CAPÍTULO 14
Leighton
Presente
Si hace un par de semanas alguien me hubiera dicho que ahora mismo estaría nervioso ante la idea de volver a ver a Scarlett Lambert, le habría pedido que dejara de vacilarme.
Pero, al parecer, mi vida se ha vuelto tan impredecible últimamente que es justamente lo que estoy haciendo en estos momentos: casi ponerme a temblar mientras espero a la hermana de mi mejor amigo en la entrada del hospital en el que hace apenas unos días acabé ingresado por ser un completo imbécil.
Saco un cigarro del paquete que llevo en el bolsillo trasero de mis tejanos y mientras evito las miradas mal disimuladas de la gente que susurra en cuanto se percatan de quién soy, recibo una llamada de Jaden.
—Hey tío, ¿qué tal? Desde que te han dado el alta no se te ha visto el pelo —saluda, al mismo tiempo que me siento un completo imbécil por no haber escrito ni un mísero mensaje en el grupo de la banda para ponerlos al día de la situación.
Pero, ¿qué voy a decirles? ¿Que estoy tan sumamente perdido que ahora mismo ni siquiera sé si podremos llegar a dar ningún otro concierto? ¿Que la cagué tanto que no solo he estropeado todo lo que he construido ahora sino también sus sueños?
—Leighton, ¿estás ahí?
La voz de mi amigo al otro lado de la línea me trae de vuelta y niego con la cabeza, aunque no sea capaz de verme.
—Sí, es que estaba pensando en…
—Pues deja de hacerlo, anda. No me hace falta estar delante de ti para saber perfectamente lo que está pasando por tu cabeza en estos momentos.
Pongo los ojos en blanco ante la respuesta de Jaden. El muy cabrón me conoce mejor que yo mismo y sé cuáles serán las próximas palabras que soltará por la boca antes de que lo haga.
—Estamos en esto juntos, Leighton. Somos una banda. Cuando uno la caga, la cagamos todos.
Chasqueo la lengua para evitar centrarme en las irremediables ganas que tengo de llorar después de escucharlo hablar.
—Pero, Jaden…
—Mira, lo he estado hablando con Macy y Spencer y podemos reunir algo de dinero para conseguirte un abogado que, aunque no sea el mejor del mundo…
—No hace falta que te preocupes por eso —corto su verborrea.
Jaden se queda unos segundos en silencio y no me hace falta estar a su lado para saber que ahora mismo por su cabeza están pasando las ideas más descabelladas del mundo.
—¿Por qué? ¿Acaso ha ocurrido algún milagro divino en las últimas horas?
«Algo así».
—Leight o empiezas a hablar o…
—Scarlett—murmuro su nombre como una salvación, como la respuesta a todas mis plegarias ya que, a fin de cuentas, es lo más parecido a la realidad en la que nos encontramos.
—¿Scarlett? ¿Estamos hablando de la misma Scarlett que…?
«¿La misma Scarlett a la que le rompí el corazón marchándome sin avisar? ¿La misma Scarlett que se ha paseado de manera gratuita por mi mente en mis noches de insomnio? ¿La misma Scarlett que nunca he llegado a olvidar del todo? Por supuesto que sí». Respondo para mis adentros.
Jaden es la única persona de la banda a la que le he contado toda mi historia con Scarlett y el motivo de mi marcha.
No fue nada planeado, simplemente un día salimos de fiesta y mientras Spencer se liaba con una chica de cuyo nombre ni siquiera se acordaría a la mañana siguiente, Jaden quiso invitarme a otra copa y la lengua se me fue un poco más de la cuenta y al mismo ritmo que los recuerdos iban apareciendo en mi mente, me iba desahogando.
—Vamos, que no has salido de un lío y te acabas de meter de cabeza en otro.
La respuesta de Jaden me trae de vuelta a nuestra conversación y trato de hacer que no vea cosas donde no las hay.
—Solo me está haciendo un favor porque Kairon se lo ha pedido. Si por ella fuera, no volvería a verme ni en pintura.
Recibo un largo suspiro de mi amigo al otro lado de la línea antes de atisbar los rizos de Scarlett acercarse a mí.
—Te lo contaré todo con más detalle mañana, ¿vale? Ahora estoy ocupado.
Cuanto menos supiera por el momento, mejor. Antes tenía que entender yo todo lo que estaba ocurriendo.
—Más te vale, Leighton. Pero por si te sirve de consejo, ya la cagaste una vez con ella. No vuelvas a hacerlo.
Cuelga la llamada y me quedo pensando en lo que ha dicho. Pero tampoco puedo pasarme mucho tiempo perdido en mis pensamientos porque tengo que alzar la mirada al recibir una oleada del delicioso perfume de Scarlett llegando a mis fosas nasales.
Reparo en su blusa de color azul marino, sus pantalones oscuros y sus botas de tacón —un atuendo demasiado serio para tratarse de ella— antes de tener la valentía de alzar la vista y descubrir qué sentimiento seré capaz de leer en sus ojos marrones cuando impacten contra los míos.
Vacío. Indiferencia.
Dos sentimientos tan aparentemente apagados y que, sin embargo, brillan en sus ojos para dejarme claro que esto le hace la misma gracia que a mí.
