Regan
Regan
Parecía existir una lista bastante larga de novedades que eran la consecuencia de descubrir que el chico del que me estaba enamorando perdidamente y a toda velocidad era también un posible asesino trastornado, un acosador y un criminal en más sentidos de los que jamás me hubiese podido imaginar.
Una de ellas era que ahora estaba más alerta que nunca. Ese mundo acogedor y seguro en el que me había criado ya no existía y, al parecer, con él también había desaparecido mi capacidad de enfrentarme a mis problemas yo sola.
Me quedé helada, escuchando atentamente el ruido que provenía de la planta inferior. Porque no era un simple ruidito, era una especie de pulso, el latido de un corazón que no debería estar en mi casa.
Contuve el aliento y traté de aguzar el oído para averiguar de dónde procedía. Mi cerebro se encargó de llenar todos los vacíos, imaginándose que podía deberse al traqueteo de un pomo, o al susurro de un asesino enmascarado que estaba forzando la puerta.
¿Eso que había oído era un crujido? ¿Unos pasos?
Al principio, me había convencido de que debía de tratarse de algún mapache que estuviese fuera rebuscando en la basura, pero ahora estaba segura de que se trataba de un grupo de sicarios que habían descubierto que últimamente pasaba mucho tiempo con Rook y sus amigos y habían decidido acabar conmigo de una vez por todas.
Con aquella idea apoderándose de la parte racional de mi cerebro, era incapaz de pensar en otra cosa.
Sentí un escalofrío que me bajaba por la columna, algo que me oprimía el pecho y me cortaba la respiración mientras buscaba a tientas mi teléfono móvil. Me temblaban los pulgares cuando le envié un mensaje a Rook, medio segura de que para cuando lo leyera yo ya estaría muerta.
Me subí las sábanas hasta la barbilla.
Ven aquí
Ahora mismo
Tecleé ambos mensajes a toda prisa, preguntándome cuánto tardaría en responder. Pasó un minuto antes de que apareciesen los tres pequeños puntos que reflejaban que estaba escribiendo un mensaje que no tardó mucho en enviar.
Depende. Sigo metido en un buen lío o es que estás cachonda y necesitas que te eche una mano?
Estoy sola en casa y creo que alguien acaba de entrar
Pero sí, sigues metido en un buen lío
Cierra la puerta con llave, coge un cuchillo y llámame
Le hice caso. Cerré la puerta de mi dormitorio con llave y después busqué el puñal que él mismo me había regalado, antes de encaminarme hacia el armario y llamar a Rook.
En cuanto descolgó la llamada, pude oír de fondo el rugido ensordecedor del motor de su moto, tan sonoro que tuve que cerrar los ojos con fuerza.
—¿Debería preguntarte a qué velocidad vas?
—Ayyy, ¿es que estás preocupada por mí? —Su voz sonaba distante, como si el rugido del motor y el viento la silenciasen.
—Si no llegas vivo, seguiré estando aquí sola, con un ladrón en la planta de abajo, así que sí, estoy preocupada por ti.
Me acerqué un poco más a la puerta, agarrando el mango del cuchillo como si mi vida dependiera de ello.
—Qué conmovedor.
—Rook —solté cortante, pero no pude evitar que me temblase la voz.
—Ya voy, Rebel. Tú solo quédate donde estás. ¿Puedes oírlo desde allí?
Su voz sonaba grave y calmada, estaba hablando con tranquilidad para asegurarse de que no entrara en pánico y siguiese respirando con normalidad. Sentí que todo mi cuerpo se relajaba al momento. Puede que ahora estuviese sola, pero no lo estaría por mucho tiempo.
—No. ¿Y si está subiendo a mi habitación?
—Pues entonces va a acabar echando mucho de menos su cuello cuando le arranque la garganta de cuajo.
—Rook —repetí, intentando borrarme aquella imagen de la cabeza.
Respiré hondo de nuevo, dejando que todo mi cuerpo se relajase. Rook no iba a permitir que me pasase nada malo. Incluso si había alguien aquí, no dejaría que llegase hasta mí.
—¿Sí?
—Por favor, no lo hagas.
—¿Que no haga qué? ¿Qué es lo que te tengo dicho, Rebel? Si alguien te pone un solo dedo encima, acabará deseando estar muerto. Y, la verdad, creo que no existe mejor forma de hacer que alguien desee estar muerto que arrancándole la tráquea.
No pude evitar imaginarme aquella escena, y arrugué la nariz, asqueada.
—¿No podemos al menos decidir juntos qué hacer con él antes de que te lances a asesinarlo?
Rook guardó silencio por un momento, en el que solo pude oír el rugido de su moto de fondo.
—Si se me presenta la oportunidad y puedo llevarlo ante ti antes de acabar con él, claro.
—Gracias.
—Creo que solo lo dices porque te gusta verme trabajar.
—Sé que lo digo porque no me gusta ver cómo alguien se desangra en el vestíbulo de mi casa.
—Comprensible. ¿Oyes algo?
Me acerqué a la puerta sin hacer ruido, la abrí tan solo una rendija y traté de escuchar con atención. Un suave y constante golpeteo resonaba en la planta baja.
—Sí, está abajo, pero no sé dónde exactamente.
—Ya estoy aquí —dijo, apagando el motor—. Me oirás en un segundo, quédate donde estás.
