Acid (Los Cazadores MC nº 2) 1
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Acid – Dieciocho años

Mantengo mi expresión impasible mientras los hombres me guían hacia el gran edificio de ladrillo que tengo delante. Afuera hay motocicletas alineadas, motos mucho mejores que la de cross que encontré en el vertedero y que tardé meses en resucitar.

Hammer, el presidente del MC Huntsmen, el hombre al que accidentalmente intenté arrojar ácido el año pasado, me aprieta el hombro, pero no me estremezco.

No sé por qué han decidido venir a buscarme, pero no tengo miedo. Probablemente debería tenerlo, pero no; he estado en situaciones peores, por culpa de que Aiden usa la maldita seguridad de Elijah como amenaza, pero si estos hombres se mantienen alejados de Elijah, me importa una mierda lo demás.

Diría que también tienen que mantenerse alejados de Perrie, pero ella es lavaplatos en Huntsmen Grub, un restaurante propiedad del maldito club, y su hermana, la pobre, está saliendo con un hermano, un hermano que se hizo amigo mío.

Hablando del dichoso hermano…

—Pareces a punto de cagarte encima —se ríe Steal, el hijo de Hammer, y entrecierro los ojos porque ambos sabemos que eso es mentira.

Observo la habitación. A mi izquierda hay una barra de roble, las paredes están llenas de fotografías, y dos sofás negros con tres sillones rodean un enorme televisor en la pared.

Junto al televisor hay una mesa de billar e incluso una diana, con varias mesas y sillas alrededor.

Varios pasillos salen de ambos lados de la habitación, y las escaleras quedan justo a mi izquierda.

Es jodidamente increíble…

Al verme, todos se quedan en silencio. De nuevo, no me pongo tenso.

He crecido con el maldito de Aiden Mathews; puedo con cualquier cosa ahora mismo.

—Hermanos, me gustaría que conocierais a Oliver Mathews, el chico que intentó arrojarme ácido el año pasado porque no lo contratamos en The Huntsmen.

Aprieto las muelas ante las palabras de Hammer mientras Steal me pasa el brazo por los hombros, pero le doy un golpe que lo hace gruñir y perder el equilibrio, y sonrío con suficiencia.

—¿Cass sabe lo malo que eres en el ring? —le pregunto, sin inmutarme por los hombres que me observan.

Steal sonríe. —Que yo recuerde, fui yo quien te pateó el culo en Halliwell's.

Resoplo. —Si acabar tumbado de espaldas significa que me pateaste el culo, pues vale, lo que tú digas. Y ¿por qué estoy aquí, de todos modos? No he hecho nada. Últimamente.

Steal levanta una ceja. —¿Como intentar quemar a mi padre?

Gruño, me paso una mano por el pelo y admito: —No fue mi maldita intención. Estaba intentando tirarlo por la ventana. ¿Cómo coño iba a saber que se pondría delante de mí justo en ese momento? Además, ya me ha perdonado por esa mierda.

Oigo risas antes de que un hombre que me resulta vagamente familiar se me acerque. Sus ojos verde claro me evalúan, ojos que me recuerdan a los de mi madre antes de que se metiera en las drogas.

Asiente y se presenta: —Me llamo Canine. Eh... tu madre era mi hermana.

Se me abre la boca de la sorpresa, abro los ojos como platos mientras su mandíbula se tensa.

—Tu padre no permitió que ni mi madre, tu abuela Meredith, ni yo tuviéramos contacto después de que Paige se casara con él. Solo supimos que murió gracias a un amigo que tengo en la morgue.

Resoplo, cruzo los brazos sobre el pecho y admito: —Eso no me sorprende. Probablemente no quería que supierais que nos daba palizas a mi hermano y a mí durante años, y nos obligaba a robar para no tener que buscarse un trabajo.

—¿Qué demo…? —tartamudea Anchor, el mejor amigo de Steal, con los ojos marrón oscuro muy abiertos, y me encojo de hombros.

—Es lo que hay —es lo único que digo, sin querer compasión.

He hecho todo lo jodidamente posible para asegurarme de que mi hermano no reciba el mismo trato que yo recibí al crecer; tener las manos de esas mujeres encima mientras los hombres me sujetaban.

¡Ni de coña!

También he intentado quitarme esos recuerdos del cuerpo a base de follar, pero no funciona. Siempre me siento sucio después, y tengo que restregarme el cuerpo hasta dejarlo en carne viva.

Hammer carraspea, captando la atención de todos, con sus ojos grises serios.

—Su hermano, Elijah, todavía tiene un año hasta que pueda irse legalmente.

Los Servicios de Protección Infantil, por alguna razón, están del lado del cabrón —me mira—.

Tengo un amigo que es un hacha con los ordenadores.

