Treinta y dos #3
Me quedé mirándolo fijamente, la única luz que iluminaba la nave, que procedía de una farola solitaria que había fuera, brillaba lo suficiente como para que pudiese ver cada uno de sus rasgos marcados.
—¿Y vas a volver a hacerlo? —le pregunté—. Lo de seguir evitando esto.
Antes de que pudiera acabar de hablar, Aiden ya estaba negando con la cabeza.
—No sé si puedo.
—¿Y qué pasa con... todo lo demás?
—No tengo ni idea, Evie. No sé cómo cojones voy a gestionar nada aparte de esto. Pero te prometo que me voy a esforzar por hacerlo lo mejor que pueda.
Sus labios se estrellaron contra los míos, hambrientos y exigentes.
Y yo respondí al beso con la misma intensidad, enredando los dedos en su cabello y atrayéndolo hacia mí.
Todos los años que me había pasado reprimiendo lo mucho que lo deseaba me habían llevado a ese momento, prendiéndole fuego a cada una de mis terminaciones nerviosas.
Las manos de Aiden recorrieron mi cuerpo, dejando un rastro ardiente a su paso. Entonces interrumpió el beso, y su aliento cálido se deslizó sobre la piel de mi cuello al susurrarme:
—Llevo tanto tiempo deseando esto, Evie. No te haces una idea.
—Demuéstramelo —le reté, arqueándome contra su cuerpo.
Aiden me quitó la camiseta de un tirón, con facilidad. El aire frío me erizó la piel desnuda, haciendo que me estremeciera. Su boca cálida bajó entonces rápidamente hacia mi pecho y su lengua me lamió el pezón. Me arqueé contra sus labios, desesperada porque siguiese tocándome.
Dejé que mis manos se deslizaran por su espalda musculosa, que mis uñas se le clavasen en la piel. Quería marcarlo, reclamarlo. Aiden soltó un siseo de placer, y movió las caderas contra las mías.
Le tiré de la camiseta, desesperada por sentir su piel desnuda contra la mía.
Entonces él nos cambió de posición, apartándose para subirme a la moto, antes de quitarse la camiseta con facilidad.
La sensación de su pecho duro y desnudo contra mí me hizo estremecer.
Le recorrí los abdominales con las manos, siguiendo el contorno de cada músculo definido.
—Dios, Evie —gruñó, volviendo a capturar mis labios.
Su mano se deslizó lentamente sobre mi abdomen, bajando hacia la cintura de mi falda. Solté un jadeo cuando sus dedos encontraron mi centro, ya empapado de lo mucho que lo deseaba. Me acarició lentamente, provocándome.
—¿Todo esto es por mí? —murmuró contra mi cuello.
—Sí —jadeé—. Solo por ti.
Sus caricias despertaron varias corrientes eléctricas en mi interior, que me recorrieron de arriba abajo, haciendo que me estremeciera. Lo necesitaba, lo deseaba como nunca había deseado nada en el mundo.
—Recuéstate sobre la moto —me pidió, sujetándome la cabeza con delicadeza mientras me tumbaba sobre el asiento, con mi cuerpo adaptándose a cada una de sus curvas.
Podía sentir el aire frío acariciándome la piel desnuda de las piernas, la anticipación poniéndome los pelos de punta.
La mirada oscura de Aiden cobró un brillo ardiente mientras me recorría entera y me abría las piernas para poder encajarlas alrededor de su cintura.
Entonces bajó los labios hacia mi vientre, dejando un reguero de besos suaves sobre mi piel, pero pude sentir la intensidad detrás de cada uno de ellos.
Aiden se detuvo por un momento, y nuestras miradas se encontraron.
El deseo que refulgía en sus ojos hizo que el corazón me comenzase a latir a toda velocidad, con una mezcla de miedo y emoción.
Me sentía vulnerable, expuesta, pero también increíblemente viva.
Ya no habría vuelta atrás, los dos tendríamos que aceptar las consecuencias de lo que estábamos a punto de hacer.
Aiden se acercó un poco más a mí, bajando los labios lentamente hacia mi clítoris.
—Llevo una eternidad esperando para probarte.
Y, dicho eso, descendió hacia mí, presionando su lengua contra ese punto tan sensible y obligándome a arquear las caderas, enviando una oleada intensa de placer por todo mi cuerpo.
Me aferré a sus hombros, clavándole las uñas en la piel, mientras intentaba evitar con todas mis fuerzas perderme bajo la intensidad de sus caricias.
Me lamió con suavidad, haciéndome gritar de placer.
Sus manos me rodearon las caderas con firmeza para no dejarme caer, mientras continuaba explorando cada centímetro de mi sexo con la boca.
Me obligó a abrir un poco más las piernas, cada vez más hambriento, mientras me devoraba.
Su lengua se adentró en mi interior con fuerza, antes de regresar de nuevo hacia ese punto sensible.
Gemí de nuevo, y todo en mí se contrajo como si estuviese suplicando más. Pidiendo que me llenase, que me poseyese de una vez.
No pude soportarlo más, por lo que me incorporé ligeramente sobre el asiento y me apresuré a desabrochar el botón de sus vaqueros.
Se los bajé de un tirón junto con los bóxers.
Cerré una mano alrededor de su miembro, acariciándolo con firmeza.
Aiden contuvo el aliento y empujó las caderas contra mi mano.
—Evie —gruñó, con la voz cargada de deseo—. Te necesito.
—Pues tómame —le desafié, rodeándole de nuevo la cintura con las piernas.