Adicto a tu recuerdo CAPÍTULO 15
26%

CAPÍTULO 15

Scarlett

Pasado

Escuché el timbre de la puerta de entrada sonar.

Fruncí el ceño mientras bajaba las escaleras.

Kairon hacía un rato que había salido de casa porque supuestamente había quedado de nuevo con sus amigos —supuestamente, porque antes de salir había olido los excesivos litros de perfume que se había echado—, así que tampoco quedaban muchas opciones sobre quién podía ser.

Mamá seguía sin salir de la habitación. Cuando la pillábamos de buen humor, conseguíamos que nos dejara abrir las ventanas para que entrara algo de luz e intentábamos que diera algún bocado a la comida que le hubiéramos preparado ese día o que bebiera agua.

Pero sus ojeras marcadas, su pelo desaliñado y su mirada apagada, hacían que Kairon y yo comprendiéramos que, por el momento, mamá no tenía pensado salir de su madriguera.

Me prometí a mí misma que, aprovechando que mi hermano no estaba en casa, podríamos tener una charla madre e hija e intentar que al menos volviera a pisar el cuarto de baño para ducharse antes de volver a meterse bajo las sábanas.

Tragué el amargo sabor de la realidad en la que se había convertido mi vida en cuestión de días y recordé que había alguien esperando a que le abriera la puerta. Agradecí que no volviera a llamar, porque eso significaría molestar a mamá y eso era lo último que quería en esos momentos.

Con la mano todavía agarrando el pomo de la puerta, descubrí a Leighton tras ella.

No sabía qué estaba haciendo aquí si Kairon no estaba en casa y no me había comentado nada de que su amigo tuviera que venir.

Al ver que me había quedado completamente parada delante de él, fue Leighton el que me trajo de vuelta a la realidad, preguntando:

—Hola, ¿puedo pasar?

Salí de mi trance para volver a conectar con el real y sacudí mi cabeza, negándole la entrada antes de encontrar las palabras para dejarle claro que se había equivocado.

—Es que Kairon no está, ha salido.

Leighton me miró, completamente confundido, antes de echar mano al bolsillo de su pantalón vaquero para comprobar los mensajes y afirmar que, en efecto, mi hermano no le había comentado nada.

—Pues no me ha dicho nada. ¿Sabes dónde está? ¿O cuándo volverá?

—Pues teniendo en cuenta que se ha tirado media hora arreglándose en el baño y que cuando ha salido por poco me tumba del olor tan fuerte a colonia que dejaba a su paso, no creo que llegue pronto a casa.

Leighton esbozó una sonrisa que me quedé segundos de más observando.

—Míralo, qué calladito se lo tenía.

Me limité a sonreírle de vuelta porque apenas sabía qué decir.

No tenía conocimiento de que Kairon se estuviera viendo con ninguna chica ni nada por el estilo.

Aunque teniendo en cuenta toda la situación con mamá en casa, no lo juzgaba por querer salir a despejarse un poco antes de volver a encerrarse en nuestra nueva realidad.

—Bueno, pues me voy a casa. Tengo algunas tareas pendientes de la universidad además del trabajo con Kairon, así que…

—¿Quieres hacerlas aquí?

Mi lengua me traicionó antes de poder conectarse con mi cerebro.

«¿En qué momento le había sugerido pasar tiempo conmigo a solas?»

No era algo que estuviera planificado ni mucho menos, ni siquiera tenía constancia de que fuera a aparecer de la nada pidiendo ver a mi hermano.

Pero la simple idea de quedarme con mamá a solas, en su estado, con la enorme soledad de la casa cerniéndose sobre mí hasta que Kairon volviera, se me hacía un mundo entero.

Y odiaba eso, joder. Odiaba que antes deseara pasar cualquier momento libre que tuviera con mamá y que ahora rehuyera de cualquier situación que nos incluyera a los dos a solas. Porque no sabía cómo tratarla, no sabía cómo hablar con ella sin hacerle daño.

—Scarlett, ¿estás bien?

Estaba tan disociada de la realidad que ni siquiera me había dado cuenta de que Leighton había avanzado unos pasos y se había posicionado a mi lado, que estaba tocando la mano con la que sostenía el pomo de la puerta.

Su contacto me puso nerviosa y centré mi mirada en la suya.

—Sí, sí, es que estaba pensando que si prefieres esperar a otro momento en el que esté Kairon para…

—No, no, para nada. De hecho, me vendrá bien despejarme un poco. En casa últimamente no me concentro.

Nos despedimos porque Leighton tenía que ir a recoger unas libretas y su ordenador para hacer las tareas y cerré la puerta para después meterme en la cocina y empezar a preparar algo para merendar mientras hiciéramos nuestras respectivas tareas.

Necesitaba hacer algo para mantener ocupada mi mente hasta que Leighton volviera.

◆◆◆

Pasada una media hora, el timbre volvió a sonar y, esta vez algo menos nerviosa al saber a quién me encontraría al abrir la puerta, recibí a Leighton y le indiqué que podía dejar sus cosas en la mesa grande del salón, que ya había dejado despejada para poder estar a gusto.