Todas las quejas contra tu padre fueron eliminadas del sistema, y cuando Canine intentó obtener tu custodia y la de tu hermano, el juez que tenemos comprado la denegó.

Esa mierda no me sorprende. Pamela, la mujer que siempre recibía las quejas, es la misma que venía a casa a usar mi cuerpo en contra de mi voluntad.

Hammer ladea la cabeza, intentando descifrarme, pero mantengo el rostro inexpresivo.

Nadie puede descubrir por lo que pasé durante cuatro años, nadie, y menos aún mi hermano.

Por lo que a él respecta, solo me golpearon hasta que tuvo edad suficiente para empezar a robar, y entonces Aiden se centró en él.

Eli puede odiarme por eso, e incluso guardarme rencor, pero si alguna vez descubriera las otras cosas que Aiden me obligó a hacer, lo destruiría.

Hammer me observa un segundo antes de volver a hablar: —Conseguí comprar la casa en la que viven Oliver y Elijah, así que eso no será un problema durante el próximo año, pero quiero intentar traer a Elijah aquí todo lo posible para que Aiden no pueda tocarlo.

—¿No podemos simplemente cargarnos al cabrón? —dice un hombre que no conozco, con la piel cubierta de tatuajes.

Hammer niega con la cabeza. —No, Art, no podemos. Tiene amigos en las altas esferas, y no podemos hacerlo desaparecer todavía, pero podemos asegurarnos de que apenas toque a Elijah, ahora que Oliver ha salido de esa casa.

Lo miro de golpe. —No he salido de esa casa. Pospuse la universidad para no dejar a Eli solo.

Hammer asiente. —Lo sé, pero Canine y yo hemos conseguido inscribirte en un curso de negocios para que puedas hacerte cargo de Huntsmen Grub.

Extiende la mano, y un tipo con un chaleco sin parches, con la palabra «prospect» en el lado derecho, le entrega algo. Me lo ofrece y dice:

—Todos los hermanos votamos, y varios nos peleamos por quién te apadrinaría, y por supuesto, ganó Steal. Te queremos como parte del club.

Se me abre la boca de la impresión cuando Steal da un paso adelante y me dedica una sonrisa.

—Tienes que hacer un año de curro de novato, pero te pagarán, y cuando los hermanos oficiales consideren que estás listo y que te has ganado la confianza plena del club, te convertirás en hermano.

Confío plenamente en ti, Oliver, y en cuanto lleves unos años cumpliendo con las tareas del club y consigas tu título, te nombraré capitán de ruta cuando sea presidente.

Trago saliva con dificultad mientras miro el chaleco y digo con voz ronca: —Pero intenté quemarte, Hammer…

Los hermanos se ríen mientras Hammer sonríe. —Eso demuestra hasta dónde llegarías por tu hermano, y esa es la clase de lealtad que buscamos.

Cojo el chaleco y paso el pulgar suavemente sobre el parche de prospecto.

Anchor habla y me hace mirarlo: —Ponte el chaleco, prospecto —sonríe—. Va a ser un placer cobrármelas por todas las veces que me diste una paliza en el ring.

Resoplo, respiro hondo y me pongo el cuero. Todos los hombres de la sala aplauden y cruzo la mirada con Hammer. —Prometo que no te defraudaré —juro, y él asiente con orgullo.

—Bueno, esto hay que celebrarlo —anuncia Steal, y me hace reír.

Arqueo una ceja. —Vale, primero, es solo un chaleco de prospecto; todavía tengo que demostrar lo que valgo. Y segundo, ¿no tienes que ir a ver a cierta pelirroja?

Sonríe. —Todos los hermanos aquí saben que pasarás el próximo año con nota, y que aceptaras era algo que creíamos que nos ibas a discutir. Además, llamé a Cass esta mañana cuando surgió algo. Pasará por aquí más tarde.

Niego con la cabeza mirando al idiota. Tiene seis años más que yo, está a punto de convertirse en presidente, y aun así no ve que la está cagando con su chica, una chica que merece que la traten como a una reina.

Cuando se liaron, no me sorprendió. Cass curra como una bestia para demostrarles a sus padres lo que vale, necesitaba desconectar un poco, y después de que él la convenció de darle una oportunidad, cayó rendida.

Pero desde que cedió, él la ha hecho ir siempre detrás mientras sigue dejando que Faith, su antiguo rollo, alguien con quien creció, ande revoloteando a su alrededor.

Cass está al límite y a punto de salir corriendo, y él necesita darse cuenta.

Estoy a punto de replicar, sabiendo que Cass solo quiere que él abra los ojos y esté más pendiente de ella en lugar de obligarla a llevar todo el peso de la relación mientras él sigue quedando con su antigua llama, cuando me suena el móvil, un móvil que puede que haya robado o no.

—Venga ya, se supone que estamos celebrando —se queja Steal, y resoplo.

—Podría ser mi hermano.

