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Acid - Veinte años
Suspiro mientras hago girar el teléfono en la mano, esperando que Perrie me responda.
Desde que murió su padre —desde que me besó y la rechacé— ha cambiado. Ya no entrena; el gimnasio está cerrado.
Cass mencionó que su madre no puede con ello, así que Steal se ofreció a comprarlo, pero lo rechazaron. Entonces construyó un ring en el sótano, con la esperanza de que volviera a entrenar, de que la Perrie de antes regresara. Pero no lo ha hecho. Apenas me habla, y la echo muchísimo de menos.
Me siento tan perdido…
Le envié un mensaje hace veinte minutos para quedar a entrenar, y nada, joder. Hasta en el trabajo apenas consigo sacarle un gruñido.
Golpeo el teléfono contra la barra. Piston, mi hermano pequeño, que está sentado a mi derecha, arquea una ceja, pero niego con la cabeza. No quiero oírlo.
Lo entiendo, la quiero, lo sé, pero soy escoria, algo que él no sabe. Y no solo eso: me despierto varias veces cada noche gritando por culpa de mis recuerdos. No puedo cargarla con eso, pero tampoco puedo mentirle. Estar con ella implica explicarle mi pasado, y eso no puedo hacerlo, joder.
Sabe que mi padre es un cabrón, pero eso es todo.
No soportaría que me mirara con asco. Ya es bastante malo que Piston me mire con rencor casi todos los días.
Cree que lo abandoné cuando me fui de casa a los dieciocho, pero no fue así, joder. Trabajé con el club para intentar acabar con Aiden, pero fracasé una y otra vez, así que le pagué al cabrón mientras traficaba con sus drogas hasta que Piston tuvo edad para largarse.
Cuando le di a Piston un chaleco de prospecto, se quedó sorprendido pero eufórico. Sin embargo, desde que vio cómo vivía yo después de irme de casa, el rencor se apoderó de él, aunque intenta disimularlo ahora que es un hermano.
—¿Por qué no la llamas? —pregunta Piston, y suspiro.
—Lo hice, cinco veces… —murmuro mientras hago girar el teléfono sobre la mesa de roble. Y sí, estoy enfurruñado.
¿Por qué no puede entender que no le convengo, que es mejor que seamos solo amigos?
¿Por qué coño tiene que apartarme de su vida?
Piston suspira apoyándose en la barra.
—Ol —lo miro—, perdió a su padre, a su héroe, y tú la rechazaste.
Abro la boca para defenderme, pero él alza la voz.
—Tenía dieciséis años, estaba muy afectada, y nuestros pasados nos persiguen a diario, lo entiendo, pero en ese momento necesitaba a alguien que la ayudara a olvidar su pérdida, aunque fuera un instante, y ahora lo está pasando mal.
Cass mencionó que apenas para en casa, que sale hasta tarde, y está preocupada.
Por eso Hammer convenció a Pez de que siguiera trabajando en el restaurante cuando quiso dejarlo, para poder vigilarla.
Me paso la mano por el pelo, frustrado, y admito:
—La echo muchísimo de menos, Eli. Echo de menos sus sonrisas, sus risas, nuestros entrenamientos. ¡La echo de menos, joder!
Asiente.
—Lo sé, y sé que apenas habla cuando la vemos en Huntsmen Grub. Solo han pasado dos años, hermano, dale tiempo. John no era solo su padre…
Suspiro.
—Lo sé; era su mejor amigo, su héroe.
Lo idolatraba, como deberían hacer todas las hijas con sus padres. Pero con Perrie, si algo salía mal —ya fuera en el colegio, con su madre o incluso con los chicos—, John era a quien acudía.
Piston asiente y va a hablar, pero ambos nos quedamos helados cuando se oyen gritos en la cocina. Steal entra en la sala arrastrando del pelo a una Cass sollozante, cubierta de sangre.
¿Qué cojones?
La empuja y ella tropieza. Saca el arma y le apunta a la cabeza. Cass lo mira con absoluta desolación, con la traición reflejada en los ojos.
