Adicto a tu recuerdo CAPÍTULO 7
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CAPÍTULO 7

Leighton

Presente

A la mañana siguiente me despierto con una buena noticia en el grupo de Whatsapp que comparto con la banda: tenemos el siguiente concierto esta noche y está más que confirmado porque hemos completado el aforo.

Esa es la dopamina que necesito para afrontar el día con más energía que el anterior y salir de la cama con una nueva expectativa, al menos durante el día de hoy.

Envío un mensaje por el grupo en el que aviso de que los voy a invitar a desayunar para celebrar la noticia y luego podremos ir con las pilas cargadas a nuestro local de ensayo para acabar de preparar el concierto.

Siempre cantamos las mismas canciones, pero nunca está de más practicar unas horas antes para asegurarnos de que nada salga mal.

Me doy una ducha rápida antes de salir del piso e ir a buscar a Spencer a casa de sus padres para ir juntos a la cafetería.

Recorro con el coche las calles que ya empiezan a despertarse ante un nuevo día y en menos de un cuarto de hora ya he llegado.

Spencer se despide de sus padres y su hermana pequeña entre abrazos que parecen no acabar nunca y salgo del coche para saludarlos antes de marcharnos.

Los padres de Spencer me reciben con los brazos abiertos y nos dan muchos ánimos para el concierto de hoy.

Una vez entramos en el coche, Spencer no duda en poner buena música y llenar el camino hasta la cafetería con buenas vibras.

—Joder, tío, qué ganas tenía de una noche así. ¿Sabes cuánto tiempo hace que no llenamos del todo una sala? Dios, creo que podría correrme del gusto ahora mismo.

Río para mis adentros, tratando de centrarme en el trayecto antes de añadir:

—Si te vas a correr, ten la decencia de no hacerlo en el asiento de mi coche, gilipollas —contesto, entre risas.

Spencer niega con la cabeza para posteriormente prestar atención a su móvil.

—Macy y Jaden ya están en la cafetería. ¿Cuánto nos falta?

—Diles que al menos diez minutos largos, todavía tenemos que encontrar aparcamiento.

Unos minutos después nos encontramos todos en la cafetería, entre abrazos y sonrisas esperamos en la cola para pedir el desayuno. Mientras esperamos a que lo traigan nos sentamos en una mesa al fondo del local y empezamos a comentar algunas cosas relacionadas con el concierto antes de ir a ensayar.

—Creo que hoy Macy podría cantar conmigo Living among memories y Trying to forget you . ¿Qué me decís?

El grito de ilusión de Macy llega a mis oídos al mismo tiempo que lo hace la bandeja que trae la camarera con nuestro desayuno. La chica nos observa con curiosidad antes de volver a la barra después de que su compañero solicite su ayuda.

—Son mis canciones favoritas del álbum y lo sabes.—La emoción tiñe la voz de la pelirroja, quien no duda en agarrar mis manos para agradecerme el gesto.

—Hay algún tornillo suelto en la batería, le echaré un vistazo esta tarde para que esta noche no haya ningún imprevisto —apunta Jaden, mientras coge su café de la bandeja.

—A ver, Jaden, todos los aquí presentes sabemos que cuando dices que le vas a echar un vistazo a la batería, lo que realmente quieres decir es que yo le echaré un vistazo a la batería mientras tú te enrollas con Macy en sus descansos con las canciones.

Jaden le ríe la gracia a Spencer, no sin antes lanzarle un sobre de azúcar vacío para devolvérsela.

—El día que encuentres a una mujer lo suficientemente paciente como para aguantarte, seremos nosotros los que te pediremos por favor que te separes de ella y dejes de parecer una lapa.

—Macy no duda en defender a su novio, recibiendo una mirada de ojos entrecerrados por parte del rubio, que saca su lengua para dejar claro que toda esta conversación es más propia de un grupo de adolescentes que de personas que rozan ya la treintena.

Seguimos desayunando mientras comentamos alguna que otra cosa más a tener en cuenta antes de acudir al local en el que daremos el concierto y cuando terminamos, dejamos la bandeja ordenada para que a los trabajadores les resulte más fácil llevarlo todo a lavar y salimos de la cafetería para dividirnos en dos coches.

◆◆◆

—Creo que aquí podrías añadir una nota más aguda, como en el último concierto, ¿qué te parece? —le comento a Macy, mientras escucho de lejos cómo Jaden y Spencer se pelean en broma para ver quién de los dos arregla la batería antes de tiempo.

La pelirroja desvía la mirada hacia su novio y niega con la cabeza mientras sonríe, probablemente armándose de paciencia suficiente como para aguantar lo que queda de tarde y de noche con nosotros.

