Capítulo 50
—Finalmente has entrado en razón, amigo mío —dice Atticus apenas entramos a su restaurante—. Y has marcado a la mujer más hermosa de Turquía como tuya, de forma definitiva.
Por lo visto, ambos hicieron las paces, porque tuve la sensación de que mi prometido iba a matarlo la última vez que nos vimos.
Para mi sorpresa, después de la disculpa y luego de la propuesta de matrimonio más hermosa que alguien podría llegar a hacer, él quiso salir.
Antes de nuestra separación, me habría lanzado sobre la cama y me habría dejado desnuda en un abrir y cerrar de ojos para celebrar también con nuestros cuerpos.
Me pregunto si es porque tiene miedo de lastimarme, a pesar de lo que le preguntó al médico, o si quiere postergar nuestro placer como una especie de tortura mutua.
—Ella siempre ha sido mía —responde con su arrogancia de siempre.
Atticus me da un beso en la mejilla y recibe un gruñido del amigo como respuesta.
—¿Es verdad eso, April? ¿Siempre has sido de él?
—Sí, igual que él me pertenece a mí. Somos posesivos y territoriales los dos. No tengo ninguna duda de que nuestro hijo…
—¿Hijo?
—O hija —dice Kahraman con orgullo—. Mi bebé se está formando aquí mismo —continúa, pasando la mano por mi vientre.
—¡Ah, entonces tenemos que celebrarlo con un baile!
Sé que el restaurante ofrece música en vivo todas las noches porque él me lo contó la primera vez que vine, pero aquel día salimos casi corriendo hacia casa, desesperados por caer en los brazos del otro.
Por mi parte, nada ha cambiado, pero quizá deberíamos divertirnos un poco fuera de las cuatro paredes.
Una hora y media después de cenar y de pasar un tiempo en la pista de baile entre turistas y locales, vuelvo a nuestra mesa sudada y sonriendo.
Bailamos el sirtaki, que consiste en personas colocadas lado a lado, con los brazos sobre los hombros de los otros, moviendo piernas y manos.
No soy especialmente coordinada, pero tampoco hice el ridículo. Creo que nunca me había divertido tanto en mi vida.
—Estás feliz —dice Kahraman, también sonriendo.
—Mucho. Fue la mejor idea del mundo venir a esta isla. Amo este lugar.
—Estaba pensando en deshacerme de la casa —dice, tomándome de la mano y atrayéndome a su regazo, indiferente a los clientes del restaurante—, pero la voy a conservar si eso mantiene esa sonrisa tan hermosa.
—Podemos venir con nuestros hijos.
—Sí, vamos a llenar la casa.
Escondo el rostro en la curva de su cuello mientras absorbo esa promesa.
—Quiero una familia grande, pero no quiero que lo hagas por mí. Es algo que los dos tenemos que desear.
—No pensé que quisiera casarme. Miraba a mis hermanos y creía que con los sobrinos era suficiente, pero en el momento en que escuché el corazón de nuestro bebé… —Cierra los ojos—. Quiero muchos.
—Pueden nacer varias niñas con mi carácter.
—Me encantará mandar sobre ellas como hago con su madre.
—En tus sueños, señor Aydin. Ahora llévame a casa. No puedo esperar más para sentirte dentro de mí otra vez.
Kahraman
Como un hombre de las cavernas, desde el momento en que April dijo que quería volver, no tardé ni dos minutos en llegar al auto.
Esta vez yo conduzco, y solo cuando ella abre mi cierre y comienza a masturbarme, entiendo que cometí un error.
—Estoy desesperado de deseo, April. Casi seis semanas sin tocarte y ya he pasado mi límite hace mucho. No me provoques.
—Te veías muy controlado dentro del restaurante, mi prometido —bromea, ignorando lo que digo y moviéndose con más intensidad.
—No debería hacer esto…
—¿Esto qué?
Detengo el auto a un lado del camino y nos quito los cinturones de seguridad.
Ella intenta venir a mi regazo, pero la detengo.
—No. Quiero espacio para hundirme en ti.
