Acuerdo con El Magnate Turco Posesivo (Multimillonarios Turcos nº 2) Capítulo 17
32%

Capítulo 17

—¿April? —pregunta el miserable de Berat en cuanto atiendo la llamada. Reconozco su odiosa voz de inmediato.

No sabía que era él porque no tengo su número guardado en el celular, pero ahora que contesté, no puedo cortarle en la cara. Nuestra situación es más delicada que nunca.

Acababa de despedirme del abogado a la salida de la prisión cuando el teléfono sonó.

El chofer que me llevó estaba esperándome cuando salí, así como otro vehículo detrás, con guardaespaldas.

Estoy acostumbrada a moverme con ellos por Turquía, pero hasta ahora eran empleados de mi padre. Kahraman se está tomando en serio la idea de cumplir la promesa que le hizo a su padrastro.

—¿En qué puedo ayudarle? —respondo con toda la formalidad que consigo y tratando de mantener la voz firme.

—Tu plazo se está agotando.

—No sé de qué está hablando.

—Sí lo sabes. Te dije que, si rechazabas mi invitación, eso te traería consecuencias.

—¿Por invitación se refiere a la imposición que me hizo, obligándome a ser anfitriona de la fiesta que pretende ofrecer? ¿O tal vez a creer que puede forzarme a hacer un viaje?

—Ya te advertí una vez que moderes tu tono conmigo. No suelo repetir las cosas, pero haré una excepción porque eres demasiado joven y demasiado ingenua como para entender el peligro.

—¿Qué es lo que quiere?

—Pensé que a estas alturas estarías más dócil, después de todo ya debes saber que tu hermano me debe un millón de euros. Fue divertido verlo perder. El fracasado no sabía cuándo detenerse. Tuve que ser yo quien pusiera fin al juego.

—¿Cómo tuvo el descaro? ¿Cómo pudo engañar a un joven que apenas es más que un niño?

—Ahórrate tus juicios. No te llamé para eso, sino para decirte que estás en un callejón sin salida: o vienes conmigo o tendrás que abandonar la casa.

—No. Está equivocado. Tengo una tercera opción —digo, sintiéndome momentáneamente victoriosa.

Es una sensación agradable, pero también fugaz.

Mudarnos a la casa que Kahraman nos ofrecerá no hará desaparecer la deuda de Hayden.

—¿Y cuál sería esa opción?

Respiro hondo para reunir valor. Cada célula de mi cuerpo sabe que estoy tratando con alguien peligroso.

—Hayden y yo estamos bajo la protección de los Yavuz Aydin.

—¿Qué?

—Estoy segura de que no tiene problemas de audición, señor Demirci. Nos iremos de su casa de inmediato.

Intento mostrar mucha más firmeza de la que realmente siento.

—Tú me perteneces. Tengo un acuerdo con tu padre.

Tiemblo de nervios. Apenas puedo creer que, en pleno siglo veintiuno, alguien siga pensando que una mujer es un objeto que puede negociarse.

—Creo que necesita actualizarse, señor. Las cosas se poseen, las personas no.

Se queda en silencio durante unos cinco segundos antes de continuar:

—Te doy mi palabra de que pagarás cada insulto. O vienes a mi casa o cobraré la deuda de tu hermano.

—¡No puede hacer eso! Él tiene un plazo para pagarla.

—Puedo y lo haré.

—Yo voy a pagarle.

—No me interesa el pago en dinero.

—No puede negarse a recibirlo. ¿Cree que soy estúpida? Si la deuda que Hayden contrajo es legal hasta el punto de poder reclamarse en la justicia, entonces no hay forma de que usted pueda rechazar el pago en efectivo. A menos que, al igual que mi padre, esté involucrado en negocios ilegales.

Desearía poder tragarme esas palabras, porque sé que fui imprudente, pero ya es demasiado tarde. Él me llevó más allá de mi límite.

—Te vas a arrepentir muchísimo, muchacha. ¿De verdad crees que tus protectores te darán un millón de euros? Porque esa sería la única manera de conseguir esa cantidad. A tu padre no le queda nada y, además, se va a pudrir en la cárcel durante muchos años.

—Que tenga una buena tarde, señor Demirci.

—Quiero a los dos fuera de mi casa, pero esto no ha terminado, April. Pronto tendrás noticias mías.

Él corta la llamada y, en ese mismo instante, llamo a Hayden.

—Vete a un hotel.

—¿Qué?

—No discutas conmigo, Hayden. Vete a un hotel. Acabo de hablar con Demirci.

—¡Dios mío!

—No es momento de entrar en pánico, hermano.

—April, todas nuestras tarjetas de crédito fueron canceladas. ¿Cómo quieres que me hospede en un hotel?

Maldición.

—Tengo dinero guardado en mi joyero. No es mucho, pero alcanza para una o dos noches en un hotel decente.

—Hay guardaespaldas del señor Aydin afuera de la casa. ¿Les digo adónde voy?

—Sí. Los necesitas. Escucha con atención lo que voy a decirte, Hayden. Estamos en peligro real.

—¿Hablaste con papá?

—Sí, pero te lo contaré todo en persona. En cuanto te instales, mándame un mensaje. Y no salgas del hotel bajo ninguna circunstancia. Llévate tus maletas y las mías también. Ya dejé todo listo en el cuarto.

Después de colgar, cierro los ojos por unos segundos, pensando en la conversación en la prisión y ahora en la llamada de Demirci.

Es como estar atrapada en una pesadilla de la que no puedo despertar. Sé que la decisión de alejar a mi hermano del alcance de Berat es solo una solución temporal.

La deuda sigue ahí y, si ese miserable cumple su amenaza, será ejecutada mucho antes de que se cumpla el mes.

Repaso mentalmente las palabras de mi padre.

“Te prohíbo aceptar limosnas de los Aydin”.

“Porque prefieres que me convierta en una esclava sexual de tu socio de negocios”.

Esclava sexual.

Ese sería mi papel si aceptara la propuesta indecente de Berat, sin importar cuánto intente disfrazarla con el título de esposa.

No voy a ser esclava de ningún hombre. Nunca más permitiré que alguien controle mi vida.

El celular se ilumina con la llegada de un mensaje.

Kahraman: “Sé que ya salió de la prisión. Hablemos sobre su mudanza”.

“Necesitaré el inmueble de inmediato. Hoy mismo, si es posible”.

Kahraman: “Lo hablaremos en persona. Le pediré a mi chofer que la lleve a mi oficina”.

“De acuerdo”.