Cuarenta #2
—Joder, no. Eres mi hermana, la única puta familia de sangre que me queda y que me importa.
Quiero que tengas una vida mucho mejor que la que tenemos ahora y odio que te vayas a ver arrastrada aún más a este mundo.
Pero, por otra parte, parece que has nacido para esto.
Y luego estás tú, Aiden, que diriges todo esto conmigo, y ahora sé que jamás podrás serle leal al grupo al cien por cien.
Si te digo que te largues, ella te seguirá, y si ella decide enfadarse y marcharse, tú también te irás con ella.
Haga lo que haga, os acabaré perdiendo a los dos.
La otra opción que me queda es prohibiros que estéis juntos, pero entonces me tocará lidiar con dos imbéciles deprimidos dando vueltas por aquí, incordiándome constantemente.
—Tú también renunciarías a este mundo por Regan —repliqué—. Y ella lo dejaría todo por ti.
—Y justo por eso entiendo hasta dónde estaríais dispuestos a llegar.
—Entonces eso nos deja solo una opción —dije, retrocediendo hacia Aiden—. No te va a quedar más remedio que aceptar lo nuestro si quieres que nos quedemos.
—Sabía que te gustaba —comentó Rook en un susurro, pasándose una mano por la cara—.
La verdad, hasta hace un tiempo no me había fijado.
No tenía ni puta idea de que te gustaba de verdad.
Pero entonces Regan lo comentó un día de pasada y lo vi.
No quise verlo, pero llevas detrás de ella desde hace un tiempo ya.
—¿Y no se te ocurrió decirle que no pasaba nada porque hiciese algo al respecto? —grité, acercándome a él en una zancada.
—No. Porque esta casa es tan tuya como nuestra.
Si le hubiese dicho a Aiden que podía intentar aunque solo fuera llamar tu atención, habría sido como si les estuviese dando manga ancha a los demás para que hicieran lo mismo, y entonces se habría desatado el caos.
Supuse que, si te quería lo suficiente, algún día se acercaría a hablar conmigo para pedirme permiso.
—¡Pero no iba a hacerlo! —grité—. Iba a quedarse al margen para siempre y a no decir ni una sola palabra porque te respetaba demasiado. —Seguí avanzando hacia mi hermano hecha una furia, pero Aiden me agarró del brazo y tiró de mí hacia atrás.
—Cálmate, pequeña Psycho, no me metas en más líos de los que ya tengo.
Rook suspiró con fuerza y se pasó una mano por la cara, antes de fulminar a Aiden con una mirada que hizo que se me revolviese el estómago.
—Sabes que no puedo dejar esto pasar. —Su voz sonaba inquietantemente tranquila, y no me gustó ni un pelo ese repentino cambio de actitud.
Aiden ni siquiera se inmutó.
—Lo sé. Pero también sé que harás lo correcto.
Rook soltó una carcajada grave y amarga. Esto no iba bien. Sabía que era solo cuestión de tiempo que todo se fuera al traste, pero no tenía ni idea de cómo evitarlo.
—¿Lo correcto? —se burló Rook, negando con la cabeza—. ¿Y qué cojones es lo correcto? Aiden, ya ni siquiera sé si puedo confiar en ti.
Aquellas palabras me sentaron como un puñetazo en el estómago.
—¿Qué coño quieres decir con eso? —le solté—. Aiden es la persona más digna de confianza de todos nosotros, y lo sabes.
—No, no lo es, porque me ha traicionado haciendo justo lo que más necesitaba que no hiciera.
Con chantaje o sin él, lo hizo. —Rook apretó la mandíbula con fuerza—.
Todo lo que ha hecho ha sido a mis espaldas.
Y ahora, por culpa de vuestras decisiones, tendré que lidiar con las consecuencias de todo esto si las cosas no salen bien entre vosotros.
—Entonces se volvió a mirarme, con un brillo frustrado en su expresión—. Y tú...
Me puse en tensión.
—Eres una imprudente —me soltó con voz tensa—.
Nunca piensas las cosas antes de actuar.
Haces lo que te da la puta gana, sin que te importen las consecuencias.
Has chantajeado a Aiden, alguien que necesitamos que siga en nuestras vidas, y al hacerlo nos has puesto en peligro a todos.
Nunca piensas nada con detenimiento. Lo has obligado a salir contigo, ¿y crees que eso es algo bueno?
¿En serio piensas que así es como se inicia una relación sana y duradera?
Ese comentario me dolió. Reabrió una herida profunda y dolorosa de la que nunca había logrado deshacerme, porque tenía razón. Y sobre todo con aquel tema, con Aiden. Porque nuestra relación no había comenzado de forma natural.
Lo había obligado a salir conmigo.
Respiré hondo y sentí que se me nublaba la vista. Porque esto se trataba de mí, de los problemas en los que siempre metía a todo el mundo, de lo imprudente que era..., pero ya no era esa persona. O, al menos, ya no quería seguir siéndolo.
