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Las risitas llegan desde el otro lado de mi puerta y aprieto la mandíbula, haciendo todo lo posible por no estallar.
Desde que Cassidy me contó lo de la aventura de mamá, corté todos los lazos con Andrea sin dar ninguna explicación. Se presentó aquí, en mi casa, llorándole a mi madre que no había sabido nada de mí en un mes, que Cass le había impedido asistir al funeral de mi padre.
¿Y qué hace la querida mamá? La invita a pasar como si nada y después me echa la bronca a mí.
Apenas le he dirigido dos palabras desde entonces. Paso la mayoría de las noches en el apartamento de encima del gimnasio.
Meto más ropa en la bolsa de viaje y cojo las fotos de mi padre del tocador.
No puedo quedarme aquí más tiempo. Solo veo a mi padre y los recuerdos que dejó; solo oigo la risa falsa de mi madre dirigida a una chica que probablemente desearía que fuera su hija y que pasa demasiado tiempo aquí.
¿Amargada? Quizás. ¿Me importa? La verdad es que no.
Actúa como la viuda desconsolada, pero ¿cómo puedes serlo cuando te tiraste a otro durante un año, lo animaste a dejar a su esposa solo para decirle «lo siento, no me interesa», y luego dejaste que la hija de tu examante se colara a la fuerza en la vida de tu propia hija?
Aprieto los dientes y voy al joyero para meterlo en la bolsa justo cuando alguien llama a mi puerta y la abre sin esperar. Me doy la vuelta, lista para soltar cuatro cosas a quien sea, convencida de que es mamá o Andrea, pero frunzo el ceño al ver a Cassidy.
Tiene los ojos avellana vacíos, el rostro pálido, y se retuerce los dedos.
—¿Cass? —pregunto preocupada, y rompe a llorar.
Corro hacia ella y la abrazo mientras se derrumba entre sollozos. El corazón me late desbocado de preocupación.
—Yo-yo, tengo que irme, Pez —solloza, y me aparto para mirarla. Me invade la rabia cuando veo un moretón en su clavícula.
—¿Te lo hizo Steal? —pregunto, señalando el moretón, pero niega con la cabeza y luego admite—: Pero sí me apuntó con una pistola a la cabeza y me dijo que me largara del pueblo…. Le-le creyó a Faith, Perrie, antes que a mí….
Ese hijo de—
—Qué… —empiezo, pero me corta antes de que pueda preguntar qué pasó.
—Tengo que irme, Perrie.
Se sorbe la nariz antes de entregarme unos papeles. Frunzo el ceño y los miro, pero abro los ojos como platos al ver que es la escritura de la casa.
—Es toda tuya —mira la bolsa—, aunque supongo que te vas al apartamento de encima del gimnasio, así que igual véndela, deja que mamá se busque la vida por una vez; esto no ha sido lo mismo desde que murió papá….
Trago saliva y le suplico:
—No me dejes, Cass….
Las lágrimas le caen con más fuerza antes de darme un beso en la cabeza y susurrar:
—No quiero, pero no me queda otra. No puedo dejar que vaya a por ti.
Y una mierda va a hacerlo; el imbécil la quiere, lo sé.
Esto tiene que ser un malentendido, ¿verdad?
Cassidy se aparta y me mira fijamente con desesperación en los ojos antes de darse la vuelta y coger su maleta. Se me caen las lágrimas mientras se va, sabiendo que no volveré a saber de ella después de hoy.
Está asustada y huye. No sé qué ha pasado, pero mi hermana es la persona más cariñosa que conozco. No haría algo así si no fuera necesario.
¡Voy a matar a Steal!
—Mi papá te echa de menos —susurra Andrea cuando llego al pie de las escaleras, con la bolsa de viaje al hombro y el corazón hecho pedazos.
De verdad se ha ido….
La rabia me recorre el cuerpo al oír las palabras de esa zorra, y aprieto la correa de la bolsa con más fuerza.
—Han pasado dos años. A lo mejor vosotros dos podéis volver a intentarlo…. —continúa Andrea.
—Lo siento, cariño, pero mi marido, aunque enfadado conmigo, fue el amor de mi vida.
Lo que pasó con tu padre no tendría que haber pasado nunca, y lo sabes.
Perrie no lo sabe, aunque Cassidy sí, y necesito que siga así, así que por favor no vuelvas a hablar de esto.
No quiero hacerle daño; adoraba a su padre, y la perdería si se enterara —responde mamá, y resoplo en silencio con desprecio, sabiendo que lo que no quiere es perder su única fuente de ingresos.
Me doy la vuelta y abro la puerta de la calle.
—¿Perrie? —oigo gritar a mamá desde la cocina mientras doy un portazo y me dirijo al Mustang.
