Acid (Los Cazadores MC nº 2) 16
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Perrie

Le dedico una pequeña sonrisa al anciano mientras coloco con cuidado sus huevos con tostadas delante de él. Luego me giro para recoger el siguiente pedido de la ventanilla, pasando junto a Coby, que está sentado en el centro de la barra, sin quitarme los ojos de encima.

Trago saliva con dificultad, intentando ocultar el escalofrío que me recorre. La nota que encontré en el parabrisas de mi coche todavía me atormenta.

Mi queridísima Perrie,

Cada día estás más guapa, y doy gracias a mi buena estrella por poder tenerte.

¡Y te tendré!

Te veo con ese club, y te aviso de que eso tiene que acabar.

Eres mía, y si hace falta, mataré a ese cabrón.

Aléjate de él, preciosa….

Tuyo siempre.

X

No he podido quitármela de la cabeza, y aunque sé defenderme, me asustó. Ya me han reducido antes, a pesar de mis habilidades, y solo conozco a tres personas capaces de haberlo hecho.

Una de ellas está ahora mismo en este restaurante: siempre aparece cuando estoy de turno.

Después de que rompiera nuestro acuerdo, no había vuelto a saber de Coby hasta hace unos cinco meses, cuando empezó a aparecer cada vez que yo estaba de turno. Francamente, se está convirtiendo en un acosador en toda regla.

Las primeras veces que vino fui educada con él, creyendo que solo quería desayunar o cenar, pero comprendí su verdadera naturaleza en su cuarta visita, cuando me agarró del brazo para pedirme un minuto.

Esperaba que hubiera cambiado de opinión sobre lo de tener una relación, pero no era así, y se lo dejé claro. Aun así, ahora no me deja en paz.

Los otros dos son los hermanos Aldo, mis violadores.

Si no hubieran amenazado a Acid, habría intentado solucionar esta mierda por mi cuenta, pero lo hicieron, así que fui a ver a Nat antes de que le dieran el alta y le pedí ayuda.

Piston logró encontrar a la persona que puso la nota en mi coche hace tres días, pero resultó ser una prostituta que creía estar haciendo un favor.

—Un mes entero. Son unas vacaciones largas —dice Coby cuando paso junto a él, y reprimo un gruñido.

¿Por qué no se rinde de una vez?

Me aclaro la garganta y digo:

—Sí, creo que me las merecía.

Abre la boca para hablar, pero se vuelve hacia la puerta cuando se oye un grito:

—¡Perrie, a mi despacho ahora!

Me giro y veo a Acid entrando a grandes zancadas en el restaurante, irradiando furia. Ah, mierda. Suspiro, porque sé que ya lo sabe.

¡Maldito Piston!

Le lanzo a Coby una sonrisa tensa antes de seguir a Acid a regañadientes.

Le paso la cafetera a Savannah, la nueva camarera, que me responde con una sonrisa comprensiva.

Vuelvo a suspirar. Recorro el pasillo y entro en su despacho justo antes de que la puerta se cierre de un portazo detrás de mí, lo que me hace dar un salto.

Me giro y miro a Acid con los ojos como platos, pero él ignora mi reacción y se me planta delante. Arqueo una ceja, sin sentirme ni un poco intimidada, hasta que exige:

—¿Por qué coño le contaste a Piston y no a mí lo de esa puta nota, eh? ¿Por qué tuve que enterarme en la reunión de ayer?

Pongo los ojos en blanco y le espeto:

—¡Porque no quería involucrarte! ¡No tiene nada que ver contigo!

Se le dilatan las aletas de la nariz y abre la boca, probablemente para echarme una bronca, pero gruñe cuando le suena el teléfono.

Me lanza una mirada elocuente para que me quede donde estoy y coge el teléfono mientras yo me cruzo de brazos.

Acid frunce el ceño al mirar la pantalla y contesta:

—¿Bill?

Oigo la voz apagada de un hombre antes de que el rostro de Acid se endurezca y exija:

—¿Cómo que no puedes localizar a Aurora? ¡Estuve con ella hace un rato! ¡Piston iba a ayudarla con las mates!

Se me abre la boca del susto y pregunto con voz ronca:

—¿Aurora ha desaparecido?

Acid me mira mientras las lágrimas me escuecen en los ojos y me acaricia la mejilla.

—Iré a buscarla. Te llamo luego, Bill —dice antes de colgar.

Se me escapan unas lágrimas y él las seca con el pulgar mientras promete:

—La encontraré, Tinker, pero que sepas que nuestra conversación no ha terminado ni de lejos. Y en cuanto a que no tiene nada que ver conmigo...

Me clava la mirada.

—Tiene todo que ver conmigo porque eres mía, Perrie, siempre lo has sido.

Trago saliva con dificultad, intentando deshacer el nudo que se me ha formado en la garganta. Él me besa la frente, se gira y se va, dejándome con la mente hecha un caos de preocupación.

Ayer mismo me estaba diciendo que Acid me quería y que fuera a por él. Se puso tan contenta cuando le dije que lo haría, aunque solo lo dije para no herir sus sentimientos.

Dios, espero que Aurora esté bien….

Al día siguiente, estoy trabajando, o al menos lo intento.

—¿Alguna noticia? —pregunta Savannah.

La miro y le dedico una sonrisa triste antes de negar con la cabeza.

Suspira y se dirige a la mesa del fondo, su melena rubio oscuro meciéndose al andar.

Estuve llamando a Aurora toda la noche. Sonaba cada vez, hasta que a las cinco de la mañana saltó el mensaje de que estaba apagado.

Ignorando una vez más los ojos que me observan, me dirijo a la cafetera porque necesito una taza yo también. Se abre la puerta del restaurante y veo entrar a Acid y Piston, los dos con pinta de estar tan agotados como yo.

