Cuarenta
Evie
—Oye, Rook. ¿Dónde os habíais metido? —le pregunté, sacando una bebida de la nevera.
No habían pasado ni veinticuatro horas desde que Aiden y yo habíamos decidido mandar oficialmente a la mierda las normas y estar juntos, lo que significaba que no nos quedaba mucho tiempo antes de que todo el mundo lo descubriese.
Y, por muchas ganas que tuviese de gritarlo a los cuatro vientos, cada vez que pensaba en ello me entraban ganas de vomitar.
Porque cabía la posibilidad de que perdiese a Aiden, y ahora estaba bastante segura de que me iba a tocar luchar por él para conservarlo en mi vida.
—Teníamos unos cuantos recados que hacer. ¿Y tú? —preguntó.
—Estaba en la cafetería. Necesitaba que alguien me trajese a casa, así que llamé a Aiden para que viniera a buscarme —respondí, sin mencionar nada al respecto de la sensación inquietante que había tenido durante todo el día, y que era el principal motivo por el que le había pedido a Aiden que fuese a buscarme.
Tenía la sensación de que había mil ojos observando cada uno de mis movimientos, incluso aunque no hubiera nadie a mi alrededor.
Rook asintió con la cabeza.
—¿Has probado a usar tu propia moto para ir a donde te dé la gana?
—Sí —dije—. Pero mi moto y yo no nos llevamos demasiado bien. Digamos que nuestra relación es la definición literal de un viaje movidito.
Zack se volvió a mirarme desde el otro lado de la estancia, con una pequeña sonrisa dibujada en su rostro.
Siempre me sonreía, pero aquella sonrisa era distinta a las demás, casi hasta siniestra.
—Pues id a terapia de pareja, y, mientras tanto, condúcela al menos una vez por semana. No hay ningún motivo para dejar que una buena moto se acabe echando a perder en un rincón del garaje —replicó Rook.
Zack se alejó de la isla y, sin haber dicho ni una sola palabra en todo ese rato, se acercó a Rook. Aiden debió de fijarse en él también, porque se acercó un poco más a mí.
—No creo que fuera a eso a lo que se refería —dijo, sacando su teléfono del bolsillo.
Rook se volvió a mirarlo con las cejas enarcadas, como si se hubiese olvidado de que él también estaba allí.
—¿De qué estás hablando?
Zack le lanzó una mirada burlona a Aiden.
—Mira, te voy a enseñar por qué necesitaba que fuera Aiden quien le diese un... paseíto.
Alzó el móvil frente al rostro de mi hermano, le dio a reproducir y se me revolvió el estómago al momento. Mi voz, jadeante, gimiendo con fuerza; los gruñidos de placer de Aiden.
Éramos nosotros.
Rook se quedó helado. Su rostro palideció de golpe y cerró los puños en los costados, con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos.
Solo tardó tres segundos en asestarle el primer puñetazo. Un único puñetazo brutal. A Zack se le rompió la nariz con el impacto, y su sangre salpicó las baldosas de la cocina.
Aiden me agarró del brazo y tiró de mí para colocarme detrás de él, a la vez que Rook levantaba a Zack del suelo agarrándolo de la camiseta y volvía a golpearlo. Una y otra vez.
—No me puedo creer que acabes de enseñarme un puto vídeo de mi hermana follando.
—A Rook le salió la voz entrecortada, pronunciando cada palabra con rabia, mientras empujaba a Zack contra la encimera con tanta fuerza que esta se estremeció—.
Y no solo eso. ¿En serio la has grabado?
¡Eres un cerdo y un pervertido de mierda!
Le estrelló la cabeza contra la encimera, con las manos cerradas en puños.
—Tienes suerte de que no te mate ahora mismo.
Le asestó otro puñetazo en la cara, y un crujido húmedo resonó por toda la estancia, seguido de un grito ahogado.
Mason, Hero y Harper entraron corriendo en la cocina, observando la escena con los ojos como platos.
—Oh, vaya, menudo giro de los acontecimientos —soltó Hero. Harper se volvió a mirarlo con el ceño fruncido—. Creía que iba a ser a Aiden al que le acabara dando una paliza.
Rook volvió a alzar a Zack.
—¡Tienes un segundo para darme una explicación! —Al ver que Zack no respondía, le pidió a Mason que se acercara con un gesto de la mano—. ¿Puedes sacarlo fuera? Y retenlo ahí hasta que salga para acabar con él.
Zack se estremeció, intentando zafarse de su agarre, pero Rook lo tenía inmovilizado.
—Él te... ha estado mintiendo. ¡Dijiste que no podíamos tener nada con Evie! ¡Y él ha desobedecido tus órdenes! —gritó Zack.
Rook soltó un gruñido y lo lanzó al suelo mientras Hero sonreía de oreja a oreja.
—Sabía que eras un ratoncito. No me había dado cuenta de que además eras un pervertido, pero no me equivocaba al considerarte una rata.
Zack se atragantó con su propia sangre, revolviéndose bajo la mirada de Rook. Mason y los demás se acercaron a ellos antes de que Mason agarrara a Zack y lo arrastrase hacia la salida, dejando un rastro de sangre sobre las baldosas de la cocina.
Hero y Harper se marcharon justo detrás de ellos, ambos riéndose de algo mientras se alejaban, pero yo me había quedado totalmente paralizada.
