CAPÍTULO 12 #2
—Es mucho más complicado que eso —trata de justificarse.
Vuelve a removerse incómodo en el sofá y recuesta su espalda en el respaldo.
Cruza los brazos contra el pecho y, evitando mirarme de nuevo, centra su vista en la estantería que se encuentra encima de la televisión y empieza a relatar lo ocurrido.
Como si la pared fuera la persona que va a sacarlo de este lío y no yo.
—Salí con la banda para celebrar que el concierto de esa noche había ido muy bien.
Reconozco que bebí un poco más de la cuenta y que eso no juega a mi favor, pero mejor decirlo de primeras que no cuando sea demasiado tarde.
—A pesar de la distancia, soy capaz de discernir cómo su pulso late ligeramente acelerado en el cuello a medida que cuenta lo que pasó.
—En un momento dado de la noche, vi a ese chico con su novia en una esquina y comprobé que él la estaba agarrando del brazo y que ella se quejaba.
Pensé que no era de mi incumbencia, pero pasados unos minutos volví a fijarme en ellos y vi que seguían igual.
Ella quería escapar, pero ese imbécil no se lo permitía.
Así que lo arrastré hacia el callejón y…
No hace falta que siga hablando porque ambos sabemos cómo termina su relato.
Pero hay algo que no me cuadra, o bien no me está contando.
Entiendo que se molestara ante un acto tan deleznable, pero, ¿desfogarse con ese chico hasta el punto de no poder controlar su ira?
Hace mucho que no sé de la vida de Leighton Sullivan, pero nunca ha sido una persona violenta y no creo que haya empezado a serlo ahora.
—¿Por qué siento que no me estás contando toda la verdad?
Mi pregunta consigue que Leighton despegue la mirada de la pared y me mire con ese resentimiento que sabía perfectamente que se estaba reservando dentro justo cuando ha entrado por la puerta.
—¿Qué? ¿De qué estás hablando? Claro que te he contado la verdad —contesta a la defensiva, como un animal acorralado.
Niego con la cabeza, empezando a cabrearme porque no esté poniendo las cosas fáciles.
—Leighton, esto solo funcionará si me cuentas toda la verdad. No puedo ayudarte si no sé con pelos y señales lo que ocurrió.
—¿Y qué te hace pensar que te estoy mintiendo?
Mueve su cuerpo de nuevo hasta colocarse al borde del sofá, probablemente esperando el momento adecuado para huir como el cobarde que ha demostrado ser siempre.
—Que, precisamente, no es la primera vez que lo haces.
Mi dardo envenenado cae sobre él como un jarro de agua fría y logro que reaccione como tenía clarísimo que iba a reaccionar cuando acabara soltándole algo relacionado con el pasado: contraatacando.
—Ya estaba empezando a pensar cuánto tiempo ibas a tardar en echarme en cara el pasado.
—No te estoy echando en cara nada, Leighton. Solo te estoy advirtiendo de que no me gustaría enterarme cuando sea demasiado tarde sobre otros detalles de esa noche que ahora me estás ocultando.
Chasquea la lengua, probablemente contando mentalmente unos segundos para no levantarse y dejarme con la palabra en la boca.
—¿Se puede saber por qué insistes en que te oculto algo? Ni siquiera me…
Sé por dónde van sus palabras antes siquiera de que acabe de pronunciarlas.
—¿Ni siquiera te conozco? Probablemente.
Creí hacerlo en un pasado y míranos. —Nos señalo a ambos.
—Volvemos a estar en el mismo punto que hace unos años; tú intentando que creyera tus mentiras y yo cayendo como una imbécil.
Pero, ¿sabes qué, Leighton? Te actualizo la información: ya no me creo nada que venga de ti.
—¿Y se puede saber por qué? ¿Por qué insistes en que no me conoces y, sin embargo, está claro que lo sigues haciendo?
Pongo los ojos en blanco ante su insistencia y acabo levantándome del sofá, consiguiendo que imite mi gesto y nos coloquemos frente a frente.
Su aroma vuelve a mí como una bofetada imaginaria y trato de esquivar el vaivén de recuerdos que me invaden con su perfume para seguir con la conversación y no perder el hilo.
Su mirada oscura me desafía a que siga tensando las cuerdas, pero no pienso darle ese gusto. Soy una abogada profesional y se lo pienso demostrar, joder.
—La confianza entre abogada y cliente es lo más importante para ganar un caso, mucho más incluso que las pruebas o la verdad. Así que solo te lo voy a preguntar una vez, Leighton: quitando toda nuestra historia pasada, ¿confías en que pueda sacarte del lío en el que te has metido?
Las dudas parecen pasar en tropel por su mente, porque así las veo reflejadas en sus ojos. Intento que no note lo inquieta que me está poniendo ante su silencio.
—Claro que sí. Eres Scarlett Lambert, ¿no? La chica que consigue todo lo que se propone.
«Menos a ti, Leighton. A ti nunca pude conseguirte del todo».
Le mantengo la mirada porque no quiero que piense que lo que acaba de soltar por esa sucia boca me importa lo más mínimo. Pasan los segundos y acabo conectando de nuevo la lengua con el cerebro y decido coger el timón de la situación.
—Estupendo, pues entonces solo nos quedará escuchar la versión de la chica que acompañaba al chico y si la familia quiere…
—Hay una cosa que se me ha olvidado comentarte, Scarlett.
«¿Por fin va a dignarse a decirme la verdad que sabía perfectamente que me estaba ocultando? Vaya, vaya…».
Carraspea antes de alejarse un poco de mí y agradezco el gesto porque así puedo volver a respirar.
—Un montón de gente se aglomeró a nuestro alrededor mientras pasaba lo que pasó y… hemos salido en las noticias.
—¿Y eso quiere decir que…?
No entiendo a qué puede referirse. Sin ofender, pero Leighton no es alguien tan importante como para…
—Como comprenderás, que el cantante del grupo Voltage Zero haya salido en todos los medios como un lunático perdiendo el juicio, no hace quedar muy bien al grupo. Y a mí me da igual lo que me pase, pero no quiero arrastrar a mis amigos por mi culpa.
Voltage Zero….
Así que al final sí que ha conseguido hacerse un hueco en el mundo de la música, por pequeño que sea. Un atisbo de orgullo parece germinar en mi interior, pero lo achicharro antes de que pueda crecer.
—Encontraremos la solución. Por Kairon y por tus amigos.
Creo que son las palabras más tranquilizadoras que le he dedicado desde que nos hemos visto esta mañana.
—Tendrás que darme tu número para poder estar en contacto—comenta, alargando su mano mientras agarra su móvil.
—Es el mismo número de siempre.
—Entonces no hará falta que me lo digas.
¿Sigue acordándose de mi número de teléfono?
Antes de que pueda asimilar la información, Leighton se disculpa informándome de que ha quedado con el grupo para hablar sobre qué hacer a continuación y me limito a decirle que mañana volveremos a quedar para ir al hospital a ver a la familia del chico.
Nos despedimos con la mano desde la distancia, como si el simple hecho de hacerlo de más cerca complicara la situación y una vez me he quedado a solas en casa de Kairon, cierro la puerta y apoyo mi cuerpo en ella, preguntándome de nuevo si he hecho bien en meterme de lleno en la boca del lobo o si he sentenciado mi vida tal y como la he conocido todos estos años.