—¡¿Qué cojones?! —espeto y me planto delante de Cass, sin importarme una mierda que este hombre sea mi amigo, mi presidente.
—¡Quítate de en medio, joder, Acid! —gruñe, temblando de rabia.
Piston se pone a mi lado y espeta:
—No vamos a dejar que le dispares a la familia solo porque seas nuestro presidente, Steal. ¡Cassidy es familia!
Se le dilatan las fosas nasales mientras una Faith llorosa le agarra del brazo, pero sus ojos marrones muestran algo que no me gusta nada: regocijo.
¿Qué coño ha hecho?
—¡Muévete ya! —brama Steal, y me coloco para cubrir a Cass con todo mi cuerpo. Ella me agarra del brazo con las manos temblorosas.
—Escucha, Ollie; n-no voy a permitir que te hagan daño. Perrie ha p-perdido demasiado, n-no puede perderte a ti también —susurra con la voz temblorosa.
Niego con la cabeza.
—¡Y ella no puede perderte a ti!
Steal curva el dedo en el gatillo y extiendo los brazos.
—Adelante, dispárame. A un hermano, a alguien a quien patrocinaste, solo para poder dispararle a la mujer que dices amar, a la que prometiste proteger.
Aprieta la mandíbula y gruñe:
—Ella mató a Brute. ¡Le clavó un cuchillo en el corazón!
Arqueo una ceja.
Brute era enorme, un auténtico imbécil, y nuestro capitán de ruta, un puesto que se supone que debo asumir pronto. Y Cassidy es diminuta.
—¿Lo viste con tus propios ojos? —le pregunto, y se le dilatan las fosas nasales.
Eso me parecía…
—Faith la vio hacerlo y confío más en Faith que en ella —señala a Cass con la cabeza. Ella ahoga un sollozo, y en este momento sé que, pase lo que pase, la ha perdido.
Años, años estuvieron juntos, y acaba de confirmar que nunca confió en ella.
¡Idiota!
Piston interviene:
—¿Desde cuándo te fías de la palabra de una tía que quiere tu parche, presidente? Tengo cámaras en esa cocina y sin embargo has pasado de cero a cien solo por lo que dice alguien con quien te acostabas, alguien que lleva intentando separarte de Cassidy desde el primer día.
—Baja el arma, Steal —exige Anchor, nuestro nuevo VP, mientras los hermanos asienten, convencidos de que Cass sería incapaz de matar a alguien.
Quiere ser médica; quiere salvar vidas, no quitarlas….
No obedece. En lugar de eso, fulmina a Cass con la mirada y suelta con desprecio:
—Haz las maletas y lárgate de la ciudad, porque si te vuelvo a ver, no tendrás a mis hermanos respaldándote; estarán de mi lado cuando descubran lo que hiciste.
La recorre con la mirada, lleno de asco y odio, y agarro el brazo de Piston para evitar que le pegue a nuestro prez, que escupe:
—Faith tenía razón sobre ti, no eres más que una puta mentirosa que va detrás del parche. ¡Ahora largo de mi club!
Lo fulmino con la mirada y me giro para ver a Cassidy pálida, con lágrimas rodándole por las mejillas. Tiene las manos, los brazos y el pecho cubiertos de sangre, y trago saliva.
Parece alguien que acaba de matar; tiene la mirada vacía, el cuerpo le tiembla, pero la pregunta es: ¿por qué lo hizo?
Y más importante aún: ¿cómo fue capaz, y qué le hizo Brute?
Con cuidado, la tomo de los hombros y la giro despacio, cubriéndola con mi cuerpo para que el cabrón no le dispare por la espalda mientras la saco del club. Los hermanos la observan con una mezcla de confusión, preocupación y desconfianza.
Piston me cubre las espaldas hasta que la puerta se cierra, y acompaño a Cassidy hasta su coche. Le abro la puerta.
Solo habla cuando ya está sentada.
—Cuida de Perrie por mí, Ollie —susurra, y me agacho, le acaricio la mejilla y le seco las lágrimas.
