CAPÍTULO 9
Leighton
Presente
Jaden ha acompañado a Spencer y Macy a tomar algo para reponer fuerzas después de haber estado toda la noche pendientes de mí.
La cabeza todavía sigue dándome vueltas porque, pasada la borrachera y con la cantidad de suero que me han inyectado, además de las manos que siguen doliéndome, he empezado a reflexionar sobre qué narices me pasó anoche.
Por qué me enajené de ese modo hasta el punto de perder el control.
Oigo la puerta de la habitación abrirse y pienso que se trata de Jaden, que habrá vuelto porque se ha dejado algo.
Sin embargo, no es su cara la que veo cuando se abre la puerta sino la de Kairon, la persona a la que he llamado desesperado hace unas horas para contarle lo ocurrido y desahogarme un poco con él, contarle que he arruinado todo lo que había construido hasta ahora y que ningún sitio nos volverá a llamar para dar ningún concierto después de que el cantante de Voltage Zero haya sido grabado por incontables móviles dándole una paliza a un tío en un callejón.
Mi vida se ha ido a la mierda. Y lo peor de todo es que he arrastrado a mis amigos conmigo.
Me calmo al ver el rostro de mi mejor amigo. Una calma que se evapora como si jamás hubiera existido al ver que hay alguien que sigue sus pasos. Alguien no: ella.
Mi corazón da un brinco tan fuerte que siento que se me va a salir del pecho. Su mirada se cruza con la mía y en este pequeño espacio que nos rodea los recuerdos vuelven a mí.
Su risa.
Sus labios.
Sus besos.
Sus gemidos.
Estoy aliviado de que me hayan quitado el pulsómetro hace unos minutos porque si no tengo clarísimo que mis pulsaciones me delatarían en estos instantes.
Trago saliva esperando a que Kairon me cuente por qué la ha traído, por qué ha creído que sería conveniente que nos volviéramos a ver tras tanto tiempo sin saber nada el uno del otro.
Pero antes de que pueda decir una sola palabra, Scarlett le dedica una mirada furibunda a su hermano, antes de espetar:
—Ni de puta coña.
Me enderezo en la cama para tratar de poner orden, pero las fuerzas me fallan al colocar las manos magulladas en el colchón y me acabo tumbando de nuevo.
—Scarlett, por favor, déjame que…
Observo a los dos hermanos discutir por mi culpa y una gran impotencia se apodera de mí al no poder levantarme de la cama y tratar de enmendar el grave error que acaba de cometer Kairon. ¿En qué momento se le ha ocurrido que sería buena idea volver a cruzar nuestros caminos?
—Si se ha metido en un lío… —Me señala sin siquiera dirigirme la mirada, con esa indiferencia que jamás esperé que llegaría a sentir por mí empapando las paredes blancas que son testigos de la escena que estamos protagonizando en estos momentos.
—Es lo suficientemente mayor como para salir de él.
Me importa una mierda que sea tu amigo o la excusa que te haya querido dar para parecer la puta víctima en esta historia.
Pero aquí no pinto nada y deberías haberlo sabido antes de haberme hecho perder el tiempo, Kairon.
—Su voz se rompe al acabar de hablar y, segundos antes de que su hermano pueda retenerla, Scarlett se aleja de nosotros, dando un sonoro portazo tras su marcha y dejando a Kairon completamente devastado.
El silencio se abre paso en la habitación y al fin me atrevo a preguntar:
—¿En serio te parecía una buena idea?
—Joder, tío, yo que sé, sabía que te guardaba un poco de rencor por lo que había pasado hace años, pero…
—Eso no es rencor, Kairon. Es dolor —sentencio, para que le queden las cosas claras.
—Es la única abogada que conozco que no nos vaya a cobrar por defenderte. Cuando me llamaste ayer empecé a desesperarme y era la única solución que encontré, ¿vale?
Una enorme sensación de alivio me colma el pecho al enterarme de que Scarlett ha conseguido ser esa abogada en la que tanto soñó convertirse cuando era una adolescente.