Bajo del auto, rodeo el vehículo y abro su puerta.
La saco casi de golpe y la dejo de pie, con las manos apoyadas sobre el capó. Levanto su falda y rompo su ropa interior de un tirón.
—Iba a hacerlo despacio. Quería hacerte correr en mi boca muchas veces antes de enterrarme en tu apretada vagina, pero eso lo dejo para la segunda vez de la noche. No puedo esperar.
Toco su entrada y casi gruño cuando la siento empapada en mis dedos. Es solo cuestión de tiempo antes de sacar mi miembro, encajarme en ella y recorrer todo el camino cálido y húmedo dentro de mi mujer.
—Ah…
—¿Era esto lo que querías? Eres mi perdición, April. Nunca voy a poder controlarme contigo, hayatım[37].
Ella se mueve, intensa, mientras sujeto su culo con ambas manos.
—Si estoy siendo demasiado brusco, dímelo, porque no estoy pensando con claridad.
La hago recostarse sobre el capó y separo sus piernas con mis pies para tener más acceso.
Entro con fuerza, empujando cada vez más duro, en un ritmo salvaje.
Sujeto sus caderas para controlarla, manteniéndola como quiero.
Ella empuja el cuerpo hacia atrás y le doy una palmada en el culo.
—Otra vez. Golpéalo otra vez.
—Maldición, April.
Entro y salgo de la calidez estrecha de su sexo y levanto una de sus piernas para profundizar aún más.
No hay ternura en lo que hacemos. Es pura pasión, cruda e implacable.
Me inclino para estimular su clítoris porque estoy a punto de venirme.
—Córrete conmigo —ordeno, mordiendo el lóbulo de su oreja.
Ella gime y siento su cuerpo contraerse.
La embisto con más fuerza, en movimientos largos y profundos.
Ella grita mi nombre y me entrega su miel, cubriendo mi verga con sus fluidos.
—¿Te duele? —pregunto, completamente fuera de mí.
—No pares.
—No es lo que pregunté.
—Sigue hasta que te corras. Quiero sentirte mojándome.
¡Mierda!
Entro varias veces más, obsesionado con la visión de mi miembro perdiéndose dentro de su cuerpo, y entonces, sin control, exploto dentro de ella.
—Te amo, April. Con todas nuestras locuras y peleas, estoy completamente enamorado de ti.
Kahraman
Turquía
Quince días después
—¿Odin? ¿Me estás diciendo que vienes a Turquía?
—No. Ya estoy en Estambul. Lo que tenemos que hablar debe ser en persona.
—¿Descubriste lo de los mensajes?
—Sí.
—Hoy mi madre está organizando una cena familiar. Eres bienvenido, pero podemos tratar este asunto después de comer.
—Como quieras, Kahraman. ¿A qué hora debo ir?
—A las ocho. Te enviaré la dirección.
Él se ríe y lo entiendo de inmediato.
—Ya la tienes.
—Sí, la de toda tu familia.
Niego con la cabeza, preguntándome cómo todavía puede sorprenderme.
—¿Y qué pasa con Berat?
—Te explicaré todo en persona, pero el asunto también está resuelto. Nos vemos en un rato.
Cuelgo el teléfono, sabiendo que lo que traerá no serán buenas noticias. Odin jamás viajaría desde Nueva York si no fuera algo serio.
—¿Qué pasó?
—Aún no lo sé, pero ¿recuerdas al amigo del que te hablé que estaba investigando los mensajes que fueron plantados en tu teléfono?
Ella hace una expresión angustiada porque ese tema aún la lastima.
—Sí.
Me levanto y la atraigo a mis brazos.
—Eso quedó atrás, April, pero yo nunca olvido una ofensa. Quien planeó eso quería separarnos.
—Lo sé, pero no puedo imaginar quién querría hacerme daño además de Berat. Y en cuanto a él, ahora ya sabemos el motivo.
—Sí, pero a estas alturas ya descubrió que el dinero ya no está a tu nombre.
—¿Cómo?
—No me preguntes, amor. Cuanto menos sepas, más protegida estarás.