Suspira pero asiente mientras saco el móvil del bolsillo de los vaqueros, y frunzo el ceño.

—Es Cass —murmuro extrañado, porque normalmente solo me manda un mensaje si necesita que le eche un ojo a su hermana.

Steal se adelanta con el ceño fruncido y exige: —¿Por qué coño te llama a ti?

Le lanzo una sonrisa burlona a Hammer, que intenta contener la risa ante los celos de su hijo.

Niego con la cabeza y contesto, pero antes de que pueda hablar, los sollozos de Cassidy me llegan al oído y todos se quedan paralizados, oyéndola claramente mientras Steal se adelanta, presa del pánico, con los puños apretados.

—Ollie —solloza.

—Cass, ¿qué pasa? ¿Qué ha ocurrido? —exijo mientras pongo el móvil en altavoz.

Llora más fuerte y trago saliva. La preocupación por Perrie me golpea con fuerza y el pulso se me acelera ante la idea de que pueda estar herida.

Perrie se ha convertido en mi mejor amiga, y sí, estoy enamorado de ella. Lo sé, mi corazón lo sabe, joder, hasta su padre lo sabe. Es mi todo, pero nos quedaremos en la amistad, y no solo por mi pasado, por mi mierda, sino también porque solo tiene dieciséis años.

—Cass, respira hondo, háblame… ¿Es Perrie? ¿Está bien? —pregunto con calma, a pesar del miedo que me recorre ante la posibilidad de que le haya pasado algo.

La oigo intentar respirar hondo antes de que diga con voz quebrada: —¡Se ha ido! Perrie se ha ido, y y-yo… Dios mío…

Sus sollozos resuenan en la sala mientras Hammer sujeta a Steal, que intenta adelantarse, seguramente para quitarme el móvil, mientras yo intento calmar los latidos del corazón.

—¿Qué quieres decir con que se ha ido, Cass? —exijo, más brusco esta vez, intentando que reaccione.

—P-papá… é-él —llora—, está muerto.

Retrocedo un paso y los hermanos a mi alrededor miran el teléfono atónitos.

—Tu-tuvo un infarto en el gimnasio. P-Perrie estaba allí e in-intentó hacerle la RCP, pero lo-lo perdieron en la ambulancia.

¡Joder! John…

—Y-yo… cuando los médicos confirmaron su muerte, ella salió corriendo, Ollie, y-y y-yo… Mamá se ha desmayado, y los médicos necesitan que rellene formularios, pero Perrie se ha ido, y y-yo no—

La corto y digo con voz ronca: —Iré a buscarla, Cass.

Cruzo la mirada con Steal mientras los sollozos de Cassidy se vuelven desesperados.

—Iré a buscar a Perrie; creo que sé dónde está. Steal irá contigo. ¿En qué hospital estáis?

—Mem-Memorial —solloza, y Steal asiente.

—Estará allí en diez minutos —confirmo antes de colgar. Miro a Hammer, que parece destrozado.

John era muy conocido.

—Yo, eh, necesito que me lleven al gimnasio Halliwell; estará allí —digo, y él asiente. Me doy la vuelta y salgo de la silenciosa sede del club, sin terminar de asimilar que John se haya ido.

Me ayudó, me dio un propósito en ese gimnasio, y ahora se ha ido…

Camino hacia la camioneta en la que me metieron hace una hora mientras Steal corre hacia su moto. Levanta la mano al salir disparado de su plaza y atravesar las puertas. Subo al vehículo con Hammer pisándome los talones.

Pasa media hora hasta que Hammer se detiene frente al gimnasio, y trago saliva con dificultad.

—El club pagará el funeral —dice mientras miro por la ventanilla.

Asiento antes de bajar y, sin mirar atrás, me dirijo a la puerta mientras saco del bolsillo la llave que John me dio el año pasado.

Entro en silencio en el espacio abierto, donde resuenan los sollozos, y me golpea una desolación absoluta cuando veo a Perrie sentada contra el ring, con los ojos fijos en lo que parecen desechos médicos, el cuerpo temblándole.

Joder.

—Tinker —digo con voz ronca, y ella levanta la vista; sus tristes ojos azul claro se encuentran con los míos, con lágrimas cayéndole por las mejillas.

—N-no puedo r-respirar —tartamudea—, n-no puedo...

Sus gritos desgarradores resuenan a mi alrededor mientras se desmorona, y corro hacia ella. Me siento a su lado, la tomo en brazos y la coloco de lado en mi regazo, impidiendo que mire la escena que tiene delante.

Se aferra a mi camiseta mientras hunde el rostro en el hueco de mi cuello, llorando desconsoladamente, y la estrecho más fuerte contra mí, deseando poder quitarle este dolor, deseando que John siguiera aquí, deseando haber sabido que esta sería la última vez que me permitiría abrazarla así….