—Bueno, pues está claro que tendremos que buscar otras opciones.
—Acomodo la almohada tras mi espalda para poder mirarlo bien.
—Oye Kairon, de verdad que te agradezco todo lo que estás dispuesto a hacer para ayudarme, pero esta vez las cosas no se van a solucionar tan fácilmente como cuando éramos unos críos.
—¿Qué te pasó ayer, tío? Tú no eres así.
Me niego a confesarle la verdad. Me niego a contarle que me puse como me puse porque confundí a una tía cualquiera con su hermana y que eso activó los sentimientos que una vez albergué por ella.
—Bebí demasiado y se me fue un poco la cabeza, nada más.
—Leighton, tus actos han llevado al coma a un tío. ¿Crees que ha sido solo un hecho aislado?
Bufo como un gato sacando sus garras ante el machaque de Kairon.
Entiendo su preocupación, que quiera que vea la realidad y no trate de disfrazarla pero, joder, no puedo contarle la verdad.
No puedo cuando eso consiste en tirar de los hilos de un pasado que está más que enterrado y que tiene que ver con la chica que hace unos minutos ha cruzado la puerta hecha una furia.
—Sé que me he metido en un buen lío. Pero lo solucionaré, no te preocupes. Hablaré con la familia del chico y…
—¿De verdad crees que van a querer hablar contigo después de que hayas dejado a su hijo en coma? Mira, lo mejor será que intente convencer a mi hermana para que te ayude.
Pongo los ojos en blanco ante su insistencia.
—No te recordaba tan cabezota.
—Ni yo a ti tan idiota. Soy el primero al que no le gusta que con la excusa del grupo de música salgas tanto de fiesta y toda esa mierda, pero sé lo feliz que te hace.
Sé todo lo que has luchado para conseguir que vuestro grupo fuera medianamente conocido y, solo por eso, no pienso rendirme contigo. Esto es solo un bache, Leight.
—Pues menudo bache, como para cogerlo con la bicicleta —bromeo para destensar el ambiente ante la declaración de mi mejor amigo.
Antes de que sigamos hablando, aparecen en escena Jaden, Spencer y Macy, quienes al percatarse de la presencia de Kairon no dudan en abrazarlo y preguntarle cómo le van las cosas.
Mis amigos siempre han sabido de la existencia de Kairon en mi vida, de lo importante que sigue siendo para mí a pesar de que ya no compartamos código postal.
Durante los momentos previos a los conciertos o en alguna que otra quedada les he comentado lo feliz que me hacía volver al pueblo en el que crecí solo para verlo a él.
«A él y a…»
Me cago en la puta.
El recuerdo de su marcha sigue en mi mente mientras observo a Kairon charlando con la banda.
La furia que refulgía en sus ojos los pocos segundos que se ha dignado a mirarme.
La traición que podía verse reflejada en sus palabras mientras hablaba con su hermano.
Como bien le he dicho a mi mejor amigo, el comportamiento de Scarlett se debe al dolor que le ha provocado la idea de verme de nuevo después de tantos años.
Siempre he creído que el paso del tiempo es capaz de curar las heridas más profundas, que si te permites a ti mismo alejarte de aquello que una vez te hizo daño, por mucho que vuelvas a tenerlo delante de tus narices después de un tiempo, no podrá afectarte porque ya lo habrás superado.
Pero me ha bastado una mirada furibunda de la chica con la que las noches eran eternas y los problemas más livianos para saber que el paso del tiempo es una absoluta y completa mierda.
Porque el tiempo no me ha preparado para sentir lo que he sentido cuando en los ojos en los que antes veía el brillo del amor, ahora solo he visto odio.
Dos sentimientos tan opuestos no deberían definir el inicio y el final de nuestra historia.
Sin embargo, me digo a mí mismo que me lo merezco, que merezco ese odio que ha estallado en cuestión de segundos.
Me lo merezco por haber puesto la luna en sus manos cuando éramos unos críos y después habérsela arrebatado sin miramiento alguno.