Cuarenta y cinco
Aiden
El dolor me estaba matando.
No era esa clase de dolor agudo y fugaz que se siente después de un golpe rápido en medio de una pelea.
No, era un dolor profundo y punzante, de los que te desgarran las entrañas y te provocan náuseas.
La sangre me empapaba la camiseta, pegándomela a la piel mientras apretaba los dientes con fuerza.
Jack estaba de pie justo delante de mí, con los brazos a los costados, observándome claramente complacido consigo mismo.
—Estás hecho una mierda —comentó, con una sonrisa burlona.
—No me digas. Es lo que suele pasar cuando tienes que salvar a tu chica no solo de un loco desquiciado, sino de dos. Entre los que se incluye uno que creías que era tu amigo.
Zack frunció los labios en una mueca.
—Tú y yo nunca hemos sido amigos, y lo sabes. Nunca encajé en vuestro grupito, y eso ha quedado más que demostrado cuando me habéis echado a la mínima de cambio.
Sonreí incluso a pesar del dolor, porque sabía que tenía razón.
—Bueno, después de que nos grabases a Evie y a mí follando, sí, admito que no me dio ninguna pena echarte de una patada. De lo único de lo que me arrepiento es de no haberte partido las piernas antes de dejarte marchar.
—Porque sois débiles. A la hora de la verdad sois débiles, y por eso no te atreviste a hacer nada al respecto.
—Tú sigue diciéndote eso, sí. Pero ya sabes cómo va a acabar esto, ¿no?
—Con Evie entendiendo por qué lo hice y dándose cuenta de una vez de que tú estás en el bando perdedor.
Enarqué las cejas.
—Sí, claro, porque Evie es conocida por ser una persona increíblemente comprensiva y que siempre piensa las cosas con calma.
Desde luego que no es la clase de chica que dispara antes de preguntar.
Para ser alguien que dice estar enamorado de ella, nunca le has prestado la más mínima atención, ¿verdad?
—Pues claro que le he prestado atención.
Le devolví la sonrisa burlona.
—Entonces entenderás por qué la llamo Psycho.
—Callaos los dos de una vez —dijo enfadado Anderson.
Cruzó la estancia en un par de zancadas, arrastrando las botas por el suelo, y observó la puerta de nuevo, como si estuviera esperando a que se abriera de par en par en cualquier momento—.
Ni siquiera tienes a Evie, Zack, así que, antes de seguir con esta cháchara estúpida, quizá deberíamos centrarnos en recuperarla y en deshacernos de...
él. —Escupió la última palabra, como si le supiera amarga en la boca, con una mueca asqueada retorciéndole la expresión.
Apreté los labios con fuerza, tratando de reprimir una carcajada.
—¿A qué viene tanta prisa? Solo somos tres tíos enamorados de la misma mujer pasando el rato. Por suerte para mí, yo soy el único al que no quiere matar. Al menos, hoy no.
—Tal vez ella no, pero nosotros sí —replicó Jack—. Yo no te necesito para nada y, por lo que he tenido que ver estas últimas semanas, si te dejo con vida, solo me estorbarás.
Se me crispó la sonrisa.
—Así que eres tú quien nos ha estado acosando.
—Está claro.
La puerta metálica se abrió de golpe, acabando por completo con la tensión que impregnaba el ambiente. Jack se volvió hacia allí, y entonces el mismísimo infierno irrumpió en la estancia.
Siendo ese infierno el amor de mi vida.
Evie fue la primera en entrar, hecha una furia, con llamas iluminándole la mirada cuando sus ojos se posaron sobre mí, y yo no pude evitar sonreír. Rook estaba a su lado, con una pistola en una mano y un cuchillo en la otra.
Pero yo solo tenía ojos para Evie en ese momento.
Algo había cambiado entre nosotros cuando Rook se había enterado de lo nuestro. Una parte de mí había aceptado que Evie era mi destino, pasara lo que pasase. Y que nada ni nadie podría interponerse jamás entre nosotros.
Así que, en realidad, lo único que tenía que hacer durante el resto de mi vida era seguir amándola como lo hacía.
Aunque no es que aquello me fuera a resultar muy difícil. Evie alzó el cuchillo y se encaminó hacia Jack, al mismo tiempo que un disparo resonaba con fuerza por toda la sala. Rook había disparado a uno de los guardias, y el hombre cayó al suelo aullando de dolor.
Habían lanzado mi pistola a un rincón de una patada, así que luché contra las ataduras que me mantenían preso mientras los demás estaban demasiado ocupados enfrentándose a Rook y Evie.
—¿En serio? ¿Otra vez? —murmuró Jack, mientras una Evie salvaje se acercaba lentamente a él.
El último de los guardias que quedaba en pie se deslizó para interponerse entre ellos, pero Evie ni siquiera vaciló. Se abalanzó sobre él, rápida y feroz, esquivando su ataque y lanzándose directamente a por Jack.
Rook también se adentró en la estancia tras ella, mientras Zack permanecía paralizado al margen por la sorpresa, enarbolando el mismo cuchillo con el que me había apuñalado antes, a modo de defensa.
Jack apenas tuvo tiempo de reaccionar, pero logró agarrar a Evie de la muñeca y retorcérsela con fuerza. A ella se le cayó el cuchillo al suelo con un ruido sordo y, durante medio segundo, pensé que la tenía atrapada.
