Treinta y seis #2
—¿Qué pasa? —le pregunté, con una sonrisa divertida, antes de abrir la puerta y comprobar que no hubiera nadie—. ¿Es que hoy no te apetece torturarme?
—Oh, pues claro que sí, pero se me ocurre una forma mejor de hacerlo.
No había nadie por el pasillo, así que Evie salió sin hacer ruido y lo cruzó hasta su habitación. Yo no pude apartar la mirada de ella mientras lo hacía.
Una parte de mí se moría por gritarle al mundo que era mía. Por tener la satisfacción de agarrarla de la cintura y bajarla de cualquier moto que no fuese la mía, solo para dejarles bien claro a todos que estaba fuera de su alcance, porque era solo mía.
Evie era mi futuro, siempre lo había sabido, pero nunca me había permitido creer que pudiese ser mía de verdad.
Sabía que, si quería que esto fuese real, tarde o temprano tendría que contárselo a Rook, pero, al observar a Evie en este momento, al disfrutar de esos pequeños instantes secretos entre nosotros, todavía no me sentía lo bastante valiente como para arriesgarlo todo.
Porque no podía perder a Evie antes de que fuera mía de verdad.
Veinte minutos más tarde estaba aparcando en el garaje para reunirme con los demás, sorprendido de que Evie no hubiera venido al final en mi moto.
Tenía que encontrar el modo de hacer que se volviese loca por mí.
Y, desde luego, esto no daba exactamente la impresión de que estuviese «loca por mí».
Detuve la moto junto a la puerta del garaje y bajé el caballete justo cuando Regan, Harper y Evie llegaron en el coche de Regan.
Evie ni siquiera se volvió a mirarme, sino que simplemente se dirigió hacia la puerta abierta, dándome la espalda en todo momento.
Una parte de mí no pudo evitar preguntarse si aquello no sería en realidad uno más de sus jueguecitos, o si, de alguna manera, había conseguido cagarla otra vez cuando había hablado con ella en mi cuarto, hacía tan solo una hora.
Harper y Regan me flanquearon de inmediato, deteniéndose una a cada lado, rodeando mi moto.
—¿Qué está pasando? —me preguntó Regan, y pude oír un pequeño deje divertido en su tono.
—Sí, ¿has hecho algo interesante últimamente?
Las observé alternativamente, y sus sonrisas astutas hicieron que se me revolviese el estómago.
—Joder, ¿Evie os lo ha contado?
Sus sonrisas se ensancharon de inmediato, y entonces supe que la había cagado pero bien.
—No —respondió Regan sin perder la sonrisa—. Pero teníamos la sospecha de que había pasado algo entre vosotros por las cosas que nos ha contado, claro que ahora tú acabas de confirmárnoslo, así que gracias.
—En serio, nos lo has dejado a huevo. No sé ni qué decir —añadió Harper.
Dejé caer la cabeza hacia delante y se me hundieron los hombros.
—Joder.
—Ohhh, no te preocupes —dijo Regan, dándome unas cuantas palmaditas en el hombro—.
Yo no pienso ser quien se lo cuente a Rook.
Tengo que escoger muy bien mis batallas, y ahora mismo lo único que me interesa es que modere un poco sus tendencias de acosador y que me compre una pastelería, así que esta te la dejo a ti.
—Y, en mi caso, creo que aún no tengo la suficiente confianza con él como para ser yo quien le dé la noticia de que su mejor amigo se está tirando a su hermana pequeña.
—Harper parecía de lo más satisfecha con aquella nueva información, pero yo sabía que no le habría dicho nada a Rook, ni siquiera aunque lo hubiese conocido mejor.
—Joder, podéis no decirlo de esa forma —solté, antes de bajarme de la moto y obligar a Regan a hacerse a un lado—. Estamos hablando de Evie. Evie . Es mucho más que solo la hermana pequeña de Rook, y lo sabéis.
—Oh, pues claro que lo sabemos. Solo queríamos asegurarnos de que tú también lo supieras, aunque está claro que nos estábamos preocupando por nada —añadió Regan.
—¿En serio no os ha dicho ni pío?
—Más allá de algún comentario suelto de vez en cuando sobre lo mucho que la enervas y una cosa que se le escapó esta mañana sobre que esos vaqueros te hacen un culo de escándalo, no. Ni una sola palabra —dijo Harper, sin molestarse en contener una carcajada divertida.
Aquello me llamó la atención.
—¿Evie ha dicho que tengo un culo de escándalo? No me había dado cuenta de que se fijase tanto en esas cosas.
—Oh, créeme, claro que se fija.
Rook salió del garaje justo en ese momento, iluminado por los rayos del sol.
—¿Venís ya? Me gustaría dejar cerrado el plan antes de salir.
Solté un gruñido, al mismo tiempo que Regan se acercaba a Rook.
—¿Y tú? ¿Tienes un plan? —me preguntó Harper en voz baja para que nadie pudiera oírnos.
—¿Para hoy?
—No, para lo tuyo con Evie.
Bajé la mirada hacia ella y me fijé en que ya no estaba sonriendo.
Su cabello rojizo brillaba bajo el sol, y llevaba unas gafas de sol negras de estilo ojo de gato apoyadas sobre el puente de la nariz, que le ocultaban por completo los ojos, pero aun así me fijé en que estaba observando atentamente a Hero.
