Acosador del carnaval (Serie Carnaval) PHOENIX
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PHOENIX

En los días siguientes, intento que Tilly se sienta más a gusto conmigo.

No la ato. En cambio, le doy cierta libertad para moverse por la caravana y hacer tareas sencillas como preparar la cena o trastear con código en uno de mis portátiles viejos que no tiene conexión a wifi.

Al fin y al cabo, no puedo fiarme de que no intente contactar con su familia.

También le compré algo de ropa para que esté más cómoda.

Es un pequeño gesto, pero espero que le demuestre que no pretendo hacerle daño de verdad, que quiero quedármela.

Cada noche, compartimos la misma cama. Mi cuerpo me traiciona cada vez, se excita solo con su proximidad.

Los recuerdos de aquella noche en el bosque se reproducen vívidos en mi mente, y luego su castigo, que acabó conmigo follándome su culo.

Pero me resisto a actuar según mis impulsos, no quiero presionarla demasiado ni demasiado rápido.

Esto tiene que avanzar a su ritmo ahora.

Esta noche, mientras recogemos después de una cena sencilla de pollo que ella preparó, pruebo con un enfoque diferente.

—Oye, ¿qué tal si esta noche me enseñas lo buena que eres programando? Podría ser divertido ver tu nivel antes de que empecemos las lecciones.

Sus ojos se iluminan brevemente antes de que vuelva esa mirada cautelosa. Pero asiente despacio.

—Vale, sí. Claro.

Le hago un gesto a Tilly para que me siga hasta mi mayor orgullo: mi impresionante setup de ordenadores con múltiples monitores de alta definición. Es el centro neurálgico de todas mis actividades de hacking, aunque esa parte no se la menciono.

Me acomodo en mi lujosa silla gaming y abro una interfaz de programación de aspecto complejo en la pantalla central. Líneas de código se desplazan en una ventana de terminal mientras un modelo de malla 3D gira en la pantalla de arriba.

—Este es uno de los IDEs que uso bastante —explico, mirando a Tilly—. ¿Conoces este entorno?

Se le abren los ojos al ver todo el equipo.

—Sí. Usamos este mismo programa en mi curso avanzado de programación el semestre pasado. Estaba empezando a pillarle el truco a la integración de renderizado 3D.

—¿En serio? Vaya, estoy impresionado —le dedico una sonrisa—. La mayoría de la gente mira esto como si fuera chino. ¿Quieres enseñarme en qué estabas trabajando?

Tilly asiente con un destello de emoción en los ojos. Echo mi silla hacia atrás para darle espacio y que se acerque al teclado. Sus dedos vuelan sobre las teclas y abre los archivos del proyecto y las dependencias con comandos rápidos.

En cuestión de momentos, tiene un modelo 3D básico de un castillo renderizándose en tiempo real mientras modifica el código subyacente. La observo fascinado mientras añade sombreado y textura y manipula las fuentes de luz virtuales. Tiene verdadero talento para esto.

—Joder, Tilly —digo después de verla trabajar unos minutos—. Eres buena. En serio, esto es trabajo de calidad.

Una pequeña sonrisa orgullosa asoma en sus labios.

—Gracias. Me encanta trabajar con lo visual y el diseño, crear algo de la nada, ¿sabes?

—Totalmente. Eres una natural en esto —le sostengo la mirada, dejando que vea mi admiración—. Y lo digo en serio. Con tiempo y entrenamiento, podrías llegar a ser una hacker formidable.

El pensamiento me provoca un escalofrío secreto de emoción. Tilly y yo seríamos una fuerza imparable. Quizás, con el tiempo, esté lista para ver este otro lado de mí. Pero por ahora, paso a paso.

Mientras se sumerge en el código, hay una chispa en los ojos de Tilly que no había visto desde que la secuestré.

Está en su elemento, y joder, es sexy verla.

Le enseño algunos trucos para acelerar el proceso de renderizado, y sus ojos se iluminan aún más.

Aprende rápido, asimilando enseguida algunas de mis técnicas avanzadas.

—¿Cómo has hecho eso? —se inclina hacia mí mientras navego por una sección particularmente complicada del código.

—Secreto profesional —le sonrío, notando su cuerpo cerca del mío, nuestros brazos rozándose—. Tendrás que seguir viniendo a estas clases para aprender lo bueno de verdad.

—No pienso irme a ninguna parte —murmura.

Nuestros dedos se rozan en el teclado al alcanzar la misma tecla, y una descarga eléctrica nos recorre. Mi polla se pone dura como una piedra con el contacto, y me revuelvo en el asiento.

—Perdona —dice, y se le sonrojan las mejillas.

—No tienes por qué —me giro para mirarla, nuestras caras a solo centímetros—. Solo iba a decir que eres bastante buena en esto.

—¿Yo? —se ríe—. Tú eres el que tiene unas habilidades increíbles. Esto es un juego de niños para ti.

—Te dije que podía enseñarte lo que quisieras —bajo la voz, y nuestras miradas se cruzan.

He estado conteniéndome, intentando darle espacio, pero me está volviendo jodidamente loco. Estoy a punto de perder el control, y ella lo sabe. Sus ojos no paran de bajar al bulto de mis pantalones, y veo el deseo que arde en ellos.

—¿Has estado pensando en esta polla, nena? —gruño, con la voz ronca de necesidad. Me recoloco en los pantalones, incapaz de ocultar mi excitación por más tiempo.