—Entrará en razón, Cass. Se dará cuenta de lo que ha hecho y por quién —intento consolarla, pero niega con la cabeza.
Sorbiéndose la nariz, dice con voz rota:
—El amor de mi vida acaba de ponerme una pistola en la cabeza.
Me encojo.
—Me-me amenazó con matarme solo porque la escuchó a ella sin pedirme mi versión. Debería haberme dejado en paz aquel día, no haberse empeñado en conquistarme….
Busco respuestas en sus ojos atormentados y pregunto:
—¿Qué pasó, Cass?
Llora:
—Ya no importa, ¿verdad? Ya ha decidido. Solo prométeme que cuidarás de mi hermana. No es la misma desde que murió papá, Ol, y ahora que me voy….
Niega con la cabeza y se mira las manos cubiertas de sangre, horrorizada.
Le cojo las manos para que me mire y le digo:
—Te lo prometo.
Protegeré a Perrie con mi vida, aunque sea de mí mismo.
Asiente, se inclina hacia delante, me besa en la mejilla y susurra:
—Os quiero, Ol, a ti y a Eli. Gracias por convertiros en mi familia, en mis hermanos.
La emoción me golpea con fuerza. Me levanto mientras ella cierra la puerta y se aleja.
Aprieto los puños y la veo alejarse a toda velocidad por la verja. Me doy la vuelta y entro furioso en el club. Piston está cara a cara con Steal, Anchor intenta contenerlo. Me acerco a zancadas, aparto a Piston de un empujón y empujo a Steal con fuerza. Se me planta delante.
—¡Recuerda quién coño soy, Acid! —gruñe, y asiento.
—Sí, sé perfectamente quién eres. Eres mi puto amigo, el que acaba de destrozar a alguien a quien yo consideraba una hermana.
Eres un tío que se dejó llevar por las emociones y dejó que esa zorra —señalo a Faith, que jadea— se le metiera en la cabeza en vez de analizar la situación como un presidente.
Ni siquiera escuchaste la versión de Cassidy ni le pediste a Piston que revisara las cámaras que instaló; le creíste a una mujer que lleva años detrás de ti antes que a una mujer que te lo dio todo.
Se le tensa la mandíbula y suelto una risa amarga.
—Vas a irte a la cama. Vas a consultarlo con la almohada, y mañana por la mañana, cuando Cass haya desaparecido sin dejar rastro, porque seamos realistas, Piston la enseñó bien, te arrepentirás de lo que has hecho.
Te darás cuenta de que acabas de perder lo mejor que te ha pasado en la vida, todo porque te cagaste de miedo.
Doy un paso atrás y frunzo el labio con desprecio.
—Eres mi amigo; tú y tu padre me salvasteis hace dos años, sobre todo después de perder a John, pero ahora mismo no soporto ni mirarte, y la idea de quedarme aquí bajo tu mando me dan ganas de entregar mi puto parche.
Su mirada se endurece, pero lo ignoro y me dirijo a las escaleras donde están las habitaciones de los hermanos que no son oficiales. Debería mudarme a la mía cuando asuma como Capitán de Ruta, pero con Brute muerto, eso podría ser antes de lo previsto.
Le silbo a Brandy, mi puta del club de siempre, porque necesito una distracción. Sonríe y viene corriendo hacia mí con la falda más corta que he visto en mi vida. Veo que Piston niega con la cabeza, pero levanto la mano, me importa una mierda.
Le prometí a Cassidy que cuidaría de Perrie, y eso incluye protegerla de mí mismo.
Soy escoria, basura. Se me pone la piel de gallina constantemente, y solo pensar en que alguien vea las marcas de mi espalda, las que me dejaron Aiden y sus putas, y mucho menos que las toque, me dan ganas de salir corriendo.
Pero la idea de que Perrie las vea, de que las toque...
me dan ganas de cortarme el puto cuello.
Brandy se arrodilla delante de mí en cuanto entramos en mi habitación temporal y me desabrocho los vaqueros.
