Ace & Ember (Los Mavericks 2) Cuarenta y cuatro
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Cuarenta y cuatro

Evie

Un hilo de un líquido cálido me hizo cosquillas al deslizarse por mis labios. Saqué la lengua y noté un sabor metálico y punzante.

Estaba sangrando.

Me hormigueaban los dedos, entumecidos por la falta de circulación.

La sangre se me fue acumulando en la comisura de los labios.

Me revolví ligeramente en mi asiento, dejando que la cabeza me cayera hacia un lado, con la esperanza de que la sangre gotease sobre mi regazo y dejase de hacerme cosquillas en la boca.

En cuanto el cosquilleo desapareció, comenzó un golpeteo incesante.

Solté un gruñido y eché un vistazo a mi alrededor, pero no encontré de dónde procedía. Justo entonces, el golpeteo cesó. Aunque volvió a comenzar un segundo después. Con ese clic, clic, clic lento y rítmico. Se me volvió a acelerar el corazón, al compás de aquel sonido.

—¿Es que no puedo tener ni un segundo de paz en esta mierda de situación? —le grité al vacío.

Mi pregunta retumbó entre aquellas paredes y, por primera vez desde que me habían encerrado allí, sonreí.

—¡Hey, capullos! —grité—. ¿Podríais tener al menos la decencia de traerme algo de beber?

Forcejeé de nuevo con las bridas, con la boca seca, mientras intentaba no frustrarme más de lo que ya estaba.

El golpeteo se volvió mucho más fuerte. Giré la cabeza hacia un lado, buscando de nuevo su origen, pero allí no había nada.

Tan solo un espacio vacío. ¿Esto formaba parte de la tortura?

¿El aislamiento? ¿Que un ruido lento, pensado específicamente para hacerme ceder sin que tuvieran que rozarme siquiera, me llevara a la locura?

Claro que seguía sin tener ni idea de por qué me estaban torturando. Porque no era yo la que tenía la información importante en este caso.

Se me revolvió el estómago con solo pensarlo.

En realidad, ahora sí que tenía toda la información que había estado buscando, y era horrible.

El aire gélido de aquella estancia abandonada se me pegaba al cuerpo como una segunda piel, húmedo y opresivo. La luz tenue que iluminaba la sala titilaba mientras yo le daba vueltas a todo lo que había descubierto.

Rook no era mi hermano.

El sonido de unas botas pesadas acercándose por el pasillo hizo que se me acelerara el pulso. Me quedé helada, aguzando el oído, justo cuando los pasos se detuvieron.

Un susurro suave se filtró en el interior de la estancia, pero no pude escuchar lo que estaban diciendo. Tal vez estuvieran planeando cómo acabar conmigo.

Entonces oí un golpe seco y fuerte que hizo que me estremeciera.

La puerta se abrió de par en par.

Aiden irrumpió en la estancia hecho una furia, con la pistola en alto, tan tenso que parecía capaz de destrozar el mundo entero solo para lograr su objetivo.

Tenía el pelo revuelto, cayéndole por la frente, y su pecho subía y bajaba con cada respiración entrecortada y desesperada.

Estaba claro que había ido corriendo sin descanso hasta allí.

Antes de que pudiera asimilar siquiera lo que estaba ocurriendo, Aiden se arrodilló frente a mí y deslizó las manos hacia mi espalda para librarme de las bridas.

El alivio me invadió tan rápido y con tanta fuerza que la cabeza comenzó a darme vueltas.

—Joder, Evie —jadeó, con voz ronca—. ¿Te ha hecho daño?

Por un momento no pude responder. No porque tuviera miedo, no porque Anderson me hubiese secuestrado, sino por la forma en que Aiden me estaba mirando, por la preocupación y el amor que vi reflejados en sus ojos, como si verme fuese lo mejor que le había pasado en la vida.

—No —logré articular por fin, con una voz mucho más débil de lo que pretendía.

Aiden sacó un cuchillo y cortó las bridas que me mantenían presa.

Rook también estaba allí, de pie frente a la puerta, vigilando la entrada y echándonos un vistazo de vez en cuando, pero sin decir nada.

Antes de que pudiera moverme, los dedos de Aiden se cerraron alrededor de mis muñecas, frotándome con suavidad la piel rojiza y dolorida.

—Me has dado un susto de muerte.

Entreabrí la boca para decir algo, pero las palabras se me quedaron atascadas en la garganta en cuanto vi que Rook se quedaba helado junto a la puerta.

Aiden también se percató de ello y se levantó de un salto, interponiéndose entre la entrada y yo, colocándose delante de mí, como si fuera un escudo.

Jack Anderson se adentró entonces en la estancia, cruzando el umbral con una sonrisa fría y socarrona, y supe al momento que no venía solo.

Algo se movió en la oscuridad a su espalda.

Al principio, no logré ver bien quién era, tan solo una presencia, lenta y deliberada, con las sombras que llenaban el pasillo engulléndola entera.

Pero entonces los fluorescentes del techo parpadearon, y la figura dio un paso adelante, revelando una serie de rasgos que me resultaron familiares: una mandíbula marcada, la sombra del arrepentimiento cruzando su expresión y unos ojos que siempre me habían parecido firmes y seguros.

Aunque en ese momento no era seguridad lo que me transmitían exactamente.

Se me revolvió el estómago al verlo, como si el suelo bajo mis pies se hubiese inclinado, como si el mismísimo universo se hubiese reescrito de la forma más cruel posible.

