CAPÍTULO 6
Leighton
Presente
Una risa me despierta. Me levanto con el corazón acelerado, comprobando que sigue siendo de noche y parpadeando un par de veces para ordenar los pensamientos que han vuelto de golpe y porrazo al escuchar un simple ruido en la calle.
Enciendo la pequeña luz de la lamparita de noche y al ser consciente de que no voy a poder volver a conciliar el sueño, me pongo las zapatillas y salgo al balcón para tomar el aire.
A pesar de que las noches empiezan a refrescar, necesito urgentemente una dosis de nicotina y un poco de aire en la cara que consigan hacerme olvidar lo mucho que esa risa me ha recordado a la suya .
Al buscar como un desesperado el origen de esa risa que me ha sacado a la fuerza del sueño en el que estaba sumido hace unos minutos, me doy cuenta de que corresponde a una chica que parece estar acompañada de un par de amigas, probablemente recordando alguna anécdota de la noche de la que mañana ninguna de las tres se acordará.
Me quedo observándolas durante unos segundos hasta que me siento en el pequeño taburete que tengo en el balcón para acabarme el cigarro, intentando luchar con mi mente para que no empiece a rememorar cuándo fue la última vez que escuché una risa tan sincera, tan libre.
Durante estos años he acudido a miles de fiestas, algunas con la excusa de haber dado un buen concierto, otras, con el simple pensamiento de desfasarnos un poco y dejar de pensar un poco en todas aquellas cosas en las que pienso cuando la noche acecha, dejándome desprovisto de todas esas armaduras que llevo a lo largo del día y que, al caer el sol, parecen deshacerse como si de melaza se tratara para dejarme completamente desnudo, desamparado.
Y es en estos momentos en los que recuerdo mi encuentro con Kairon hace unas horas, en los que me da por pensar en qué habrá sido de ella después de todos estos años.
Si las risas que quería creer que solo me dedicaba a mí, ahora puede estar dedicándoselas a otro.
Si el ritmo acelerado de mi respiración al estar simplemente cerca de ella, es ahora el ritmo del corazón de otra persona.
Si habrá cambiado su perfume o ahora será el favorito del afortunado que pueda tenerla entre sus brazos cada noche.
Joder.
Como si de una ensoñación se tratara, escapo de mis pensamientos en cuanto me doy cuenta de que he perdido completamente el rumbo de estos y le doy una última calada al cigarro antes de apagarlo en el cenicero y mirar un poco el móvil para centrarme en la vida de otros y no tener que hacerlo con la mía.
La aplicación de mensajería me recuerda que tengo tres mensajes sin leer de mi padre y otros cinco de mi madre, pero no tengo pensado leerlos, ni hoy ni mañana ni en un futuro cercano.
De nada me sirve que ahora hayan querido darle una solución a su matrimonio cuando debieron haberlo hecho hace demasiado tiempo, de nada me sirve que ahora quieran saber mi opinión sobre la decisión que han tomado cuando hace unos años no les importaba en absoluto todo el daño que podrían estar haciéndome con sus malditos actos hipócritas.
Opto por entrar a Instagram para ver si algún conocido o amigo ha subido algo para no tener una sensación amarga en la boca del estómago una vez el sueño consiga alcanzarme de nuevo y pueda dormir del tirón durante lo que queda de noche.
Jaden ha subido una historia en la que se le ve abrazado a Macy, los dos reflejados en un espejo.
Las sonrisas que les acompañan hacen de la fotografía algo todavía más mágico.
A veces, hubiera deseado tener la suerte que tuvo Jaden en su momento y haber estado con la persona por la que tanto sentí en un pasado y seguir manteniendo ese amor en la actualidad, como ha conseguido él con Macy.
Pero la suerte solo está destinada a acompañar a aquellos que han hecho las cosas bien, y está claro que esa persona no era yo.
Paso a la siguiente historia y esta vez me encuentro a Spencer haciendo el tonto con su hermana pequeña mientras hacen galletas acompañados de su madre, que los mira con todo el amor del mundo reflejado en sus ojos.
Con todo ese amor que tanto supliqué en silencio a mis padres y que me fue negado por parte de ambos.
Pienso en cerrar el móvil porque este parece querer recordarme la cruda realidad que define mi vida pero, antes de hacerlo, continúo con la siguiente historia, en la que me quedo más segundos de la cuenta atrapado.
Pertenece a Kairon, en ella no se ven rostros ni sonrisas, solo tres manos agarrando sus respectivas bebidas en una cafetería con una música de fondo.
Una de las manos pertenece a mi mejor amigo, eso está claro, la otra no estoy seguro de a quién pertenece, quizá a Lisa, pero la que hace mi corazón temblar como si de un cataclismo se tratara es la que está en una esquina, casi imperceptible.
Porque es una de las manos que acarició mi cuerpo con esmero en un pasado que empiezo a ver demasiado lejano.
Es una de las manos que agarraron mi cabello cuando la vorágine de sentimientos era tan sumamente intensa que debíamos sostener lo que tuviéramos en ese momento cerca.
Es la mano de esa persona que puso título a los años más felices de mi vida y también a los más amargos.
He sido un completo y absoluto necio al pensar que podría olvidarla cuando está claro que, para hacerlo, tendría que volver a nacer y extirparme los recuerdos con un invento que todavía no se ha creado.
Y aun así, estoy seguro de que ella regresaría a mí de una manera u otra, como si estuviera destinado a encontrarla en cualquier línea temporal, espacio o dimensión existente.
Como si estuviera anclado a su alma, de tal manera que los recuerdos de lo que una vez tuvimos aparecieran sin siquiera pedir permiso y tuvieran vía libre a mi mente para poder torturarla sin compasión con todo aquello que pudo haber sido y no fue.