—Mi idea, en resumidas cuentas, es darle la vuelta a la tortilla —dije, sorprendiéndome por lo bien que me sentí al contárselo por fin a alguien—.
Me comportaré de una forma tan ridícula y rebelde como ella, y veré si así consigo que se vuelva loca por mí.
Eso fue justo lo que hizo que yo me obsesionara con ella.
Así que tal vez también funcione a la inversa.
A Harper le temblaron los labios como si tuviera ganas de echarse a reír, y se volvió a mirarme mientras una sonrisa ancha y divertida se dibujaba en su rostro.
—Y yo que creía que ibas a soltarme alguna chorrada sobre esperar a que estuviera lista o dejar que fuese ella la que viniera a ti o algo así. ¿El señor Obediente ha decidido romper las reglas?
—Pienso romperlas todas si así consigo que esto funcione.
—Vaya. Estoy impresionada. Puede que hayas escogido una de las peores formas de hacer que una chica se enamore de ti y, sin embargo, creo que es la mejor idea que has tenido en tu vida.
Rook volvió a salir a buscarnos, con Regan a su lado.
—¿Qué cojones estáis haciendo vosotros dos? ¿Vais a entrar de una vez para que podamos acabar con esto o qué?
Harper me dio una suave palmadita en el brazo, se encaminó hacia ellos y yo la seguí poco después.
—Vamos, galán, tenemos que ponernos a trabajar para que puedas arruinarle la vida a Evie un poco más.
Pasó otra hora más antes de que nos adentrásemos en un pequeño aparcamiento lateral, intentando colocar nuestras motos alrededor del cargamento para no perder de vista los coches.
Desde donde estábamos Evie y yo, sentados en mi moto, podía ver a Regan y a Rook al otro lado de la calle, a nuestra derecha, y a Hero y a Harper detrás de un edificio a nuestra izquierda.
Todos los demás también estaban en posición, cada uno teníamos que vigilar uno de los coches y seguirlo de cerca si se marchaba antes de que llegaran los hombres de Dimitri.
Le habían estado robando sus cargamentos cada vez más cerca de la hora de entrega estimada, y eso tan solo podía significar que los ladrones conocían sus horarios.
—Deberían llegar en cualquier momento —dijo Rook a través del intercomunicador de nuestros cascos, que estaban todos conectados a la misma frecuencia.
Las manos de Evie se deslizaron por mi cintura.
Apenas me había tocado en todo el viaje hasta aquí, había preferido sentarse erguida a mi espalda y alejarse de mí todo lo que pudiese.
Y yo no había sabido si lo había hecho porque estaba enfadada conmigo o por otro motivo.
Desde luego, era evidente que estaba de mal humor, aunque esta vez no estaba frunciendo el ceño constantemente y tampoco había intentado asesinarme todavía, y justo por eso no tenía claro cómo de cabreada estaba en realidad.
Sus manos se deslizaron por mi cuerpo, recorriéndome los costados y moviéndose lentamente hacia mi abdomen. Hoy había optado por no ponerse guantes, por lo que pude sentir su piel suave contra la mía en cuanto sus dedos se deslizaron por debajo de mi camiseta y me acariciaron los abdominales.
Tuve que morderme la lengua para no soltar un gruñido, porque nuestros cascos seguían conectados con los de los demás.
Y llamaríamos demasiado la atención si los desconectásemos ahora, sobre todo teniendo en cuenta que el cargamento de Dimitri estaba a punto de llegar.
Pero sus suaves caricias eran una maldita tortura, y mi cuerpo no paraba de suplicar para recibir más.
La agarré con fuerza de la mano y la aparté de mi cuerpo, negando con la cabeza. Su suave risa se filtró a través del intercomunicador y yo me recosté contra su pecho, suplicándole que guardara silencio.
Pero aquello solo pareció animarla. Sus manos volvieron a meterse por debajo de mi camiseta, y esta vez las extendió sobre mi abdomen. Un escalofrío me recorrió la espalda, y la fría brisa nocturna no sirvió para apagar mi deseo.
—Ya están aquí —dijo Hero, devolviéndome al presente.
Los coches entraron en el aparcamiento en fila india.
Había diez en total, todos ellos estaban en perfectas condiciones.
Dimitri siempre usaba coches de alta gama para pasar desapercibido y poder mover las drogas por la ciudad sin ser detectado.
Eran lo bastante elegantes como para no llamar la atención, pero no tanto como para que la policía los parase para echarles un vistazo.
Puntuales como las manecillas de un reloj, los ladrones también aparecieron en ese momento, bloqueando los coches con sus camionetas destartaladas.
Entonces se desató el caos, y nosotros tan solo pudimos quedarnos mirando.
Dimitri quería parar los robos, pero, para ello, teníamos que averiguar quién estaba moviendo los hilos.
Sus hombres se encontraban a tan solo unos cinco minutos de distancia, y Rook ya le había informado de que los ladrones habían aparecido.
—Acaba de mandar a sus hombres —comentó Rook—. Si el coche que se os ha asignado se marcha, seguidlo. Si no, no le quitéis ojo y avisad cuando los veáis aparecer.
—¿A qué viene tanto dramatismo? ¿Es que no podía haber mandado a sus hombres desde el principio? —preguntó Zack.