A veces, me da por preguntarme cómo narices no nos ha mandado a la mierda ya con lo pesados que nos ponemos cuando queremos.

Pero luego recuerdo lo mucho que disfruta cuando le decimos que se venga a cantar y ese pensamiento se esfuma de mi mente con la misma rapidez con que ha aparecido.

Pasamos las últimas horas de la tarde entre ensayos, bromas que solo nosotros entendemos y alguna que otra idea en el aire sobre lo que haremos una vez acabe el concierto.

Macy nos comenta que está a la espera de una nota súper importante del trimestre, ya que es el primer examen de acceso a una de las asignaturas más importantes de su carrera y le prometemos que si el concierto va bien y recibe un resultado positivo de su examen, lo celebraremos como se merece.

Colocamos todos los instrumentos y los micrófonos en la parte trasera de la furgoneta, como de costumbre, y nos embarcamos en el viaje en carretera que nos llevará al local en el que actuaremos esta noche.

Jaden le escribe al dueño para informarle de que llegaremos en un par de horas y luego decide poner la radio sin que ninguno de los dos se lo hayamos pedido.

—Venga, no me miréis con esa cara. No pienso estar dos horas sin ruido y como me preocupo por vuestras cuerdas vocales —comenta señalándonos a Macy y a mí—, esto es lo que toca.

Pongo los ojos en blanco antes de mirar por el retrovisor el rostro de Macy, que sonríe como una idiota ante el comentario de su novio. A veces son tan cariñosos que dan asco, de verdad lo digo.

Aprovecho uno de los semáforos en rojo para girar un poco mi cuerpo y comprobar que Spencer se ha quedado frito en el asiento trasero, no hay nada como darle de comer al rubio antes de subirse a la furgoneta, se queda dormido como si fuera un bebé. Por eso mismo casi nunca conduce él.

Observamos el atardecer mientras hacemos un pequeño descanso en el que recargamos las pilas antes de seguir con lo que nos queda de camino y ahora es Macy la que se pone frente al volante para permitirme descansar un poco.

Y, como la pelirroja parece tener una flor en el culo siempre que vamos con ella a algún concierto, encuentra aparcamiento a la primera, debe ser un superpoder o algo así, porque yo tardo mínimo media hora en encontrar un sitio decente.

Macy y Jaden caminan de la mano en dirección al local a la vez que Spencer y yo les seguimos el ritmo, poniendo falsas muecas de asco ante la complicidad de la pareja.

—Hola, chicos, qué ganas tenía de que vinierais —nos saluda Jerry, el dueño del local, una vez nos ve aparecer por la puerta.

Tras una pequeña charla en la que le comentamos cómo queremos hacer el concierto, nos guía por un estrecho pasillo hasta un pequeño almacén vacío con un par de sillones que será nuestro camerino esta noche y empezamos a traer los instrumentos por la puerta trasera para así no cargar con ellos durante mucho rato.

—Dios, estoy deseando subirme al escenario. —Macy termina de retocarse el maquillaje mientras nos habla de lo emocionada que está por volver a cantar con nosotros.

Con el acceso a la universidad y los primeros exámenes, apenas ha tenido tiempo para poder dedicárselo a la banda y a pesar de que le hemos dicho en más de una ocasión que no pasa absolutamente nada, me da la sensación de que Macy se siente culpable por no pasar tanto tiempo con nosotros como le gustaría.

Empezamos a escuchar el local llenarse y como si de un ritual se tratara, Spencer abre la puerta de emergencia para fumarse un cigarro, no sin antes ofrecerme uno a mí para que lo acompañe.

Macy y Jaden se quedan unos minutos dentro con algo más de intimidad y cuando Jerry da dos toques a la puerta sabemos que ha llegado el momento de subir al escenario y darlo todo.

Como siempre. Como todas las veces en las que nos dejamos la piel en nuestros conciertos.

Como todas las veces en las que durante unas horas dejo parte de mi alma en la tarima para luego regresar al piso que comparto con Spencer y me percato de que, por muchos conciertos que haga a lo largo de mi vida, esa sensación de éxtasis y de dinamita pura, es efímera.

Quizá porque esa sensación que me recorre el cuerpo cada vez que saco de mi alma las canciones que he creado de mi puño y letra, está ligada a ella.

A la persona que perdí y que jamás tendré de vuelta. Porque, al igual que ella se me escurrió de entre mis dedos cuando menos lo esperaba, la música también lo hará sin que pueda hacer nada por evitarlo.

◆◆◆

El público nos recibe con gritos y vítores que nos colman el corazón de alegría. Le dedico una mirada a Macy para que prepare su micrófono mientras me dirijo hacia el centro de la tarima para dar un pequeño discurso antes de empezar el concierto.