Adicto a tu recuerdo CAPÍTULO 22 #2
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CAPÍTULO 22 #2

La primera canción acaba y la banda da paso a la segunda, que empieza con la voz armoniosa y celestial de Macy, a la que no tarda en sumarse la de Leighton.

El significado de la canción me estremece hasta el punto en el que tengo que tomar del brazo a Regina para ordenarle a mi cerebro que no se vaya por otros peligrosos derroteros.

Que esto es solo un concierto privado y que, después de esto, no tendré que volver a escuchar de nuevo a Leighton cantar todas esas canciones que en un pasado pensé que solo me cantaría a mí, que solo me dedicaría a mí en un estadio lleno de gente.

Reprimo las lágrimas que pugnan por salir, que me recuerdan que esa Scarlett del pasado estaría ahora mismo tan orgullosa de ese Leighton de diecinueve años que soñaba con crear algo grande, inconsciente de que, en ese momento, ya lo era.

Ahora, la Scarlett de veinticuatro lo observa cantar y se pregunta por qué el Leighton de veintisiete le devuelve la mirada en cada canción, por qué sigue buscándola cuando está claro que esos sueños que quisimos perseguir juntos acabaron desvaneciéndose de la noche a la mañana.

Las canciones se suceden una tras otra y Regina grita emocionada con cada una de ellas.

Por mi parte, al ser la primera vez que escucho su setlist , no puedo evitar contemplar a la banda con admiración porque el arte y el amor que le tienen a la música y se siente en cada canción, en cada mirada que se dedican en silencio cuando saben que lo han bordado se siente en el aire.

Y es justo en ese momento, en el que veo cómo Leighton mira con un cariño especial a Macy, Jaden y Spencer cuando la nota de la última canción suena, que me permito escuchar a esa pequeña e ínfima parte de mí que irremediablemente siempre se preocupará por él y me permito pensar que me alegro de que, a pesar de todo, haya encontrado a su verdadera familia con sus amigos, que tenga algún hombro en el que apoyarse cuando la vida le pese.

En ese momento me reconforta tanto ver que ha encontrado su hogar que olvido que una vez quise ser el suyo.

◆◆◆

Volvemos a tomar asiento donde podemos tras el concierto improvisado, con la mala suerte de que Leighton y yo acabamos sentados juntos en el sofá, en ese sofá en el que antes podíamos caber perfectamente tres personas y que ahora se me antoja minúsculo.

Le dedico una mirada furibunda a Regina por no sentarse donde me encuentro yo y la muy asquerosa me guiña el ojo.

Me parece a mí que hoy va a irse caminando de vuelta a su piso.

—¿Y bien? ¿Qué os ha parecido? —tantea Spencer, antes de abrir la lata de cerveza que tiene entre sus manos.

—Dios mío, ha sido increíble. En cada concierto os superáis chicos, de verdad.

Regina no duda en ser la primera en dar su opinión y toda la banda le agradece el comentario.

Todos menos Leighton, que ha permanecido callado desde que han terminado de cantar y se ha sentado a mi lado.

Al parecer le hace la misma gracia que a mí que estemos tan cerca cuando queremos estar tan lejos el uno del otro.

El olor de su perfume llega a mis fosas nasales y maldigo en este momento que no haya siquiera una ventana en la nave para poder abrirla y que entre un poco de aire.

Porque llegar a mi piso dentro de unas horas con el olor de Leighton Sullivan grabado en mi mente es lo último que tenía pensado para acabar bien el día.

—¿Y vais a sacar más canciones? Decidme que sí, por favor —suplica la rubia.

Noto a Leighton tensarse a mi lado y observo la mirada mal disimulada que le dedica Jaden desde el otro lado.

—Pues la verdad es que sí, pero tenemos que confesaros que este ha sido el último concierto con esta setlist.    —Macy acaba respondiendo con un deje de tristeza en su voz. No me cuesta mucho dilucidar que está aguantando las ganas de llorar.

—¿Por qué?

Mi pregunta pulula en el ambiente tenso que se ha generado en cuestión de segundos y a pesar de que creía que Leighton iba a ser durante toda la noche un ficus por su silencio y su postura tensa en el sofá, nos sorprende a todos hablando por primera vez desde que el concierto ha llegado a su fin.

—Bueno, ya va siendo hora de que renovemos el repertorio, ¿no? No podemos seguir anclados en el pasado.

Sus palabras llegan a mí como una silenciosa daga venenosa y no me hace falta mirar al resto de la banda o incluso a Regina, que nos contempla como si fuéramos un espectáculo digno de ver para saber que esas palabras van dirigidas a mí.

No sé por qué me sorprende, en verdad, debería alegrarme que Leighton haya acabado comprendiendo que por mucho que nuestros caminos se hayan vuelto a encontrar, ambos tenemos nuestras vidas y no podemos permitir que el pasado nos atrape, no cuando al menos a mí me ha costado tanto escapar de sus garras.

El silencio se abre paso en la nave y siento la imperiosa necesidad de levantarme del sofá y salir huyendo, de las canciones de Leighton, de su voz y de esta maldita nave que parece empequeñecerse a medida que paso tiempo a su lado, maldito sea.