«Tienes que ir más rápido, papá», me reía mientras mi padre echaba una carrera con un idiota en un Ferrari a nuestro lado, y mi padre se reía y aceleraba….
Parpadeo para contener las lágrimas y trago el nudo que tengo en la garganta antes de abrir la puerta del conductor, tirar la bolsa en el asiento de atrás y subirme.
Veo a mamá en la puerta, mirando el coche y luego a mí, pero la ignoro, arranco y salgo marcha atrás.
Cassidy se ha ido. Se ha marchado por culpa de Steal y me ha dejado sola. Necesito desahogar la rabia, y solo conozco una forma de hacerlo….
—Papá —grito—, ¡por favor, no me dejes!
Presiono las manos con fuerza sobre su pecho, cuento hasta treinta antes de darle dos insuflaciones boca a boca, y sigo con las compresiones mientras las lágrimas me caen a chorros.
Lanzo el puño derecho y le doy a Franky en la mandíbula. Gruñe y su largo pelo pelirrojo le cae sobre la cara mientras los recuerdos de mi padre me consumen.
Franky, que lleva tres años queriendo ganarme, me devuelve el golpe con el puño izquierdo en las costillas. El impacto me sacude entera, pero lo ignoro, giro y le clavo el codo en el cuello. Tose, y entonces me dejo caer al suelo y le barro las piernas para derribarlo.
Tropieza y apenas logra recuperarse antes de lanzarse hacia mí, con los ojos verde-azulados echando chispas cuando le sonrío con suficiencia. Grita y lanza un gancho de izquierda, pero lo esquivo y le suelto un derechazo en la sien que lo tumba de un golpe. La cabeza le rebota contra la lona.
Oigo a su hermano gemelo Austin gritando desde las cuerdas: —¡Levántate, maldito idiota, no dejes que esa zorra te vuelva a ganar y te deje en ridículo, es una puta tía!
—Ladeo la cabeza hacia Franky, observando cómo lucha por levantarse mientras tose—.
¡Te lo juro, Franky! ¡Hemos apostado más de 50.
000 dólares a que ganarías, cabrón! —grita más fuerte, y sonrío mientras el árbitro comienza a contar, la multitud coreando mi nombre, antes de que me agarren el brazo y lo levanten.
—¡Y su ganadora una vez más... Tinker! —anuncia el presentador por el micrófono mientras la multitud enloquece.
Respiro con dificultad, ignorando la mirada asesina del idiota que sigue en el suelo, intentando levantarse. Me agacho, me deslizo por debajo de las cuerdas y aparto de un empujón a su hermano, que me fulmina con la mirada.
La verdad, es culpa suya por apostar contra mí otra vez. Sabe que soy la mejor luchadora de aquí. Llevo en el club de peleas desde los catorce años, y mi padre me había entrenado sin siquiera darse cuenta.
Igual que Ollie, aunque ahora se hace llamar Acid.
Así fue como logré ganar tanto dinero para el gimnasio a espaldas de papá, mientras mi hermana mayor me curaba cuando recibía demasiados golpes. También ayudaba a otros luchadores para sacarse un dinero extra para la universidad.
Los Rebel's MC son dueños del club de peleas y al principio se mostraron muy reacios a dejarme pelear, pero como es ilegal, no hay límite de edad, y cuando tumbé a cinco de sus hombres, encantados de que peleara. Ahora ganan un montón de dinero gracias a mí.
La gente me palmea la espalda mientras voy hacia el pasillo, pero los ignoro, acepto el sobre con dinero de Viking, un hermano de los Rebel's que vive en Nueva York, y me dirijo a los vestuarios.
—Hora de la muerte, siete cincuenta y cinco —dice el doctor mientras entro corriendo en la sala de urgencias, y se me escapa un grito antes de que unos brazos me rodeen la cintura; mi hermana solloza mientras me sujeta.
—No, no, por favor, lo reanimé, ¡por favor! —grito, y los doctores me miran con compasión antes de que se oiga un estruendo detrás de mí.
—Se ha desmayado —dice alguien en voz alta, pero los ignoro y sigo intentando zafarme de mi hermana para llegar hasta mi padre.
No está muerto, no está—
Parpadeo y abro la puerta de los vestuarios vacíos, suplicando que los recuerdos se vayan de mi cabeza.
No puedo escapar de ellos, da igual cuánto lo intente o cuánto pelee, me consumen.
Me desenvuelvo los nudillos y tiro las vendas sobre el banco justo antes de que la puerta se abra. Me giro y veo a los gemelos, Austin y Franky.
Levanto una ceja, me cruzo de brazos y suelto:
—Conocéis las reglas, fuera de aquí.
Los hombres no pueden estar aquí a solas con una mujer; es una de las pocas reglas, además de «no matar», que los Rebel's respetan.
Austin hace una mueca mientras Franky me mira de arriba abajo, y algo frío me recorre la columna; la mirada de depredador en sus ojos me golpea con fuerza.
Bajo los brazos y me pongo en posición, sabiendo que están a punto de hacerme daño, pero Austin corre hacia mí y me derriba al suelo antes de que pueda siquiera lanzar un puñetazo.
Gruño por el impacto en el pecho y de repente lo tengo sentado sobre la parte alta de mi espalda, inmovilizándome las manos por encima de la cabeza.
Suelta una carcajada.
—Ya no eres tan dura, ¿eh, zorra?
Me retuerzo debajo de él y le amenazo:
—¡Quítate de encima o te mato!
Se ríe y entonces siento unas manos engancharse en mis pantalones cortos, y me quedo paralizada un momento cuando me doy cuenta de que no van a darme una paliza. No, van a—
Austin aprieta el agarre mientras su hermano me arranca los pantalones y las bragas. Pateo y grito con la esperanza de derribarlo y que alguien me oiga.
Austin se mueve rápido, me agarra las manos con una de las suyas y me tapa la boca con la otra.
Lo muerdo con fuerza mientras pateo, lo que le hace gruñir y agarrarme del pelo. Me levanta la cabeza y me la estrella contra el suelo de cemento.
Gimo de dolor mientras Franky me separa las piernas y me penetra. Un dolor agudo y punzante me atraviesa, y vuelvo a gritar, pero Austin me tapa la boca otra vez.
—Joder, Aus, es virgen, o lo era —se ríe Franky, y las lágrimas me caen mientras embiste en seco, arrebatándome la virginidad.
Me retuerzo y grito contra la mano de Austin, negándome a rendirme, intentando escapar, pero ellos solo se ríen.
Siento a Franky acabar dentro de mí, y todo en mi interior se detiene mientras el horror se apodera de mí.
Me ha violado...
—Joder, tienes que sentir lo apretada que está, hermano; sentir su sangre en tu polla es increíble —gruñe Franky, y me retuerzo de nuevo, decidida a escapar.
Pillo a Austin desprevenido cuando me retuerzo; se tambalea y se cae de encima de mí. Maldice, pero enseguida jadea de dolor cuando giro, ignorando el dolor entre las piernas, sin permitirme pensar aún en lo que acaba de pasar, y le doy una patada en la entrepierna con todas mis fuerzas.
Franky me agarra del pelo y me golpea en la cara. El mareo se apodera de mí, pero lo ignoro, levanto el pie y le doy una patada en el estómago. Gruñe y me derriba al suelo.
Grito e intento darle un cabezazo, pero fallo cuando se sienta sobre mi pecho. Agito las piernas al sentir que unas manos me las agarran, y entonces me violan otra vez. Sollozo.
Franky me sonríe mientras su hermano me viola con fuerza y rapidez, embistiendo brutalmente a modo de castigo. Me quedo quieta, el cuerpo se me queda frío, y les dejo terminar. Ya noto la humedad en los muslos, que solo puede ser sangre.
Austin gime unos minutos después, acabando también dentro de mí. Franky me abofetea la cara con fuerza y suelta con desprecio:
—Deberías haberme dejado ganar, zorra...
Dicho esto, se levanta, y ambos hermanos se van entre risas mientras yo me quedo en el suelo, con las lágrimas cubriéndome las mejillas, el estómago doliéndome y las piernas destrozadas.
Me han violado, solo porque perdieron...
Trago con dificultad, me giro lentamente intentando ignorar el dolor y me arrastro hacia mi bolsa.
Cojo el móvil y pulso en el contacto de Acid. Apenas le hablo desde que me rechazó, sobre todo por la vergüenza de haber arruinado nuestra amistad, pero lo necesito. Cass se ha ido, mamá es... bueno, mamá; lo necesito...
El teléfono suena varias veces antes de que salte el buzón de voz, y suelto otro sollozo, dejándolo caer.
Papá está muerto, mamá es una puta infiel, Cassidy se ha ido y Acid ya no está en mi vida; estoy completamente sola.
Siento que me estoy apagando, que el frío se apodera de mí, pero no lo detengo; no impido que mi corazón se endurezca.
En lugar de eso, me levanto lentamente y camino hacia las duchas.
Abro el agua a tope, lo más caliente posible, y me froto hasta dejarme la piel en carne viva, hasta hacerla sangrar, mientras me prometo vengarme, mientras me juro no dejar que nadie se me acerque nunca más… .