Aunque sabía qué era lo que Rook quería decir con ello.
«Por eso nunca te cuento nada. Por eso no confío en que tomes tus propias decisiones.
Por eso tengo que protegerte, incluso de ti misma.
Por eso Aiden se ha visto obligado a estar siempre a tu lado todos estos años.
No porque quisiera hacerlo, sino porque no le quedaba más remedio».
Al igual que lo había obligado a salir conmigo.
—Sí que pienso las cosas antes de hacerlas —repliqué, acercándome un paso a él—. Siempre lo pienso todo con detenimiento. Solo estás enfadado porque no he tomado las mismas decisiones que tomarías tú, y porque tengo un poco más de confianza en mis decisiones que tú.
Rook soltó un suspiro lento y comedido, como si se estuviese mordiendo la lengua para no decir algo mucho peor.
—Yo siempre tengo cuidado con las decisiones que tomo porque sé que no me afectan solo a mí. Os afectan también a ti, a Regan, a todos los demás. Y esta decisión que has tomado de una forma tan imprudente también nos afecta a nosotros, aunque parece que eso a ti no te importa.
Pude sentir que Aiden se acercaba a mí y se detenía a mi lado, pero, esta vez, su presencia, sólida e inamovible, no sirvió para calmarme.
De alguna forma, aquella discusión ya no tenía nada que ver con él, era solo entre Rook y yo, y mi hermano había decidido que la única culpable de aquello era yo.
—No es culpa suya, Rook. Dos no se enrollan si uno no quiere, y, si acaso, la culpa debería ser mía, porque yo fui el primero en cruzar esa línea —dijo Aiden, deslizándose lentamente hasta quedar entre Rook y yo.
Pero mi hermano seguía observándome fijamente, fulminándome con la mirada.
Porque daba igual lo que Aiden dijera, el problema seguía siendo yo. Estaba fuera de control y, para ellos, yo siempre sería un problema que tendrían que arreglar.
Darme cuenta de eso me dolió mucho más de lo que me habría gustado admitir.
—¿Sabes qué? Pasáoslo muy bien juntos decidiendo cómo arreglar este lío.
Porque está claro que para vosotros no es más que otra de mis putas locuras para arruinaros la vida.
—Mi voz sonaba cortante, aunque me temblaba por culpa de todas las emociones que estaba tratando de reprimir—.
Seguro que se os ocurrirá algún castigo razonable, ¿no?
Porque el problema soy yo, siempre soy yo la causante de todo, la que existe única y exclusivamente para joderos la vida.
—Evie —empezó a decir Aiden, suavizando la voz—. Tú no eres el problema.
—Quizá deberías decírselo a él.
Pero ya era demasiado tarde.
Me di la vuelta antes de que ninguno de los dos pudiese añadir nada, y salí de allí hecha una furia, con el pulso acelerado.
Necesitaba algo de espacio.
Necesitaba largarme de allí.
La puerta del garaje se abrió de un empujón justo cuando estaba cogiendo mi casco, el que había dejado colgado del manillar de mi moto la última vez que la había usado, y pasando una pierna sobre el asiento.
Cerré los dedos con fuerza alrededor del acelerador, con tanta rabia que los nudillos se me pusieron blancos.
—Evie —me llamó Rook desde el umbral, pronunciando mi nombre en tono de advertencia.
—¿Qué? Antes me has dicho que tendría que coger más a menudo mi moto, ¿no? Solo estoy obedeciendo tus órdenes.
—Evie, por favor, lo último que deberías hacer ahora es conducir cuando estás tan cabreada.
No le hice caso... No les hice caso a ninguno de los dos.
Incluso aunque no fuera todo culpa mía, sí que seguía teniendo parte de culpa.
Bien. Que pensaran lo que quisieran. Que se pusiesen de acuerdo en cómo lidiar conmigo, como si no fuera más que un animal salvaje al que tuviesen que domar.
Me puse el casco y revolucioné el motor, y aquel ruido rompió el tenso silencio que se había instalado entre nosotros.
Rook se quedó allí de pie, de brazos cruzados, apretando los dientes con fuerza y observándome como si quisiese seguir gritándome.
—Evie, podemos arreglar esto juntos —me dijo Aiden.
—Lo sé, pero ahora... solo necesito un momento. Si me quedo, esta pelea entre hermanos... solo va a ir a peor.
Él asintió con la cabeza, porque sabía exactamente a qué me refería. Aiden había estado presente durante muchas de las peleas más acaloradas entre Rook y yo.
—Yo me encargaré de calmar los ánimos. No tardes mucho en volver.
Entonces giré el acelerador y salí del garaje a toda velocidad, con el viento azotándome la cara y la libertad de estar por fin sola, dos sensaciones que me resultaron mucho más liberadoras que la sensación de arruinarles la vida a todos ellos.
Puede que fuera imprudente. Tal vez había tomado varias malas decisiones a lo largo de mi vida.
Pero estaba segura de que elegir a Aiden jamás sería un error.