CAPÍTULO 25
Leighton
Pasado
Al parecer se habían alineado los astros porque había logrado quedar con Kairon después de semanas sin poder hacerlo.
Lo más cerca que había estado de los Lambert en los últimos días fue cuando acompañé a Scarlett y a Callie en ese paseo que me llenó el alma y llenó también de dudas mi ya de por sí alborotada mente.
Porque cuanto más me convencía de que debía alejarme de ella porque los sentimientos no paraban de crecer, más me llevaba la contraria al decirme a mí mismo que por un rato más no pasaba nada.
Pero es que no eran solo esos ratos juntos lo que me preocupaba; me preocupaban también los mensajes que nos enviábamos a deshoras, la necesidad imperiosa que sentía correr por mis venas cuando acababa una canción y quería que ella fuera la primera que la escuchara, también los instantes en los que estaba haciendo cualquier cosa cotidiana y su rostro aparecía en mi mente sin que pudiera hacer nada por evitarlo.
En fin, estaba metido en un lío de cojones y por si eso fuera poco, las cosas tampoco iban mucho mejor en casa.
Al parecer, que mamá supiera que era consciente de lo que pasaba entre ella y papá, no había servido para nada porque ella seguía trayendo a hombres a casa y él seguía llegando a deshoras.
Apenas recordaba ya la última vez que hablé con él.
Lancé un suspiro exasperado antes de echar mano al bolsillo izquierdo de mi vaquero para coger un cigarro y fumármelo mientras esperaba a que Kairon llegara al bar.
Pero el muy cabrón no me dejó ni darle una buena calada al cigarro, ya que apareció en cuestión de minutos.
Con una sonrisa inmaculada que ocultaba todo el dolor que atravesaba su familia en esos momentos y que desconocía que yo sabía, Kairon me dio un fuerte abrazo y me animó a entrar para ponernos al día de todo lo que habíamos hecho desde la última vez que nos vimos.
Dimos con una mesa libre al fondo del bar y mientras esperábamos a que alguien viniera a atendernos, decidí empezar a preguntarle a Kairon cómo le habían ido estos días en los que apenas nos habíamos visto.
—Parece mentira que vayamos a la misma universidad, tío. Ya te echaba de menos —dijo, en broma, mientras intentaba darme un pellizco en el brazo.
Reí ante su gesto infantil y seguí con la conversación.
—Venga ya, esa sonrisa de idiota con la que has venido no ha podido ser por haber estado con tus amigos estos días. Venga suéltalo, Kairon.
Mi mejor amigo rehuyó mi mirada durante unos instantes y entonces supe que me estaba ocultando algo.
—¿Sabes la chica de la que me viste despedirme el otro día?
Ahora fui yo el que sonrió como un idiota al verlo tan nervioso al hablar de ella.
—Ya te dije que nos conocimos a raíz de que…
—Ya sé lo que me dijiste, ve al grano, anda—lo chinché al tiempo que un camarero venía a tomarnos la comanda.
Mientras esperábamos las cervezas sin alcohol que nos iban a acompañar en esa charla, Kairon acabó confesando lo que había estado haciendo en aquellas últimas semanas.
—Bueno, puede que cuando te decía que quedaba con amigos de la universidad, en verdad estaba quedando con Lisa.
Así que las sospechas de Scarlett eran ciertas.
En más de una ocasión, me había comentado que le extrañaba que su hermano saliera tanto de casa con sus amigos y que no conociera a ninguno de ellos salvo a mí.
Y, por increíble que pareciera, esa fue la primera vez que odié a mi mejor amigo.
Lo odié por darse el lujo de lo que parecía ser su primer amor mientras su hermana se desvivía en su casa para evitar que su propia madre acabara hundiéndose todavía más.
Lo odié por no ser sincero conmigo y contarme que sus quedadas con Lisa eran una vía de escape para huir de lo que realmente pasaba en su casa.
Pero le prometí a Scarlett que no le contaría a Kairon que conocía la verdad de lo que ocurría, y así seguiría siendo.
Tragué saliva para evitar soltar unos cuantos improperios contra él y le dejé que me hablara un poco más de ella.
—Me siento tan bien con ella que solo quiero alargar las horas del día porque me parecen pocas.
Sé que puede parecer muy estúpido sentir algo así, pero lo siento aquí—comentó, señalando su pecho.
—Y sé que no me entiendes porque hasta donde sé, no te has enamorado, pero joder, Leight, cuando sientas esto por alguien…
vas a sentirte el tío más afortunado del maldito planeta.
El corazón se me agolpó en la garganta al pensar en Scarlett cuando Kairon hablaba sobre sus sentimientos por Lisa.