Pero Evie se limitó a sonreír, mostrando todos los dientes como la psicópata que era. Porque, por algún extraño motivo, aquello no parecía preocuparla en absoluto.
Jack la atrajo hacia su pecho con brusquedad.
—Crees que tu sitio está allí, con ellos, ¿verdad?
—se mofó, con voz grave y burlona—. Que eres una de ellos...
Pero no eres nadie, Evie. No naciste en su mundo.
Te arrastraron a él como si no fueras más que una perra callejera, y desde entonces no has hecho más que fingir.
Ahora que saben lo que eres, ya no te quieren.
Porque ni siquiera compartís la misma sangre.
Evie se quedó helada, con su pecho subiendo y bajando con fuerza con cada respiración agitada.
—¿De qué estás hablando? —pregunté, porque no sabía cómo interpretar lo que Jack estaba diciendo—. Es la hermana de Rook.
—Ah, ¿es que no te has enterado? La pequeña Evie Emberson en realidad no es una Emberson. Al menos, no de sangre. Es adoptada. No es más que una pequeña huerfanita, un chucho por el que sus padres dieron la vida.
—Eso no importa —respondió Evie, robándome el aliento. ¿Ella ya lo sabía? ¿Y estaba aquí, protegiéndome, cuando acababa de enterarse de algo así?—. Siempre seré la hermana de Rook, igual que los demás siempre serán mi familia, tengamos o no la misma sangre.
—No, no lo serás, chucho. Sí, puede que ahora te necesiten para salir de aquí con vida. Pero ¿en serio crees que seguirán pensando lo mismo cuando volváis a casa? Ni de coña. Eres un lastre, un riesgo. No te querrán cerca a menos que se vean obligados a ello.
Evie se quedó paralizada, con los ojos como platos, y me invadió el temor de que pudiera creerle.
Jack esbozó una sonrisa burlona al saber que había tocado una fibra sensible.
—No eres una de ellos. No eres una Emberson. No formas parte de su familia. Solo eres una pequeña niña perdida jugando a las casitas.
—No, eso no es cierto, Evie —dije, intentando mirarla a los ojos, mientras la cabeza me daba vueltas—.
Hoy todos estábamos dispuestos a morir solo por recuperarte.
Yo no soy nadie. Tan solo un niño de acogida, al que sus padres no quisieron, y eso nunca ha influido en quién era dentro de nuestro grupo.
—Pero él siempre sigue las normas. No es él quien siempre les está causando problemas —replicó Jack—. Tú sí. Tú siempre estás poniéndolos a todos en riesgo.
Evie se volvió a mirarme, y en ese momento supe que necesitaba oírmelo decir.
—Te quiero, Evie. Y, sinceramente, el hecho de que Rook y tú no compartáis la misma sangre solo hace que le sea mucho más difícil justificar por qué quiere darme una paliza por estar contigo —comenté, dedicándole una sonrisa y rezando por que hubiera pillado la broma.
—Y también le da más motivos para dejarte atrás —dijo Jack.
Una sonrisa lenta y escalofriante se dibujó en el rostro de Evie.
—Hablas demasiado.
Y entonces atacó.
Se zafó de su agarre de un tirón, girándose rápidamente y dándole un fuerte codazo en las costillas. El hombre soltó un gruñido de dolor y se dobló sobre sí mismo, lo que le permitió a Evie recoger el cuchillo que se le había caído y clavárselo profundamente en el cuello.
Jack soltó un grito ahogado y abrió los ojos de par en par por la sorpresa.
Llevó una mano a la muñeca de Evie a toda prisa, tratando de apartarla de él, pero ella retorció la hoja en su cuello, arrastrándola después entre sus músculos y tendones.
Un sonido ahogado y húmedo escapó de los labios del hombre, y su sangre salpicó la mano de Evie.
Solo entonces le arrancó el cuchillo del cuello, antes de dar un paso atrás y dejarlo caer.
Jack cayó pesadamente al suelo con la boca abierta como si fuera a decir algo. Pero de entre sus labios no surgió ni una sola palabra, tan solo un gorgoteo húmedo, mientras sus ojos recorrían frenéticamente la estancia, antes de que comenzaran a apagarse poco a poco.
Evie retrocedió de nuevo, acercándose a mí lentamente, pero sin dejar de observar a Jack, como si quisiera asegurarse de que no fuera a levantarse de nuevo.
Joder.
Estaba enamoradísimo de ella.
Solté un gemido, intentando moverme, pero un ramalazo de dolor me atravesó el pecho, nublándome la visión.
Sabía que debía de tener una conmoción cerebral por el golpe que me habían dado, y que probablemente fuera a necesitar puntos en la herida del pecho, pero nada de eso importaba. Solo podía pensar en Evie.
No lograba comprender cómo había acabado convirtiéndome en el mejor amigo de una mujer tan perfecta como ella, pero así era. Nos habíamos hecho amigos hacía muchos años y, desde entonces, no había querido pasar ni un solo día separado de ella.
Noté que se me volvían a cerrar los ojos poco a poco. Evie se acercó corriendo a mi lado, y me dijo algo que no logré comprender.
—Aguanta, Aiden —susurró, arrodillándose junto a mí y empezando a soltar las cuerdas con las que me habían atado a la silla. Sus manos trabajaron rápido y con sorprendente seguridad.