Acosador del carnaval (Serie Carnaval) EPÍLOGO
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EPÍLOGO

PHOENIX

Un año después…

Tilly se prepara para Halloween, con los ojos brillantes y el cuerpo vibrante de emoción. Me recuerda a una mariposa que emerge de su capullo, radiante y llena de vida. Ha pasado un año desde que la traje a mi mundo, y ha florecido como una flor en plena primavera.

Nuestro tráiler está lleno del aroma de su perfume y el sonido de su risa mientras se mueve de un lado a otro, tratando de decidir el disfraz perfecto.

La veo dudar, dividida entre una pirata sexy y un hada mística.

Se da cuenta de que la estoy mirando y me dedica una sonrisa que le marca los hoyuelos en las mejillas.

—¿Qué opinas, Phoenix? ¿Debería ser una pirata o un hada esta noche?

Me levanto del escritorio, incapaz de concentrarme en el proyecto de programación en el que había estado trabajando. La pregunta de Tilly me devuelve al presente, y la contemplo, tan llena de vida y energía.

—Estarías preciosa con cualquiera de los dos —respondo con voz suave—. Pero tengo debilidad por las hadas.

Se ríe y adopta una pose juguetona mientras las alas verdes y moradas del disfraz revolotean.

—Entonces está decidido. Esta noche seré un hada y encandilaré a todos en el carnaval.

Camino hacia ella, incapaz de resistir la atracción de su energía y entusiasmo.

—Solo ten cuidado a quién encandilas —advierto mientras poso las manos en sus caderas—. No quiero tener que asesinar a nadie esta noche.

Los ojos de Tilly brillan de deleite mientras me recorren de arriba abajo. He elegido disfrazarme de su personaje favorito de videojuegos, Ghost de Call of Duty, y su expresión me dice que tomé la decisión correcta. El disfraz está casi completo salvo por un elemento crucial.

—Te olvidaste de la máscara —bromea.

Sonrío con suficiencia y cojo la máscara del escritorio. Al ponérmela, me transformo en la figura misteriosa de Ghost.

—¿Mejor? —pregunto con la voz amortiguada por la máscara.

Asiente y aplaude.

—¡Mucho mejor! Ahora los dos estamos listos para la noche de terror.

Normalmente, la perspectiva de asistir al carnaval me provocaría un malestar enfermizo, pero con Tilly todo ha cambiado.

Juntos, salimos a la animada atmósfera del carnaval, con sus luces y sonidos envolviéndonos. La emoción de Tilly es contagiosa, y noto cómo me relajo y disfruto del momento.

Deambulamos por el carnaval y atraemos miradas curiosas de los transeúntes. Tilly me arrastra para charlar con sus amigas, Lily, Alice y Aurora. Me alegra que esté encontrando su lugar aquí, que se mezcle con otros.

Lars carraspea y me da una palmada en el hombro.

—Me alegra verte fuera de ese maldito tráiler, tío.

Lo fulmino con la mirada a través de los orificios de la máscara, ya que odio que la gente me toque.

Se limita a reírse y sacudir la cabeza.

—Relájate. Es Halloween.

Cade, disfrazado de zombi, se vuelve hacia mí con una sonrisa.

—Así que, Phoenix, por fin has decidido unirte a la tierra de los vivos, ¿eh?

Pongo los ojos en blanco detrás de la máscara.

—Muy gracioso, Cade. Estoy aquí por Tilly, no para tu diversión.

Lars se ríe.

—Vamos, tío. Tienes que admitir que es agradable verte por aquí. Estaba empezando a pensar que te habías fusionado con el ordenador.

Le hago un corte de mangas, pero sin verdadera mala intención.

—Que te jodan, Lars.

Cade resopla.

—Sí, ocupado hackeando las vidas de todos.

Me tenso, listo para defenderme, pero la voz grave de Gage nos interrumpe.

—Dejadlo en paz. Cada uno tiene sus manías.

Nos volvemos hacia Gage, que está cerca, con su habitual máscara de calavera bien puesta.

Lars arquea una ceja.

—Hablando de manías, Gage, ¿dónde está tu disfraz?

Gage ladea la cabeza.

—Este es mi disfraz.

Cade estalla en carcajadas.

—¿En serio? ¡Llevas la misma maldita máscara de siempre!

Ni siquiera yo puedo evitar reírme. Gage se limita a encogerse de hombros, imperturbable.

—A mí me funciona.

Lars sacude la cabeza sin dejar de sonreír.

—Eres un tipo raro, Gage. Pero supongo que todos lo somos, a nuestra manera.

Asiento, invadido por una sensación de camaradería con estos hombres. Puede que tengamos diferencias, pero nos entendemos de maneras que los de fuera nunca podrían.

Tilly viene dando saltitos hacia nosotros, con las alas de hada revoloteando a su espalda.

—¿De qué estáis hablando, chicos?

Le rodeo la cintura con un brazo y la atraigo hacia mí.

—Admirando la creatividad de Gage a la hora de elegir disfraz.

Se ríe y se apoya en mí.

