Adicto a tu recuerdo CAPÍTULO 5
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CAPÍTULO 5

Scarlett

Presente

Acabo otra jornada de trabajo más en la que mientras escucho los planes que hacen mis compañeros, me pregunto si no podría destensar un poco las cuerdas que me atan a mi rutina y atreverme a salir con ellos.

El murmullo de sus voces me acompaña hasta el cuarto de baño al que me dirijo antes de sumergirme en el tráfico de cada viernes para regresar a la soledad de mi casa y dejar pasar otro fin de semana sin hacer absolutamente nada hasta que llegue el lunes.

En cuanto pienso en lo deprimente que es mi vida me reprendo a mí misma al recordar que es lo que he elegido con mis decisiones.

Nunca he querido perder el control de mi vida, permitir que situaciones o personas ajenas a mí acabaran afectándome.

Siempre he sido demasiado sentimental; mientras que a las demás personas las cosas parecen no afectarles absolutamente nada, a mí me afectan el doble.

O me afectaban, mejor dicho. Porque cuando nuestra madre ingresó en el centro de desintoxicación y él se fue, me juré y me perjuré a mí misma que jamás volvería a permitir que las emociones me jugaran una mala pasada.

Y eso me ha traído a la situación en la que me encuentro ahora mismo; Kairon siendo la única persona con la que mantengo una conexión inigualable porque es mi hermano y la persona que más quiero en este mundo y…

ya está. Porque no creo que después de todos los desplantes que le he dedicado a Regina desde que empezamos a trabajar juntas cada vez que me invitaba a tomar algo con ella, pueda considerarla una amiga.

Una compañera de trabajo quizás, pero poco más.

Y, hablando de la reina de Roma, al salir del cuarto de baño y dirigirme al espejo para lavarme las manos y comprobar mi rostro tras una jornada eterna más a mis espaldas, la melena rubia de Regina es lo primero que veo cuando alzo la mirada.

—Hoy es mi cumpleaños —murmura, mientras abre el grifo y empapa sus manos para imitar mi gesto.

El corazón se me encoge en el pecho al notar la necesidad imperiosa en la voz de Regina en la que se percibe claramente las ganas que tiene de que compartamos tiempo juntas después del trabajo.

Y eso me hace pensar que, quizás el haberme sumergido tanto en mi burbuja de soledad ha conseguido que no recuerde que puede que haya personas que se sientan igual de solas que yo y quieran salir de su zona de confort para evitar ahogarse.

Trago saliva, cierro el grifo y cuando ambas avanzamos hasta el dispensador de papel para secarnos las manos, nuestras miradas se cruzan de nuevo y acabo dando pie a una conversación.

—Felicidades. ¿Tienes pensado hacer algo para celebrarlo? —pregunto. lo más tranquila que puedo a pesar de que siento el corazón en la garganta ante la posibilidad de que hoy sea el día en el que deje de considerar a Regina una compañera de trabajo y empiece a considerarla una…amiga.

—Pues teniendo en cuenta que mis padres no me hablan desde hace años, que apenas conozco a nadie de la ciudad y que la única persona a la que le traigo el café cada mañana es una adicta a encerrarse en su piso viernes tras viernes sin querer ver mundo… no me quedan muchas opciones, la verdad.

Me quedo sin palabras ante la confesión de Regina.

Al no darle la oportunidad de conocernos mejor apenas sabía nada de ella o de su vida, por no decir que no sabía absolutamente nada.

Y el simple hecho de pensar que se siente de esa manera en el que debería ser el día más especial en la vida de cualquier persona consigue que me emocione como hacía tiempo que no me pasaba y acabe carraspeando para tratar de encontrar las palabras adecuadas para pedir perdón por mi actitud distante desde que nos conocemos.

—Regina, yo…

—No tienes que disculparte por nada, Scarlett.

Solo somos compañeras de trabajo y entiendo que no puedas ser una persona muy dada a las relaciones de amistad por algo que no sé y que solo te concierne a ti, pero, joder, somos dos tías que estamos buenísimas y que al salir del trabajo nos encerramos en nuestros pisos a esperar a que se pase el fin de semana para volver a trabajar el lunes, ¿no te parece jodidamente deprimente?

Se me escapa una pequeña sonrisa mientras Regina se acerca para posar una mano sobre mi hombro.

—Solo será una noche, Scarlett. Una noche en la que espero poder celebrar que mi siguiente cumpleaños será diferente, que dejaré de ocultarme del mundo y empezaré a recibir con los brazos abiertos todo lo que quiera darme.

—¿Solo una noche? —Titubeo, a tiempo de ver los ojos marrones de Regina devolverme una mirada llena de ilusión ante lo que la noche pueda ofrecernos.

—Solo una noche. Y si después quieres que sigamos siendo compañeras de trabajo que comparten café durante cinco minutos al día, pues seremos solo eso. Pero, no sé…tengo la sensación de que podemos ser el apoyo de la otra cuando a nuestros preciosos cerebros les dé por sobre pensar.

