Acosador del carnaval (Serie Carnaval) TILLY
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TILLY

Un escalofrío me recorre al pisar el campus universitario. El corazón me late con fuerza y las palmas me sudan. Me siento tan expuesta aquí a la intemperie después de lo que pasó en el club el viernes por la noche.

Desde ese encuentro con el hombre enmascarado, he estado prisionera en mi apartamento. Demasiado asustada para salir, demasiado conmocionada para enfrentarme al mundo. Pero no puedo faltar a clases sin quedarme atrás.

Me ciño más la chaqueta y cruzo el patio a toda prisa, con la mirada saltando de sombra en sombra, atenta a cada movimiento en el rabillo del ojo. La paranoia me araña la mente. ¿Esa figura me está observando desde detrás de esos árboles? ¿Se ha movido ese arbusto?

Agarro la correa de la mochila como si fuera un salvavidas y acelero el paso.

Respira hondo, Tilly. Nadie te está siguiendo.

Con la cabeza gacha, entro en el edificio de informática y subo al laboratorio de programación. El zumbido familiar de las máquinas y el repiqueteo de los teclados me calman la ansiedad al instante. Este es mi elemento, donde tengo el control, donde el mundo cobra sentido en líneas de código.

Enciendo mi estación de trabajo y me pierdo en la lógica y los patrones ordenados. Pero mi mente no deja de volver a la imagen de ese hombre con la máscara de calavera en Pulse y al sonido de mis gemidos mientras me comía el coño como ningún hombre lo ha hecho jamás.

Dios, era un puto maestro con la lengua, y nunca me había corrido tan fuerte ni tan rápido. Aunque, bueno, tampoco es que tenga mucha experiencia. He tenido un novio en el instituto con el que me acosté y solo otro chico durante mi primer año de universidad.

El mensaje de Amy destella en la pantalla de mi móvil, una distracción bienvenida.

Hola, ¿estás libre para comer pronto en el sitio de siempre?

Respondo rápidamente.

Sí, me parece perfecto. ¿Nos vemos allí en 20?

Recojo mis cosas e intento apartar la inquietud persistente de antes.

El aire fresco del otoño me muerde las mejillas al salir; las hojas crujen bajo mis pies. Me ciño más la chaqueta y camino por el campus hasta la acogedora cafetería cerca de Greek Row. Nuestro sitio de siempre.

Empujo la puerta y el rico aroma del café recién hecho y los muffins recién horneados me envuelve. Amy me saluda desde nuestro reservado habitual en la esquina del fondo, con una sonrisa radiante que le ilumina la cara.

—¡Ahí está mi chica! —se levanta de un salto para darme un abrazo rápido—. Te vendría bien algo que te anime después de ese brutal laboratorio de programación.

Pongo los ojos en blanco pero no puedo evitar sonreír ante su energía contagiosa.

—Me conoces demasiado bien. Metámonos cafeína y azúcar en el cuerpo, ya.

Después de pedir mi moca, su frappé y un par de muffins, nos acomodamos en nuestro reservado habitual.

—Entonces, ¿qué tal tu fin de semana después de nuestra noche loca?

Se me hace un nudo en el estómago ante la mención de nuestra noche de fiesta. La noche en que dejé que un desconocido me comiera el coño e incluso esperaba más hasta que simplemente se largó, dejándome atónita.

Intento sacármelo de la cabeza.

—Oh, ya sabes, solo me relajé en casa. Necesitaba recuperarme de tanto bailar y beber.

Amy resopla y pone los ojos en blanco.

—Ajá, claro. Eres tan aburrida y casera a veces, Tills.

Si supiera la verdad: he estado prácticamente encerrada en mi apartamento desde el viernes por la noche cuando volví, demasiado aterrorizada para salir.

¿Cómo podría explicarle los oscuros y retorcidos acontecimientos del club sin que pensara que estoy completamente desquiciada por permitir que sucediera?

Lo mejor es guardármelo. Es lo que mejor se me da. A partir de este momento, enterraré el recuerdo de ese hombre arrodillado entre mis muslos con una máscara de calavera, esos fríos ojos azul hielo que me penetraban el alma mientras…

Me estremezco sin querer. La sensación fantasma de su perversa lengua devorándome me recorre la columna como un escalofrío.

Contrólate, Tilly. No dejes que tu mente vaya ahí otra vez.