Cuando se acercan a la barra, me apresuro hacia ellos llena de esperanza. Ignorando a Acid, le pregunto a Piston:

—¿Alguna noticia?

Niega con la cabeza y se me llenan los ojos de lágrimas. Acid da un paso hacia mí, pero me doy la vuelta y vuelvo a la cafetera.

¿Dónde está? ¿La han secuestrado o se ha perdido?

Intento contener mis emociones e ignoro la mirada de Coby mientras cojo dos tazas y las lleno, sabiendo que no puedo pasarles los hermanos a otra compañera porque se sentaron en mi sección.

Respiro hondo, cojo las tazas y me acerco a los hermanos.

Justo cuando las dejo en la barra, oigo a Piston decir:

—Tiene esa mirada…

Piston sonríe y dice:

—Gracias, cariño.

Le dedico una pequeña sonrisa y voy a irme, pero Acid me agarra la mano y me tenso al sentir ese cosquilleo eléctrico en la piel.

—¿Podemos hablar, Tinker? —pregunta, y resoplo, fulminándolo con la mirada mientras retiro la mano.

—No —espeto—. ¿Por qué no vas a hablar con la madre de tu hijo?

Se estremece, y lo miro con desprecio antes de alejarme furiosa hacia el mostrador. Que le den al imbécil….

—¿Qué ha sido eso, Pezza? —pregunta Coby cuando paso junto a él.

Lo fulmino con la mirada, pero tiene los ojos clavados en Acid, con los puños apretados.

Ese hombre acaba de ponerse a la cabeza de mi lista de sospechosos.

Ignorando su pregunta, agarro la cafetera y voy rellenando tazas por todo el restaurante. Justo cuando llego a la mesa del fondo, la puerta se abre de nuevo y suena la campanilla, pero el entusiasmado «¡Piston!» de Cooper la ahoga. Sonrío al ver al hermano pequeño de Natalie correr hacia su cuñado.

Nat no tuvo relación con Cooper de pequeña; su madrastra se negó, y su padre, el cabrón, lo consintió.

Nunca la quisieron, ni tampoco su madre biológica, que la abandonó en la puerta de casa de su padre con menos de un día de vida.

Pero Natalie ha salido adelante. Es una luchadora, y estoy orgullosa de llamarla amiga.

Ojalá tuviera su fortaleza.

Veo a Natalie entrar con un vestido largo azul, por fin con su chaleco puesto. Saluda con la mano y le pongo una cara graciosa que la hace reír antes de que se una a los chicos.

Mi mirada se va sola hacia Acid, y me derrito un poco al verlo con Cooper. Me hace desear cosas que no tengo derecho a desear.

Ojalá pudiera verme, verme de verdad, y querer a la persona que soy.

Ojalá nunca me hubieran violado, dejándome marcada.

Ojalá nunca hubiera tocado a Andrea….

Siento que el corazón se me resquebraja y me aclaro la garganta, intentando ignorar el dolor y seguir con mi trabajo. Sé que si mis pensamientos se disparan, querré cortarme, aunque mis deseos nunca paran….

—Oye, Perrie, ¿me rellenas la taza, cariño? —dice Coby en voz alta, y me trago un gruñido, rezando por no pegarle.

Le dedico una sonrisa tensa y paso por detrás del mostrador, lo que le hace fruncir el ceño, pero lo ignoro. La última vez que le serví el café desde su lado, me rodeó la cintura con el brazo e intentó sentarme en su maldito regazo.

—¿Cuándo vas a darnos otra oportunidad, Pezza? —pregunta mientras sirvo el café. Suspiro.

—Coby… —Me sonríe, pero la sonrisa se le borra cuando le recuerdo—: Me violaron dos hombres, no uno. Lo nuestro no puede ser. Lo que tuvimos fue mi manera de intentar olvidar el trauma, de superarlo, y no funcionó. Pasa página, por favor; yo ya lo he hecho.

Le arden los ojos y suspiro de nuevo, a punto de ir a ver qué quiere beber Natalie, cuando oigo a Cooper llamarme a gritos.

Frunzo el ceño y miro hacia el pasillo antes de que vuelva a gritar. Abro los ojos de par en par al darme cuenta de que grita desde el almacén. Sin pensarlo, dejo la cafetera y corro hacia allí.

Forcejeo con el pomo varias veces y logro abrir, pero tropiezo al entrar y casi me caigo. Me agarro al estante justo a tiempo antes de que la puerta se cierre de golpe, lo que me hace dar un respingo. Me giro sobresaltada y entrecierro los ojos al darme cuenta de que ¡me han tendido una trampa!

Me invade la rabia cuando Acid sonríe con suficiencia, echa el cerrojo y se apoya contra la puerta.

—Ya es hora de que tú y yo hablemos, Tinker. Ahora, sobre esa nota….

Se queda ahí plantado, dejando claro que no piensa moverse, y lo miro con desprecio.

—¡Abre la puerta!

Sonríe, se cruza de brazos y apoya el pie izquierdo contra la puerta. Grito:

—¡Lo digo en serio, Acid, abre esa maldita puerta o te juro que el bebé que esa zorra lleva dentro será tu único hijo!

Se encoge de hombros.

—No hasta que hablemos.

Resoplo.

—¿De qué?

—¡De nosotros! —espeta—. ¡De la nota, de Andrea, joder, de todo, Perrie!

Lo señalo con el dedo.

—No existe ningún «nosotros», Acid; tú te encargaste de eso. La nota no tiene nada que ver contigo; es asunto mío, ¡y no quiero hablar de ella!

Tuerce el labio, se aparta de la puerta, se me planta delante y espeta: