CAPÍTULO 10
Scarlett
Presente
Le doy una patada a una botella de plástico que me encuentro en el exterior del hospital antes de pensármelo mejor y recogerla y tirarla a la basura.
No puedo creerme que Kairon me haya hecho esto. Él sabe perfectamente todo lo que sufrí con la marcha de…
No pienso perdonárselo nunca, joder. No pensará de verdad que puede volver a traer a mi vida a ese miserable y pretender que lo reciba con los brazos abiertos como si nada hubiera pasado, como si…
Aprieto los puños con más fuerza de la que esperaba, hasta el punto de notar las uñas clavarse en la palma de mi mano.
A esa ira no tarda en sumarse un sutil reguero de lágrimas acompañado de los malditos recuerdos, de los recuerdos que me han perseguido desde que he salido de esa habitación, que me han perseguido en el ascensor y que me ahogan ahora que el aire entra poco a poco en mis pulmones.
A veces desearía ser capaz de despojarme de ellos, de seleccionar todas aquellas cosas que quiero llevar conmigo en el día a día y, simplemente, desechar aquellas que me hacen daño.
Como la infidelidad de papá, que desencadenó la ruptura de nuestra familia tal y como la conocíamos.
Como las noches en vela con los llantos de mamá al otro lado de la pared.
Como el momento en el que Kairon tuvo que decidir ingresar a mamá en esa clínica de desintoxicación.
Aunque, en el caso de Leighton Sullivan, también desearía tener la opción de borrar todos aquellos momentos vividos a su lado para no recordar una de las mejores épocas de mi vida y que me obligan a mirar a mi deprimente vida actual a los ojos y arrepentirme de haber vivido tan intensamente algo que sabía de primera mano que no iba a acabar bien.
Desearía poder borrar el recuerdo de sus dedos acariciándome.
Poder borrar todos esos «te quiero» que se redujeron a cenizas.
Todas esas promesas que resonaron en mi mente durante años, convertidas en esas pesadillas que me impedían conciliar el sueño.
Paro de súbito el reguero de lágrimas cuando me percato de que alguien toca suavemente mi hombro, me giro poco a poco hasta encontrarme cara a cara con el traidor de mi hermano.
Antes siquiera de permitirle hablar, empiezo a dar zancadas para alejarme cuanto antes de él.
No puedo soportar su cercanía en estos instantes. Simplemente no puedo, maldita sea.
—¡Scarlett, espera! ¡Déjame hablar, por favor!
Los gritos de Kairon llaman la atención de la gente que pasea a nuestro alrededor y solo por la vergüenza que me provoca que todo el mundo nos esté mirando, dejo de caminar hasta que noto la respiración acelerada de mi hermano a unos metros de mí.
Su mirada de súplica habla antes incluso que su boca.
Él siempre ha sido así, solo bastaba con mirarlo a sus preciosos ojos verdes, aquellos que desearía haber heredado, para saber qué se le estaba pasando por la cabeza.
—Scarlett, escúchame.
—¿Por qué lo has hecho? Sabes perfectamente que…
—Mira, sé que vuestra relación no es la misma que…
—No es la misma porque él mismo se encargó de destruirla, Kairon. No insultes mi inteligencia intentando convertirlo en el bueno de esta historia —espeto, a la defensiva.
—Aquí no hay ni buenos ni malos y lo sabes perfectamente. Solo quiero ayudarlo porque es mi mejor amigo y…
El peso de sus palabras cae sobre mí como una losa.
—Espera un momento. ¿Cómo que es tu mejor amigo? ¿Acaso habéis seguido manteniendo el contacto todo este tiempo?
No reconozco a la persona que tengo delante, de verdad que no. Esta persona no puede ser la misma que me arropaba por las noches a pesar de que ya era mayorcita simplemente porque me reconfortaba su presencia.
—Al principio no, te lo juro. Estaba igual de enfadado o más que tú por que se marchara sin despedirse de nosotros, pero unos meses después vi que el grupo de música empezó a irle bien y simplemente le pregunté por ello. Se disculpó por lo que había pasado y volvimos a hablar casi cada día.
Niego con la cabeza incapaz de creer lo que acabo de escuchar. Ese es uno de los pocos defectos de Kairon y por el que la mayoría de gente se aprovecha de él. Su generosidad le ha jugado muy malas pasadas, pero esta se gana el premio gordo.
—Me importa una mierda el motivo por el que volvierais a hablar, me cabrea mucho más el hecho de que me lo hayas ocultado.
Ahora el que parece perder los nervios es él, porque chasquea la lengua y me mira con rabia antes de añadir:
—Te hubieras cabreado igual si te lo hubiera contado como si no. Siempre ha sido así cuando se trata de Leighton, ¿no?
Recibo su comentario como un ataque, pero no permito que se refleje en mi rostro la sorpresa ante sus palabras.
—Hace mucho tiempo que me importa bien poco lo que haga o deje de hacer con su vida.
—Entonces no te importará echarle un cable para hacerme un favor, ¿no?
Me muerdo la lengua para no soltar otra frase mordaz. Porque tengo que demostrarle a Kairon que no me afecta en absoluto nada que tenga que ver con su mejor amigo, aunque sea una pequeña mentira.
—No se merece nuestra ayuda y mucho menos después de habernos abandonado como lo hizo.
—Pues yo sí quiero hacerlo, Scarlett. Porque, a diferencia de ti, no permito que el rencor dirija mi vida. Llevas tantos años anclada en el pasado que no te permites seguir adelante.
Algo se rompe dentro de mí al escuchar sus palabras.
—Igualmente no creo que esté aquí demasiado tiempo. Después de lo que ha pasado, dudo mucho que sigan llamando al grupo para hacer algún concierto. Todo dependerá de ti y de lo que tardes en demostrar su inocencia.
La indecisión se presenta en mi mente sin que pueda deshacerme de ella. Preferiría morir congelada a volver a pasar tiempo con Leighton, pero si puedo interceder en sacarlo de mi vida más pronto que tarde…
—Dile a ese mejor amigo tuyo que mañana quiero quedar con él en tu piso para que me cuente con pelos y señales todo lo que pasó anoche.
—¿En mi piso? ¿Por qué? —Se asombra.
—No pretenderás que ese impresentable ponga un pie en mi piso, ¿no?
Una sonrisa burlona asoma a los labios de Kairon y me limito a poner los ojos en blanco.
—Me debes por lo menos tres apartamentos a pie de playa por lo que estoy dispuesta a hacer por ti —le recrimino.
—No te vengas arriba, anda.
Sin esperarlo, me abraza y no tardo en devolverle el gesto porque soy incapaz de permanecer más de unas horas enfadada con él. Es mi punto débil, ¿qué le vamos a hacer?
—Sé que esto no es fácil para ti y te agradezco enormemente que quieras hacerlo por mí. Solo me preocupo por él y no quiero que una mala decisión arruine todo lo que ha construido hasta ahora.
Me separo de Kairon con lágrimas en los ojos y le recuerdo que le comente a Leighton que mañana por la mañana, en cuanto reciba el alta hospitalaria, lo quiero dispuesto a contarme la verdad de todo lo que ocurrió anoche.
Subo al coche y en cuanto llego al piso no puedo evitar que los recuerdos asalten mi mente sin poder deshacerme de ellos con facilidad.
Porque el primer y último pensamiento que tengo antes de caer rendida en la cama ante el agotamiento emocional del día de hoy es nada más y nada menos que el de la primera vez que vi al chico con alma perenne de artista y un sueño por cumplir.