—Vas a quemarte —saluda mientras frunzo el ceño.
—¿Qué?
Los ojos de Scarlett se dirigen hacia mi mano y en cuanto me percato de su movimiento soy consciente de que en el momento en el que he encendido el cigarro y Jaden me ha llamado, he dejado en un segundo plano el vicio de fumar y no he pensado en que el cigarro se podría consumir.
Sin pensarlo ni un segundo más, me deshago del cigarro tirándolo al suelo y pisándolo con el talón de mi pie derecho.
Acto seguido le dedico a Scarlett una sonrisa de agradecimiento de la que ella se deshace enseguida en cuanto pasa por mi lado para traspasar las puertas batientes de la entrada del hospital en completo silencio.
—Vale, tenemos un problema. No sabemos la habitación en la que está ese chico, y como no somos familiares directos es imposible que nos dejen pasar.
Scarlett hace oídos sordos a mis palabras mientras prácticamente le piso los talones. Casi corre hasta alcanzar el ascensor, que se encuentra casi atestado de enfermeras y doctores.
—Oye, ¿por qué subimos al ascensor si no sabemos en qué planta está? —pregunto, completamente perdido.
Scarlett pone los ojos en blanco y en cuanto llegamos a la cuarta planta —que logro atisbar porque así lo indica la pequeña pantalla del ascensor— sus tacones vuelven a resonar por el suelo antes de girar una esquina y seguir caminando.
Sin embargo, esta vez no me va a dejar con la palabra en la boca. Esto es trabajo de dos, joder. No puede ir dos pasos por delante y yo cinco por detrás. Literal y metafóricamente hablando, claro está.
Sin pensármelo dos veces frenos sus pasos agarrándola del brazo con suavidad.
Se desembaraza de mi tacto casi como si mi mano fuera capaz de abrasar su brazo si me lo propusiera.
La mirada de odio que me dedica cuando contempla mi mano agarrándola me es más que suficiente para quitarla de inmediato.
En las circunstancias en las que nos encontramos, cabrearla es lo que menos me conviene.
—Perdóname, pero entenderás que quiera saber qué vas a hacer antes de arrojarme a los leones —comento en el mismo momento en que caigo en la cuenta de que dentro de unos minutos tendré que mirar a las caras llenas de tristeza que estoy seguro de que encontraré cuando entre en esa habitación en la que se encuentra un chico cuyo único error esa noche fue estar en la misma zona que yo cuando debería haber estado hacía mucho rato en mi piso.
Scarlett lanza un largo suspiro con el que incluso se le mueven algunos rizos y me sorprendo a mí mismo recordando cuando hace no mucho tiempo eran mis dedos los que vagaban por esa maraña de rizos castaños.
Sacudo ese pensamiento de mi cabeza para centrarme en lo verdaderamente importante, que es que Scarlett me ponga al día y comprenda que este caso es cosa de dos, no de uno.
—Después de verte, salí del hospital y allí, mientras estaba esperando a que Kairon apareciera para contarme que el hecho de que te ayudara era una broma de muy mal gusto —recibo su ironía como si fuera una bala directa al pecho—, escuché a dos enfermeras hablar sobre lo que ocurrió esa noche.
Que el chico de la habitación cuatrocientos veinticuatro había acabado en coma porque un tío se había pasado con las copas que llevaba encima.
Trago saliva ante la dureza de sus palabras.
No me gusta la idea de que la gente me vea como a un monstruo, que crean que lo hice porque quise y no porque fui víctima del engaño de mis recuerdos.
Pero engullo la culpa porque el verdadero motivo de lo que ocurrió hace un par de noches solo lo sabemos Jaden y yo y así debe seguir.
—¿Y cómo debo hablarles? Quiero decir, no creo que les haga mucha ilusión verme por aquí teniendo en cuenta que…
—Para eso estoy yo, para sacarte del lío en el que te has metido y volver a mi vida cuanto antes.
Una vez digiero sus duras palabras, asiento para volver a seguir sus pasos y una vez nos encontramos cerca del control de enfermería, ahora es ella la que frena sus pasos para encararse a mí.
—Quédate aquí y no te muevas hasta que vuelva. Y más te vale hacerme caso, Leighton —ordena con una firmeza que jamás había visto en ella.
Me limito a hacerle el típico saludo militar para hacerle ver que lo he entendido, pero en vez de ganarme una sonrisa por su parte, por pequeña que sea, para aliviar la tensión que parece envolvernos, lo único que recibo es otro suspiro antes de verla avanzar de nuevo hasta la habitación cuatrocientos veinticuatro mientras me permito el lujo de observar su postura recta y, por qué no reconocerlo, su trasero.
«Dios mío, soy un mejor amigo de mierda, fijándome en el culo de la hermana de Kairon sabiendo que ella es la única que puede sacarme de este lío».
Ordeno a mis hormonas que descansen hasta que el juicio se celebre y me centro en la figura de Scarlett que parece haber llegado a la habitación.
Llama a la puerta y una mujer joven, de la edad de Scarlett, sale a recibir a la morena.
Empiezo a ponerme nervioso en cuanto Scarlett da inicio a una conversación que no estoy seguro de cómo va a acabar.