Necesito una puta distracción; necesito dejar de pensar. Necesito superar mi puto pasado.
Saco mi polla a medio empalmar y se la paso por los labios, que ella abre de buena gana, y me hundo en su boca.
Tardo unos diez minutos, pero al final me pongo duro cuando imagino los ojos azul claro de Perrie, la única chica con la que consigo empalmármela.
Embisto con fuerza y le llego al fondo de la garganta, lo que la hace atragantarse.
Pero no me aparta. Al contrario, chupa más fuerte, con las manos detrás de la espalda como le ordené.
Gimo, aprieto los ojos con fuerza e intento mantenerme en el momento mientras se me tensan los huevos y un hormigueo me recorre la base de la columna, hasta que me corro en la garganta de Brandy.
Respiro hondo para controlar la respiración mientras me invaden las náuseas y las ganas de restregarme la polla hasta dejarla en carne viva. Intento ignorarlo cuando Brandy se levanta, se da la vuelta y se inclina sobre mi cama, enseñándome su coño desnudo y brillante.
Trago la bilis que me sube y respiro para contener las ganas de echarla. Cojo un condón.
Es solo sexo…. Me lo repito una y otra vez mientras me pongo el condón en la polla flácida, me la sacudo un par de veces y le meto tres dedos a Brandy, que gime.
Solo sexo….
—Méteme la lengua en el agujero, cariño —gime la mujer mientras un hombre me sujeta la cabeza contra su coño.
El olor me provoca arcadas e intento apartarme, pero el tipo me empuja la cabeza hacia delante, me agarra la polla, tira de ella varias veces y me amenaza:
—Haz lo que dice o te follo el culo.
Las lágrimas me brotan de los ojos mientras hago lo que me ordenan; su sabor asqueroso me golpea las papilas gustativas y ella gime, mueve las caderas contra mi lengua.
El tipo no me suelta la polla, aprieta el agarre, y las lágrimas me caen mientras la mujer se corre en mi lengua y sus jugos me cubren las mejillas.
—¡Sí, sí! —grita mientras me agarra la cabeza y el tipo empieza a moverme la mano, tratando de ponerme duro, algo que rara vez ocurre ya; mi mente por fin es capaz de resistir los instintos de mi cuerpo.
Gruñe frustrado antes de ponerme un condón y luego me coloca inclinado sobre la mujer. Tiene las mejillas hundidas, los ojos fríos y muertos, marcas de pinchazos en los brazos, pero aun así sonríe. Es jodidamente patética y asquerosa.
El hombre me coloca la polla en su entrada y me obliga a empujar hacia delante, y ella sonríe:
—Vamos, nene, ponte duro para mami….
La bilis me sube de nuevo y aprieto los ojos con fuerza.
Jadeo al incorporarme de golpe en la cama, empapado en sudor, con la respiración agitada.
Joder, joder, joder….
—Están muertos, los mataste —repito una y otra vez, tratando de calmar el corazón acelerado.
Me paso una mano por el pelo antes de coger el teléfono.
El corazón se me acelera cuando veo una llamada perdida de Perrie, pero en lugar de devolverle la llamada, sabiendo que probablemente esté dolida por la marcha de Cass, y no precisamente agradecida con Steal, a quien va a arrancarle los huevos, dejo el teléfono y salgo de la cama camino del baño compartido que tengo con Piston.
Abro la ducha tan caliente como puedo y me meto, dejo que el agua caliente me escalde el cuerpo mientras apoyo las manos en la pared de la ducha, deseando que los recuerdos desaparezcan.
—Están muertos —repito mientras aprieto los ojos con fuerza.
Por eso no dejaré entrar a Perrie. Por eso no puedo hacerla mía, aunque el corazón y el alma le pertenecen. Le pertenecen desde el momento en que puso en su sitio a un adolescente cabreado.
Ella merece algo mejor que yo, que toda esta mierda que arrastro, y el día que encuentre a alguien mejor, alguien que no sea yo, será el día en que me derrumbe.