—Bueno, creo que todos estáis geniales. ¡Venga, vamos! ¡Hay tanto que ver y hacer!

Mientras me arrastra, echo un vistazo atrás a los chicos, invadido por una sensación de pertenencia que nunca había experimentado. Por primera vez, me siento parte de algo más grande que yo. Y con Tilly a mi lado, sé que todo es posible.

Por supuesto, las viejas costumbres nunca mueren. A medida que avanza la noche, me descubro volviendo a mis tendencias gruñonas, especialmente cuando nos cruzamos con un grupo de adolescentes alborotadores. Pero Tilly percibe enseguida mi cambio de humor, me coge suavemente la mano y me la aprieta.

—No dejes que nos arruinen la noche —susurra con los ojos brillantes de determinación—. Vamos a comprar algodón de azúcar y a buscar un buen sitio para los fuegos artificiales.

Asiento, agradecido por su presencia y su inquebrantable capacidad para apartarme del abismo de mis pensamientos más oscuros.

Mientras caminamos de la mano, con la máscara aún puesta, me doy cuenta de que, aunque puede que nunca me libre del todo de mi carácter gruñón, con Tilly a mi lado puedo encontrar momentos de paz e incluso de disfrute en el caos del carnaval.

A medida que el carnaval se va apagando y las multitudes comienzan a dispersarse, la noche adquiere un aire diferente.

Las sombras se alargan y un silencio cae sobre el recinto antes tan animado.

Es en estos momentos tranquilos cuando Tilly brilla con más intensidad, con los ojos chispeantes de picardía.

Sé lo que está pensando: es la noche perfecta para una de nuestras aventuras arriesgadas.

Observo cómo se acerca a los coches de choque, recorriendo el área con la mirada. Reconozco ese brillo en sus ojos; está planeando algo travieso. Esbozo una sonrisa de suficiencia, ya sabiendo lo que tiene en mente.

Vuelvo a meterme en la piel de Ghost, me pongo la máscara y sigo sus pasos silenciosos. Con cada paso, me adentro más en el personaje, hasta convertirme en la figura misteriosa y amenazante que fascina y excita a Tilly.

La veo de pie cerca de los coches de choque, con los ojos fijos en mí, llenos de anticipación. Sin decir palabra, avanzo hacia ella con movimientos deliberados y decididos. Ella retrocede, haciendo el papel de transeúnte inocente, pero puedo ver el deseo que arde en sus ojos.

Extiendo la mano y la agarro, tirando de ella hacia mí. Se resiste, pero soy demasiado fuerte, y sé que esto es lo que quiere. Continúo con la farsa: me subo a uno de los coches y la obligo a sentarse a horcajadas sobre mí.

Forcejea, empujándome el pecho con las manos mientras la sujeto.

—Por favor, déjame ir —susurra con voz teñida de miedo fingido—. No hagas esto.

Gruño en respuesta, un sonido amortiguado por la máscara. Le agarro las caderas con fuerza.

—Sabes lo que quiero —digo con voz áspera—. No lo hagas difícil.

Se muerde el labio mientras su pecho sube y baja con respiraciones exageradas.

—No —dice—. No cederé a tus exigencias.

Me inclino hacia ella hasta rozarle la oreja con los labios.

—No tienes opción —susurro.

Y con eso, le rasgo las bragas en dos, me bajo la cremallera y froto mi polla contra su sexo empapado.

Sonrío al ver cómo abre los ojos con sorpresa. Su cuerpo es suave y cálido contra el mío, sus curvas apretadas contra mí mientras se sienta a regañadientes en mi regazo. Interpreta bien el papel, fingiendo resistirse incluso mientras siento su calor y su humedad contra mi miembro.

—¿No quieres esto, hadita? —gruño mientras le agarro las caderas con gesto posesivo—. Dime que no quieres mi polla.

Sacude la cabeza, con la respiración entrecortada.

—No... No lo haré...

Sus palabras se apagan mientras la levanto y la coloco justo sobre mi polla palpitante.

Con un movimiento rápido, la penetro, hundiéndome en su interior cálido y apretado. Sus ojos se ponen en blanco y su boca se abre en un grito silencioso. Siento cómo se contrae a mi alrededor e intenta alejarse, pero la mantengo firmemente en su sitio.

—Puedes luchar todo lo que quieras —murmuro con la voz espesa de deseo—. Pero ambos sabemos que me deseas.

La embisto una y otra vez, deleitándome con la sensación de su suavidad envolviéndome. Sus gemidos fingidos solo me animan más, y gruño de placer mientras hundo los dedos en sus caderas.

—Eso es, nena —la animo con voz áspera junto a su oído—. Tómalo todo. Siente lo profundo que estoy dentro de ti.

Se retuerce, pero es inútil. La levanto y la bajo sobre mi miembro, y cada movimiento me lleva más profundo dentro de ella. El placer aumenta, y siento cómo se contrae a mi alrededor, su cuerpo respondiendo aunque finja resistirse.

—Te gusta, ¿verdad? —la provoco al sentir su humedad cubriéndome—. Admítelo, hadita. Admite que te encanta mi polla.