—Creo que voy a aceptar solo porque eres la primera persona que utiliza el adjetivo “precioso” para referirse a mi cerebro.

Su risa inunda el cuarto de baño antes de sucumbir a la emoción del momento y estrujarme entre sus brazos. Cuando es consciente de lo que ha hecho, se aparta de mí como si quemara y se muerde el labio inferior.

—Perdón, la emoción me ha podido. Pero venga, vámonos ya o las únicas luces que podremos ver esta noche serán las de la fotocopiadora cuando nos dejen encerradas aquí por ser unas tardonas.

Ahora soy yo la que ríe un poco más alto, sorprendiéndome incluso de que ese sonido haya salido de mis labios y camino con Regina hacia el exterior de la oficina mientras decidimos nuestro próximo destino.

Un destino que espero que marque un antes y un después y me pueda permitir darle al botón de encendido a una vida que yo misma había paralizado por miedo a lo desconocido, por miedo a que todo lo que tenía bajo control acabara cayendo a mis pies como si de un castillo de naipes se tratara.

◆◆◆

Me arrepiento de mi decisión en cuanto las luces de neón de la discoteca se presentan ante mis ojos mientras Regina intenta hacerse con unas entradas a unos metros de mí.

Llevo tanto tiempo sin salir de fiesta que no puedo evitar sentirme fuera de lugar.

Pero, joder, tengo veinticuatro años y la fiesta no se acaba a cierta edad, ¿no?

Antes de que pueda seguir pensando más de la cuenta, los gritos de alegría de Regina se acercan a mí mientras me hace entrega de mi entrada.

—Hay que ver lo que un par de ojos bonitos pueden hacer —comenta, señalándose a sí misma.

—Regina… —Llamo su atención a pesar de que me siento una persona de mierda por querer acabar la noche cuando ni siquiera ha empezado todavía.

—No estás obligada a salir esta noche, Scarlett.

Si te agobias en algún momento puedes decírmelo sin problema y seré la primera que llamará a un taxi para que nos lleve a casa.

Pero, por favor, permítete disfrutar, aunque sean tres canciones seguidas, ¿vale?

—Entrelaza sus manos con las mías y siento mi corazón calentarse ante el gesto.

Asiento y eso es motivo suficiente para que Regina coja mi mano y me arrastre hacia el interior del local, que nos recibe con una enorme oleada de calor concentrado y música a todo volumen.

Encontramos a duras penas el guardarropa para dejar nuestros abrigos y una vez nos cercioramos de que se encuentran a buen recaudo nos adentramos en el interior de la pista al tiempo que el DJ cambia de canción .

Zombie Lady de Damiano David consigue que Regina saque a la fiestera que lleva dentro y empiece a moverse al ritmo de la voz del italiano.

Por mi parte, me limito a seguir sus pasos y tratar de no parecer un pato mareado.

En cuanto me doy cuenta de que la rubia ha dejado de contonearse con su espectacular cuerpo y da inicio a unos pasos de baile de lo más desacompasados solo para hacerme reír, me contagio de su energía y, por primera vez en mucho tiempo, me dejo llevar.

Mis brazos se alzan al llegar el estribillo y mis rizos se mueven con todos los movimientos de mi cabeza, movimientos que ni siquiera sé si tienen sentido, pero con los que disfruto muchísimo.

Regina se acerca a mi oído en un momento para gritarme que va a ir a por un par de bebidas y a pesar de que pienso en la idea de decirle que no quiero pasarme mucho, acabo asintiendo.

Una copa no va a hacerle daño a nadie, ¿no?

◆◆◆

Unas horas después y con la única copa que he tomado bailando en mi estómago, mi cuerpo se mueve al ritmo de una canción que no conozco mientras compruebo que Regina todavía sigue en el baño.

El roce de una mano temblorosa en mi hombro hace que me dé la vuelta para comprobar si se trata de la rubia, pero me sorprendo al darme cuenta de que es un chico que debe rondar mi edad.

Frunzo el ceño para darle a entender que no sé qué quiere de mí y mi pulso se acelera cuando se acerca a mí para gritar contra mi oído:

—¿Es tu primera vez aquí?

Pongo los ojos en blanco, planteándome salir por patas y no entablar conversación con él, pero luego recuerdo que no tengo nada mejor que hacer hasta que Regina vuelva del baño, así que salto otra barrera más esta noche y sigo hablando con el chico rubio de ojos verdes que me sostiene la mirada mientras debato conmigo misma qué narices hacer.

Trago saliva, más nerviosa de lo que lo he estado nunca y ahora soy yo la que se acerca a su oído para seguir con la conversación.

—Mi amiga me ha arrastrado aquí en contra de mi voluntad por su cumpleaños. No me he podido resistir.

Algo en mí se enciende de una manera bonita al haber podido referirme a Regina como amiga. Me gusta cómo suena eso.