Mientras dejaba su mochila en el salón, me dirigí hacia la cocina para traer la bandeja que había preparado con algunos bocadillos, patatas fritas y un par de refrescos.

—Vaya, menuda bienvenida. Si todas las tardes de estudio en casa de los hermanos Lambert son así, pienso venir cada día.

La broma de Leighton me hizo sonreír por segunda vez en lo que llevábamos de tarde y se lo agradecí porque hacía tiempo que había empezado a medir mis sonrisas.

No quería mostrarlas delante de mamá porque temía que creyera que su dolor no nos importaba y también temía hacerlo cerca de Kairon porque no quería que creyera que lo de papá no me afectaba.

Dejé la bandeja encima de la mesa y me disculpé con Leighton para subir a mi habitación a por los apuntes y el ordenador para ponerme junto a él.

Al bajar, me sorprendí al ver lo natural que parecía Leighton en el salón de nuestra casa, como si no desentonara para nada. Dejé de centrarme en cosas que no tenían importancia.

Empecé a ponerme al día con los deberes del instituto y pasados unos minutos, Leighton preguntó:

—¿Y qué quieres hacer cuando acabes el instituto?

Lo dijo mientras sostenía entre sus labios el bolígrafo azul que llevaba usando los últimos minutos. Me había fijado en su letra y era preciosa.

—Quiero estudiar Derecho —contesté con seguridad porque, al menos, había algo en esta vida que tenía claro.

—Vaya, jamás lo habría pensado viniendo de ti.

—Y yo jamás habría pensado que estarías estudiando música para acabar protagonizando los pósteres de cualquier adolescente promedio.

Esa vez fui yo la que arrancó una carcajada a Leighton y algo dentro de mí se sacudió. Quizá el hecho de que en esa casa llevaba tiempo sin escucharse un sonido tan alegre y lleno de vida.

—¿Así que crees que quiero dedicarme a la música para aprovecharme de mi talento y ligar con cualquiera?

Dejé a un lado las hojas en las que estaba apuntando frases inconexas y posé ambas manos bajo mi mentón para prestarle toda la atención posible. Me gustaba charlar con él, era algo sencillo.

—Venga, no me negarás que no se te ha pasado por la cabeza que algún día puedas llegar a ser un cantante conocido a nivel mundial y que todo el mundo se sepa tus canciones de memoria.

—Claro que lo he pensado más de una vez, ya te dije que quiero crear música porque quería ser eterno. Quiero dejar algo de mí que sea lo suficientemente valioso como para que alguien… se acuerde de mí.

—¿Por qué crees que nadie lo hará?

Antes de que Leighton pudiera contestar, escuché un estruendo provenir de la habitación de mamá y prácticamente volé hacia las escaleras, sin saber que él vendría tras de mí.

Con el corazón acelerado, abrí la puerta sin pensármelo ni dos segundos y la imagen que vi me destrozó por completo, o al menos las partes de mí que todavía permanecían intactas.

Mamá estaba hecha una bola en el suelo, con el camisón empapado en sudor y la bandeja en la que le había dejado la comida hace unas horas estampada a su lado. Mamá lloraba desconsoladamente y me quedé completamente petrificada.

Noté cómo mi cuerpo empezó a sacudirse por el estado de nervios en el que me encontraba y me arrodillé a su lado cuando fui consciente de lo que estaba ocurriendo.

Pero no estaba sola, Leighton se había quedado en el quicio de la puerta sin saber muy bien qué hacer o qué decir.

No lo juzgaba, yo estaba actuando en piloto automático porque era la única manera que conocía de poder ayudar a mamá sin derrumbarme en el camino.

—Mamá, ¿qué te pasa? ¿Estás bien?

Ella negó a la vez que empezaba a llorar de nuevo. Sus sollozos me rompían el corazón.

—Scarlett, ¿os ayudo en algo?

La voz de Leighton llegó a mí como una plegaria que acababa de ser escuchada y, con las mejillas anegadas en lágrimas, me giré y asentí.

—¿Puedes ayudarme a levantarla? Lo mejor será que la coloquemos en la cama y luego recojamos el suelo.

Leighton obedeció a mi petición y avanzó un par de pasos hasta colocarse a mi lado.

—¿Cómo se llama?

—Callie —murmuré, entre hipidos.

—Vale, Callie, vamos a necesitar que coloques los pies en el suelo para impulsarte un poco, ¿vale? Apóyate en mi hombro.

Sin saber siquiera cómo, mamá obedeció a la voz melosa de Leighton y colocó una de sus manos temblorosas en su hombro e hizo lo mismo con la otra colocándola en el mío.

Una vez quedó sentada en el suelo, ambos la cogimos de las axilas y con un poco de dificultad, la pudimos sentar de nuevo en el mullido colchón.

—¿La fregona y la escoba están en la cocina? —preguntó Leighton. Estaba claro que era él el que llevaba el timón de la situación porque yo estaba completamente perdida.