Me sentía un mejor amigo de mierda por no tratar de reprimir lo que sentía por la hermana pequeña de mi mejor amigo, pero no podía escapar de ello porque si huía de ese sentimiento, si huía de ella, acabaría perdiendo una parte de mí que solo salía a la luz cuando pasaba tiempo con ella; perdería a la que se había convertido en la musa de mis canciones y a la chica que hacía que mi respiración se alterara con su mera presencia.
Perdería todo aquello que me mantenía despierto y, aunque me doliera eternamente porque era una relación que no podría llegar a nada, no podía evitar pensar en un mundo diferente en el que nos hubiéramos conocido de otra manera cada vez que compartíamos una simple mirada.
—Pero, tío, no puedo evitar sentirme mal.
El cambio de rumbo de la conversación me pilló desprevenido.
—¿Por qué?
En esos momentos, rezaba porque Kairon tuviera la suficiente confianza conmigo como para contarme la realidad de lo que ocurría en su casa, quería ser ese paño de lágrimas que estuviera ahí cuando lo necesitara y no solo el amigo al que acudir para echarse unas risas.
—No me gusta dejar a Scarlett sola en casa, no sé, supongo que soy un poco sobreprotector con ella.
Mentía que daba gusto, joder. ¿Qué le costaba aceptar la verdad? ¿Era su ego el que le impedía poner las cartas sobre la mesa?
—Pero tu hermana ya tiene dieciséis años, ¿no?
—Pues por eso mismo, está en la peor edad de todas. El otro día la escuché hablando por teléfono con un tal John, creo que es su novio.
Tragué saliva deseando que Kairon no se percatara del cambio en mi expresión corporal que permanecía a la defensiva al haber empezado a hablar de ese tal John.
—No conozco mucho a tu hermana, Kairon, pero no me parece la típica chica que se aproveche de tu ausencia para traer a chicos a casa.
Ahora el que parecía mentir como un bellaco era yo.
—No es eso, sé que jamás lo haría. Es solo que…no quiero que le hagan daño, ¿sabes? Tú mismo sabes lo mucho que puede afectarle a una adolescente el amor. Creemos que es el centro de nuestro universo y nos dejamos de preocupar por las cosas verdaderamente importantes.
Me crucé de brazos y esperé a que acabara de beber la cerveza para que pudiera prestarme toda la atención que necesitaba de su parte para lo que tenía que decirle.
—A ver, Kairon, yo no lo veo así. Puedes estar tan enamorado de alguien hasta el punto de sentir que puedes volar y luego aterrizar y seguir viviendo tu vida normal.
No es algo con lo que tengas que dramatizar tanto, tío.
¿Acaso no quieres que Scarlett sienta por algún chico algún día lo que tú estás sintiendo por Lisa?
Él chasqueó la lengua y supe en ese momento que acababa de darme la razón, aunque no quisiera aceptarlo.
—Claro que quiero que sienta algo tan bonito, pero no quiero que sufra, ella no se merece sufrir…
Su mirada se apagó al acabar de hablar y sabía perfectamente que en su mente se estaba reproduciendo lo que había pasado con su madre y no quería que Scarlett pasara por lo mismo. Pero como él no sabía que yo conocía lo que pasaba realmente en su casa, tuve que hacerme un poco el loco.
—No puedes protegerla de algo así, Kairon. Al igual que el amor llega sin esperarlo, también te hace daño sin que lo veas venir. Es un sentimiento tan grande que no puedes controlarlo.
Kairon me dedicó una sonrisa socarrona e imitó mi gesto de cruzar los brazos contra su pecho.
—¿Desde cuándo te has vuelto tan romanticón, Leighton? Me parece que lo de crear canciones de amor se te ha subido a la cabeza, tío.
«Tu hermana. Ese es mi jodido problema. El motivo por el que me desvelo por las noches a escribir canciones que esconden su nombre.
La razón por la que mi mente se convierte en un hervidero de pensamientos sobre lo que está bien y lo que está mal y la razón por la que, al tenerla delante, esa mente se calma y se asemeja al mar después de una gran noche de tormenta».
Las palabras se agolparon en mi mente e incluso en mi lengua, pero impedí que salieran por motivos obvios.
Estaba metido en un lío de narices y ni siquiera sabía cómo salir porque desconocía completamente cómo me había metido de lleno en él.
Supongo que solo bastaron unas cuantas conversaciones y mensajes en los que hablábamos de cosas que jamás le habíamos comentado a nadie para comprender que Scarlett Lambert se había convertido en una igual en un mundo que no paraba de ofrecerme advertencias una y otra vez sobre lo mal que estaba lo que empezaba a sentir por ella.
Porque ella empezaba a ser calma y tormenta, refugio e inspiración, y dejar de ser adicto a una persona así, era sumamente imposible.