—¡Tierra llamando a Tilly! —la voz divertida de Amy interrumpe la espiral de mis pensamientos—. Te has quedado en Babia un momento. ¿Todo bien?

Fuerzo una sonrisa radiante y asiento.

—Sí, sí, ¡perdón! Me he distraído pensando en un proyecto de programación en el que estoy trabajando.

La mentira me sale fácil. Siempre se me ha dado bien mentir cuando hace falta.

—Uf, eres tan friki —bromea Amy.

Se lanza a un relato dramático de sus locas aventuras del fin de semana, incluida una aventura de una noche con un deportista de nuestra universidad después de que ligaran en Pulse.

Dejo que su cháchara me envuelva mientras intento silenciar los pensamientos oscuros de mi mente.

Por ahora, estoy a salvo aquí a la luz del día, rodeada del bullicio normal de la cafetería. Pero estoy segura de que ese hombre misterioso encontrará la manera de reclamarme como suya otra vez. Después de todo, prácticamente lo prometió.

Todavía no, nena. Pero pronto. Lo prometo.

Dejó claro que quiere que me mantenga alejada de todos los demás hombres.

Voy a demostrarte por qué me perteneces. Por qué necesitas mantenerte alejada de cualquier otro hombre.

Dios. Solo pensar en la forma en que gruñó esas palabras me moja. Estoy tan jodida. El tipo es un acosador desquiciado.

—Ya sabes que soy una friki de corazón —me río, intentando mantener el tono juguetón—. La programación es mi primer amor. ¿Qué le voy a hacer?

Amy pone los ojos en blanco y da un sorbo a su frappé.

—Bueno, intenta no perderte demasiado en tu pequeño mundo informático, señorita. ¡Te estás perdiendo toda la diversión! Por cierto, ¿te he contado lo de mi nuevo vecino? Es un estudiante de medicina buenísimo con unos abdominales increíbles…

Mientras Amy empieza otra historia animada sobre su última conquista romántica, mis ojos se desvían hacia la ventana y recorren la acera concurrida de fuera. Los estudiantes van y vienen a toda prisa, con la cabeza gacha, perdidos en sus mundos.

En medio de la multitud bulliciosa, un destello capta mi atención. El corazón me da un vuelco cuando distingo una figura familiar. Alto, musculoso, pelo oscuro: es él. El hombre enmascarado del club.

Se detiene, con esos ojos azul hielo clavados en mí a través del cristal de la cafetería. El mundo parece contener el aliento mientras nuestras miradas se cruzan. Siento el peso de su mirada intensa, fija, sin parpadear.

No puedo apartar la vista. Cada nervio de mi cuerpo arde. Es como si esos ojos penetrantes me atravesaran el alma, descubriendo mis deseos más oscuros.

De repente, se gira y se pierde entre la multitud. El corazón me late desbocado y siento una extraña mezcla de alivio y decepción.

—¿Tilly? ¿Me estás escuchando? —la voz de Amy me devuelve a la realidad.

—¿Eh? Perdona, me he quedado en las nubes un momento —balbuceo—. ¿Qué decías de tu nuevo vecino?

Amy parece frustrada.

—Te decía que tiene un tatuaje precioso en el bíceps, como un dragón japonés o algo así. Está buenísimo.

Asiento, fingiendo interés mientras echo otro vistazo por la ventana en busca de alguna señal de él. ¿Era él?

—Tilly Jane Lawson, ¿te estás sonrojando? —bromea Amy con los ojos brillantes de picardía—. ¿Estás buscando a tu hombre misterioso?

Noto que me arden las mejillas y balbuceo:

—¿Q-qué? ¡No, claro que no! Solo me pareció ver a alguien que conocí en Pulse la otra noche.

Amy arquea las cejas de golpe.

—¡Ooh, la la! ¿Un chico de Pulse? Ahora sí que estoy intrigada. ¡Cuéntame!

Doy un sorbo al café para ganar tiempo mientras la mente me va a mil. ¿Cómo puedo explicar esta atracción hacia un hombre del que no sé nada? ¿Un hombre que está claramente obsesionado conmigo de forma peligrosa?

Antes de que pueda responder, el móvil me vibra con un mensaje. El corazón me da un vuelco al no reconocer el número.

Me quedo mirando la pantalla del móvil, ese número desconocido que parece devolverme la mirada. Una oleada de inquietud me recorre mientras abro el mensaje.