—¿Zack? —La voz me salió ahogada.

Una parte de mí, la más estúpida y esperanzada de todas, esperaba que se acercase corriendo, que me ayudase, que se volviese hacia Anderson y luchase con nosotros.

Pero no lo hizo. Se limitó a quedarse ahí de pie, con el rostro torcido en una expresión dolorida y desesperada.

Tenía un ojo hinchado y amoratado, el labio partido y un moratón negruzco le cruzaba una de las mejillas; evidencias de la paliza que le debían de haber dado Rook y Aiden. Y todo ello hacía que verlo allí de pie me resultara incluso más escalofriante.

Aiden se puso tenso a mi lado. Aferró con más fuerza la pistola, pero no apretó el gatillo.

La estancia era grande, pero estaba prácticamente vacía, iluminada tan solo por la tenue luz que procedía de los fluorescentes parpadeantes del techo.

Había una silla metálica a un lado, y las sombras que proyectaba se deslizaban por las paredes, como oscuros guardianes, a la espera de que les diesen la orden de atacar.

Solo Jack y Zack estaban iluminados perfectamente, pero una serie de movimientos extraños entre las sombras me hizo pensar que en realidad no estábamos solos.

La sonrisa de Jack se ensanchó cuando señaló a Zack de arriba abajo, como si estuviese mostrándonos un enorme trofeo.

—Sorpresa, cielo.

Zack se estremeció ante las palabras de Jack, y abrió y cerró la boca varias veces como si quisiera negarlo todo. Pero el silencio se prolongó demasiado.

Entonces caí en la cuenta de la verdad. Zack no estaba allí para ayudarnos, estaba trabajando con Jack.

Me quedé mirándolo fijamente, con un nudo en la garganta.

—Dime que no es cierto.

—Todo lo que he hecho ha sido por nosotros, Evie.

Su voz sonaba suave. Demasiado suave. Como si creyese que aquello era alguna especie de confesión de amor en vez de una maldita pesadilla. Estuve a punto de echarme a reír, porque ahora estaba claro que mi comedia romántica se había convertido en toda una película de terror.

—¿Por nosotros? —repetí, con la bilis subiéndome por la garganta.

Zack se acercó un paso a mí, alargando una mano como si pretendiera tocarme, como si yo fuese a permitírselo.

—Jack me prometió que estarías a salvo. Y yo...

necesitaba alejarte de ellos. Alejarte de él.

—Señaló a Aiden con un gesto de la cabeza, y se volvió a mirarlo de reojo, como si estuviera esperando a que este le llevara la contraria—.

Jack me contó que llevaba tiempo planeando cómo secuestrarte, que llevaba semanas vigilándonos para comprendernos mejor, y supe que, si lo ayudaba, podría asegurarme de que nadie te hiciera daño.

—Intenté explicarle que no te gustaba de esa forma, Evie, pero el chico se negó a escucharme —lo interrumpió Jack—. Aunque tampoco puedo culparlo. Porque yo tampoco tenía pensado aceptar un no por respuesta, la verdad.

Se volvió entonces hacia Aiden, lanzándole una mirada cargada de veneno.

Se me revolvió el estómago.

Rook, que hasta ese momento había permanecido callado, soltó una carcajada amarga.

—¿Es que os habéis puesto de acuerdo para declararle todos hoy vuestro amor eterno a Evie o algo así? Joder, ¿qué coño está pasando?

Apenas lo oí.

Zack se acercó un paso más a mí, pero Aiden permaneció inmóvil, interponiéndose entre nosotros como una especie de barrera humana, sin bajar el arma en ningún momento.

—Tú no perteneces a ese grupo, Evie —continuó diciendo Zack—.

Deberías estar conmigo. Los otros dijeron que tenían planes mucho más importantes para ti y que yo podría ayudarlos.

Que podríamos hacer todo esto juntos. He sido yo quien te ha estado cubriendo las espaldas todo este tiempo, asegurándome de que nadie te hiciera daño, cerciorándome de que nadie se aprovechase de ti.

Sé qué es lo que te espera, Evie. Y te prometo que puedo protegerte mucho mejor que nadie.

Negué con la cabeza, con la ira atravesando la sorpresa que se había apoderado de mí como una navaja afilada.

—Me has secuestrado.

—No. Ha sido Jack quien te ha secuestrado. Un día acudió a mí y me contó sus planes, yo solo lo ayudé con algunas cosas. Pero yo no te he secuestrado.

—Ah, bueno, lo de ayudarlo a secuestrarme lo cambia todo. Te has vuelto loco.

—Te he salvado —me corrigió Zack, con voz temblorosa—. Pero aun así vas a elegirlo a él, ¿verdad?

Aiden apretó la mandíbula con fuerza y se aferró a la empuñadura de la pistola.

—Ella nunca te elegiría a ti —dijo—. Y no entiendo cómo pudiste pensar que esto te iba a ayudar en algo.

—Me va a ayudar porque acabará viendo que Jack puede hacer mucho más por ella que cualquiera de vosotros.

—Jack nos estaba acosando, a mí y a todo el grupo, para averiguar cómo asesinarnos o matarnos. Dudo que lo que tenga planeado sea tan genial como crees.

—¡Puede que sus planes no, pero los míos sí! —gritó Zack.

Aiden avanzó un paso, colocándose de nuevo frente a mí.