Sabía que todos eran violentos en mayor o menor medida, y ver a Rook pegando a alguien no era algo nuevo para mí, pero tampoco había esperado verlo dándole una paliza a Zack.
Al igual que tampoco había esperado que llegase el día en que Zack me traicionaría y nos grabaría teniendo sexo a Aiden y a mí.
Un escalofrío de asco me recorrió de arriba abajo, y me acerqué un poco más a Aiden para tratar de calmarme.
En cuanto los demás sacaron a Zack de allí, Rook se volvió a mirarnos. Su rabia no había disminuido, pero no era a mí a quien estaba observando. Sus ojos estaban clavados en Aiden.
—Después de lo que acabo de ver, quítale las putas manos de encima —le escupió, llevándose las suyas a los ojos y presionándolos con fuerza, como si así fuera a poder borrar de su memoria lo que acababa de ver.
Aiden no se movió, pero yo sí, para darle a Rook un segundo para respirar.
—No era así como queríamos que te enterases —dije, con la voz entrecortada.
Mi hermano soltó una carcajada ronca y sin gracia.
—No me digas. —Rook alzó la mirada hacia el techo y negó con la cabeza—. No te ofendas, Evie, pero ahora mismo me gustaría echarme lejía en los ojos para olvidarme de lo que acabo de ver.
—No te culpo, porque, si fuera al contrario, yo ya estaría metiendo la cara en un barreño de lejía.
Rook apartó la mirada de mi rostro, clavándola un poco más allá, en el de Aiden, enfadado de nuevo.
—¿Qué fue lo que no te quedó claro de «ni se te ocurra tocar a mi hermana»?
—Nada. Lo entendí todo perfectamente —respondió Aiden con firmeza.
—Y, aun así, acabo de ver claramente que has roto esa misma regla.
—Sí, lo has visto.
—¿Cuánto tiempo lleváis juntos?
—Han sido unos cuantos meses de idas y venidas, y otros cuantos meses de..., bueno, eso —dije, señalando el teléfono de Zack, que seguía sobre la encimera.
—¿Y antes?
—Aiden se negaba a tocarme y jamás cruzó esa línea. Fui yo quien lo obligó a cruzarla.
Rook negó con la cabeza.
—Así no es como funcionan esta clase de cosas, Evie. Al menos en mi experiencia. ¿Cuándo te empezó a gustar? —le preguntó a Aiden.
Intenté replicar, pero Aiden se me adelantó.
—Cuando la conocí.
Me volví a mirarlo boquiabierta.
—Pero eso fue hace años.
Aiden no apartó la mirada de Rook, y pude sentir la tensión que impregnaba el ambiente, oprimiéndome el pecho. Sabía que hacía tiempo que había algo entre nosotros, pero no me había dado cuenta de que siempre le había gustado.
—Sí —respondió Rook, suspirando con fuerza—. Eso me cuadra más.
Se aferró al borde de la encimera, echándose hacia delante y respirando hondo.
—Joder —soltó.
—Ahora mismo te mueres de ganas por darme un puñetazo, ¿verdad? —le preguntó Aiden.
—Sí. —El pecho de Rook se hinchó al respirar profundamente—. Pues claro que quiero darte un puñetazo.
—Puedes hacerlo. Lo entiendo y me lo merezco.
—Por favor, no lo hagas —le pedí—. Literalmente tuve que chantajearlo para que se saltara tus reglas.
Rook me miró boquiabierto y con los ojos como platos, antes de pasear la mirada de Aiden a mí alternativamente.
—¿Le chantajeaste para que saliese contigo?
—Técnicamente sí.
—¿Cómo? —preguntó Rook—. Y si tiene algo que ver con un vídeo sexual, por favor, no entres en detalles.
—Lo obligué a besarme y nos saqué una foto. Y después le amenacé con enseñártela si no... continuaba y hacía todo lo que yo quería.
—Sí, seguro que te costó un huevo acceder a su chantaje, Aiden.
Aiden soltó una suave carcajada, pero yo le di un golpe en el brazo para que dejara de reírse.
—Elegirla jamás será difícil para mí, sin importar las consecuencias.
—Y ese es justo el problema —replicó Rook.
—Aiden es tu mejor amigo desde hace años —dije—. No puedes creer de verdad que es una persona tan horrible que jamás debería estar conmigo.
—Justamente sé que Aiden puede ser una persona horrible porque llevamos siendo amigos desde hace años.
Al igual que sé que tú también puedes ser una persona horrible, pero lo que no esperaba era que lo chantajearas para que saliese contigo.
Lo que significa que él en realidad no quería cruzar esa línea, pero tú lo obligaste a hacerlo creando pruebas en su contra.
Sinceramente, ahora me pregunto si debería estar enfadado con él por haberse enrollado con mi hermana o con mi hermana por haber obligado a mi mejor amigo a meterse en esto.
Si fuera al contrario, lo mataría. Joder, si estoy a punto de salir ahí y matar a Zack por ese vídeo de mierda.
Sé que Aiden no quería cabrearme, pero tampoco estoy del todo seguro de que se arrepienta de haberlo hecho.
Eres una maldita lianta, Evie. Y me compadezco de ti, Aiden.
—¿Eso significa que te parece bien que estemos juntos? —pregunté.