Sus ojos están clavados en mi entrepierna.

—Quizás —susurra.

Suelto una risa ronca, saboreando el momento.

—No te hagas la tímida conmigo. He visto cómo no paras de mirarla. Apuesto a que has estado pensando en todo lo que podría hacerte.

Se muerde el labio, pero una chispa de desafío le brilla en los ojos.

—¿Qué cosas?

Me inclino hacia ella, con la voz baja y grave.

—Cosas sucias. Apuesto a que quieres que te azote ese culito bonito hasta dejarlo bien rojo.

Se le entrecorta la respiración, y veo cómo se le endurecen los pezones bajo la camiseta.

—Quizás sí —me reta.

—Ah, ¿sí? —me aprieto la polla y dejo escapar un gemido con la presión—. ¿Quieres que te doble sobre este escritorio y te folle por detrás hasta que grites?

—Sí —gime, con las mejillas encendidas. Pero sus ojos están fijos en los míos, retándome a continuar.

—¿Qué tal si lleno ese coñito apretado y te follo hasta que ya no sepas ni cómo te llamas? —gruño—. ¿Quieres que te preñe para que todos sepan que eres mía?

—Sí —susurra, cerrando los ojos mientras se rinde a la fantasía—. Oh, Dios, sí.

—Eso pensaba.

Mi voz suena ronca de deseo mientras me pongo de pie y tiro de ella para que se levante conmigo.

—Has estado suplicándolo toda la noche, Tilly. Pidiendo esta polla sin siquiera saberlo. Ponte de rodillas, nena —ordeno—. Es hora de que pruebes lo que te ha estado provocando toda la noche.

Los ojos de Tilly brillan con algo peligroso, algo que me dice que ya no está simplemente siguiendo el juego. Le gusta de verdad, y pienso aprovecharme de eso al máximo.

No duda ni un segundo y se arrodilla frente a mí. El corazón me late con fuerza mientras me desabrocho el cinturón y libero mi polla tensa.

—¿Quieres esto? —pregunto con voz ronca, aunque ya sé la respuesta.

—Sí —susurra, y es como una cerilla encendida en mi alma.

Doy un paso adelante y mi polla queda suspendida frente a su cara. Siento su aliento en la punta sensible y los huevos se me tensan, a punto de estallar.

—Entonces tómala —gruño mientras guío mi polla hacia sus labios.

Abre la boca y me recibe dentro; su lengua recorre la parte inferior de mi miembro. Gimo, enredo los dedos en su pelo y la guío para que me trague más adentro.

Joder, la última vez que sentí su boca fue en aquella cafetería. Sus labios son suaves, su lengua me acaricia mientras me traga más adentro, chupando con suavidad.

—Así es, nena —la animo mientras se me ponen los ojos en blanco del placer—. Chupa esa polla. Déjala bien mojada.

Me traga más adentro con cada vaivén de su cabeza. El calor de su boca y lo resbaladizo de su saliva me hacen querer explotar ahí mismo.

Pero me contengo porque quiero que esto dure. Quiero saborear cada segundo de esta mamada intensa y alucinante.

—Te gusta tener mi polla en la boca, ¿verdad, Tilly? —pregunto.

Ella gime en señal de asentimiento y la vibración me recorre la polla.

—Joder, sí —gimo mientras le tiro suavemente del pelo, marcando el ritmo—. Eres tan buena chica para mí.

Salgo de su boca y me acaricio la polla, que gotea líquido preseminal en la punta.

—Abre bien para mí, nena. Voy a follarte esa garganta hasta que te atragantes con mi polla.

Guío mi polla de vuelta a sus labios y ella abre la boca obedientemente, tragándome hasta el fondo de la garganta. Empiezo a embestir, lentamente al principio, pero enseguida aumento el ritmo a medida que ella se relaja a mi alrededor.

—Joder, sí —gimo mientras la cabeza de mi polla golpea contra el fondo de su garganta—. Tómatela toda, nena. Traga toda mi polla como una buena putita.

Ella emite un gemido ahogado de asentimiento, con los ojos llorosos por la fuerza de mis embestidas. Pero se la traga toda, relaja la garganta a mi alrededor, y es lo más caliente que he visto en mi vida.

Sé que no voy a aguantar mucho con este nivel de estimulación. Ver sus labios bonitos envolviendo mi polla, sentir su boca suave succionándome... es demasiado.

—Joder, estoy a punto —advierto, aunque sé que es inútil. La tensión que siento en los huevos me dice que no hay forma de detener este tsunami de placer que está a punto de arrasarme.

Tilly chupa aún más fuerte, como si supiera lo que necesito, y eso es todo lo que hace falta. Con un gruñido ronco, exploto en su garganta; la polla me palpita mientras la lleno de mi corrida.

—Trágalo todo, nena —jadeo mientras cabalgo las olas de placer—. Tómate mi leche como una buena chica.

Lo hace, gimiendo suavemente, y su garganta se contrae mientras traga obedientemente cada gota.

Saco la polla de su boca con un gemido mientras ella me mira con los ojos llenos de lágrimas.

—¿Te ha gustado, Phoenix? —pregunta, con gotas de mi leche decorándole los labios carnosos.

Le tomo la cara entre las manos y me inclino para besarla con suavidad.

—Sabes que sí, nena.

La levanto tirándole de las manos y la beso profundamente; me saboreo en su lengua.

—Esta noche, nena, voy a hacerte mía en todos los sentidos.