Ace & Ember (Los Mavericks 2) Cuarenta y cinco #3
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Cuarenta y cinco #3

Después me eché hacia atrás, al mismo tiempo que la adrenalina me abandonaba.

Una oleada de dolor me recorrió entero, como si la herida que tenía en el costado se hubiera abierto y alguien me estuviese arrancando las entrañas, y la cabeza me palpitaba de dolor.

Si antes no tenía una conmoción cerebral, estaba claro que ahora sí.

Evie bajó el cuchillo con el que había estado apuntando a Zack, como si temiera que fuese a volver a levantarse en cualquier momento. Al darse cuenta de que estaba muerto, su mirada aterrada se volvió hacia mí.

—¿Te encuentras bien?

—¿Que si me encuentro bien después de que hayas irrumpido aquí y hayas asesinado a alguien para salvarme? Nunca he estado mejor. Eres un jodido sueño hecho realidad, Psycho. —Me limpié la sangre de los labios—. Cásate conmigo.

Evie soltó un gemido.

—Eres idiota. Anda, cállate y larguémonos de aquí de una vez.

Puse una sonrisa burlona.

—Me amas.

Se me nubló la vista, y el mundo comenzó a dar vueltas a mi alrededor.

Evie puso los ojos en blanco.

—Pregúntamelo luego otra vez, cuando no te estés desangrando.

Sonreí, a pesar del dolor.

—No, Evie, te lo pregunto ahora.

—¿El qué? ¿Lo de la boda o lo de si te amo? —me preguntó, enarcando una ceja.

—Podemos empezar por lo de si me amas —se me rompió la voz al hablar de «amor», y una extraña oleada cálida atravesó el dolor que se había apoderado de mí.

Evie echó un vistazo a su alrededor, mucho más nerviosa que cuando había irrumpido aquí para desatar un auténtico infierno.

—Joder, Ace. —Esta vez dijo ese apodo con cariño—. ¿En serio me vas a obligar a que sea yo quien lo diga primero?

Alargué una mano hacia ella, e hice una mueca de dolor al rodearle el cuello.

—Te quiero, Psycho.

Evie sonrió, relajando los hombros.

—Yo también te quiero, Ace. Parece que ahora eres mi mano derecha. Alguien con quien siempre puedo contar.

—Siempre he sido tu mano derecha, Evie. Porque siempre he sido tuyo.

Ella se acercó a mí, y nuestros labios se encontraron sin vacilación.

—Oh, por el amor de Dios —gruñó Rook, bajando la mirada hacia los cadáveres que estaban tirados por el suelo—. ¿Ya habéis acabado con vuestros preliminares homicidas o preferís que vuelva a buscaros más tarde?

—También podrías dejarnos a solas —comenté, encogiéndome de hombros, porque sabía que eso le cabrearía.

—Que te jodan —soltó, acercándose a nosotros hecho una furia—. Te dije claramente que no te tiraras a mi hermana, y vas tú y te pones a comerle la boca en mi cara —dijo, pero no sonaba tan enfadado como esperaba.

—¿Que no me la tirara? ¡Pero si acabo de pedirle que se case conmigo! —grité, entre risas.

Rook se detuvo de golpe, observándonos boquiabierto.

Hero, Mason, Harper y Kane irrumpieron entonces en la estancia.

—¿Estás de coña? —soltó Hero, y la sonrisa se le borró de golpe al echar un vistazo a su alrededor—. ¿Hemos llegado tarde?

—Muy tarde —dije, apartando la mirada de Rook, que seguía mirándonos fijamente—. Pero no me vendría mal un poco de ayuda, si os parece bien bajar las armas un momento.

Hero puso los ojos en blanco, pero Evie se apresuró a colocarse a mi lado antes de que pudiera moverse siquiera, echándose uno de mis brazos por los hombros.

—Rook dijo que podríamos liarnos a tiros y hacer una entrada a lo grande cuando llegáramos, ¿y me encuentro esto? Me debéis una, tíos.

—¿Que te debemos el qué? ¿Una habitación llena de gente a la que poder cargarte? —le preguntó Evie, frunciendo el ceño.

—¿Sabes qué? Sí, justo eso. Consideradlo un regalo de Navidad adelantado.

—Estamos en abril —dijo Harper, agachándose junto a uno de los cadáveres a mi lado para asegurarse de que estaba muerto.

—Por eso he dicho «adelantado».

Rook volvió a echar un vistazo a su alrededor.

—¿Es que crees que voy a pasar por alto el hecho de que acabas de decirme así como si nada que le has pedido matrimonio a Evie?

Todos se volvieron a mirarnos en ese momento, y yo solo pude sonreír.

—Vaya —soltó Regan, apareciendo en el umbral, se acercó a Rook y lo abrazó por detrás—. Yo había apostado que a Aiden acabarían dándole una buena paliza, no que se acabaría prometiendo.

—Oh, todavía no nos hemos prometido —bromeó Evie—. Técnicamente no te he dicho que sí.

Bajé la mirada hacia su rostro, obligándome a sonreír a pesar del dolor.

—¿En serio vas a dejar que me desangre sin darme una respuesta?

Ella puso los ojos en blanco.

—No te vas a desangrar. Al menos, aún no, pero ¿en serio quieres hacer esto delante de todo el mundo?

Rook alzó las manos y Regan se recostó contra su cuerpo.

—Esto no me gusta ni un pelo. No me gusta nada de nada.

Evie sonrió mientras me llevaba hacia la salida.

—Venga. Vamos a que te cosan esa herida antes de que vuelvas a declararte.

Le devolví la sonrisa, haciendo una mueca de dolor cuando una punzada ardiente me atravesó las costillas.

—No prometo nada.

Hero, Mason y Harper soltaron un gruñido. Rook murmuró algo sobre necesitar un trago antes de volver a tener que lidiar con esto.

¿Y Evie?

Ella tan solo sonrió.

Y, en ese momento, ensangrentado, magullado y medio inconsciente, tuve algo muy claro.

La seguiría hasta el fin del mundo. Siempre.