflamación de su cerebro ha bajado considerablemente y que es muy probable que…despierte en los próximos días.
Habla tan rápido que me cuesta asimilar lo que acaba de decir. Ahora soy yo la que se queda varios segundos sin habla.
—¿Scarlett? ¿Sigues ahí?
—Sí, perdona. Es que… estoy muy feliz por vosotros, de verdad. No sabes cuánto significa esto para el caso.
—Quería comentarte también algo sobre eso.
Me pongo en tensión al notar que su tono de voz cambia. Algo me dice que sea lo que sea que tenga que decirme no me va a gustar tanto como el tema inicial de conversación.
—¿Hay algún problema, Chloe?
—Ahora que sabemos que Trevor va a despertar, he intentado convencer a sus padres para que retiren la demanda contra Leighton, pero… no he podido, lo siento.
La buena noticia con la que hemos empezado la mañana se empaña con lo que acaba de soltar, y no sé si es porque he empezado a verlo todo con un prisma diferente pero algo me dice que podemos ganar este caso, que puedo ayudar a Leighton y entonces sí que sí, despedirme de él para siempre.
—No te preocupes, intentaré solucionarlo. ¿Crees que podrías hablar con ellos para quedar un día de estos? Envíame un mensaje y así te pasaré mis fechas disponibles. ¿Te parece bien?
—Lo intentaré. Si no te importa, tengo que dejarte. He salido un rato de la habitación para hacer la llamada y no me gusta la idea de dejar a Trevor solo.
—Sí, claro, no te preocupes. Y Chloe, muchas gracias por tratar de interceder con los padres de Trevor, sé que no ha debido de ser fácil.
—Lo único que me importa es que Trevor se va a recuperar y creo que Leighton no se merece un castigo tan grande como para acabar entre rejas.
La simple idea de imaginármelo ahí me pone los pelos de punta, pero expulso esa sensación de mi mente y me despido de Chloe con la alegría llenando mi corazón.
◆◆◆
El pulso me late acelerado mientras espero a que Leighton abra la puerta de su piso.
Tras hablar con Chloe le he enviado un mensaje urgente en el que le he preguntado si estaba en su piso porque quería comentarle algo de suma importancia para el caso.
Me ha sorprendido que respondiera tan rápido después de lo que ocurrió la última vez que nos vimos.
Desconozco por completo cómo va a actuar y eso es lo que más nerviosa me pone.
No saber si va a hacer como si nada o si abogará por ser ese Leighton que conocí en un pasado que insistía hasta encontrar la respuesta que buscaba.
Pero si espera algún tipo de sentimiento positivo por mi parte en relación a su declaración, ya puede estar buscándolo en otro sitio porque no se lo pienso ofrecer.
Al contrario, ahora mismo solo puedo encontrar más odio y rencor del que sentía ya por él antes de que se volviera a meter de lleno en mi vida.
No tenía ningún tipo de derecho a volver y mucho menos a soltarme algo así y pretender que se me olvidaran como si jamás hubieran existido todas aquellas noches en las que me dormía después de haber estado llorando durante horas susurrando su nombre porque solo nosotros sabíamos lo que habíamos tenido.
No puede pretender que después de lo que me dijo, se me olviden todas aquellas noches en las que traté de buscarlo en cuerpos extraños y acabé decepcionada porque nadie me despertaba la piel como lo hacía él.
Tener este tipo de resentimiento hacia él es lo único que me mantiene en la línea recta en la que se ha basado mi vida desde que se fue.
Puede que mi vida actual no sea aquella con la que soñé cuando era una adolescente, pero es una vida tranquila y, para mí, después de todo lo que pasamos con nuestros padres y lo que ocurrió con él, ya es más que suficiente.
La felicidad está tan sobrevalorada que me sorprende que la gente siga escogiéndola sobre de la tranquilidad.
Escucho unos pasos acercarse a la puerta y Leighton aparece tras ella al abrirla con la cara despejada y una mirada que lo dice todo acompañada de una sonrisa que parece querer disimular lo que pasó el otro día.
Una pena que sepa descifrarlo tan bien a estas alturas de la película.
Su mirada puede preguntar en silencio todo aquello que sus labios no se atreverán a preguntar porque al parecer, el Leighton de ahora parece tener más responsabilidad afectiva de la que tuvo en un pasado y supongo que habrá debatido en su mente los pros y los contras de sacar a la luz toda esa historia que dejamos atrás y que está donde debe estar.
Sin embargo, me sorprendo quedándome atrapada en su mirada una vez más.
Me quedo atrapada en esa mirada tan parecida a la que me dedicaba en un pasado cuando me decía todo lo que sentía por mí sin abrir la boca.
Trago saliva ante su escrutinio y le hago un gesto con la mano para saber si puedo pasar.
Leighton parece volver a conectar con la realidad y se aparta del quicio de la puerta para dejarme pasar al tiempo en que habla para destensar el ambiente que se ha generado después de habernos visto tras una semana, en la que ha estado más presente en mi mente de lo que me hubiera gustado, joder.
—Spencer vendrá dentro de un rato, pero me gustaría que habláramos ya de eso que tenías que contarme. No quiero preocupar más al grupo.
La desazón en su mirada que veo de refilón pellizca mi corazón mientras sigo sus pasos a lo que debe ser su salón. Tomo asiento en la primera silla que encuentro y a pesar de que sé que me voy a arrepentir en cuanto atraviese la puerta cuando me vaya, acabo preguntando:
—¿Ocurre algo con la banda? Hemos hablado mucho de ti desde que abrimos el caso, pero no hemos comentado cómo les puede estar afectando esto —apunto, porque sé por dónde van los tiros.
A veces odio conocerlo tan bien. Otras, me agiliza el trabajo. Algo bueno debe tener estar defendiendo a la persona por la que una vez sentiste tanto y conociste hasta el punto de poder trazar cada gesto de su expresión corporal con los ojos cerrados.
Leighton chasquea la lengua y se deja caer en la silla que se encuentra enfrente de la mía.
Dejo escapar el pequeño escalofrío que recorre mi cuerpo cuando, al sentarse, roza accidentalmente su pierna con la mía.
Voy vestida con una falda de tubo por debajo de las rodillas y una blusa blanca, pero eso no parece haber sido un impedimento para que el universo se confabule en mi contra y haya logrado que Leighton tocara el único trozo de piel que quedaba al descubierto.