—Vale —susurré, respirando hondo por primera vez desde que lo había llamado—. Gracias.
—Haría lo que fuese por ti, Rebel.
La línea se quedó en silencio antes de que oyese a Rook subiendo por el camino de la entrada y el chasquido suave del cerrojo cuando abrió la puerta de la entrada.
No pude evitarlo. Me acerqué a la puerta de mi habitación y la entreabrí.
Aún había otra persona haciendo ruido en la planta baja, caminando con unos pasos pesados y torpes.
Seguía teniendo el teléfono pegado a la oreja y pude oír que Rook respiraba hondo antes de que alguien se pusiese a gritar. Aquellos chillidos resonaron por toda la casa y a través de la llamada, y yo me quedé paralizada.
—¡Te he dicho que no lo mates! —grité, abriendo la puerta de par en par.
Entonces la línea se cortó y la casa se sumió en un silencio sepulcral. Salí de mi habitación, con la mirada clavada en el pasillo, pero no vi a nadie allí fuera.
—¡Regan! —me llamó Rook a gritos. Sonaba tan furioso que su voz retumbó por toda la casa—. Baja aquí ahora mismo.
Me aferré al mango del cuchillo con todas mis fuerzas, recorrí el pasillo sin hacer ni un solo ruido y me asomé al balcón interior que daba hacia el vestíbulo.
Al primero al que vi fue a Rook, enfadado y rabioso, que estaba presionando el filo de un puñal contra la garganta del chico que se había colado en mi casa.
—Este tío dice que te conoce, y, como estás tan cabezona con eso de que me comporte como un caballero, te voy a dar la oportunidad de decirme si eso es cierto o no.
Brad alzó la mirada hacia mí, con los ojos abiertos como platos.
—Solo había venido a hacerte una visita, Regan. ¿Qué cojones está pasando?
—¿Brad? —solté, al mismo tiempo que bajaba las escaleras a la carrera—. Vale, Rook, puedes soltarlo. Sí. Lo conozco —dije, y me fijé en cómo levantaba una ceja inmediatamente—. Te estoy diciendo que es verdad. Nos conocemos desde hace años.
—Si os conocéis desde hace años, ¿qué cojones estabas haciendo colándote en su casa a estas horas?
—A veces me paso por aquí sin avisar para..., ya sabes..., divertirme un poco.
Rook apretó los labios con fuerza, y presionó un poco más el filo del cuchillo contra el cuello de Brad.
No pude evitar sonrojarme ante aquella admisión, e intenté rehuir la mirada de Rook.
—Rook —le advertí de nuevo. Se limitó a poner los ojos en blanco y después apartó a Brad de un empujón, haciendo que el chico se cayese al suelo de bruces. Aunque se levantó rápidamente cuando vio a Rook acercarse a mí.
—Estoy a nada, Rebel, a nada de matarlo —siseó. Una oleada cálida me recorrió de la cabeza a los pies mientras Rook se acercaba cada vez más a mí, colocándose a mi espalda, pero sin tocarme en ningún momento.
—¿Qué cojones está pasando, Regan? —preguntó Brad, sacudiéndose el polvo de encima.
—¿Con qué puto derecho te cuelas en mi casa en plena noche sin ni siquiera molestarte en avisarme antes, aunque sea por mensaje? Llevamos meses sin hablar.
—Antes lo hacía constantemente. Y no sabía que ahora tenías un guardaespaldas malhumorado protegiéndote por las noches.
—Un novio malhumorado —replicó Rook.
Le di un fuerte codazo en el abdomen, pero no me molesté en corregirlo.
—¿Qué? —preguntó Brad.
Rook se adelantó un paso, presionando de nuevo la punta de su puñal contra la barbilla de Brad.
—He dicho que tiene un novio malhumorado. Aunque también soy su guardaespaldas, me pareció que debía dejarte bien clarito que no pienso permitir que vuelvas a colarte en casa de mi novia para «divertirte» con ella nunca más.
—Bueno, no lo sabía. Ninguno de nuestros amigos me dijo nada de que estuvieses saliendo con alguien.
Y se me ocurrió que podría ser divertido colarme en tu casa por la noche, como en los viejos tiempos.
—Brad observó la escena boquiabierto, antes de volverse a mirarme—.
¿En serio el tío que acaba de intentar asesinarme es tu novio?
Rook soltó una suave carcajada, deslizando la punta del cuchillo por su rostro.
—Eso, cariño, ¿soy tu novio?
—No —solté, quizá demasiado rápido, lo que no pareció gustarle ni un pelo, porque entonces agarró a Brad por la nuca y lo empujó con más fuerza contra la hoja de su puñal.
—Bueno, pues solo le permito a mi mujer decirme lo que tengo que hacer, así que, como acabas de decir que no lo eres, puedo matar a quien me venga en gana.
Brad se puso a gritar, aunque Rook no se había vuelto a mover.
—¡Pues claro que es tu novia! Y yo no volveré a pisar esta casa nunca más. ¡Toda tuya!
—No es a ti a quien se lo he preguntado —le escupió Rook, frunciendo el ceño—. Quiero que sea ella quien lo admita.
—Regan, joder, dile a este loco desquiciado que eres su novia para que me deje irme de aquí de una vez.
—Rook, suéltalo.