Vi cómo me mirabas, cariño.

Leo las palabras una y otra vez. Es él. ¿Cómo ha conseguido mi número? Una náusea repentina me revuelve el estómago cuando llega otro mensaje.

No te molestes en intentar huir ni esconderte. Los dos sabemos que ahora eres mía. Cómo te corriste en mi lengua en Pulse lo dejó bien claro.

Cierro los ojos con fuerza e intento contener los recuerdos que pugnan por resurgir. La sensación de sus brazos sujetándome mientras me devoraba. El placer pecaminoso que me sacudió el cuerpo.

—Tilly, ¿qué pasa? —pregunta Amy, y su voz me devuelve a la realidad.

—Nada, es mi compañero del laboratorio de programación, que me pide los apuntes —miento mientras doy un sorbo al café.

Amy frunce el ceño.

—Entonces, ¿qué pasó con ese chico?

Niego con la cabeza.

—Nada, solo bailamos un rato. No hay nada que contar, en serio —miento.

El móvil me vuelve a vibrar en el regazo y bajo la vista.

Te corriste muy fuerte para mí, ¿verdad, nena? Pude sentir lo mojada que estabas, cuánto te encantaba mi lengua.

La excitación se agita en lo más profundo de mi vientre, y las mejillas me arden de vergüenza. ¿Cómo pueden afectarme así las palabras de este desconocido? Soy repugnante. Estoy rota.

Apuesto a que estás chorreando por mí ahora mismo solo de pensarlo. No te preocupes, pronto te daré lo que necesitas.

Suelto un suspiro tembloroso y miro hacia Amy, al otro lado de la mesa, que me observa.

—¿Todo bien? —pregunta Amy—. Pareces haber visto un fantasma, Tills.

Si supiera los pensamientos que me dan vueltas en la cabeza ahora mismo. Las fantasías oscuras que este desconocido ha despertado. Fuerzo una sonrisa y me guardo el móvil en el bolsillo.

—¡S-sí, estoy bien! Solo tengo un proyecto grande que planificar, no es para tanto.

Arquea una ceja pero no insiste. Intento volver a prestar atención a lo que dice, concentrarme en cualquier cosa que no sea el calor que me palpita entre los muslos.

Otra vibración en el bolsillo me hace dar un respingo. Echo un vistazo discreto al nuevo mensaje y noto que me arde la cara.

No puedo esperar a hundirte la polla hasta el fondo. A hacerte gritar y suplicar mientras te follo contra el colchón. Vas a tragarte cada centímetro de mi polla como la putita desesperada que eres.

Dios. Aprieto los muslos mientras otra oleada de excitación me empapa las bragas. Esto está tan mal, tan jodido. Pero las imágenes vívidas que evocan sus palabras me hacen arder de deseo.

Doy otro sorbo al café e intento mantener la expresión neutra mientras llega otro mensaje.

Sabes que lo deseas tanto como yo. Tu coño está palpitando solo de pensar en que te haga mía.

Se me escapa un gemido antes de poder evitarlo. Amy se interrumpe a mitad de frase y me mira extrañada.

—¿Tilly? Estás muy rara. ¿Qué te pasa?

—¡N-nada! —balbuceo con la cara ardiendo—. Solo un... calambre. Ya sabes cómo es.

Me mira con comprensión.

—Oh, mierda, sí, eso explica que estés tan rara. ¿Quieres una aspirina? —dice mientras hurga en el bolso.

Niego con la cabeza.

—Ya me he tomado una, no te preocupes —vuelvo a mirar la pantalla del móvil cuando entra otro mensaje y el corazón me da un vuelco.

Voy a arruinarte para cualquier otro hombre. Convertirte en mi juguetito sexual para usarte como me plazca. Eres mía, nena.

La oscuridad, la posesión descarnada de sus palabras me aterroriza. Aun así, no puedo negar el anhelo retorcido que crece en mi interior. Por muy jodido que sea que este tipo invada mi privacidad y me acose, lo deseo.

Temblando, me meto el teléfono en el bolsillo y aprieto los muslos.

Contrólate, Tilly. No puedes dejar que este psicópata te afecte.

Pero cuando otro mensaje vibra en mi pierna, sé que es demasiado tarde. Este desconocido ha despertado algo en mi interior. Una necesidad oscura que no puedo ignorar, por mucho que lo intente.