Adicto a tu recuerdo CAPÍTULO 7 #2
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CAPÍTULO 7 #2

—¡Buenas noches! —Una fuerte ovación nos aclama nada más abrir la boca.

—Como sabéis, nuestros conciertos nunca son iguales porque queremos tener siempre el factor sorpresa que sea capaz de erizar vuestras pieles como lo hacéis con las nuestras cuando nos mostráis vuestro apoyo.

—Trago saliva, algo nervioso antes de seguir hablando.

—Y como hace mucho tiempo que nuestros conciertos no han contado con una de las mejores voces femeninas que hemos podido escuchar nunca…

tenemos el placer de comunicaros que… ¡Macy Lee se encuentra esta noche con nosotros!

—Uno de los focos del escenario que se mantenía apagado, se enciende para dejar ver a la pelirroja, quien no duda en lanzar besos una vez recibe otra gran ovación por parte del público al percatarse de su aparición en la noche de hoy.

Dejo que Macy disfrute del momento que tanto merece y, tras unos segundos, vuelvo a hablar:

—Con Jaden Taylor en la batería y Spencer Collins con su increíble guitarra eléctrica, damos inicio al concierto de esta noche con… —Mantengo un poco la emoción para sorprender al público antes de gritar: — ¡Living among memories!

Las luces sobre el escenario se apagan de golpe para dar paso a un aparentemente interminable espectáculo de luces de colores mientras Jaden coge sus baquetas e introduce la canción, acompañado de Spencer.

Giro mi rostro hacia Macy, esperando a la nota que será el punto de salida para que empiece a cantar y una vez lo hace, la noche parece volverse más mágica.

◆◆◆

Un par de horas después, el concierto ha acabado siendo un completo éxito. Todavía me recorre el cuerpo la sensación de euforia que siento en cada concierto cuando nuestros fans cantan a voz en grito esas canciones que han salido de lo más profundo de mi alma.

Mientras Jaden y Spencer empiezan a colocar todos los instrumentos de nuevo en la furgoneta, Macy se remueve inquieta de un lado a otro del camerino mientras recarga una y otra vez la página en la que se colgarán los resultados de ese examen tan importante.

—Macy, siéntate por lo menos, que te va a dar algo si no…

La pelirroja me manda callar en el mismo momento en el que frena sus pasos y acaba cayendo al sofá de color beige que se encuentra a unos metros de mí.

—No sabía que te ibas a tomar mi consejo de una manera tan literal, Mace. —La nombro por el apelativo cariñoso que siempre utilizo para que su corazoncito se ablande, pero al ver que no me devuelve el comentario con ningún comentario mordaz empiezo a preocuparme.

Frunzo el ceño al tiempo que me siento a su lado, coloco una de mis manos en su hombro para traerla de vuelta, porque al parecer ha entrado en una dimensión paralela a la nuestra y mi contacto hace que dé un pequeño respingo y me mire con lágrimas en los ojos.

Mierda.

—Oye, no pasa nada si no has aprobado, estoy seguro de que si le pides al profesor una revisión de…

—¡He aprobado, capullo! ¿Tan poco confiabas en mí? —bromea, antes de estrecharme entre sus brazos y seguir llorando de alegría.

Spencer y Jaden entran, alertados por el ruido que hemos provocado con nuestros gritos, y Macy deja de abrazarme para levantarse y abalanzarse sobre los labios de su novio quien no duda en dar vueltas con ella entre gritos de júbilo y besos que podrían reservarse para la intimidad.

Una vez pasada la emoción de la noticia, Spencer no duda en abrazar a la pelirroja antes de anunciar a los cuatro vientos:

—Pues teniendo en cuenta que hemos hecho un concierto de la hostia y que la cerebrito de Mace ha conseguido aprobar ese examen tan chungo… ¡TOCA DIVERTIRSE!