—No... —jadea con el pecho agitado—. Lo odio... por favor... para...

Me río entre dientes, con el aliento caliente contra su cuello.

—Mentirosa —susurro antes de lamerle y mordisquearle la piel sensible—. Estás empapada para mí. Tu cuerpo no puede mentir.

Sigo moviéndola arriba y abajo sobre mi miembro, y cada embestida me acerca más al límite. La sensación es increíble, y la agarro con más fuerza, sin querer soltarla.

—Eso es, nena —gruño mientras pierdo el control—. Córrete para mí. Déjame sentir cómo te deshaces alrededor de mi polla.

Su respiración se entrecorta y su cuerpo se tensa; siento cómo se contrae rítmicamente a mi alrededor mientras el orgasmo la invade. Su calor me consume, y con unas cuantas embestidas más, me dejo ir, gruñendo su nombre mientras la lleno con mi semen.

Me desplomo hacia atrás contra el asiento y la mantengo pegada a mí, con los brazos envueltos firmemente alrededor de ella. Gira el rostro, manteniendo la farsa de resistencia incluso mientras siento cómo su cuerpo se relaja contra el mío.

—Admítelo —susurro rozándole la oreja con los labios—. Admite que te encantó.

Tilly duda, con los ojos brillantes de picardía.

—¿Y si no lo hago? —pregunta con voz juguetona—. ¿Lo harás otra vez?

Gruño al sentir que mi deseo despierta de nuevo.

—Eres un hada traviesa —le digo mientras mis manos recorren su cuerpo con gesto posesivo—. Un hada codiciosa. Pero te quiero por ello.

Se inclina y presiona sus labios contra los míos en un beso lleno de pasión y anhelo.

—Yo también te quiero —susurra mientras me levanta la máscara lo justo para dejar mi boca al descubierto.

Y así, sin más, estamos besándonos, con nuestros cuerpos aún entrelazados, la conexión entre nosotros tan intensa como siempre. Sus dedos se enredan en mi cabello y me atraen hacia ella, y respondo con entusiasmo, enredando mi lengua con la suya.

El mundo a nuestro alrededor se desvanece, y todo lo que existe es este momento, esta conexión con Tilly. Ella insufló vida a mi alma y ahuyentó la oscuridad.

Había pasado tantos años viviendo en las sombras, con mi vida consumida por la obsesión y la soledad.

Pero ahora, con Tilly a mi lado, el sol se ha abierto paso y proyecta luz sobre un futuro que nunca creí posible.

Ella es mi salvadora, mi luz en la oscuridad, y sé que haré todo lo que esté en mi mano para protegerla y mantenerla a salvo.

Nuestros labios no se separan mientras la levanto de mi regazo y me pongo de pie, sosteniéndola firmemente contra mí. Rodeo el coche de choque, la coloco sobre el capó, y entonces estoy dentro de ella otra vez, con nuestros cuerpos moviéndose en perfecta sincronía.

La intensidad aumenta mientras nos besamos y nos tocamos, con nuestras manos explorando territorio familiar con renovado fervor. Siento que pierdo el control mientras la embisto, y ella se contrae a mi alrededor, atrayéndome más adentro.

Me aparto de sus labios y entierro el rostro en su cuello, con el aliento caliente contra su piel.

—Eres mía —gruño con la voz espesa de deseo—. Solo mía.

Tilly gime y me clava las uñas en la espalda.

—Sí —jadea—. Tuya, siempre.

Sus manos, que habían estado empujando contra mi pecho, ahora se deslizan hacia mi espalda, atrayéndome hacia ella y animándome a penetrarla más hondo. —Sí —gime mientras su falsa resistencia se desvanece—. Tómame, Ghost. Hazme tuya.

Y lo hago. Con cada embestida, la reclamo como mía. El coche de choque cruje bajo nosotros y su movimiento añade intensidad a nuestra pasión.

A medida que nuestro placer aumenta, siento sus paredes apretarse a mi alrededor, su respiración convertida en jadeos entrecortados. —Córrete para mí —gruño con voz exigente—. Córrete sobre mi polla.

Ella obedece; su cuerpo tiembla mientras alcanza el clímax, su falso miedo olvidado hace rato. La sigo poco después; mi propio orgasmo me atraviesa mientras la lleno con mi esencia.

Me inclino y apoyo mi frente contra la suya mientras ambos recuperamos el aliento. Sé que puede sentir cómo mi corazón late con fuerza bajo la máscara, y me pregunto si percibe lo profunda que es mi obsesión por ella. Lentamente, me quito la máscara y le revelo mi verdadera identidad una vez más.

Ella sonríe, con los ojos brillantes de satisfacción y amor. —Desde luego que sabes cómo hacer que Halloween sea memorable, Phoenix —dice con suavidad.

La atraigo hacia mis brazos y la estrecho contra mí mientras la realidad de nuestra vida juntos cala en nosotros. —Y pienso hacer que cada Halloween del resto de tu vida sea igual de memorable.