Ace & Ember (Los Mavericks 2) Treinta y seis #3
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Treinta y seis #3

Su mirada no dejaba de vagar de vez en cuando hacia Evie, que seguía sentada a mi espalda.

Tan preciso como las manecillas de un reloj, se volvía hacia ella cada pocos minutos, a veces con el ceño fruncido y una mueca enfadada, aunque eso solo ocurría cuando se acababa topando con mi mirada.

Por lo general, se dedicaba a mirar a Evie como un cachorrito perdido, y yo sabía que se estaba muriendo de ganas de que ella se volviera también a mirarlo.

—Están demasiado ocupados bloqueando todas las salidas.

Y no podían hacerlo hasta que estuviésemos seguros de que los ladrones estaban aquí.

Con las motos, nosotros podíamos escondernos entre las sombras fácilmente para avisarle de que mandase a sus soldaditos a acabar con ellos —dije, con la respiración entrecortada cuando las manos de Evie se deslizaron de nuevo por mi piel—.

¿Tienes algún problema? ¿O es que prefieres pasar del plan e ir a decirle a Dimitri que te parece una mierda?

—No —respondió Zack—. Lo que pasa es que no entendía para qué nos necesitaban. Porque, en mi opinión, podría ocuparse de todo esto él solito.

—Lo cierto es que fue cosa mía convencerlo de que nos necesitaba —añadió Rook, con un tono áspero en la voz que dejaba bien claro que estaba empezando a hartarse de aquella conversación—.

¿Tienes algún problema con que animemos a la gente a que nos pague un montón de pasta solo por sentarnos a ver cómo roban unos cuantos coches?

Zack murmuró algo por lo bajo, pero, justo en ese momento, el coche del que tenía que ocuparse arrancó.

—¿Estás de puta coña? —soltó.

—Date prisa, ratoncito, tenemos trabajo que hacer —le dijo Hero.

—¿Ratoncito? ¿Por qué cojones me has llamado ratoncito?

Hero soltó un gruñido, con fingida ofensa.

—Porque me has robado la comida. Los dónuts que había dejado en la encimera de la cocina. Cuando me he despertado esta mañana ya no estaban, y sé que has sido tú.

—¿Qué coño...? Creía que los habías dejado ahí porque ya no querías más.

—No, jamás debes tocar su comida —respondió Rook—. Ahora mismo, que te llame ratoncito es el menor de tus problemas.

—¿Qué significa eso? —dijo Zack, y sonaba un poco más asustado, pero no creía que tuviese nada que ver con que estuviese persiguiendo a un coche a toda velocidad por la autopista—. ¿Por qué coño te pones así? Solo fue un dónut de mierda. ¿Qué cojones piensas hacerme?

Entonces se movieron unos cuantos coches más, incluyendo el que yo tenía que vigilar. Bajé una mano hacia la pierna de Evie y le di una suave palmadita en el muslo para llamar su atención.

—Hora de irnos, Evie.

Cambié de marcha y aceleré para llegar antes que el coche a la salida del aparcamiento. Si conseguía colocarme a su lado, me sería mucho más fácil seguirle el ritmo.

Evie soltó una sonora carcajada y se agarró más fuerte mientras salíamos de allí, ganando velocidad rápidamente. Tardamos menos de un minuto en incorporarnos a la autopista.

¿Y qué hizo Evie durante ese tiempo?

Desde luego, agarrarse fuerte y prepararse para perseguir a un coche a la fuga no.

No, estaba demasiado ocupada tratando de meterme mano sin que el viento se interpusiese en su empeño.

—Evie —le advertí, con voz grave, apretando los dientes, porque no parecía querer darme una tregua. Sus dedos se estaban deslizando cada vez más abajo.

Me mantuve por el carril derecho, siguiendo al coche de cerca, sin perder el ritmo mientras avanzábamos a toda velocidad por la autopista.

Tenía que mantener la moto erguida y a una velocidad constante, pero, en vez de preocuparme por eso, solo podía pensar en las manos de Evie, que seguían deslizándose por mi cuerpo.

—¿Te pasa algo? —me preguntó, sabiendo perfectamente que no podía decir nada en alto, porque si no todos nos oirían a través del intercomunicador.

En menos de un minuto estaríamos fuera del alcance de la frecuencia, la conexión se interrumpiría en cuanto hubiese puesto la suficiente distancia entre nosotros y los demás.

Aguardé sin mediar palabra mientras sus manos se deslizaban sobre mi polla. El silencio pareció alentarla a seguir y presionó la palma con fuerza sobre mi miembro.

Intenté mantener la concentración, zigzagueando entre los coches que circulaban por la autopista, para mantenernos lo más cerca posible del que estábamos persiguiendo. El intercomunicador emitió un pitido, indicando que había perdido la conexión.

—¿Qué coño crees que estás haciendo? —pregunté.

—¿A qué te refieres? ¿No estábamos persiguiendo a ese coche?

Me acarició de nuevo, y mi polla se tensó contra la tela de los vaqueros. Ni siquiera podía moverme, tenía que concentrarme en no estrellarnos y, al mismo tiempo, no perder el coche robado de vista.

Evie aceleró ligeramente el ritmo, apretándome un poco más con cada caricia, haciéndome soltar un gemido grave y ronco.

Como si la situación no fuese ya lo bastante mala, el conductor del coche se volvió a mirarnos y vi que enarcaba las cejas antes de fruncir el ceño.

—Mierda.

Antes de que pudiésemos apartarnos, el hombre sacó una pistola y apuntó en nuestra dirección.

Yo bajé la velocidad de inmediato y frené con tanta brusquedad que Evie acabó estrellándose contra mi espalda.

Un disparo resonó a nuestro alrededor, y la ventana del coche estalló en mil pedazos.

Pero, por suerte, conseguimos quedarnos lo bastante atrás, por lo que la bala no pudo alcanzarnos, aunque supe que aquello no había acabado aún.

Y, por supuesto, la psicópata que llevaba detrás todavía no había terminado de manosearme.

Ni siquiera vaciló. Después de aquello, su mano me acarició con una mayor confianza.