Acosador del carnaval (Serie Carnaval) PHOENIX
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PHOENIX

Me recuesto en mi silla, respirando hondo mientras caigo en la cuenta. No fueron las autoridades en absoluto. Alguien ha estado jugando un juego retorcido, dejándome pistas para que las siguiera.

Mis dedos vuelan sobre el teclado mientras profundizo en los informes falsos. Cuanto más desentraño, más claro queda: un hacker rival está jugando conmigo, intentando que cometa un error y me exponga.

Una risa grave escapa de mis labios. Deberían saber que no hay que subestimarme. Soy el mejor en esto y no me dejaré engañar tan fácilmente. Con unas pocas teclas, sigo el rastro digital hasta su origen y descubro la identidad del hacker.

Se me revuelve el estómago cuando reconozco el estilo de codificación característico. Veronica.

La muy perra tiene mucho morro. Está jugando, pensando que puede meterse en mi cabeza y joderme. Pues está a punto de aprender una dura lección. Me inclino hacia adelante, entornando los ojos mientras me concentro en la pantalla.

La ira hierve dentro de mí como lava. Todavía puedo sentir las manos de esa serpiente sobre mí, oír sus susurros enfermizos. Se aprovechó de mi inocencia y me dejó traumatizado.

Huí de ella, buscando refugio en el carnaval, pero no se rindió. Siguió intentando rastrearme como un cazador que persigue a su presa. Tuve que borrar mis huellas y vivir con el miedo constante de que volviera a encontrarme.

Pero ahora las tornas han cambiado. Lo único bueno que hizo por mí fue enseñarme a programar, y ya no soy ese niño asustado. Ahora soy alguien con quien hay que tener cuidado. Me aparto del escritorio y las ruedas de mi silla chirrían contra el suelo.

El corazón me martillea en el pecho mientras la adrenalina corre por mis venas. Quiero enfrentarme a esa perra y hacerla pagar por lo que hizo. Que sufra como me hizo sufrir a mí.

Miro la pantalla con incredulidad, con la sangre hirviéndome mientras las piezas encajan. ¿Cómo demonios consiguió acceso a mis sistemas? Pensé que lo había previsto todo, pero esa perra manipuladora logró colarse entre mis defensas.

Aprieto los dientes y me sumerjo en el código, escudriñando cada línea en busca de cualquier rastro de sus huellas digitales.

No tardo mucho en descubrir los hacks sutiles que ha implementado, dándole acceso a mis cámaras web y micrófonos.

Una oleada de náuseas me invade al darme cuenta de lo que implica.

Ha estado observándome... observándonos.

Mi mente retrocede a los momentos íntimos que Tilly y yo compartimos en este tráiler. Cómo su cuerpo se arqueaba bajo mis caricias, los sonidos de su placer resonando entre las paredes. Veronica ha violado nuestra intimidad y manchado esos momentos sagrados con su voyeurismo retorcido.

No le daré la satisfacción de verme perder el control. Tengo que mantener la calma. Elimino todos sus hacks y vuelvo a asegurar mis sistemas.

Aprieto los puños, las uñas clavándoseme en las palmas mientras respiro lenta y acompasadamente.

—No te saldrás con la tuya —susurro—. Expondré al monstruo que eres.

Una sonrisa fría se dibuja en mis labios mientras imagino el miedo que la consumirá cuando se dé cuenta de que ahora yo soy el cazador. Robó mi inocencia, pero no se llevará a Tilly. La destruiré pieza a pieza y le mostraré el verdadero significado del poder.

Tilly entra en el tráiler con el irresistible aroma de salchichas rebozadas llenando el aire. Se me hace la boca agua por un instante, pero enseguida se despierta en mí un hambre familiar, una que ninguna comida puede satisfacer.

—Hola —dice con una sonrisa cálida capaz de borrar al instante la oscuridad de mi pasado, alzando la cesta de papel—. Pensé que tendrías hambre, así que nos he traído algo para picar.

Una risa grave retumba en mi pecho mientras la devoro con la mirada, recorriendo con los ojos las curvas de su cuerpo.

—Tengo hambre, sí, pero no de comida.

Las mejillas de Tilly se tiñen de un delicioso tono carmesí al captar el calor inconfundible de mi mirada. Conoce muy bien esa mirada, y puedo ver cómo crece la anticipación en su interior.

—En realidad —digo, haciéndole señas con el dedo para que se acerque—, tengo buenas noticias.

Deja la cesta a un lado y camina hacia mí, las caderas balanceándose con cada paso. Extiendo la mano, la atraigo hacia mi regazo y me deleito con la forma en que se derrite contra mí.

—¿El informe con el que me topé antes? ¿El de que las autoridades nos seguían la pista? —Le aparto un mechón de pelo de la cara—. Todo fue una artimaña de una perra celosa de mi pasado.

Tilly abre mucho los ojos, el alivio y la confusión reflejándose en sus delicadas facciones.

—Pero ¿por qué iba alguien a hacer eso?

—No importa —murmuro mientras le recorro el cuello con besos. Veronica tenía la idea enfermiza y retorcida de que yo no era su hijo, sino su pareja, cuando me acogió con solo diez putos años.

Y cuando huí, lo odió. Sé exactamente por qué. Es una perra celosa.

—Lo que importa es que la he descubierto, y me voy a asegurar de que se arrepienta de haberse metido con nosotros.

Tiembla en mis brazos, se le entrecorta la respiración mientras mis labios encuentran ese punto sensible bajo su oreja.

—¿Qué vas a hacer?

Una sonrisa maliciosa se dibuja en mis labios.

—Digamos que está a punto de aprender una dolorosa lección sobre las consecuencias de cruzarse conmigo.

Capturo sus labios en un beso abrasador, volcando todo mi deseo posesivo en el abrazo apasionado. Se derrite contra mí, los dedos enredándose en mi pelo mientras se rinde a la necesidad ardiente que nos consume a ambos.

Por ahora, el resto del mundo puede esperar. Lo único que importa es este momento, esta hambre insaciable que solo Tilly puede saciar. Y cuando llegue el momento de enfrentarme a mis demonios, Veronica deseará no haberse atrevido jamás a amenazar lo que es mío.