Adicto a tu recuerdo CAPÍTULO 22
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CAPÍTULO 22

Scarlett

Presente

—No me puedo creer que vaya a ir a un concierto privado de Voltage Zero —murmura Regina, mientras toquetea la radio de mi coche para apagarla y que podamos hablar.

Lanzo un largo suspiro, porque ya estoy empezando a arrepentirme de mi decisión.

Cuando ayer me llegó un mensaje de parte de Leighton por la noche en el que me invitaba junto a alguna amiga a un concierto privado, si se le podía llamar de esa manera, pensaba que se le acababa de caer el último tornillo que lo mantenía cuerdo.

Después de saber todo lo que la banda había conseguido hasta ahora, no voy a negar que me picaba la curiosidad por saber qué tipo de canciones cantaban, porque está claro que soy tan reacia a conocer cualquier cosa que tenga que ver con Leighton que ni siquiera he buscado en Internet ninguna de sus canciones.

Lo único que me debería interesar de él en estos momentos es defenderlo, muy a mi pesar, en el juicio y después separar nuestros caminos como si nunca se hubieran vuelto a cruzar.

Pero, siendo completamente sincera, me lo pasé muy bien con Regina la última vez que salimos y me apetecía hacer más planes con ella.

Y sabía que, si me acompañaba, podría usarla como parapeto para no hablar de más con Leighton o con cualquier miembro de la banda.

Tras lo ocurrido hace unas semanas en la cafetería, me moría de vergüenza ante la idea de volver a verlos.

Actué de una forma para nada profesional y espero que no me lo tengan en cuenta, que no tengan en cuenta que cada vez que alguien saca la verdad sobre algo de lo que intento huir, me pongo a la defensiva y acabo saliendo de escena para que los pensamientos intrusivos no ganen la batalla.

—No te comportes como una loca, ¿vale? Lo último que necesita ahora Leighton es que le subas el ego —le advierto, sin apartar la mirada de la carretera.

Regina hace un gesto con la mano como quitándole importancia a lo que acabo de decir y rezo porque la noche avance sin ningún tipo de imprevisto.

Odio los imprevistos. Paro en el último semáforo de la ruta que debemos realizar para llegar hasta el estudio y no me sorprende descubrir que se trata de una nave industrial algo pequeña.

Aparco el coche antes de ver la furgoneta que, supongo, debe de pertenecer a la banda y no puedo evitar que los nervios se apoderen de mi estómago ante la simple idea de estar con Leighton de nuevo en un espacio algo reducido, aunque estemos con otras personas.

El recuerdo de lo ocurrido en el callejón sigue danzando por mi mente sin permitirme deshacerme de él.

Al percatarse de que me he quedado paralizada delante de la puerta de la nave, Regina no duda en agarrar mi mano para traerme de vuelta al presente.

Giro mi rostro para contemplar el suyo y me quedo más segundos de la cuenta observando el increíble maquillaje que se ha hecho: una sombra oscura con algo de brillo enmarca su mirada, acompañada de unos labios rojos divinos.

La rubia aprieta suavemente mi mano para infundirme fuerzas y le dedico una mueca con la boca, agradeciendo el gesto.

—No pasa nada si cuando entremos te empiezan a venir todos los recuerdos de golpe. Pero, Scarlett, son solo eso: recuerdos, ¿vale? No te dejes llevar por ellos.

Asiento, aunque no esté del todo convencida y avanzamos unos pasos hasta dar dos toques bien fuertes a la puerta de metal para que se enteren de nuestra llegada.

Tras unos minutos, Macy es la encargada de abrir la puerta.

Hago las respectivas presentaciones con Regina y acabamos entrando en el estudio.

Al fondo se encuentran Spencer y Jaden charlando mientras toman una cerveza, pero no hay ni rastro de Leighton. Me parece hasta patético que barra la sala con la mirada con la idea de encontrármelo como una adolescente desquiciada.

Macy llama la atención de los chicos, quienes al vernos no dudan en levantarse de sus asientos, caminar entre los micrófonos y todo el equipo que necesitan para ofrecernos ese concierto privado y saludarnos de una manera bastante amigable.

Teniendo en cuenta la forma tan tensa en que acabaron las cosas la última vez que nos vimos, no tenía claro si tendrían muchas ganas de verme, la verdad.

—Leight ha ido a comprar algo para comer después. No creo que tarde mucho en llegar. —Spencer acaba sacándome de dudas, como si me hubiera leído la mente.

Me limito a asentir y a seguir a Macy, que nos conduce hacia un sofá para que Regina y yo tomemos asiento y así poder charlar un poco antes de que Leighton vuelva.

Spencer y Jaden toman asiento en unas cajas de madera, porque el sofá no es lo suficientemente grande como para que quepamos los cinco y Macy se sienta en el brazo del sofá.

—¿Has escuchado alguna de nuestras canciones, Regina?

—Spencer decide romper el hielo de nuevo y está claro que esa pregunta debía ir dirigida a Regina y no a mí.

Porque todo lo que tenga que ver con Leighton y conmigo es terreno pantanoso en las conversaciones.

El encuentro de hace unas semanas es la prueba de ello.

—He perdido la cuenta de las veces que he cantado vuestras canciones en la ducha o en el coche. —Regina se muestra completamente emocionada y con la mirada brillante, casi como si fuera una niña pequeña que no acaba de creerse que esté charlando tan tranquilamente con sus ídolos.

—Vaya, vaya, así que eres una gran fan. ¿Cuál es tu canción favorita? —pregunta Macy, antes de indicarle a Jaden en silencio que le traiga algo de beber.

Su novio le lanza un beso al aire por el camino y los observo con una pequeña sonrisa en el rostro. Da gusto ver el amor que se tienen, presente hasta en gestos tan naturales como este.

— Talking to your ghost , sin duda alguna —contesta mi amiga, sin dudarlo ni un instante.

—¡Vaya! Esa también es de mis favoritas para cantar.

—Vas a la universidad, ¿no? ¿Cómo lo haces para compaginar las clases con los conciertos? —inquiero, algo temerosa de que me miren raro o mal por intentar meterme en la conversación. Sin embargo, Macy me dedica una mirada amable antes de contestar a mi pregunta.

—Haciendo malabares —bromea—. Los chicos saben que hay algunos meses mejores que otros y, además, también tengo que compaginarlo con el trabajo. Hago algunas horas los fines de semana como camarera en una discoteca.

—Hay días en los que solo podemos vernos por videollamada de lo ocupados que estamos. —Jaden aparece de nuevo con una botella de agua que le ofrece a Macy antes de darle un beso en la frente con el que ella se queda completamente embobada.

—Sí, hay veces que tenemos que sacar el tiempo de debajo de las piedras para vernos. Pero no puedo quedarme ni un solo día sin ver esta carita antes de irme a dormir.

Observo de reojo cómo Spencer pone los ojos en blanco ante las palabras que acaba de soltar Macy.

—Podéis vomitar si queréis, cuando se ponen en plan ñoño son insoportables —susurra, ganándose una pequeña colleja por parte de Jaden.

Todos reímos ante el escenario que se ha presentado en unos segundos justo cuando la puerta de metal por la que hemos entrado antes se abre.

Leighton llega cargado de bolsas de plástico que no tarda en dejar en el suelo. Nos mira a todos antes de cruzarse de brazos.

—O sea, me mandáis a comprar comida para un regimiento, vengo cargado como un burro y vosotros mientras tanto estáis aquí de risitas. Pienso quedarme con una tarrina de helado para mí solo, que lo sepáis —advierte, haciendo que todos volvamos a reír.

Spencer y Jaden acuden para guardarlo todo cuanto antes mientras Leighton se acerca para presentarse a Regina.

—Leighton, encantado.

—Regina, lo mismo digo. He oído hablar mucho de ti, ¿sabes?

Le doy un puntapié a Regina para que se calle de una vez y no haga las cosas más complicadas.

Cuando Leighton se digna a mirarme me dedica un leve asentimiento con la cabeza y yo hago lo mismo.

Está claro que después de lo último que ocurrió entre nosotros lo mejor es actuar solo como abogada y cliente y nada más.

Aunque el corazón se me acelere con su simple cercanía.

Dios mío, va a ser una noche muy larga.

◆◆◆

Una vez los chicos y Macy están preparados, se crea una esencia en la nave que irremediablemente me acelera el corazón.

Hace muchos años que no escucho a Leighton cantar, que no escucho lo que su alma grita.

Trago saliva cuando me mira durante un corto espacio de tiempo antes de desviar su mirada hacia Macy, quien le da una señal a Jaden para que empiece su solo de batería.

Regina se mueve, agitada a mi lado y susurra antes de que las voces de Leighton y Macy inunden el lugar:

— Sleeping in your arms.

La batería de Jaden empieza a desaparecer en el mismo momento en que Leighton agarra el pie del micrófono y empieza a cantar.

Automáticamente, siento una presión en el pecho que me impide respirar correctamente durante unos segundos.

Su mirada se dirige a la banda antes de fijarse de nuevo en mí.

Entiendo que tampoco hay muchas personas más a las que mirar pero, venga ya, seguro que puede dirigir la vista a cualquier lugar o de cualquier forma antes de mirarme de esta manera.

Canta mientras me mira y no sé si estoy imaginándome cosas donde no las hay o que el aire dentro de la nave se ha comprimido tanto que mi cerebro ha dejado de funcionar, pero tengo la sensación de que me mira mientras canta como si se estuviera convenciendo a sí mismo —o a mí— de que por mucho que haya pasado el tiempo, las canciones siempre nos han pertenecido.

Esas canciones que él creaba a la velocidad de la luz y que yo leía, emocionada mientras él no dejaba de relatar todo aquello que querría llegar a hacer algún día si se atrevía a perseguir su sueño.