Adicto a tu recuerdo CAPÍTULO 16 #2
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CAPÍTULO 16 #2

Atrapada y sin saber a dónde dirigir su mirada, acaba rindiéndose y mirándome directamente y sin ningún tipo de preámbulo de por medio. Ya iba siendo hora de que pusiéramos las malditas cartas sobre la mesa.

—Dado que todavía no quieres decirme lo que pasó realmente esa noche, permíteme que dude de tu defensa, Leighton. Llevamos muchos años sin saber nada el uno del otro, ¿quién me dice a mí que no te has convertido en una persona completamente diferente a la que recuerdo?

Su pregunta es recibida por mi corazón como una maldita bala e intento que no note el descontrol que me acaba de provocar con sus palabras.

—¿Y quién me dice a mí que vas a ser totalmente neutral en este caso y no te dejarás llevar por el odio que sientes hacia mí desde hace años? —contraataco.

Percibo un cambio en su mirada mucho antes de ser consciente de lo que acabo de decir. Acabo de remover el jodido avispero y si tenía intención de mejorar nuestra situación personal, está claro que con lo que acabo de decir he conseguido justo lo contrario.

Observo cómo muerde el interior de su mejilla antes de devolverme una mirada herida que estoy completamente seguro de que me perseguirá durante toda la noche mientras trate de coger el sueño.

—Estudié Derecho con la idea de defender a gente de situaciones que me parecían injustas, pero, ¿ahora mismo?

Me encantaría encerrarte hasta que no volvieras a ver la luz del día.

Sin embargo, como no está en mi poder hacerlo, no me queda otra que resignarme y recordar que esto solo será pasajero.

Que lograré salvarte el culo porque se lo debo a mi hermano y luego volveré a no saber nada de ti.

Joder.

Sabía que Scarlett guardaba cierto rencor y odio hacia mí, solo hace falta recordar su mirada cuando me vio en la habitación del hospital, pero esto ha sido…

Trago saliva ante el duro golpe que acabo de recibir y Scarlett se limita a ofrecerme una carcajada desprovista de alegría.

—¿Qué pasa? ¿Te has quedado sin palabras?

Ambos sabemos que esto —nos señala a ambos— es solo temporal.

Que en cuanto veamos la sentencia, desaparecerás de mi vida, como has hecho siempre.

La diferencia es que antes era una ingenua que creía que volverías y ahora no soy tan idiota como para creerme ninguna de tus promesas.

—Scarlett…

Antes de que pueda responder a lo que acaba de decir, mi móvil suena. Maldigo para mis adentros cuando lo saco del bolsillo de mis tejanos y un nudo enorme se me forma en la garganta al comprobar que se trata de mi padre.

—No te muevas —le ordeno a Scarlett, antes de alejarme un poco de ella.

En cuanto termine de hablar con el miserable de mi padre, pienso dejarle las cosas claras a esa morena que no ha dudado en despedazarme en todos los trozos posibles sin siquiera despeinarse.

—¿Qué quieres? —espeto al descolgar la llamada, sin siquiera saludarlo porque no se lo merece.

—Leighton, llevo días intentando contactar contigo y no hay manera. ¿Se puede saber qué ha pasado con ese chico?

Lo ​ que me faltaba, que viniera mi padre a reprocharme mi comportamiento como si tuviera quince años.

—Mira, lo que haga o deje de hacer con mi vida no es de tu incumbencia. Hace ya tiempo que ha dejado de serlo.

Observo de reojo cómo Scarlett se cruza de brazos, atenta a la conversación.

—No seas así, Leighton. Sé que tu madre y yo hicimos las cosas mal, pero…

—¿Decir que hicisteis las cosas mal es el mejor eufemismo que has encontrado para no decir que me jodisteis la vida? Joder, nunca dejas de sorprenderme.

—¡¿Quieres dejarme hablar?!

La rabia acaba apoderándose de mi padre y me limito a cerrar el pico para no montar un espectáculo en plena calle.

—Vamos a divorciarnos, Leighton.

Chasqueo la lengua ante la mentira que acabo de escuchar.

—No lo hicisteis hace seis años, cuando debisteis hacerlo. ¿Por qué debería creeros ahora?

El silencio se abre paso al otro lado de la línea y bajo la mirada hacia el móvil para comprobar que la llamada siga activa y mi padre no haya colgado como el cobarde que es.

—Porque voy a casarme, Leighton.

Su respuesta cae sobre mí como un jarro de agua fría y acabo soltando el móvil sin tener en cuenta dónde cae y, por el ruido que hace al deshacerse del agarre de mi mano, acabo comprendiendo que lo hace en el suelo.

Mi respiración empieza a descontrolarse, al tiempo que mi visión se torna borrosa.

Doy pasos inseguros hasta chocarme contra el muro en el que antes tenía atrapada a Scarlett y me dejo caer hasta que caigo de culo al suelo.

No escucho los ruidos de mi alrededor, ni los coches ni los pasos apresurados de las personas que llegan tarde a su trabajo o a llevar a sus hijos al colegio, solo soy capaz de escuchar los cimientos de mi vida tal y como la conocía rompiéndose en mil pedazos sin ser capaz de hacer nada por evitarlo.

Mi corazón da un vuelco al notar la presencia de Scarlett a mi lado.

Sus rizos oscuros rozan mi cara en el momento en que atisbo a entender que me pregunta qué narices me sucede.

Agarra con su mano mi mentón para que la mire a ella y solo a ella y al hacerlo, comprendo lo equivocado que he estado todo este tiempo.

Scarlett jamás podría considerarse mi quebradero de cabeza cuando está claro que es esa tierra firme que he acabado pisando siempre que he sentido que mi mundo se resquebrajaba. Siempre lo ha sido y siempre lo será, a pesar del tiempo y de los errores.

A pesar de los reproches y el odio que ha vertido sobre mí desde que nuestros caminos han vuelto a cruzarse, hay algo de ella que siempre acaba regresando a mí, y eso no hay nada ni nadie en el mundo que nos lo pueda arrebatar.

Ella forma parte de mí como lo hace mi corazón, que late acelerado siempre que en cada concierto recuerdo su nombre. Ella forma parte de mí como lo hace mi respiración, que desde que nos hemos vuelto a ver nunca ha permanecido estable.

Scarlett forma parte de mí como estoy seguro de que yo formo parte de ella. Por mucho que se niegue a admitirlo.