Adicto a tu recuerdo CAPÍTULO 7 #3
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CAPÍTULO 7 #3

Los minutos se suceden hasta convertirse en horas, el sudor empapa mi rostro y mi visión empieza a volverse algo borrosa, pero lo único que necesito en estos instantes es seguir disfrutando de la noche, que la música siga atolondrando mis oídos y mi corazón siga latiendo acelerado por la presión sonora del local, porque así no tendré tiempo para pensar en la soledad que me recibirá con los brazos abiertos en cuanto regrese a casa.

He perdido de vista a Spencer, y a Macy y Jaden llevo sin verlos bastante rato, quizá se habrán ido ya o a saber qué narices estarán haciendo.

Mientras trato de encontrar a alguno de mis amigos, me abro paso entre el tumulto de gente para ir divisando mejor mi objetivo, pero hay algo que me impide avanzar más.

La visión borrosa que me abrumaba hace unos minutos se disipa en cuanto atisbo un comportamiento extraño en una de las puertas traseras, que se mantiene en estos momentos entreabierta porque una chica trata de alejarse de un chico que parece estar atosigándola y quiere largarse de allí cuanto antes.

Mi corazón se acelera sin que el ruido y la gente que me rodea tengan nada que ver y avanzo un poco más hasta donde la pareja parece subir de tono su discusión.

Ráfagas de imágenes acuden a mí al tiempo que avanzo hasta ellos.

Él agarrándola con fuerza del brazo. Ella bajando la mirada y gritándole cosas que todavía no alcanzo a escuchar.

El cabello rizado de ella, tan parecido a…

No. No puede ser. Niego con la cabeza para desechar esa idea de mi mente porque no puedo estar volviéndome tan sumamente loco, pero venga ya, sería capaz de reconocerla entre una multitud de miles de personas, no puedo haber perdido tanto la cabeza.

A medida que voy acercándome a ellos, confirmo la teoría de que el muy imbécil pretende aprovecharse de ella.

Una vez estoy lo suficientemente cerca como para descifrar si es exactamente la persona que creo que es, el mundo cae bajo mis pies al comprobar que sí, que es ella.

El mismo cabello rizado, la misma piel blanquecina, la misma mirada oscura y, ahora mismo, llena del terror que el capullo que tengo a mi derecha le está haciendo pasar.

Ni siquiera lo pienso dos veces antes de interponerme entre ambos y, con más fuerza de la que jamás he tenido, conseguir que el tío suelte su agarre y pueda acabar de abrir la puerta del todo para llevarlo al callejón donde, simplemente, la rabia se apodera de mí.

Pero, joder, estaba tocándola sin su consentimiento. A ella. A Sc…

El primer golpe me pilla desprevenido porque todavía no he eliminado todo el alcohol de mi cuerpo.

Noto un largo reguero de sangre recorrer mi rostro hasta llegar a mi boca.

Cuando centro mi vista y me fijo en que el muy sinvergüenza pretende irse de rositas, avanzo a pasos agigantados hasta acorralarlo contra la pared, dándole un sonoro golpe en la cabeza con el que lo desestabilizo completamente.

La ira bulle en mis venas, mis puños se mueven sin cesar, sin control ninguno.

Porque la simple idea de pensar en que alguien podría estar haciéndole algo a ella y yo no hubiera podido hacer nada por evitarlo, me mata por dentro, por eso estoy haciendo lo que tengo que hacer.

Ni siquiera sé el tiempo que pasa hasta que percibo que el chaval no se mueve.

Solo sé que no puedo parar, que su cara amoratada no me bastará hasta que la rabia que domina mi cerebro en estos instantes acabe marchándose.

No noto ni el dolor en los nudillos, confundo su sangre con la mía.

He perdido completamente el maldito control.

Un fuerte empujón me saca de la ensoñación en la que estaba inmerso mientras golpeaba sin parar a ese malnacido y mi visión vuelve a buscar un punto fijo hasta percatarme de que la persona que me ha empujado hasta apartarme de ese imbécil es Jaden.

Trago saliva, con la respiración acelerada mientras intento conectar de nuevo con la realidad al darme cuenta de que mi amigo me está gritando cosas que no alcanzo a escuchar.

—¡¿SE PUEDE SABER QUÉ TE PASA, LEIGHTON?!

Sigo sentado en el suelo, incapaz de levantarme porque siento que si lo hago me fallarán las piernas.

—¡¿Qué hago?! —No dudo en volcar la rabia que siento por no poder seguir golpeando a ese cabrón contra Jaden.

—¡Ese imbécil se estaba pasando con Scarlett!

¡¿NO LO VES?! —Señalo al tío que permanece inconsciente rodeado de sangre y alzo un poco la mirada, tratando de encontrarla entre la multitud que parece haber seguido a mi amigo al exterior.

Odio que haya tenido que verme perder los papeles, pero, joder, necesitaba hacerlo. A pesar de los años, a pesar de…

Un momento…

Frunzo el ceño al vislumbrar a la chica que ahora está temblando, rezagada en un rincón con la mirada perdida y los ojos anegados en lágrimas. Confundido, giro el rostro hacia Jaden, quien se acaba de dar cuenta de mi error.

—No es ella, Leight. No es Scarlett.

El corazón empieza a latirme acelerado ante lo que acabo de hacer.

He perdido completamente el control. Todo el mundo me ha visto.

La gente, los móviles, cualquier persona que haya escuchado mis gritos y mis golpes contra ese chaval que será un cabrón, pero no estaba haciéndole daño a Scarlett.

Porque ella no está. Hace tiempo que no está, joder.