Acabamos de dejar el improvisado camerino decente para que no haya quejas de ningún tipo por parte de Jerry y nos despedimos de él, no sin antes agradecerle la oportunidad de dejarnos su espacio para dar nuestro concierto.

Jerry se deshace en halagos por nuestro trabajo y nos paga incluso un poco más de lo que teníamos acordado.

Nos montamos de nuevo en la furgoneta y, siguiendo las indicaciones de Spencer, acabamos en uno de los garitos de moda unas calles más allá del local donde hemos dado el concierto que nos ha subido la moral a todos.

El rubio se acerca a grandes pasos hasta el jefe de seguridad de la discoteca y habla algo con él que consigue que nos abra una de las puertas reservada para lo que parece ser personalidades VIP.

Spencer siempre ha sabido cómo salirse con la suya, porque a pesar de que ya contamos con algo más de dinero en nuestras cuentas corrientes que cuando empezamos con el grupo, el muy astuto nunca deja pasar la oportunidad de colarnos en cualquier discoteca gratis.

Las luces estroboscópicas de la discoteca nos dan la bienvenida con la música sonando a todo volumen mientras nos dirigimos hacia nuestro reservado.

Spencer nos grita que va a ir a por las bebidas y Macy, Jaden y yo nos sentamos en los sofás de color granate que hay en el reservado, ofreciéndonos una vista panorámica de la discoteca, donde la gente más cercana no tarda en percatarse de nuestra presencia.

Un montón de rostros empiezan a girarse para mirarnos y gritar de alegría. Por suerte, tenemos algún que otro agente de seguridad para que la cosa no se nos vaya de las manos, no sería la primera vez que ocurriera, la verdad.

Unos minutos después. Spencer regresa cargado de bebidas que no tardamos en tomar para brindar y dar comienzo a una noche que nos merecemos y que tanto necesitábamos.

◆◆◆

Unas cuantas copas encima después —más de las que probablemente necesito— acabo convenciendo a Spencer para bajar a la pista y dejar a Jaden y Macy darse el lote con algo más de intimidad.

Sigo los pasos del rubio, que se pierden de nuevo en la barra mientras le señalo con el dedo que quiero otra copa más.

Nadie puede pensar que las copas de más que llevo encima son más por la tristeza intermitente que me golpea siempre que acabamos un concierto, así que puedo beber y beber sin que nadie sepa mis verdaderas intenciones.

A ojos de cualquiera, solo soy el cantante de una banda que es medianamente conocida que quiere celebrar un buen concierto, pero a ojos de cualquier persona que me conozca mínimamente, esa idea no puede estar más alejada de la realidad.

Todos los de la banda saben que el post concierto siempre me deja un poco para el arrastre, porque cantar siempre las mismas canciones aviva en mí los recuerdos de una vida pasada que está más presente de lo que me gustaría.

El regusto amargo de los recuerdos empieza a apoderarse de mi cuerpo justo en el mismo momento en el que veo aparecer de nuevo a Spencer con la dosis de alcohol que necesito para seguir pasando bien la noche.

Casi abalanzándome sobre la copa, me la bebo en dos tragos bajo la atenta mirada de Spencer, que no duda en hacerme ver que no puedo descontrolarme tanto:

—Colega, no te lo bebas tan rápido, a ver si se nos va a ir de las manos… —comenta, con una sonrisa tras la que se puede ver que realmente se preocupa por mí.

Apoyo la mano con la que no estoy agarrando la bebida en el hombro de Spencer para que el mundo deje de dar vueltas y centrarme en dejarle claro que controlo la situación, aunque no lo haga en absoluto.

—Deja de parecer mi novia, Spence. ¿Dónde se ha quedado ese fiestero que no se perdía ni una?

Spencer parece pensárselo unos segundos hasta que al fin acaba bebiéndose lo que queda de su copa de un trago y posa una de sus manos en mi hombro para atraerme hacia él y gritar:

—¡Vamos a darlo todo, Leight!

◆◆◆