Asentí mientras me sentaba al lado de mi madre.

—Hey, Scarlett, mírame.

Leighton se acuclilló en la alfombra que todavía estaba manchada por la comida que había salido disparada de la bandeja y noté su dedo índice en mi mentón. Quería que lo mirara y yo solo quería que el dolor punzante que sentía en mi pecho dejara de existir.

—Ahora bajaré a la cocina a por algunas cosas para limpiar la alfombra y mientras lo hago, puedes ir a preparar un baño caliente para tu madre. Estoy seguro de que le sentará bien, ¿qué me dices?

Lo miré como si no me estuviera creyendo lo que estaba ocurriendo. No sabía cómo podía ser tan fuerte como para afrontar una situación que estaba claro que a mí se me hacía demasiado grande. Me estaba salvando y desde ese momento supe que le estaría eternamente agradecida por ello.

Pasados unos minutos Leighton regresó y, como un autómata, dejé a mamá sentada en el filo de la cama mientras él la vigilaba a la vez que intentaba adecentar el desorden que había en la alfombra y caminé unos pasos hasta entrar en el baño y encender el grifo para que el agua empezara a caer.

Entré de nuevo en la habitación y allí convencí a mamá para que se levantara y diera un par de pasos.

En el camino, cogí una muda de ropa nueva del mueble que se encontraba al lado de la puerta y a pasos de tortuga, porque no nos podíamos permitir otro ritmo, conseguimos llegar al baño.

Allí logré a duras penas desnudar a mamá mientras ella tenía la mirada perdida en algún lugar de sus pensamientos y solo cuando me aseguré de que estaba bien colocada en la bañera, decidí intentar hablar con ella, aunque no fuera el momento adecuado.

Pero teniendo en cuenta que posiblemente nunca llegara a encontrar un momento así, decidí hacer de tripas corazón y susurrar.

—Mamá, no puedes seguir así. Llevas una semana…

—Se ha ido, Scarlett. Se ha ido y no va a volver…

Una nueva oleada de sollozos se convirtió en la banda sonora del baño mientras la enjabonaba con la esponja.

—Pero nosotros seguimos estando aquí, mamá. Kairon y yo estamos aquí para ayudarte y…

—Vosotros no lo entendéis, nadie me entiende…

Traté de seguir con la conversación, pero mamá hizo un mohín con los labios que me dio a entender que no había nada más que hablar.

Por suerte, cuando ya estuvo algo más calmada, pudo ayudarme a sacarla de la bañera y le dejé algo de intimidad para vestirse a solas.

Cuando me avisó de que ya estaba lista, regresamos a la habitación y descubrí que Leighton no estaba. Yo también hubiera huido si hubiera visto el panorama.

Con la tristeza ahogando cada parte de mi cuerpo, arropé a mamá hasta que se quedó dormida y cerré la puerta de la habitación, deseando que no volviera a caerse de la cama.

Arrastrando los pies, bajé al salón y escuché a alguien trajinando en la cocina. Quizá se trataba de Kairon, que ya había regresado a casa. La simple idea de contarle lo que había ocurrido, me generaba un nudo en el pecho que se deshizo cuando observé a Leighton preparando una sopa de sobre.

—No hace falta, se ha quedado dormida —murmuré mientras recostaba la cabeza en el quicio de la puerta, completamente agotada y sin fuerzas para hacer absolutamente nada.

Leighton apagó la vitrocerámica y se acercó con tiento a mí, como si temiera que al tocarme pudiera romperme.

—Scarlett…

—No digas nada por favor. Ahora solo necesito…

—La voz me tembló antes de que pudiera acabar la frase y segundos antes de que la primera lágrima lograra descender por mi mejilla, noté los brazos de Leighton envolviéndome.

Y entonces sí que sí, me dejé llevar. Solté todo lo que llevaba dentro desde que había visto a mamá en ese estado.

Lloré sobre el hombro de Leighton durante lo que me parecieron horas y, con cada sacudida de mi cuerpo, sus brazos me arropaban con más fuerza.

Cuando ya empecé a notar que el abrazo se estaba alargando más de la cuenta para dos personas que apenas se conocían, me separé de él y entre hipidos le supliqué que no le contara nada a Kairon, que lo que había pasado, solo podía quedar entre él y yo.

—Está bien, pero necesito que me prometas una cosa.

—Después de lo que me has ayudado hoy, creo que podría prometerte cualquier cosa —aseguré.

—Apunta mi número de teléfono en tu móvil para que puedas llamarme cuando estés a solas con tu madre. No me gustaría que tuvieras que hacer frente a una situación así tú sola.

—Pero…

—No me iré de aquí con un no como respuesta, Scarlett.

Le sonreí a modo de agradecimiento y Leighton se marchó esa misma tarde con mi número de teléfono apuntado en un papel en su mano derecha y con el peso de haberse convertido en algo parecido a un resquicio de paz, en la izquierda.