16 #2
—¿Cómo puedes quedarte ahí y decir que no hay nada entre nosotros, eh? Once años, Perrie, llevas once años en mi jodida vida. Eres mi mejor amiga.
Me escuecen los ojos y gruño:
—Dejaste de ser mi mejor amigo hace años, Acid, y lo sabes.
Niega con la cabeza y me acaricia la mejilla. Intento apartarme, pero me rodea la cintura con el brazo y se me encoge el estómago de lo cerca que está, su olor a madera inundándome los sentidos. Le empujo el pecho, pero me aprieta más fuerte, con la mirada clavada en la mía.
—Nunca quise hacerte daño —susurra.
Suelto una risa amarga.
—Pues ¿sabes qué? Me lo hiciste. Te acostaste conmigo para luego acostarte con mi supuesta amiga una semana después, una amiga que dice estar embarazada de ti y que presume de barriguita cada vez que puede.
Traga saliva y me aprieta más fuerte mientras admite con un gruñido tan profundo que lo siento vibrar en mi cuerpo:
—Ella no está embarazada de mí, joder, Tinker. Mintió para conseguir mi parche.
Resoplo e intento soltarme otra vez, pero jadeo cuando me da la vuelta y me presiona la espalda contra los estantes.
—¡Es la puta verdad! Piston encontró pruebas de que está en lista de espera para inseminación con donante. Ya está tomando estimulantes hormonales. ¡Así de desesperada está!
Se me dilatan las fosas nasales. No me sorprende en absoluto hasta dónde es capaz de llegar, pero esa información no cambia nada.
—Da igual —espeto—. Igual te acostaste con ella, Acid, igual te largaste y me dejaste sola y vulnerable, sintiéndome sucia sobre el mostrador. Ahora apártate.
Lo empujo, pero en lugar de tambalearse, pega su cuerpo al mío y gruñe:
—Tu actitud de niñata me está empezando a tocar los cojones, Perrie.
El muy... Mi espalda se clava en los estantes y un pinchazo me recorre la columna, pero lo ignoro y sonrío con suficiencia.
—¿Ah, sí? —Miro sus manos sujetándome y pregunto—: ¿Qué se siente al saber que me tienes donde me agachaba para Coby durante años, mientras él me follaba por detrás?
—Sus mejillas enrojecen, y confirmo—: ¿Suficientemente descarada para ti?
Su respiración se acelera, la ira emana de él, y gruñe: —¡Eres mía! —Sus labios se estrellan contra los míos en un beso duro y brutal, mientras su mano pasa de mi mejilla a mi pelo y lo agarra con fuerza.
Jadeo de la impresión, no por el beso sino porque no siento miedo, solo seguridad, lo que le da la oportunidad de meter su lengua en mi boca.
Y como la descarada que soy cuando se trata de este hombre, en lugar de golpearlo, me derrito y gimo contra sus labios mientras enredo mi lengua con la suya, con las manos aferradas a su camisa para mantenerlo cerca.
Acid gruñe y me levanta; el vestido se me sube mientras le rodeo la cintura con las piernas.
Me apoya contra los estantes mientras el beso se intensifica y desliza la mano de mi trasero a la cara interna de los muslos.
El estómago me da un vuelco de anticipación, la realidad desaparece y el deseo y el amor que siento por este hombre me consumen.
Mi padre, Andrea, mamá y la violación se desvanecen durante un minuto entero... hasta que su mano se queda paralizada. Vuelvo a la realidad cuando rompe el beso, con los ojos duros, y la sensación de su dedo recorriendo cada cicatriz me atraviesa.
Trago la bilis mientras exige: —¿Qué coño son estas, Perrie?
El corazón me late con fuerza y lo empujo, haciéndolo retroceder a trompicones mientras mis piernas caen.
—¡Contesta a la puta pregunta, Perrie! —exige de nuevo mientras me bajo el vestido.
Niego con la cabeza y corro hacia la puerta, pero me agarra del brazo y me giro. Bloquea mi golpe e intenta barrerme las piernas para tirarme al suelo, pero salto como hizo él cuando yo tenía trece años.
Tropieza, pero me agarra rápidamente del brazo y me lo tuerce. Giro y le clavo el codo en el estómago, lo que le hace gruñir, y luego le pateo la espinilla con fuerza, haciéndolo tambalearse.
Viene hacia mí de nuevo y esta vez recurro al truco femenino por excelencia: le levanto la rodilla y le doy donde más duele.
Gruñe y se dobla un poco, y sonrío con suficiencia antes de girarme, abrir la puerta y salir corriendo, haciendo que esta se estrelle contra la pared con fuerza.
Al llegar a la entrada del pasillo, respiro hondo y salgo mientras saco la libreta y el bolígrafo del delantal. Coby me observa con el ceño fruncido y luego mira hacia el pasillo.
Maldita sea, Acid...
Juro que si Coby le hace daño, la lío parda.
Respiro hondo y camino hacia la mesa de Piston. Cooper me mira con los ojos muy abiertos. Le dedico al chico una sonrisa dulce, consciente de que probablemente lo coaccionaron para ayudar a Acid, y le pregunto: —¿Tortitas?
Cooper asiente lentamente y Nat pregunta con cautela: —Eh, Pez, ¿estás bien?
Le dedico una amplia sonrisa y digo: —De maravilla. Creo que Acid olvidó quién me entrenó.
Piston frunce el ceño justo cuando Acid cojea hacia la mesa, con las manos entre las piernas, hecho un desastre. Natalie se tapa la boca para contener la risa, mientras que la de Piston se le escapa, y yo sonrío al contemplar mi obra.
Tiene la camisa hecha un desastre, el labio le sangra y se tambalea.
Lentamente, toma asiento junto a Cooper con una mueca mientras me mira de reojo, pero lo ignoro y miro a Piston, que carraspea con cara de susto y dice: —Lo de siempre, por favor, Perrie. Dos desayunos grandes y tortitas con fruta.
Asiento, me doy la vuelta y me voy, notando sus ojos clavados en mi espalda.
Cuelgo su pedido, cojo la cafetera y voy a las mesas del lateral a rellenar tazas.
Los labios me hormiguean, tengo humedad entre las piernas y el corazón todavía me late con fuerza cuando caigo en la cuenta...
Nunca voy a superarlo, ¿verdad?