CAPÍTULO 22 #3
—¡Dios mío, se me había olvidado! Mañana Scarlett y yo tenemos que ir a la oficina por una formación del personal y los muy cabrones nos han pedido que estemos allí a las ocho.
Frunzo el ceño ante lo que acaba de decir Regina y justo cuando me atrevo a preguntarle de qué narices está hablando, atisbo a ver cómo me guiña un ojo disimuladamente. Vaya, al parecer no puedo permitir que se vaya sola a casa cuando me acaba de salvar de este momento tan incómodo.
Macy se lamenta de que no podamos seguir disfrutando de la noche y acabamos despidiéndonos de todos. Huelga decir que la única interacción que tenemos Leighton y yo antes de llegar a la puerta es un leve asentimiento de cabeza.
Cuando ya estamos fuera de la nave, por fin, Regina no tarda en agarrarme de la mano y llevarme literalmente corriendo hacia el coche.
—Oye, ¿a qué ha venido eso? —pregunto, haciendo alusión a su magnífica idea mientras nos montamos en el coche.
Arranco el motor y justo cuando hemos salido hacia la carretera en dirección al piso de Regina, la rubia vuelve a manifestarse.
—Venga ya, Scarlett. Se respiraba un ambiente tan tenso entre vosotros que sentía que no solo Macy, Spencer, Jaden y yo sobrábamos, también sobraban los instrumentos.
Pongo los ojos en blanco ante el comentario de Regina y aprovecho que nos hemos parado en un semáforo en rojo para girar levemente mi cuerpo hacia ella y contestar.
—No me vengas con historias, anda. Leighton ha dejado clara su postura en cuanto a nosotros se refiere al decir que el pasado debe permanecer en el pasado. Sé leer las señales, Regina.
El semáforo pasa a verde y giro la última esquina que nos queda antes de llegar al piso de Regina. Al comprobar que ha permanecido más segundos de la cuenta callada para lo que estoy acostumbrada viniendo de ella, acabo soltando.
—¿Qué ronda por esa cabecita tuya?
Regina chasquea la lengua y niega con la cabeza.
—No te va a gustar lo que te voy a decir.
—Vaya, pues sí que empezamos bien.
—Mira, es igual, déjalo. El pasado es el pasado, ¿no? Pues eso.
Me cruzo de brazos, haciéndole saber a Regina que se me está agotando la paciencia. Al parecer, pasados unos segundos, acabo convenciéndola para que hable.
—Scarlett, no me puedes decir que no has sabido leer entre líneas. O mejor dicho, escuchar…
—Me acabo de perder.
Creo que el par de latas de cerveza que se ha tomado antes de salir de la nave le están haciendo demasiado efecto.
—Eres abogada, por el amor de Dios, deberías haber visto lo mismo que yo.
Achico los ojos, intentando comprender lo que me está queriendo decir, pero no lo consigo. O bien mi mente está demasiado lejos de aquí y la he dejado en esa nave llena de canciones o Regina me está volviendo loca con sus adivinanzas.
— Sleeping in your arms, Create a parallel universe, Admiring you forever, Reading our souls, Living among memories, Escaping from what we once were, Trying to forget you, Talking to your ghost.
Los ojos abiertos de Regina tras acabar de hablar hacen que mi cabeza empiece a dar vueltas. Acaba de nombrar una por una las canciones que hemos escuchado hoy, esas canciones que…
No, no puede ser.
—No, no puede ser verdad.
Estoy volviéndome loca, sí. Tiene que ser eso.
—Scarlett, esas canciones forman tu nombre —aclara Regina, completamente ajena a lo que su declaración acaba de provocar en mí.
El corazón se me acelera sin poder evitarlo y maldigo en estos momentos a mi amiga por haber soltado sus pensamientos y no habérselos callado. Porque ahora… ahora ya no sé qué narices pensar.
—Lleva ocho años cantando esas canciones una y otra vez, Scarlett.
—Regina… —Llamo su atención para que se calle de una vez y no siga rompiéndome el corazón.
—Soy la primera que te recomendó que no te dejaras llevar por los recuerdos, por el pasado, pero…os he visto, Scarlett. He visto cómo te ha mirado durante todo el concierto, he visto cómo te llevabas una mano al pecho cuando creías que no te miraba…
Niego con la cabeza, necesito que deje de hablar.
—Tenéis que resolver lo que sea que no resolvierais en un pasado, Scarlett. Está claro que lo vuestro todavía no ha acabado.
—Acabó en el mismo momento en el que me dejó atrás en el peor momento de mi vida —espeto, con tanta rabia que incluso podría llegar a sentir la sangre bullendo en mis venas.
—Vuestra historia no habrá acabado hasta que ambos pongáis las cartas sobre la mesa.
Una lágrima silenciosa resbala por mi mejilla en el mismo momento en el que Regina da un paso hacia mí y acoge mis manos entre las suyas.
—Pregúntale por qué lo hizo, Scarlett. Solo sabiendo esa respuesta podrás seguir adelante. No permitas que el miedo a saberlo después de tantos años condene tu vida como se ha visto condenada hasta ahora. Permítete una segunda oportunidad.
Regina se marcha tras asegurarse de que estoy bien y le agradezco que me haya quitado la venda de los ojos.
Supongo que llevo tantos años evitando que esa pregunta que tanto me martirizó en un pasado acabe siendo respondida que, ahora que existe la posibilidad de que sea escuchada, hace que pierda la razón.
«¿Por qué escogiste amarme si ibas a acabar abandonándome?»