PHOENIX #2
Enredo los dedos en su pelo mientras la polla ya se me agita con anticipación.
—Voy a llenar cada agujero, marcar cada centímetro de ese cuerpo precioso, hasta que no quede duda de a quién perteneces.
La empujo suavemente hacia el colchón.
—Túmbate y déjame adorar ese cuerpo perfecto.
Le quito la camiseta y dejo al descubierto su sujetador de encaje y la curva de sus pechos. Con un movimiento de muñeca, deshago el broche y su piel cremosa queda expuesta ante mi mirada.
Tilly se muerde el labio pero me sostiene la mirada mientras bajo la cabeza para probarla. Mi lengua rodea un pezón erecto mientras con la otra mano le cojo el otro pecho, sopesando la carne suave.
Un suave gemido se le escapa mientras chupo con suavidad y le mordisqueo el pezón sensible.
—Joder, cómo respondes.
Su cuerpo se arquea, levantándose de la cama para ofrecerse a mí, y sonrío contra su piel.
—Eso es, nena —la animo—. Coge lo que necesites.
Paso al otro pecho, lo rodeo con la lengua, chupo con suavidad, y sus manos suben para enredarse en mi pelo.
—Justo ahí —susurra.
Sonrío contra su piel, encantado de lo bien que responde, consciente de que cada caricia de mi lengua, cada chupada, la está volviendo loca.
Voy dejando un rastro de besos por su vientre y hago una pausa para desabrocharle los vaqueros; se los bajo lentamente por las piernas junto con las bragas de algodón. Ella levanta las caderas para ayudarme y admiro la vista: su coño desnudo, ya brillante de excitación.
Gimo, incapaz de resistirme, y me inclino para besarle los labios hinchados.
—Dios, me encanta verte así, toda abierta para mí.
La polla se me contrae ante la visión, ansiosa por estar dentro de ella.
—Ni se te ocurra parar ahí —dice, con un desafío en los ojos.
—Oh, nena, apenas estoy empezando.
Con esas palabras, me acomodo entre sus muslos y mi boca queda suspendida justo encima de su coño.
—Este coñito dulce ahora es todo mío.
Con un gruñido, me lanzo a por ella y mi lengua busca su clítoris, acariciándolo con firmeza.
—Oh, joder —gime, alzando las caderas de la cama—. Phoenix, por favor.
—¿Por favor qué, nena? ¿Quieres que siga lamiéndote ese coñito tan dulce?
—Sí —gime, retorciendo las manos en las sábanas—. No pares, por favor.
Obedezco encantado, lamiéndola, saboreando su excitación mientras le succiono el clítoris hinchado. Su aroma me inunda, volviéndome loco, y sé que no podré contenerme mucho más.
Las caderas le tiemblan salvajemente a medida que se acerca al clímax.
—Por favor, Phoenix, necesito...
—Sé lo que necesitas —gruño, apartándome para meterle los dedos—. Dime que quieres mi polla dentro de este coñito tan apretado.
—Por favor, necesito tu polla —gime, abriendo más las piernas para darme mejor acceso.
—Con mucho gusto.
Me coloco en su entrada, con la punta de mi polla presionando contra sus pliegues húmedos.
—Pero recuerda, este coño ahora es mío. Solo mi polla tiene derecho a abrirte así.
La miro a los ojos, buscando su rendición en esas profundidades avellana.
—Dilo.
—Tuyo —susurra con la voz cargada de deseo y rendición—. Este coño es tuyo, Phoenix.
—Así es, nena.
Sonrío mientras froto la punta contra su clítoris sensible. Con una embestida lenta y tortuosa, me hundo en ella, deleitándome con su estrechez ardiente envolviéndome.
—Oh, joder —gime, con los ojos entornados mientras me acoge—. Dios, qué bien me llena tu polla.
Me inclino para besarla profundamente mientras me muevo.
—Tú me vuelves loco, nena —gruño contra su boca—. Este coñito tan apretado parece moldeado para mi polla.
Alza las caderas para encontrar mis embestidas mientras me hundo en ella, y nuestros cuerpos chocan con fuerza. El sonido llena la habitación, un ritmo lascivo y erótico que alimenta mi deseo. Tilly jadea debajo de mí, retorciéndose mientras mi polla golpea ese punto que la hace ver las estrellas.
—¿Te gusta, nena? —gruño—. ¿Te gusta sentir mi polla machacándote ese coñito?
—Sí —jadea—. Qué bien... No pares.
—Nunca, nena.
Me inclino y la beso mientras embisto con más fuerza, con los huevos golpeándole el culo.
—Este coño es mío, y pienso dejarlo bien marcado.
Mi pulgar busca su clítoris y lo frota en círculos apretados mientras sigo hundiéndome en ella.
—Córrete para mí —ordeno—. Quiero sentir cómo ese coñito me aprieta la polla hasta exprimirla.
Mi nombre escapa de sus labios y me clava las uñas en los brazos en el momento en que el orgasmo la sacude. Siento cómo su coño se contrae alrededor de mi polla, ordeñándome, y apenas puedo contenerme.
Pero quiero darle más. Salgo de ella y la pongo a cuatro patas, colocándome detrás.
—Ahora te lo voy a dar duro, nena —advierto con la voz ronca de deseo—. Voy a follarte este coñito tan bien que mañana no vas a poder ni andar.
—Por favor —gimotea, agachando la cabeza mientras se somete a mí.
Me alineo con su coño y me hundo en ella de una sola embestida, enterrándome hasta las bolas.
—Joder —gruño, agarrándola de las caderas mientras empiezo a moverme, embistiéndola con fuerza—. Qué coño tan jodidamente bueno tienes, nena.
Marco un ritmo brutal, embistiéndola sin descanso, con los ojos cerrados mientras me pierdo en el placer. Tilly gime y empuja las caderas hacia atrás para encontrar mis embestidas.
Le busco el clítoris con el pulgar y lo froto en círculos apretados, queriendo llevarla al límite otra vez.
—Eso es, nena —la animo con voz ronca—. Córrete en mi polla.
Su coño se contrae a mi alrededor y grita, temblando entera mientras otro orgasmo la recorre.
—¡Joder, sí! —gruño, sintiendo cómo mi orgasmo se acerca mientras su estrechez me ordeña la polla—. Tómalo todo, nena. Tómame entero.
Con un gruñido ronco, me corro, y mi polla se contrae mientras le lleno el coño. Siento sus paredes palpitando a mi alrededor y me inclino sobre ella, rodeándola con los brazos mientras hundo la cara en su pelo, dejándome llevar por las oleadas de placer.
—Eso ha sido... —empieza a decir, sin aliento.
—Increíble —termino la frase por ella, saliendo de su interior y tumbándola suavemente boca arriba.
Se ríe, con los ojos brillantes.
—Es una forma de decirlo.
La atraigo hacia mí, la beso con suavidad y me siento en paz.
—Descansa un poco, nena —murmuro, acariciándole el pelo.
Tilly se acurruca a mi lado y su respiración se acompasa mientras se queda dormida. Me quedo despierto un rato más, simplemente observándola, sintiendo una oleada de instinto protector en el pecho. Ha pasado por tanto... y aun así sigue en mis brazos.
Y no pienso dejarla escapar jamás.